8.10.18


Dique Mauá: el dique del contragobierno

1a. quincena, octubre de 2018


Festejos, antecedentes y preguntas


En un grupo que se opone a la instalación de la transnacional UPM sobre el Río Negro con una 2a. pastera, se festejaba el fracaso del proyecto empresista de instalar una terminal propia de la empresa Buquebús en el actual emplazamiento del Dique Mauá, en una de las zonas más frecuentadas y populares del paseo emblemático de los montevideanos: la rambla marítima. La espontaneidad del festejo levanta una serie de preguntas:

¿qué tienen en común la instalación de una terminal portuaria y la de una usina de pasta de papel (“pastera”)? ¿Cómo se puede generar un sentimiento de compartir el mismo camino entre grupos sin conexión entre sí? ¨¿Por qué se festeja como una victoria que el Frente Amplio, cuyo gobierno apoyó el proyecto y sus representantes lo votaron en el Senado, aparezca ahora vetándolo de hecho? ¿Se manifiesta una condición política desconocida hasta el presente?

La cuestión de la estatalidad

En un reportaje publicado en el Semanario Brecha,1 Pierre Dardot, académico francés de visita en nuestro país, señala el vínculo entre el proyecto de López Mena para el Dique Mauá y la posición que procura, en vez de la enajenación del predio tal como lo pretendía el empresario, la concesión estatal a la misma empresa. Todo el reportaje se dedica, en efecto, a cuestionar la perspectiva según la cual la propiedad estatal sería una estrategia suficiente para hacer frente al neoliberalismo, que a su vez, no es presentado por Dardot como una escuela económica, sino como un habitus que gana terreno en las sociedades actuales. Se infiere de lo anterior, que la estatalidad también puede reproducir el neoliberalismo, no sólo como línea de conducción económica, sino ante todo como sensibilidad pública predominante. Lo interesante de la apreciación que Dardot dedica al proyecto de enajenación empresarial del Dique Mauá, consiste en que destaca, más allá de la diferencia entre neoliberales y estatistas, un tercer sector, que se diferencia por igual de unos y otros:

Escuché sobre esta historia en Montevideo, del dique Mauá sobre el Río de la Plata, en Montevideo, con López Mena. Es interesante, porque de un lado se colocan los que están a favor de la privatización completa, del otro una parte de la izquierda que dice “privatización no, concesión”, porque con la concesión queda en el Estado. Esto es totalmente ilusorio. También hay gente del lugar que no quiere ni privatización ni concesión. Pero muchos no los escuchan, porque la izquierda está prisionera. Y así está una gran parte de la izquierda mundial”.

Esto hace pensar que “una gran parte de la izquierda mundial” tampoco escucharía a quienes piensan que el Dique Mauá no se debe privatizar ni licitar por el Estado, sino que se debe contragobernar. Sobre todo en cuanto Dardot señala que “Podemos está normalizándose, deviniendo un partido como los demás”. Quienes festejan desde otras luchas paralelas (por ejemplo contra una segunda pastera de UPM en el Uruguay) la victoria sobre el empresismo que se abatía, ante todo desde el propio gobierno uruguayo, sobre el Dique Mauá, quizás no sólo se encuentren dentro de las fronteras del Uruguay. Seguramente Dardot es uno de ellos, pero sobre todo, pareciera que “ellos” representan una sensibilidad que desde Seattle, pasando por Indignados, Occupy Wall Street y La Nuit Debout, marca una tendencia mundial.

La cuestión del sistema de partidos


Un aspecto por demás esclarecedor, es que el sistema de partidos “corrige” sus actuaciones según el humor de la opinión pública, afirmación que en este caso viene a ser refrendada, de forma por demás elocuente, por el Frente Amplio. Uno de los miembros de la Mesa Política del Frente Amplio declara a la prensa que ese organismo es políticamente superior a la bancada de la misma fuerza política, lo que a su entender señala, a las claras, que esta última no votará en Diputados el proyecto que la misma bancada parlamentaria sin embargo votó, poco antes, en el Senado. Llama poderosamente la atención que la misma Mesa Política no haya considerado el proyecto con los mismos ojos en dos instancias diferentes de un único trayecto parlamentario. Tal avistamiento de la dificultad antes de la sanción definitiva no puede provenir, por lo tanto, sino del movimiento de opinión que generó la movilización de vecinos auspiciada, en una medida significativa, por académicos de la Universidad de la República que se opusieron firmemente al proyecto.2 No es la primera vez en nuestro país que la fuerza de la opinión pública se impone a la conducción partidaria y le marca el rumbo.

Tabaré Vázquez declaró en momentos de la visita de George Bush, ya en las postrimerías de su primer mandato,  que la propuesta de un TLC con EEUU era uno de esos trenes que pasa una sola vez. En esa oportunidad el convoy pasó de largo, ya que el movimiento de opinión pública en contra del tratado entre el gato y el ratón logró sacar de vías lo que parecía una locomotora a toda marcha.3

Curiosamente el reportaje que le hace Brecha a Dardot no cuestiona, sino elípticamente a través de las expresiones del entrevistado, el rol del sistema de partidos en la entronización gubernamental del neoliberalismo. En un libro reciente publicado por el mismo Dardot en coautoría con Christian Laval,4 los autores condenan sin embargo, de forma inapelable al sistema de partidos (izquierda, centro y derecha por igual) como lo co-autores de “La pesadilla que no acaba nunca” (la subjetividad neoliberal). Para no citar sino algunos pasajes, se pueden considerar los siguientes:

La gravísima crisis que hoy afecta a la llamada “democracia representativa” se debe a la conjunción de un vicio estructural, el de la profesionalización de la política o “caciquismo”, con los efectos de una lógica neoliberal contraria a la gran mayoría de la población”,5 “Y la izquierda, que hay que calificar de derechas forma parte de ello plenamente”6 o incluso, “Nuestra situación nos impone el cuestionamiento radical de la lógica misma de la representación política, y esto hay que hacerlo en primer lugar mediante la elaboración de un proyecto alternativo”7.

Pareciera entonces que “la izquierda de derechas” (o la derecha de izquierdas), lejos de ser un mal uruguayo, corresponde a un presente mundial al que sólo le puede poner dique, como se demostró en el Dique Mauá, el contragobierno.


La cuestión de la comunicación


La misma vigencia de los movimientos de opinión pública, en su capacidad para oponerse al naufragio de los estados-nación en la racionalidad neoliberal, lleva a considerar la cuestión de los medios de comunicación desde el punto de la mera eficacia. Incluso la significación empresarial que ganan en algunos casos, conlleva cierta tecnofobia que también lleva, sin más, a asimilar la cuestión mediática a las estrategias empresariales más voraces. Se olvida en esa perspectiva meramente instrumental de la comunicación, que la mediación es el elemento clave del vínculo social, incluso desde el medioevo cristiano.8 Nuestra socialidad está constituida por una cultura de la mediación y los medios de comunicación, aunque no sólo cumplan ingenuamente cometidos emancipatorios, también han permitido, tecnología mediante, que el terreno institucional gobernado desde el poder soberano (desde la propia noción de soberanía, asimismo tributaria de la cultura de la mediación) esté hoy a la merced, en muchos casos, de la movilización en red (y en red de redes). Pensando la sociedad como red, Foucault sostuvo que “lo más imposible se vuelve lo necesario”.9 Por más improbable que parezca el vínculo entre la comunicación y el contragobierno, por esa vía cundió la necesidad de sumarle otro dique al Dique Mauá.



1Dardot, P. “Una pelea larga” (entrevista de G. Delacoste), Brecha (28/09/2018) Montevideo, pp.10-12.
2Gran apoyo a movilización contra terminal de Buquebús en Dique Mauá”, Ecos. Recuperado de: http://ecos.la/UY/13/Sociedad/2018/08/03/25637/gran-apoyo-a-movilizacion-contra-terminal-de-buquebus-en-dique-maua/
3 Viscardi, R. “Darse el tiempo de encallar. Tecnología, celulosa y soberanía en el Río (Uruguay) del Otro” (2008) F@ro 6. Recuperado de: http://web.upla.cl/revistafaro/03_estudios/06_index.htm (Recientemente H. Sarthou aludió, en idéntido sentido, a esa movilización en su columna “Indisciplina partidaria” en el semanario Voces.
4Laval, Ch., Dardot, P. (2017) La pesadilla que no acaba nunca, Gedisa, Barcelona.
5Laval, Ch., Dardot, P., op.cit., pp. 131-132.
6Laval, Ch., Dardot, P., op.cit., p. 151.
7Laval, Ch., Dardot, P., op.cit., pp. 159-160.
8Respecto a la actualidad de la mediación, ver en este blog “Globalitarismo: un “ismo” innecesario” https://ricardoviscardi.blogspot.com/2018/09/globalitarismo-un-ismo-innecesario-2a.html
9Las confesiones de Michel Foucault” (reportaje de Roger-Pol Droit trauducido por J. Palma), en Taciturno. Recuperado de: http://www.taciturno.be/IMG/pdf/entrevista_foucault.pdf

22.9.18



Globalitarismo: un “ismo” innecesario

2a. quincena, septiembre 2018

Texto presentado en el evento “UPM2: el tren de la globalización”, Casa de Filosofía, Montevideo, 22 de septiembre de 2018. Casa de Filosofía forma parte del colectivo Uruguay sin UPM2 que se moviliza en Uruguay contra la instalación de una 3a. fábrica de pasta de celulosa (la primera tuvo lugar en 2005).

en homenaje a Paul Virilio


Hace pocos días Víctor Bachetta recordaba un episodio que me pareció en su momento muy significativo: la denuncia de intento de soborno presentada por un ambientalista de Gualeguaychú contra el representante de la empresa Botnia (ahora UPM) en el Uruguay. El acusado adujo, en su defensa, que Botnia desarrollaba una estrategia de persuasión pública generalizada1. ¿Por qué una empresa multinacional implementaría una estrategia mediática cuando supuestamente la justificaba la propia racionalidad económica global? Otro episodio que me pareció adoptar el mismo signo fue el documental que elaboraron los estudiantes de la escuela de cine del Centro Cultural Dodecá, también destinado al conflicto desatado por Botnia. Uno podía suponer que el documental incluiría, en el marco de aquel conflicto, la significación del emprendimiento como tal, en su perspectiva empresarial y productiva. Sin embargo tras algunas cifras y algunas imágenes de plantas de producción, la parte del león del relato se la llevó las entrevistas a protagonistas del contexto local.

La pregunta entonces es: ¿por qué la racionalidad económica, que se esgrime como fundamento del proceso de globalización, aparece sin embargo en un plano secundario y derivado sobre el terreno propio a los conflictos de globalización?

Quizás se puede homenajear a Paul Virilio, a pocos días de su fallecimiento, recordando que a su amplia cosecha de neologismos también pertenece la invención de “globalitarismo”.2 La asociación con “totalitarismo” se impone por analogía fonética, aunque no se sostiene en la percepción inmediata del término “globalización”, pero menos aún, forma parte del habla. Virilio pergeña el neologismo para dejar en claro su planteo sobre la globalización, pero “globalitarismo” no proviene de un uso o mudanza, ni siquiera de una moda. Por lo tanto si “globalitarismo” ha llegado hasta nosotros, el término debe su existencia a alguien (Virilio en este caso) que abusa retóricamente del lenguaje para hacerse entender.

Todo sucede como si “globalización” dijera bien lo que quiere decir y no necesitara de ningún “ismo” que lo vincule a un sistema de ideas. Esta prescindencia respecto a cualquier ideología, concepción o visión del mundo, quizás se deba a que “globalización” puede entenderse como una “objetividad pura”, o sea, como la propia marcha del mundo, que además, puede emitirse desde el espacio extraterrestre, para que veamos cómodamente instalados ante la pantalla, no sólo como está el mundo, sino además como luce el globo terráqueo visto desde la estratósfera.

También puede suponerse que la globalización no admite ningún “ismo” porque su condición global encierra el “ismo de los ismos”, o sea, es el sistema de ideas de todos los sistemas de ideas, ya que todos por igual se encontrarían, desde este punto de vista, incluidos en un desarrollo global. Esta acepción nos llevaría muy cerca de un “Fin de la Historia”, o sea, se elimina todo batallar por ideas, ya que todas las ideas cristalizan en un mismo sistema ideo-eco-nómico.

Quizás esas dos posibilidades se complementen rigurosamente, ya que un desarrollo global de las ideas terminaría por producir una objetividad pura: la totalización del sentido de la realidad. En este punto nos encontramos de nuevo con Virilio: el globalitarismo no sólo se asemeja, sino que ante todo perfecciona el totalitarismo, perspectiva que nos resulta de difícil aceptación, justamente porque la globalización se presenta ajena a todo ismo: es la marcha del mundo en su globalidad, incluso visto desde el espacio, pero mirado en la pantalla del hogar, como globo terráqueo estratosférico.

Cuando percibo en la pantalla el globo terráqueo, percibo algo que me comprende globalmente, estoy mirando donde estoy. Esa autocomprensión es por lo tanto correlativa a un sistema de ideas que las incluyera a todas: no existe más afuera, margen o “ismo” que se vinculara a algo diferente de sí. El “ismo” de "globalitarismo" es innecesario, ante todo por la eliminación de un “punto de vista”: en cuanto el todo se divisa a sí mismo, la globalización no lo exige.

Sin embargo esta aparente simplificación del problema en su globalidad, presenta una dificultad: elimina todo sentido. Una vez más recurro, como cortada en el camino de la expresión, o si se quiere, coartada del sentido, a la fórmula que Roberto Igarza plantea para las nuevas tecnologías de la comunicación y de la información: “La mediatización del sentido y la mediación de las interacciones”.3

Se entiende que si el sentido está “mediatizado”, está encerrado en un medio que lo diferencia de todo otro medio. O sea, retornamos por la vía de la tecnología a la acepción de “mediatización” en el siglo XVIII: “excluir a alguien del medio social”.4 Es decir, en cuanto “mediatizado”, el sentido está encarcelado. Tampoco puede considerarse más libertario el segundo tramo de la frase, ya que “la mediación de las interacciones” quiere decir en buen sociologismo, que el vínculo de interacción entre dos o más esta “mediado”, es decir, coartado , por un “tercero interventor”.

El papel de la comunicación entre lo global y lo local es por lo tanto capital, ya que el sentido se encuentra sometido a cierta “libertad vigilada”, que limita su circulación, pero por otro lado, tampoco se priva de intervenir en la escena pública, entrometiéndose entre los particulares.


1Viscardi, R. (2006) Celulosa que me hiciste guapo, Lapsus, Montevideo, p.58.
2Virilio, P. (1998) La bombe informatique, Galilée, Paris, p. 21, p. 159.
3Igarza, R. (2008) Nuevos Medios, La Crujía, Buenos Aires, p. 135.
4Mediatizar”, RAE, recuperado de: http://dle.rae.es/?id=OkQt2fg

29.7.18


Nicaragua: un agua que se ha de beber, a 50 años del 68'


1a. quincena, agosto 2018



El 68' de la revolución cubana


El discurso que pronunció Fidel Castro en 1968 con oportunidad de la invasión de Checoslovaquia por el Pacto de Varsovia incluía, junto con la justificación estratégica del desmán soviético, una pregunta acerca del sí mismo revolucionario:

"¿Podría concebirse, señores, que al cabo de veinte años de comunismo en nuestro país, de Revolución comunista, de Revolución socialista, pudiera darse bajo ningún concepto la circunstancia de que un grupo de honestos revolucionarios en este país, aterrorizados por las perspectivas de un avance o, mejor dicho, un retroceso hacia los posiciones contrarrevolucionarias y hacia el imperialismo, se vieran en la necesidad de solicitar la ayuda de ejércitos amigos para impedir que tal situación ocurriera?"1

Esta pregunta expresaba la inscripción del sentimiento en el fundamento político, incorporación subjetiva propia a la política en la modernidad. Tal registro difiere notablemente de la sucesión lógica entre democracia y socialismo, que imbuído de una racionalidad igualmente moderna, pero de cuño sistemático, reivindicaba Lenin cuando sostenía:

“Quien quiera ir al socialismo por otro camino que no sea el de la democracia política, llegará infaliblemente a conclusiones absurdas y reaccionarias, tanto en el sentido económico como en el político”2

Mientras el planteo de Lenin se fundaba en la noción de una secuencia histórica efectiva y necesaria, la pregunta de Fidel Castro acerca del destino de la revolución anclaba en el sentimiento social. Tal como lo expresa la literatura romántica, incluso desde las guerras civiles que pautaron el período que seguiría a la independencia de los países latinoamericanos, toda representación gobernada por la libertad humana incorpora el sentimiento y pauta tanto el carácter emancipado de las letras como el carácter liberador de la política.

Tal sujeto surge, a su vez, como efecto de una ambivalencia que determina sus condiciones de posibilidad, se diría, “históricas”, si no fuera porque la propia noción de “historia” es tributaria de un “sujeto histórico”, cuya genealogía no es otra que la del “sujeto popular”, el “sujeto revolucionario” y el “sujeto literario”. El vínculo entre política y literatura es uno de los rasgos latinoamericanos más distintivos, del Martín Fierro (por la consignación social) a Martí (por la militancia política), o desde el modernismo (Rubén Darío) hasta la literatura del Boom Latinoamericano de los 60' (García Márquez, entre otros).


No llores por la piedad, Nicaragua


La cuestión democrática ancla en la cuestión de la conciencia porque el fuero íntimo se concibe como constitutivo del sujeto humano y núcleo rector de la condición ciudadana que Foucault denominó “biopolítica”. Conviene recordar que los estamentos post-medievales llegan a esa reversión del sujeto divino en conciencia ciudadana, siempre según Foucault, a partir de una transferencia desde el “biopoder”, o sea, invirtiendo el derecho divino que asistía al monarca absoluto para justificar la totalización (de la suma) del poder.3 Esta relación entre el monarca y el Orden se encuentra magistralmente estampada, en tanto que representación, en la tela de Velázquez “Las Meninas”, ante la cual, quien contempla el reflejo del rey en el espejo se encuentra, ipso facto, en el lugar donde el soberano posaba para el pintor. Pero el rey "en presencia" no forma parte de la escena pintada, al igual que el espectador, convertidos en sujetos invisibles que sostienen la representación que se mira.4 El lugar del rey y el lugar del ciudadano coinciden en cada sujeto, para sostener en esa medida, aunque sin incorporarla, la representación en acto.

Esta reversibilidad es la que un título reciente del argentino Fabián Campagne, "Profetas en ninguna tierra", establece entre la Iglesia Católica y la Ilustración desde fines del siglo XVIII, es decir desde la plena Modernidad, en cuanto la institución eclesial llega a adoptar las pautas de inteligencia de la Ilustración. Lejos de corresponder a una casuística o a la mera coyuntura, esa reversión protagonizada desde la propia matriz (católica-romana) de la institucionalidad , manifiesta que la reversibilidad -y sobre todo del poder, tal como sucede hoy en Nicaragua- es la pauta definitoria de la institucionalidad occidental.5

La reversión del sentido no supone, mal que nos pese, la eliminación del sentido, ni para la monarquía absoluta, ni para la revolución democrática. La necesidad del sentido supone la verdad de la referencia, o sea, un vínculo sin fisuras entre el sujeto enunciador, la significación de su enunciado y el objeto de referencia. La “voluta de la representación” clausura el conocimiento en aras de la propia formulación que incorpora. Esta totalización corresponde, justamente, a la filosofía romántica, expresada por Hegel en la fórmula “Todo lo real es racional y todo lo racional es real”.6 Nada escapa, desde un punto de vista moderno, a la posibilidad de una totalización del sentido. Esta totalización del sentido es propiamente la condición de posibilidad del totalitarismo.


La cuestión democrática del 68'


Todas las corrientes de pensamiento que confluyen en el movimiento del 68' comparten como designio principal pergeñar una alternativa al totalitarismo, trágicamente ejemplificado por los regímenes nazi-fascistas y tal como se reveló poco más tarde, en el correr de los años 50' a través de los “juicios de Moscú”, por el estalinismo. Hacia los años 60' los pensadores de la Escuela de Francfort o incluso la lectura humanista del marxismo apelaban, como principal recurso dialéctico, a una reivindicación de la conciencia como condición de posibilidad de una transformación social sin exterminio de la libertad.

La alternativa no provino, sin embargo, del ámbito de una conciencia plena. Una vez gobernada por la integridad del sí mismo, toda conciencia queda tan clausurada como “la voluta de la representación” que se cierra en Las Meninas, entre el espejo que pinta un rey reflejado en su luna y el lugar del rey efectivo que ocupa cualquier ciudadano espectador. Al lugar que el rey ocupa en la tela siempre se contrapone, por lo tanto, un exterior y la forma divisada no es sino efecto del gesto que la pinta, incluso a partir de la mirada de Velázquez desde su propia tela (en "Las Meninas" el pintor integra la escena pintada). Todo sentido no llega a ser, escrito o leído, más que efecto del discurso de cada quien, tan incontinente como habilitante de sentido.

La “irracionalidad” de la sublevación en una sociedad de consumo se articuló, en los años 60', con el “giro lingüístico” del pensamiento, que explicaba la realidad social como un “efecto de sentido” del discurso. Desde entonces el sentido se diseminaba en la inabarcable multiplicidad de las situaciones de enunciación, dando lugar a una “democracia de enunciaciones”, irreductible a una totalización racional. En esta perspectiva se abre paso la concepción de un equilibrio público sustentado en la diferenciación con la soberanía estatal y por contraposición a la gubernamentalidad normativa, alternativa que encarnaron primero los movimientos sociales y que se continúa, entrado el siglo XXI, a través de las sinergias de movilización en redes. No en vano al día de hoy se repudia con tanto encono la “antipolítica”, supuesta agencia de disolución social y genuina expresión del espanto que inspira, entre sus validos, la caducidad de las instituciones de Estado.7


Nicaragua, un agua de la que se ha vuelto a beber


Supuestamente contrapuesto al nacionalismo en razón de la universalidad de su formulación, el socialismo ha terminado por subordinarse a las estrategias nacionales. Esta reversión del socialismo ha sido particularmente notoria en América Latina, donde el “revisionismo histórico” ha reivindicado una estrategia de “liberación nacional” sustentada en una movilización política de carácter antiimperialista y por consiguiente, de base nacional. Esta tendencia historiográfica cuyo principal representante ha sido Jorge Abelardo Ramos,8 ha estado particularmente presente en el Uruguay, donde inspiró en particular, la lectura del contexto estratégico de los años 50’ por parte de los fundadores del MLN. Pero el conjunto de la coyuntura así lo reclamaba por entonces, a través del planteamiento de un “socialismo nacional” de Vivián Trías, mientras Rodney Arismendi reconvierte la estrategia del Partido Comunista en función de una perspectiva de corte nacional.9 El elemento clave de este contexto es sin duda el planteo de “el desarrollo del socialismo en un solo país” (la URSS), no por las dimensiones que alcanzó aquel Estado, sino porque se convierte en el emblema de la subordinación estratégica de la transformación histórica al nacionalismo.

Detrás de la propia noción de Historia que se desarrolla, en el planteo moderno, bajo el criterio del Progreso, o sea protagonizada por una condición que preserva un norte necesario, se encuentra la noción de Sujeto y esta porta, sobre todo imbuida de una fatalidad objetiva de las etapas (signadas por una esencia de relaciones objetivas), la totalización de un Sujeto confinado en su propia “Voluta de la Representación”.

En latinoamérica hemos asistido a la claudicación de los progresismos, emanación de la modernidad en versión socialdemócrata, disueltos como un terrón del azúcar en el agua del economicismo neoliberal. En tiempos de tecnología mundializada por los “nuevos medios” de comunicación, “la representación” se convierte en una burbuja mediática emitida a distancia. Significativamente, las banderas de la lucha incondicional se sostienen hoy en los contextos más alejados de la racionalidad de Estado: entre los indigenismos, con base en los movimientos sociales y a través de movilizaciones de redes.

No sorprende en este contexto que la expresión partidocrática que refleja el Foro de San Pablo haya recurrido a la operación estalinista de descubrir en cada opositor nicaragüense un agente encubierto del imperialismo,10 ni que los socialdemócratas lloren lágrimas de cocodrilo por un derecho a las libertades que hoy en América Latina, como ayer en Europa, rematan al mejor postor.11 Unos y otros son, fueron o serán “progresistas”, es decir, titulares de un “Orden” que siempre se quiere “nuevo”, pero que el neoliberalismo ya disolvió en la totalización mercadocrática de la sociedad.

Más allá de las lamentables tomas de posición sobre Nicaragua a las que hemos asistido en estos últimos días, conviene tener en cuenta que la celebración del aniversario de 50' años del 68' en el Uruguay se caracterizó por la referencia a los “años de plomo y de sangre” y por la consabida “diferenciación con el mayo francés”. Ni una palabra sobre la cuestión del totalitarismo, no este o aquel, sino del totalitarismo que implica la secularización de la soberanía de derecho divino en conciencia del sujeto moderno.

La inscripción antiimperialista del sujeto latinoamericano no lo exime del núcleo totalitario de un principio rector del sentido. La lucha social de un sujeto emancipado no deja de involucrarlo en un principio totalizador de la racionalidad. Por allí, tanto como por aquí, hace agua la democracia en Nicaragua.



1“Fragmentos del discurso de FidelCastro ” RuinasDigitales. Recuperado de: http://www.ruinasdigitales.com/cristianismoyrevolucion/cyrfragmentosdeldiscursodefidelcastro1010/ (acceso el 27/07/18)
2 Lenin, V.I., Dos Tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática, Editorial Progreso, Moscú, p. 490.
3Pese a las dificultades que plantea la traducción conviene, sobre la concepción del poder en Foucault (frecuentemente malinterpretada) ver “Las confesiones de Michel Focault” (entrevista de R-Pol Droit). Recuperado de: http://www.taciturno.be/IMG/pdf/entrevista_foucault.pdf
4Foucault, M. (1968) Las palabras y las cosas, Siglo XXI, Buenos Aires, pp.24-25.
5Viscardi, R. (2017). Tecnocracia y control institucional del saber. Humanidades. Revista de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, No. 3, 71-84. Recuperado de: https://www.aacademica.org/ricardo.g.viscardi/10.pdf
6 Hegel, W. (2011) Principios de Filosofía del Derecho, RandomHouseMonadori, Argentina, p. 20. Recuperado de: http://argentina.elmilitante.org/teora-othermenu-54/6845-2015-04-14-21-57-00.html
7 Ver Otheguy, M. “Democracia y Redes Sociales”, La Diaria. Recuperado de: https://ladiaria.com.uy/articulo/2018/6/democracia-y-redes-sociales/
9Arismendi, R. “Lenin, la revolución y América Latina”. Recuperado de: https://www.marxists.org/espanol/arismendi/lenin-rev-amer-latina.pdf
10Ver hacia el final de la declaración la definición sobre Nicaragua Declaración del XXIV encuentro del Foro de San Pablo, Radiomundo1170Am (19/07/18) https://www.enperspectiva.net/documentos/declaracion-del-xxiv-encuentro-del-foro-san-pablo/
11“Miranda desmarca al FA de declaración del Foro de San Pablo sobre Nicaragua” La República (19/07/18) http://republica.com.uy/miranda-desmarca-al-fa-de-declaracion-del-foro-de-san-pablo-sobre-nicaragua-id666599/




9.7.18


La victoria moral de la selección uruguaya de fútbol


2ª. quincena, julio 2018


¿Vale la pena explicar el fútbol?


Hace 8 años, este blog se ocupaba del festejo popular a que dio lugar el 4º. lugar obtenido en el mundial de fútbol de Sudáfrica.1 Lo significativo del festejo de 2010 vino a ser subrayado, por contraposición, a través de una declaración del propio Tabárez: en el pasado de la selección no se admitía sino el triunfo.2 La declaración del D.T. uruguayo, en cuanto destaca la transformación que ha sufrido la percepción que se tiene del fútbol nacional por parte de la población, se hace cargo de dos cuestiones:
-el lugar del fútbol en la idiosincrasia uruguaya
-la trayectoria que lleva, gradualmente, a admitir limitaciones de calidad, según la frase (del propio Tabárez) “el camino es la recompensa”
La cuestión más importante es la primera. Gobierna, incluso inadvertidamente, a la segunda. Sería fuera de lugar, sino, adjudicar al deporte una significación que trascienda los intereses del desarrollo social o incluso, los intereses económicos, con lo cual no llegaría a revestir sentido alguno, respecto al fútbol en particular, ocuparse de una trascendencia supra-deportiva. Conviene entonces, entender primero porqué el tema supone (al menos para el Uruguay) un “interés general”.
Varias explicaciones, incluso conmensurables entre sí, han sido ensayadas para explicar esta singular importancia del deporte más popular del planeta entre los uruguayos. Estas explicaciones se vinculan a la cristalización de una organicidad social moderna que por primera vez trascendía a las identidades colectivas partidarias y daba un basamento común a la que ya se articulaba –desde inicios del siglo XX- como una sociedad de masas. Tal sociedad de masas suponía asimismo una comunicación de masas (la gran prensa y la radio, hacia la segunda década del siglo pasado) y por lo tanto procesos sinérgicos de identificación colectiva diferenciados.
Todas estas explicaciones sufren de un mismo defecto: intentan dar por explicable lo inexplicable, esto es, como una colectividad erige un tótem como equivalente universal de un sí mismo. Según lo ha planteado Lévi-Strauss, cualquier elemento puede satisfacer la función -es decir la “eficacia simbólica”- del signo (“significante flotante”, lo llamará Derrida y del filósofo lo retomará Laclau), una vez sometido a la necesidad de significación de una comunidad. Esta índole totémica del significante deportivo uruguayo surge por diferenciación, cuando se coteja la significación del fútbol en contextos comparables, que además fueron señalados por el mismo Tabárez en la declaración a la que hacemos referencia: Argentina, Brasil, Inglaterra, Alemania.


