31.5.10

El ogro rosado: un reflejo de vanidad


1ª quincena junio 2010


Cuando unos meses atrás tuvo lugar la convocatoria a un encuentro “Encuestas fallidas: la fábula contada”[1] no se percibía aún que la segunda significación del título, que parecía interpretar a la primera, pasaría en pocos meses más de interpretante a interpretada. Tras el último encuentro del Frente Amplio, que promete además prorrogarse en conciliábulo hasta el mes de septiembre, podría revertirse la denominación adoptada para aquel encuentro y titularse así: “La fábula contada: encuestas fallidas”. Esta inversión así como la reversión de perspectiva que acarrea, no tiene que ver con las sucesivas catástrofes de predicción que desde entonces se sucedieran, tras las elecciones internas de los partidos políticos en junio de 2009 (diferencias en los porcentajes de votación de las elecciones nacionales de octubre entre sectores del Frente Amplio, diferencias en el porcentaje total del Partido Colorado, predicciones erradas ahora en algunos departamentos del interior), sino que manifiesta la propia inexistencia, correlativamente a los datos encuestados, del objeto real. Las encuestadoras han contado una fábula que dieron por realidad, donde una vez divisado el resultado, faltaba un ogro rosado: el voto que mezcla por igual el colorado con el blanco con tal de ganarle al izquierdista.

Según las explicaciones del caso, ofrecidas por la supuesta víctima del desfalco ideológico de las derechas, el bulto de lo ominoso no fue percibido siquiera por las encuestadoras, lo que pone de relieve que la realidad política no siempre se presenta a simple vista[2]. O sea, que no es visible sin fábula. Por si acaso, la portada de la República deja en claro que el “radar” destinado a detectar los objetos a distancia -incluso ovnis (ominosos votantes no identificados) llegado el caso, no cumplió con su función de sigiloso vigía de la realidad electoral[3]. Estampada en gruesos caracteres de primera plana en la tapa del matutino, la metáfora del radar dirime por anticipado el suspenso que se deslizaba páginas adentro, entre el error de las encuestadoras y el error frenteamplista: no conviene leer que las encuestadoras tampoco lo vieron, sino que corresponde interpretar que en cuanto ni siquiera la tecnología de las encuestadoras pudo verlo, menos aún podía verlo la dirigencia frenteamplista.

Por medio de lo que Derrida llamó una “traducción intralingüística”[4], o sea una transferencia de sentido dentro de un mismo sistema de signos, el periodista que concibió la portada, cumpliendo con su oficio, proyectó interpretativamente lo que el lector promedio de La República entendería y lo vertió tal como corresponde (periodísticamente) para que el menos “leido” lo entienda: las encuestadoras y los políticos comparten un mismo instrumento que también puede errar. Ante las consideraciones de la dirigencia frenteamplista encarando su fracaso electoral a través del error de las encuestadoras, ni la interpretación del menos “leido”, ni la versión periodística de tapa, que convierte a las encuestadoras en chivo expiatorio del desacierto político, parece desencaminada. Por la misma necesidad de homogeneidad entre el criterio y el fundamento, si el error de medición puede ser considerado ilustrativo del error de conducción política, es porque en la mira de una estrategia electoral la “fuerza política” adopta el mismo planteo conceptual que las encuestadoras.

O sea, que esa estrategia no es efecto de una elaboración que -a la manera de la fabulación narrativa- sintetice la experiencia bajo la forma de los elementos destacados por una sensibilidad despierta a los acontecimientos, sino que toma en consideración indicadores elaborados bajo procedimientos fehacientemente probados. Tales insumos están lejos de reducirse a la formalización estadística, en tanto los procedimientos probados son lo propio de toda información confiable. Por ejemplo, la que procede de las propias instancias internas de una organización política. La información confiable es institucionalmente proba y tal confiabilidad proviene de la condición del procedimiento –más allá de la política o de la ciencia, e incluso como política de la ciencia: según lo afirmó Habermas tal conocimiento de la ciencia moderna supone “(...la racionalidad procedimental de una ciencia experimental caracterizada por sus métodos de investigación”[5]. Por consiguiente, el procedimiento gana valor de dictamen ante la experiencia.

Asimismo, por lo que se ve, da lugar a La fábula contada: encuestas fallidas, desde cuya perspectiva el Frente Amplio perdió la elección en algunos departamentos porque erraron las encuestadoras, o lo que obedece alternativamente al mismo criterio, fracasó el mismo procedimiento de medición que el Frente Amplio considera autorizado en tanto aproximación a la realidad política, a punto tal de medirse con ese error como medida significativa del propio error político. En tal sentido, cabe entender que el procedimiento confiable y atestado es en sí mismo la fábula contada, en cuanto no admite la diferencia entre enunciado narrado y enunciación relatada. Desde esa perspectiva sólo vienen a cuenta de tal cuento, a la hora de la concepción estratégica, los relatos indexados en publicaciones arbitradas por el colegio invisible de las jerarquías visibles. O sea que a un saber científicamente confirmado en tanto efecto de procedimientos “políticamente correctos”, se le agrega la obvia actuación correlativa a su empleo eficaz. Esta unión del conocimiento artificiosamente edificante y de la actuación eficiente parece ser lo propio de lo que algunos han denominado tecno-ciencia.

Lo característico de tal fábula contada es no poder contarse como fábula. Si así fuera debiera aceptar, entre otras, la hábil desviación que le imprime el periodista de La República al diseñar la portada del periódico: ser interpretada por cualquiera a su guisa, de forma tal que, mutatis mutandi, la visión de la conducción frenteamplista quedaría incluso a la merced de un instrumento de navegación empresarial. En efecto, ya hace mucho que la política electoral ha sido implementada a la luz del marketing publicitario y no se ve como, desde el momento en que la reproducción política supone el sufragio universal, pudiera escapar a una programación de medios, que se sustenta en el promedio de las inclinaciones de la masa de votantes. Pero en este punto encontramos la fábula (de la naturaleza del mercado) que se cuenta para ignorarse mejor (contra la deformación cultural de la interacción pública), ante un espejo que toma por realidad (incluso en la tradición marxista: la teoría especular del conocimiento como reflejo de la realidad). El reflejo le ha ganado desde siempre al espejo, sobre todo cuando de vanidad se trata.

Cuando de tal reflejo se trata, todo artefacto que lo reenvíe da igual, de la empresa al parlamento, de los medios a la representación, de la testa científica al testarudo político, mientras refleje de sí mismo el status quo. La homogeneidad del aparato tecno-intelectual no sólo se mide por la celeridad con que se pasa de un dominio a otro de actuación, en cuanto todos se abordan con la misma clave artefactual, sino que además señala hasta que punto tal sistematicismo (por ejemplo de encuestas de opinión que sustentan la opinión de supuestos formadores de opinión) sólo puede ser abordado por su afuera, esto es, la catástrofe. La misma necesidad interpretativa de este afuera, significa que toda “lluvia de ideas” se parece tanto a llover sobre mojado como a reivindicarse apocalíptico pero integrado[6].

Tal catástrofe, de tanto reflejo contado en fábula, explica que la misma dirigencia frenteamplista haya prescindido científicamente de la reiterada alerta acerca de la desmovilización política, que habría determinado la desistencia electoral, a punto tal que hoy se le echa en cara el recuento de advertencias desatendidas como causal del voto en blanco[7]. Asimismo, tal blanco en el voto, que supone ante todo un vacío en el sobre comicial, o la anulación del contenido del mismo continente, corresponde por igual a la misma anulación de la diferencia entre izquierda y derecha que proclaman a voz en cuello líderes colorados y blancos sumados (que dan rosa y siendo muchos, un ogro rosado). Por esta vía de la igualdad de color, Sanguinetti añora estar en el lugar de Mujica para hacer lo mismo que este puede permitirse en la bizarra calidad de tupamplista[8], en cuanto cancelaría eventualmente feriados de empleados públicos; en tanto de Haedo invita al gobierno a beber de la misma copa de indiferencia entre derecha e izquierda, mal que le pese a los alcohólicos del cambio[9]. El espirómetro ideológico exigirá 0%. A no ser que el conductor pertenezca a ADEOM, en cuyo caso se le exigirá un certificado de voluntariado en el servicio público de empleados del Estado.

Claro que si los votos de desistencia electoral forzados por el sufragio obligatorio a pronunciarse comicialmente se sumaran, sin necesariamente agregarse a los de castidad, obediencia y pobreza, hasta llegar al 20% del total del cuerpo electoral, la fábula se contaría bajo otro cariz. Desde entonces, la izquierda pasaría a consistir en señalar que el sistema político se subordina al sistema de medios empresariales y que tanto el uno como el otro son artefactos tecno-científicos de vanidad especulativa, obsoletos por lo demás, ante la posibilidad de la condición medial de la actividad pública en el reticulado virtual.



[1] “Encuestas fallidas: la fábula contada” Facultad de Humanidades, 1 de agosto de 2009, presentaron la discusión Alma Bolón, Daniel Feldman, Sandino Núñez y quien escribe.

[2] Bustamante, M. “FA visualiza nuevo adversario electoral en el Interior: bipartidismo conservador” La República (24/05/10) Montevideo http://www.larepublica.com.uy/politica/411334-fa-visualiza-nuevo-adversario-electoral-en-el-interior-bipartidismo-conservador

[3] “Evaluación del FA: volando por debajo del radar de las encuestas aterrizó un nuevo partido de raíz conservadora” La República (24/05/10) Montevideo http://www.larepublica.com.uy/2010/05/24/tapa

[4]Antes de saber cómo y qué traducir por «representación», debemos preguntarnos por el concepto de traducción y de lenguaje, concepto dominado frecuentemente por el concepto de representación, ya se trate de traducción interlingüística, intralingüística, (dentro de una única lengua) o incluso, recurriendo aquí por comodidad a la tripartición de Jacobson, de traducción intersemiótica (entre lenguajes discursivos y lenguajes no-discursivos), en el arte por ejemplo”. Derrida, J. “Envío” en Derrida en Castellano http://www.jacquesderrida.com.ar/textos/envio.htm

[5] Habermas, J. (1990) Pensamiento postmetafísico, Taurus, Madrid, p.264.

[6] Ver al respecto las entrevistas vinculadas entre sí por la mención “lluvia de ideas” en Brecha (28/05/10) Montevideo, pp.2-7.

[7] “Ahora a recuperación” La República (30/05/10) http://www.larepublica.com.uy/politica/411928-ahora-a-recuperacion

[8]Si hubiéramos propuesto reducir los feriados (de los funcionarios públicos) nos habrían hecho un paro general” Sanguinetti, J.M. Observa (30/05/10) Montevideo, http://www.observa.com.uy/

[9] de Haedo, J. “Los número psicológicos” Voces Nº 255 (27/05/10) Montevideo, p.2 (ver en particular el final del artículo).

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