2.4.11

Los alias del Pepe: un ejército de sombras


1ª quincena abril 2011



Se insinúa una irrenunciable renuncia desde que el Vice-Presidente Astori suplantó al titular del Poder Ejecutivo en la presentación del primer informe anual de la presidencia. Detrás de la substitución de dignatarios quizás se anuncia algo muy distinto de la renuncia y del renunciante: la declinación mediática de las instituciones representativas. Pero incluso cuando se la atisba, tal declinación se vincula en el parecer de muchos a una contradicción o paradoja, que preservaría en la trayectoria pública una rectificación posible de la parábola funesta del sentido.

La renuncia al poder público cunde en el escándalo mediático de un mandatario, quien por verse borrado del padrón electoral no puede votar, mientras refiere a sí mismo en tanto símbolo ultrajado. La condición simbólica ante sí mismo no constituye una perversión de la realidad representada, sino la escenificación de la nulidad presencial que aqueja al Estado en la persona de su propio Jefe.

En un libro de gran suceso, Alain Badiou estampó una expresión que luego adquirió cierto auge: “de quoi Sarkozy est-il le nom?”. Una desventurada traducción traicionó el sentido consecuentemente (traductor/traidor, según Eco), como sigue: “¿Qué representa el nombre de Sarkozy?”[1]. En cuanto supone procedencia o pertenencia, la preposición “de” amarra el nombre de Sarkozy a la presencia en persona. La persona dotada de presencia “lleva” un nombre. Luego, si decimos “Sarkozy” es obvio que hablamos del actual presidente de Francia, definido en nombre propio por una presencia en persona.

El éxito de la expresión de Badiou se sustenta, por el contrario, exactamente en la antípoda de la presencia de la persona nombrada. “De quoi Sarkozy est-il le nom?” alude a una transitividad de la significación que supera todo término fijo, en particular, la asignación de un nombre a una persona física. A tal punto esta transitividad es lo propio de la expresión que inauguró Badiou, que se le aplicó al propio autor: “de quoi Badiou est-il le nom?”

El éxito del título de Badiou cristaliza la condición “líquida” (según Bauman[2]) de la sociedad actual: inmaterialidad virtual que convierte toda cosa en el nombre de otra y todo nombre en una cosa entre otras. Esta nivelación por un único rasero de las palabras y las cosas, lejos de significar una “reificación” en el sentido de la alienación, que supuestamente borraría la conciencia a favor del objeto, borra toda objetividad a favor de la emisión mediática, entre una y otra conciencia (con-scientia[3]).

Contrariamente a lo que sostiene Bauman no se trata de una disolución ontológica, sino de una supresión de limitantes. Desde entonces una pluralidad de significaciones que atañía a los símbolos (por el ejemplo el fuego, que se vincula tanto a la pasión como a la purificación), se convierte en la diversidad del uso por muchos de los mismos nombres. La condición protosémica del símbolo imposibilita el intercambio: el valor de cambio fracasa ante el vínculo recíproco de índole simbólica, que supera por paso y anticipación de uno a otro, al mero cambio entre uno y otro.

Este registro simbólico se conoció con escándalo mediático en cuanto el presidente de la República se vio impedido de votar en elecciones nacionales, en este caso de autoridades públicas de la previsión social, en razón de no encontrarse entre los votantes habilitados por el padrón electoral[4]. Ante tal impedimento, el presidente se refiere a sí mismo en tanto símbolo[5] y vitupera a funcionarios de distintas reparticiones públicas, ante el faltante de su nombre en el padrón. Tal indignación presidencial supone que el presidente conoce a quien pertenece su nombre, cosa que lo deslindaría de simbolizar, porque lo reduciría a la singularidad presencial de su persona. Sin embargo, en ese caso su nombre se vería privado de símbolo, ya que el símbolo escapa, por su ala de palabra, a todo soma en particular. Por consiguiente, el nombre del símbolo de que habla -por sí mismo- el presidente no podría, falto de persona física o jurídica, constar en un padrón universal, porque escapa a la persona presente del ciudadano para elevarse en tanto alias político: “el Pepe”.

La respuesta a la pregunta “¿de qué hablamos cuando decimos “Mujica”?” es “hablamos del Pepe”. Es la misma respuesta a que lleva la pregunta “¿de qué hablamos cuando hablamos del presidente?”. Lo que decimos del presidente o de Mujica habla del Pepe. Por consiguiente, “el presidente” o “Mujica” en tanto nombres públicos, son alias de “el Pepe”. Ahora, un alias de un alias se pierde en la noche del sentido, en cuanto (el alias de un alias) se desvincula de la persona en su presencia y por consiguiente, de todo arraigo in situ. En tanto el presidente se ve a sí mismo como símbolo de la ciudadanía ultrajada, no se ve singularizado en una estatura o humor, sino generalizado en lo que cualquiera supone. Revela así que el Pepe nos ha valido ante todo un “nadie”, el “todos” general para cada uno[6].

Una circunstancia análoga se presenta con la multiplicación de los alias en la clandestinidad, que proliferan entre sí por sobre el “xx” de la misma persona. Quizás esta búsqueda de arraigo personal alimenta la proliferación de versiones sobre un video protagonizado por militares subversivos, del que Mujica no habría visto sino imágenes fijas[7]. Es decir, alias del video en su personificación emisiva. Un ejército de las sombras[8] se levanta desde la clandestinidad del nombre, cuando se prefiere dar por nombre el nombre de otro, o por nombre propio un nombre de guerra.

Este punto de vista podría parecer osado a quien no haya ensayado la hipótesis más verosímil, es decir, la que cundió en las elecciones internas del Frente Amplio y luego en las presidenciales que llevaron al actual primer mandatario a ocupar la presidencia. En ese período la verosimilitud del alias “Pepe” para “Mujica” se sostenía en la persona auténtica e histórica del exguerrillero. Sin embargo, es esa persona auténtica e histórica la que desaparece a medida que el alias asciende hacia el zenit público. Se confirma por esa vía que la provisión mediática en determinado grado disuelve el arraigo de un nombre. E incluso puede disolverlo en tanto nombre de alguien. En cuanto alias de un alias, “Mujica” o “el presidente” no son el nombre de alguien, sino de nadie. Este “nadie” es al mismo tiempo el nombre simbólico de todos y cada uno, la circulación sin término fijo del nombre (de Sarkozy o Mujica) que lo despoja de cualquier índole particular.

Esa es la paradójica condición del Pepe en tanto hombre público. Llevado a cumplir con todo y con todos, no puede sino defraudar a cada uno y cada quien. Sería un error ver en ese desencanto en vías de amplificación una inconsecuencia programática o ideológica. Por el contrario, supone la máxima idoneidad ideológica y programática, en cuanto cumple con el nombre del nombre, que es un alias (todos los “José” llevan en potencia un “Pepe”). Contrariamente a la fórmula de Badiou, el nombre del nombre no es alguien, que nombraríamos por medio de un nombre, ya que el nombre mismo es mediación. El nombre del nombre, como el alias del alias, liquida la posibilidad misma de la denominación y suscita lo inmediatamente innombrable: el gesto. Tal gestualidad se anuncia, por el naufragio de los alias del Pepe en la oscuridad mediática de otros tantos nombres del nombre, de irrenunciable renuncia.





[1] Respecto a la obra de Badiou en su conjunto, la obra citada incluida, referimos al sitio Matema Existencial: http://angelinauzinolleros.blogspot.com/

[2] Bauman, Z. (2008) Archipiélago de excepciones, Katz, Buenos Aires, p.20.

[3] En este blog “Ciencia-contenedor”, 1ª quicena agosto 2009.

[4] “Ni laico ni gratuito” La Diaria (28/03/11) Montevideo http://ladiaria.com/articulo/2011/3/ni-laico-ni-gratuito/#contenido

[5] “Funcionarios electorales piden que Mujica se “ rectifique ante la opinión pública” Observa (29/03/11) Montevideo http://www.observa.com.uy/actualidad/nota.aspx?id=111070&ex=25&ar=1&fi=23&sec=8

[6] Viscardi, R. “Celulosa que me hiciste guapo” Compañero (13/03/06) Montevideo http://www.pvp.org.uy/viscardi3.htm

[7] “Presidente Mujica: vi el video” La República (15/03/11) Montevideo http://www.larepublica.com.uy/politica/444449-presidente-mujica-vi-el-video

[8] El film “El ejército de las sombras” narraba particularmente la clandestinidad de la resistencia francesa bajo la ocupación nazi, antecedente de otras resistencias y clandestinidades, más allá de una diversidad de signos ideológicos y más acá de la clandestinidad de los nombres. Ver Filmaffinity http://www.filmaffinity.com/es/film272061.html

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Me parece muy lúcido este enfoque de la sustitución de un "El Pepe" por sus alias que son "Mujica" o "el Presidente", nada menos. Sería pensable un camino al revés, el de un Presidente que partiendo de ser José Mujica Cordano, pase , luego de conocimiento, afecto de la gente, logros, buena gestión, etc. a ser "el Pepe".
Acá se empezó al revés y se entiende que ese "el Pepe" reclame como tal, sus NO derechos consagrados en un impresentable pataleo ante funcionarios que cumplen, desde muy temprano, y que estudiaron muy bien es asunto, con ser, estos sí "representantes" de una ley que los mandata. Y así fue que lo enfrentaron con convicción y dignidad. Pero no llama la atención que -más allá del berrinche de quien cree que puede y ya no puede- lo primero que haya proferido el Presidente o Mujica haya sido: "-Me sacaron por viejo" El tema de la edad enferma a Mujica desde que aceptó la candidatura. Creo que...es el tema que lo va a sacar del ruedo, no tanto "por razones biológicas" (al decir de Tabaré, referido a su posible postulación en 2014) sino por ellas más las psicológicas que lo hacen decir tanta macana que ya la gente que lo apoyó por su historia y carisma, percibe a un "nadie" que ni representa a "Todos" ni de cerca... Un "Pepe" ("Vamos Pepe, vamos con la gente..." murguero) a un Sr. Mujica: Ud. no está en el Padrón de los votantes porque...y todos los argumentos que se le dijeron, ya conocidos.
Tomo este ejemSiguió discutiendo, no pudo "meter violín en bolsa" y respetar a funcionarios, una vez, respetar a alguien que no sea miembro de las FFAA.
Tomo este ejemplo de modo metonímico ya que de este tipo de actitudes (ésta,tal vez, la peor) se cuentan muchas en el nuevo "prontuario democrático" de quien ostenta tantos alias. Me gustó esta Nota y esta lectura, Ricardo. Gracias, un abrazo, María

Ricardo Viscardi dijo...

María: una vez más, gracias por tu comentario. Entramos en un período de transición importante,según me parece. Creo que la contraofensiva pepística ante la debacle en la opinión pública se va a dar (ya comenzó) con el Bicentenario. No patria grande (MLN) ni patria vieja (revisión histórica) sino patria gaucha (fuerzas vivas). Entre esas fuerzas vivas hay sobre todo avivados. Es el único lado para el cual el pepentorno puede intentar crecer, cada vez más alejado del núcleo de la izquierda, que en el Uruguay se nuclea en el eje obrero estudiantil. Habrá también una pepefobía (ya en ciernes) y sobre todo, unas cuantas catástrofes mediáticas como las elecciones del BPS o el video que no se puede ver. Si mañana en las elecciones del MPP se confirma la supremacía que se presume adquirió Marenales, tendermos un cerco interno en puntillado. Como lo sostuve en la actualzación, todo esto lleva a mi entender hacia la irrenunciable renuncia.
Un abrazo, Ricardo.

MARA dijo...

Ricardo, se borró mi respuesta a la tuya...Es una pesadilla!! Me percato de tu visión bastante clara acerca de la "tendencia" de cómo ve la gente al Presidente o Mujica o "el Pepe"...Yo dije en varios escritos o comentarios que llegaría el día en que alguien dijera "El Rey está desnido" y se desmontara o desmoronara una actitud soberbia disfrazada de humilde. Mujica no pretende enriquecimiento monetario, sua ambicxión va por otro lado: querer ser el 3er Pepe de la historia uruguaya. Es errático, contradsictorio y ya la gente no apoya actitudes como visitar a un general procesado por un crimen horroroso ( a una profesora de 24 años) Y que lo visita por razones "humanitarias" Eso, a quiénes sufrieron demasiado con el Terorismo de Estado, no les gusta nada. (Sigue...)