El lado oscuro de Maracaná


Frecuentemente he recurrido a un anécdota para relatar, entre amigos, esta significación diferenciada del mito idiosincrático uruguayo, que encuentra en el fútbol uno de sus dos relatos ejemplares, junto con la política electoral.
En una oportunidad compartía una cena con un brasileño que había asistido al “maracanazo”. Este señor ya entrado en años me comentó aquel partido, subrayando ante todo la calidad futbolística del equipo uruguayo, su destacada capacidad técnica. En su memoria y en su registro, ese rasgo era el que se destacaba, al recordar el desastre emocional sufrido por el público brasileño en 1950. Me encontré, ante aquel relato, extrañamente confrontado a mi propia memoria personal. Jamás surge, en el relato de Maracaná tal como lo ha registrado la memoria uruguaya, la calidad técnica como el elemento destacado y relevante del triunfo de 1950. Por el contrario, cuando se focaliza con ese registro cualquier enfrentamiento con los equipos brasileños, la consigna es “no hay que dejarlos agrandarse: si te hacen uno te hacen seis”. Esto supone un tácito reconocimiento de que los brasileños son superiores técnicamente y refrenda el criterio que cristalizó con el “maracanazo”: la superioridad uruguaya, cuando prima, no lo hace por la calidad, sino por consistencia psicológica.
Cualquiera que recuerde el relato arquetípico de Maracaná en la memoria uruguaya, se encontrará ante todo con Obdulio Varela poniéndose la pelota bajo el brazo para “enfriar el partido” y la frase de arranque “los de afuera son de palo” (que en verdad fue del “mono” Gambetta). El corolario es que el gol de Chiggia “enmudeció a Maracaná” (pero no en un sentido que subrayara la calidad del legendario jugador, sino porque “nunca tantos sufrieron tanto por tan pocos”).3 Maracaná es las Termópilas del fútbol mundial.
El fútbol uruguayo celebra una integridad moral, tradicionalmente denominada “garra”, cuya forma negativa es la “vergüenza" (de perder) y que ha encontrado en este mundial 2018 un curioso equivalente: la “orghumildad” (oxímoron de “orgullo” y “humildad”). No somos mejores futbolísticamente por la calidad de juego, sino por serlo psicológicamente, dotados por un maná de consistencia moral.
Esta consistencia moral hace tabla rasa de las calidades que fueron inicialmente el diferencial del fútbol uruguayo y rioplatense, así como, más tarde, del sudamericano en general: la habilidad técnica. En el período que va del “desastre de Puerto Sajonia” (Uruguay no pudo clasificar al Mundial del 58’) hasta la era Tabárez, la “garra” se entendió como “pierna fuerte” y dio lugar al más triste papel en el mundial del 74, donde la actuación de la “vergüenza” fue ante todo vergonzosa. Ese período quedaría pautado por los golpes a los adversarios, a través de una “leyenda negra” (que convenía a intereses espúreos) sobre el fútbol uruguayo en el plano internacional.4


La posición de la obligación


El problema al que se enfrenta esta formación mito-social uruguaya tras la “era Tabárez”, es llegar a saber si el reconocimiento que primó desde entonces acerca de nuestras “limitaciones” no reproduce, más allá de aportar un buen punto de partida crítico, ante todo una instrucción moral.5 Si así fuera, lo que ahora se denomina “orghumildad” seguiría obrando en contra de la calidad, al refrendar, cuando festejamos un 4º puesto en 2010 y (quizás desde ya) celebramos haber “salido 5º”6 ocho años después (es decir por fuera del podio cuatripartito de los semifinalistas), cierta primacía extra-deportiva por encima de la calidad futbolística (una cosa es el influjo de rasgos propios sobre calidades particulares –en este caso futbolísticas, otra, suponer que ciertas calidades deportivas provienen de intangibles anímicos). Inversamente, se advierte que lejos de los temores ideológicos acerca de cierto “pan y circo” a que se prestaría un deporte de masas, el influjo sobre una adhesión juvenil, exhacerbada mediáticamente por añadidura, modula conductas de una mayoría.
Incluso la insistencia de Tabárez sobre nuestra “realidad” (tamaño, recursos, proyección) nos dejaría en un lugar que explica tan poco nuestro pasado como el presente de Croacia (que ya es semifinalista cuando se escribe este blog). El estereotipo moral del fútbol uruguayo se habría desplazado, a través de un relato cargado de la modestia más ufana, hacia la mera justificación de la mediocridad y explicaría por qué el fútbol uruguayo sigue siendo tan limitado, sobre todo, en la creación de juego de medio campo hacia adelante.


