22.7.19


Verificado.uy: el retorno de Bin Laden


2a. quincena, julio 2019


El eje del mal está girando


Todos sentimos que algo cambió irremisiblemente con el derrumbe de las torres gemelas. Incluso nos aqueja cierta preocupación cuando, en el mismo entorno del Montevideo Shopping, nos aproximamos al World Trade Center ubicado cerca de la aduana de Oribe.1 Por más que sea a escala de una ciudad mediana, aunque macrocéfala, las torres gemelas montevideanas son de la misma especie que las neoyorquinas.

Desechamos en ese entorno “monteoyorquino” el sobresalto que nos acucia incluso si no lo pensamos, al ver las dos torres rectangulares, entre las cuales no pasaría cómodamente un jet amenazante. Pero Bin Laden no pertenece más a este mundo, es un fantasma que nos hostiga desde nosotros mismos. No sólo no pertenece a este mundo, sino que fue inhumado en las profundidades marítimas, con el propósito de evitar que su ubicación, inclusive ultraterrena, favoreciera un culto del difunto.

La radicalidad con la que Bin Laden fue erradicado el mundo terrestre y sepultado bajo la superficie inescrutable de las profundidades oceánicas, dice a las claras que sus ejecutores decidieron que desapareciera hasta su huella de este mundo. Para borrar toda huella es necesario, tal como ocurrió con Bin Laden, que ante todo desaparezca, nos diría Derrida, toda marca. No hay huella posible que no se reconozca como el espectro de una marca.2 Desaparecido el cuerpo de la letra, desaparece con ella la palabra y por ende, el sentido. Desaparecido hasta el cadáver del cuerpo de Bin Laden, desaparece también su posible huella en este mundo.

Virilio estableció, en su momento, ese vínculo entre desaparición y tecnología, que en el caso de Bin Laden, conduce a la desaparición de Bin Laden.3 Ahora ¿qué quiere decir que Bin Laden desapareció? