15.1.12

Mario Silva García, la universalidad de un pensador uruguayo[1]


2ª quincena enero 2012


Agradezco especialmente a la Universidad Católica del Uruguay y a la Dra. María Noel Lapoujade la invitación que me han dirigido para participar en este homenaje, que me honra personalmente y posibilita la expresión de mi gratitud hacia la figura de Mario Silva García, maestro de muchos de nosotros.

En un contexto cargado de aspectos personales, en este caso a través del vínculo subjetivo con quien motiva este homenaje, se hace difícil orientar una intervención y se instala, ante la hoja en blanco, cierta perplejidad. Este preguntarse por el sentido a darle a una intervención suele dilucidarse por la vía más simple, que no siempre se tiene inicialmente en cuenta. Esa orientación de esta intervención surge, en lo que a mí respecta, de la expresión que titula este evento: “Presencia y proyecciones”. Quiero subrayar a través de lo que sigue, la felicidad de ese par de términos para orientar un homenaje a Silva García en el presente.

Me preguntaría entonces en un principio, por qué vía la presencia que hoy evocamos mantiene su vigencia. Quizás una característica propia de la presencia de Silva García consista en el tránsito diáfano que encontraba la compenetración de un saber con un ejercicio profesional. En la integridad que asomaba cuando, incluso en clase, declarada la perplejidad ante una interrogante, se instalaba una pauta cristalina que trascendía la formulación y manifestaba, ante los demás, un involucramiento consigo mismo del pensar.

Capaz de dar cuenta ante terceros de un ámbito inaccesible en sí mismo, una invocación reflexiva planteada ante otros favorecía la instalación, en público, de una pauta de libertad. Esta forma de personalización es posiblemente la más rigurosa actuación de la presencia, en cuanto se ve llevada a trascender el fuero íntimo, al declararlo pauta compartida con la incumbencia de cada quién, como si a cada uno le fuera igualmente propio un registro particular.

Por esa vía, la presentación de las alternativas que se encontraban en el origen de una posición, derribaba las fronteras protocolares de índole académica. Recrear, de cara a un público, las propias condiciones de posibilidad de un saber, trascendía los muros de cualquier recinto institucional que pretendiera acotar el alcance filosófico.

Esa personalización de la presencia reflexiva abría paso, por la vía del testimonio intelectual, a una significación que excedía cualquier lugar, en particular, si tal lugar pretendía agostar la presencia entre límites acotados. De ahí quizás la sencillez con que Silva García abordaba la cuestión de la metafísica, para colocarla sin ambages como la propia imposibilidad de un lugar en particular: “metafísica es lo que está más allá de los límites”. Eso sucede con la presencia de quien abordaba de forma tan simple lo ilimitado: por haber colocado la presencia más allá de los límites, abrió paso, en la memoria de muchos de nosotros, a esa presencia de lo ilimitado que identificamos con la índole filosófica.

En cuanto a la proyección de quien concita este homenaje, la misma proviene ante todo de la condición de Silva García en tanto profesor de Filosofía Teórica, esto es, en la acepción kantiana, profesor de metafísica. En medio de una actualidad que rebasa incesantemente los límites idiosincráticos por la vía de la intervención tecnológica, la cuestión de la metafísica está más presente aún, sobre todo cuando se pretende reducir la teoría al discurrir procedimental de una formalización. Ese recurso a la formalización a ultranza encierra, incluso contrariando una pretendida transparencia, la opacidad de estrategias fatalmente convocadas por el rigor de los objetivos.

Quizás de la misma coincidencia entre la fecha de este homenaje y la celebración de un aniversario nacional proviene una señal, respecto a esa cuestión de la necesaria latitud filosófica de nuestra condición. Pese a la precisión onomástica que se pretende, el aniversario de la independencia uruguaya no deja de encontrarse situado entre otros límites cronológicos, en razón de una polémica histórica que los decretos institucionales, por más rigurosos que se pretendan en su legalidad, no logran acotar. En efecto, detrás de esta discusión se encuentra la cuestión de la problemática inscripción mundialista de nuestra colectividad histórica desde sus orígenes, que es asimismo una inscripción filosófica y metafísica, de cara a la intercesión europea que se vuelve determinante para la independencia uruguaya, e incluso más tarde, para la propia sobrevivencia de un Estado independiente.

Silva García siempre estuvo muy lejos, incluso por la vía de su explícita declaración, de establecer un vínculo cualquiera entre opiniones contingentes en política y la actividad filosófica. Esa distancia es asimismo un pronunciamiento por la universalidad que no sólo se distingue negativamente de la contingencia política, sino que por sobre todo destaca la latitud universal del pensamiento, que sin embargo se despliega siempre desde un punto de vista singular.

Esa proyección de nuestro maestro es asimismo una proyección para la actividad filosófica en el Uruguay, en cuanto encerrarla dentro de un nacionalismo estrecho está tan lejos de la vocación metafísica en tanto tal, como distante de la propia prosapia uruguaya. Esta última se inclina, por encima de límites internacionales entre dos y un tercero incluido, posiblemente como síntesis de nosotros mismos, o incluso como síntesis de lo mismo en un contexto contradictorio, a adoptar una pauta de identidad mundialmente interrogada.

Silva García, pensador que viajó muy poco en su vida personal desplegó, sin embargo, un rasgo uruguayo de filiación mundialista, que adquiere significativa proyección filosófica ante la globalización, en cuanto esta condición contemporánea adviene a través de nuestras y otras fronteras latinoamericanas.



[1] Intervención en la Mesa Redonda “Presencia y Proyecciones de Silva García”, Homenaje al Dr. Mario Silva García a 10 años de su muerte, Universidad Católica del Uruguay, Montevideo, 3 de octubre 2011.

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