25.5.14

Presentación de Contragobernar[1]


2ª quincena, mayo 2014



A fines de enero cesaron las actualizaciones de este blog, en razón de una recopilación de los textos anteriores que se presenta el viernes próximo, al tiempo que se cambia, con esa inmejorable oportunidad, el nombre del blog. Había llegado el momento propicio para que el nombre propio de persona dejara lugar a un nombre impropio entre todos: nombrar contragobierno. Aunque se trate de una transformación que a contragobierno “conserva superando”, según el designio hegeliano, para cumplir con la promesa hecha en enero de escribir un primer texto, sobre Ibero Gutiérrez, en el epígrafe de Contragobernar:

“Nunca haré lo suficiente para reivindicar la memoria de mi amigo Ibero Gutiérrez. La deuda con Ibero supera en mucho la circunstancia del asesinato que confirmaba un ciclo nefasto. El significado de aquel crimen viene a ser puesto en evidencia, día a día, por la proyección que alcanza hoy una obra trunca. En esas líneas y trazos podemos leer el abrirse del horizonte que hoy avizoramos”. 

Tengo la impresión de cumplir en este caso con la memoria de mi amigo, tal como yo la entiendo y tal como la entendí, más allá de la libertad de interpretación, e incluso de homenaje, que alguien suscita en su proyección. Esa proyección queda librada al presente, desde mi punto de vista,  entendida como lo plantea la contratapa del libro:

“De las revueltas del mundo árabe a las asonadas contra el despilfarro estatal brasileño, pasando por los indignados del 15-M español o el inesperado “Ocuppy Wall Street”, la movilización desborda los márgenes propios del gobierno político estatal. Una sublevación tan inequívoca como improbable impugna a los partidos políticos, surge del liderazgo virtual de las redes sociales y condena las recetas a la moda de la tecnocracia.

Como efecto del fraude ideológico que intervino a partir de 2010 con la presidencia de Mujica, el Uruguay ingresa aún más aceleradamente en la mundialización tecnocrática, bajo la paradójica consigna de un estilo popular de expresión mediática. Proclamada por primera vez a través de las luchas de los gremios de la educación, la salud pública y los funcionarios del Estado, la condena en un todo del sistema político uruguayo forma parte del ascenso mundial de saberes emergentes. La estrategia del empresariado y la tecnocracia internacional requiere una extensión mediática, que se revierte a partir de la misma globalización que exige un “mercado total”. El contragobierno prospera en razón del mismo designio tecnológico de interactividad en red y abandona por inocua la estrategia de “tomar el poder” en la representación estatal de la nación.

Con este libro se completa una trilogía iniciada en 1991 con Después de la política (destinado a analizar la crisis discursiva de la modernidad en el Uruguay post-dictatorial), seguido en 2006 por Celulosa que me hiciste guapo (orientado al caso de la transnacional Botnia que promoviera la primera crisis de globalización en el Uruguay). Contragobernar pone de relieve la estructura tecnológica del poder que lleva a la declinación de los partidos y el Estado. Propone, con base en esa constatación, un replanteo estratégico ante la manipulación mediática: contragobernar”.

La acepción de “contragobierno” sin embargo, tomó un giro diferente una vez publicado, en un primer tiraje, el libro. Hasta entonces, tal como se dice en la contratapa e incluso en algunos de los artículos del último capítulo (que precisamente se denomina “Contragobenar”), el término surgió como efecto de la fatal reversión que aqueja a la masividad mediática, en cuanto debe apelar a la comprensión ajena de un propósito supuestamente compartido. En cualquier caso, la intencionalidad librada a la masividad corre un riesgo severo de declinación, por más avezado que sea el aparato mediático que la emite.

En tal sentido la apelación a “algunos trenes que pasan una sola vez”, vino a proveer  en propósitos de quien ocupaba por entonces la presidencia del Uruguay, Tabaré Vázquez, un caso ilustrativo que propiciaba un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. El rotundo fracaso que sufrió aquella apelación gubernamental, una vez leída por la recepción pública,  dejó en claro la condición más propicia para la mejor reversión de la manipulación: que el destinatario cuente con una afianzada memoria crítica de la cuestión, en este caso, la injerencia de EEUU en América Latina.

Sin embargo, el apoyo del mismo gobernante a la transnacional Botnia en su estrategia de implantación mundialista, que corresponde a la misma matriz de expansión estratégica que propicia el gobierno estadounidense, vino a ser interpretada por la opinión pública como un conflicto regional entre intereses nacionales. La carencia de antecedentes incorporados en la perspectiva crítica llevó a confundir las estrategias mundialistas, tal como se despliegan en la actualidad, con un conflicto entre alicaídos estados-nación.

 Sólo una vez que  la implantación transnacional reveló los efectos de desarticulación estratégica que anunciaba aquella “megainversión”, particularmente en el ámbito agrario, comienza a advertirse el punto ciego que el nacionalismo más pacato ocultaba con sus desplantes “antiporteños”. ¿Qué decir de “la pronta solución” del clima de confrontación diplomática con Argentina, aclamada a voz en cuello por “la diplomacia del Pepe”,  fracaso sin atenuantes que al término de un mandato se procura hacer olvidar, a baldazos de demagogia mediática internacional?[2]

Esas percepciones no dejaron de ampliarse, incluso en el sentido del criterio, una vez publicado un primer tiraje de Contragobernar. En un Coloquio destinado al vínculo entre educación y política en el presente, celebrado en Río de Janeiro a inicios de diciembre del año pasado,[3] se hizo alusión a la resistencia que sostenía Derrida a entender la representación como plenitud de un vínculo, particularmente en el texto “Envío”. Esta resistencia se encontró asociada a la defensa deconstructiva del criterio de “contrafirma”, que efectivamente coloca lo ilegible de la firma y por consiguiente del trazo de identidad, bajo el escrutinio de la contrafirma, regida a su vez por el régimen compartido de la grafía. En ese intersticio interno que se incorpora entre lo ilegible y lo legible, para dejarlo librado a un lapso que evita cualquier localidad del sí mismo, lee Derrida la alternativa de identidad.

Incluso, en el momento en que se celebra la década de existencia del Collège International de Philosophie, creación que cristaliza la obra política por excelencia del influjo posestructuralista sobre la sociedad y la política, Derrida consigna la contrafirma como criterio de una política del saber.[4] En el mismo texto (“L’autre nom du Collège”: El otro nombre del Colegio”) esa calidad democrática de la contrafirma aparece redoblada por la incondicionalidad[5] que endosa toda soberanía, en particular cuando se presenta de puño y letra de un particular, bajo el criterio de ilegibilidad de una rúbrica.

El régimen de contragobierno une por igual, en cada quien, la legibilidad democrática de la contrafirma con la ilegibilidad soberana de una incondicionalidad rubricada. Por ejemplo, en cuanto el que lee es el mismo que escribe,[6] en el contragobierno lector de Contragobernar.onsigna la contrafirma como criterio de contragobierno de la poltitucionalidad del pre a un m






[1] La Editorial Maderamen presenta Contragobernar en Casa de Filosofía, La Paz 1623, el viernes 30 de mayo a las 19 y 30h. Intervienen Fernando García y María-José Olivera.
[2] Sobre la fatalidad del desenlace diplomático del gobierno de Mujica: Viscardi, R. « Dividir las aguas : las riberas internacionales del río Uruguay » (2010) Encuentros Uruguayos Nº3 (segunda época) Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación,Montevideo,pp.240245 http://www.encuru.fhuce.edu.uy/ (ir a "números anteriores").
[3] Educaçao, Etica e Politica na Contemporaneidade, UFRJ e PUC, Rio de Janeiro, 2 y 3 de dezembro de 2013. 
[4] Châtelet, F. Derrida, J. Faye J-P, Lecourt, D. (1998) Le rapport bleu, PUF, Paris, p.209.
[5] Op.cit. p.214.
[6] Kristeva, J. (1969) Semeiotiké: Recherches pour une sémanalyse, du Seuil, Paris, p.170.