La moral no juega liberada


En este punto del análisis, la explicación mito-histórica se revierte sobre la futbolística. Tomados individualmente, los jugadores uruguayos quizás no lleguen por equipo en la suma a calzar los puntos de los brasileños o los argentinos, pero presentan un conjunto significativo de calidades, con casos descollantes en la delantera y en la defensa, e incluso con una nueva generación de mediocampistas de notoria calidad y proyección. Pero el problema se plantea cuando estos futbolistas, en vez de jugar en un equipo internacional, juegan en la selección uruguaya, es decir, imbuidos de una personalidad colectiva nacional.
A partir de esa sinergia idiosincrática prima la desposesión de la pelota, sobre todo del mediocampo para adelante. La premura por atacar incluso sin jugadas claras (lo que se llama en la jerga futbolística “pelota dividida”), la dificultad para circular por la cancha como no sea en intento de desborde, llevan a una pauta de imprecisión perpetua y a una intencionalidad predecible para el adversario. La obnubilación con el ataque inmediato termina, quiérase o no, en el “pelotazo”, a veces bajo formas disimuladas de “pase al vacío”, o de “pase filtrado” (que suelen terminar en los pies del adversario).
Estas características señalan la dificultad para jugar sin la pelota, moviéndola en función de una circulación que siga a la de los hombres y no lo contrario. Más allá de que por momentos, individualidades como Suárez o Cavani puedan combinarse como lo hacen en sus equipos actuales, en general prima en nuestros jugadores un criterio de posición antes que de posesión del balón, ante todo, cuando vuelven a jugar en un equipo uruguayo, en este caso, la selección nacional. Así como en la función política la línea recta no es la más eficaz, tampoco lo es en el fútbol la obsesión con el ataque frontal. El resultadismo puede en última instancia volverse contra el resultado, sobre todo cuando por demasiado defender, a veces una diferencia mínima, se termina sitiado por el adversario.
Quienes ahora se escudan en la casuística de la lesión de Cavani, del error de Muslera o de lo mal que salieron otros, para festejar haber quedado afuera habiendo llegado tan cerca, debieran reflexionar en el grupo de clasificación que le tocó a Uruguay, en las pobres performances iniciales y en como lo que no se dio para Portugal, anunció -con las mismas señales pero ya sin Cavani-, lo que terminó por ocurrir ante Francia.
Nadie puede negar los aportes que ha significado el período de Tabárez al frente de la selección nacional. En primer lugar por haber limitado el influjo de los intereses particulares, de contratistas y periodistas ante todo, cuando no de un curioso híbrido de las dos funciones, que hacían y deshacían a su antojo los equipos y las trayectorias de los jugadores, sin hablar de la corrupción que se ha revelado en el propio plano institucional. Además Tabárez combatió la identificación de la “garra” con la “pierna fuerte”, construyó un juego de equipo basado en estrategias y colocó valores compartidos por encima de estrellatos fugaces.
Queda por delante saber si el anclaje moral no inhibe, más allá de criterios probos -e incluso como efecto de una postura rigorista del jugador, una sinergia de juego total, como lo supone un equipo compacto que juega con y sin la pelota, que avanza y retrocede en bloque, donde los jugadores circulan a la par que la pelota y no meramente detrás de ella. Denotada la calidad internacional de sus jugadores y afirmada una cantera que sigue aportando el baby fútbol y la pasión de los clubes nacionales, queda por saber si ese acerbo se pondrá al servicio de una libertad de abrir el juego, por toque y circulación, condición y no renuncia en la búsqueda del resultado.

1Ver en este blog “Efecto de festejo (Jabulani): estar en la red”: http://ricardoviscardi.blogspot.com/2010/07/efecto-de-festejo-jabulani-estar-en-la.html
2La clase del Maestro: la importancia del fútbol como parte de la identidad nacional” La República (29/06/18) http://republica.com.uy/la-clase-del-maestro/
3 La expresión es paráfrasis de la que homenajeó a los aviadores británicos que resistieron a inicios de la 2a. Guerra Mundial los embates de la Lutwafe: “Nunca tantos le debieron tanto a tan pocos”.
4“Una mirada de afuera: cómo Uruguay pasó de la brutalidad en el campo al Far Play futbolístico” Uruguay Portal (2/07/18) http://www.futbol.com.uy/Rusia-18/Una-mirada-de-afuera-como-Uruguay-paso-de-la-brutalidad-en-el-campo-al-Fair-Play-competitivo-uc687809
5“Tabárez: “quizás nuestra realidad es esta y en esta oportunidad no la pudimos superar”, Montevideo Portal (6/07/18) http://www.futbol.com.uy/Deportes/Tabarez--Quizas-nuestra-realidad-es-esta-y-en-esta-oportunidad-no-la-pudimos-superar--uc688252
6Uruguay terminó 5o. en Rusia” El Observador (7/07/18) https://www.referi.uy/uruguay-termino-quinto-rusia-n1252550