MARA dijo...

Era fundamentalmente esto. Este "el Pepe" que devino por camino inverso en Mujica o "Sr Presidente" tiene actitudes erráticas, vergonzantes y un complejo no resuelto en su relación con las FFAA. La visita q le hizo a Dalmao (procesado por el crimen de Nibia Sabalzagaray) nada gustó. Tampoco sus broncas contra funcionarios públicos por concurso y docentes. Tiene mucho más consideración con miembros de las FFAA. Si él quiere personalmente perdonar, q lo haga. Pero esa es una actitud individual, en tanto Presidente sus dichos se vuelven públicos y está pidiendo a la gente que "dé vuelta la página y mire el futuro" idéntica apelación que sostuvo al Voto Amarillo. Habría mucho más para decir pero escribí una Nota hace un par de días donde hablo de la confusión de Mujica entre Justicia y Venganza...Ley del Talión es lo que piensa cuando dice "hay crímenes que no se pueden pagar ni cobrar" Repreguntado por los periodistas responde: Porque yo NO PUEDO TORTURAR!! Claro que la izquierda NO tortura, tiene otros valores...Es tan obvio! Como si lo único q pudiera dar frutos, fuera una especie de Ley del Talión: "ojo por ojo, tortura por tortura".
Saludos, Ricardo!

Anónimo dijo...

Releo el artículo y percibo la relación con la frase de Badiou que citás vinculada a Sarkozy y el nombre propio ¿qué nombra un nombre? en tanto símbolo presémico, polivalente (ej de fuego, etc) "Las palabras y las cosas" en un mismo nivel. Pepe como ya "alias" pasa a tener un "Ejèrcito de las sombras" de alias, así como lo tuvo el video que no se vio, el video "fantasmal" símbolo, por tanto diversas cosas posibles: fotografías, versiones, temores, provocación, invento... ilimitadamente cualquier cosa simbolizada y no presente. Así el Pepe, ese alias (de todos los José) no podía "reclamar" derechos como símbolo de Primer Mandatario, de Intitución, de Presidente, ni siquiera de cualquiera de sus alias, ya que su presencia como persona no tuvo ningún nombre que la nombrara. Su alias pasa a perderse, disolverse en la mediación. Creo que di menos importancia a este centro del artículo que a los innumerables errores cometidos por el Pepe, alias de José, luego José Mujica-Presidente. Muy atinado ese paralelismo entre esos alias de un alias: el Pepe y el fantasmal video, ese que nadie vio. Y ambos símbolos igualmente manipulados en sendos escándalos mediáticos. Se pre-siente que vendrán otros del mismo estilo.
Renuevo mis saludos, María

Ricardo Viscardi dijo...

María: sobre tu último comentario, entiendo que el artículo intenta como otros en el mismo perfil, mostrar que Mujica es sólo una excusa bajo cuyo sello priman de las condiciones actuales del intercambio político. Por eso insisto, efectivamente, con la característica mediática de la coyuntura y de la constitución del poder político en particular. De esta forma, lo que hizo el auge de Mujica es ahora lo que lo depone en el consenso de la militancia de izquierda. La celeridad de estos procesos de "auge y caída" de las figuras institucionales es una de las características de nuestro tiempo. Conviene ver la "parábola" que trazan Obama, Sarkozy, Zapatero, etc. Sin duda esto señala la transición hacia otro estado de agregación del poder público, quizás, la última fase del ocaso de los Estado-nación. Mujica es nuestro caso patente en ese sentido: electo con un enorme apoyo que llegó a un auge en los primeros meses de su mandato, se eclipsa vertiginosamente antes del fin del (mismo) año. Algo similar ocurrió con Vázquez, en cuanto perdió significativamente apoyo dentro de la izquierda. Independientemente de una u otra figura, ocurrirá en adelante con cualquiera, más allá de condiciones personales paliativas del ocaso de la delegación representativa. Ese es el fondo del análisis, que conlleva la incidencia de una condición simbólica presémica, como lo planteás, convocada por la misma irrelevancia de la referencia sémica.

Saludos, Ricardo.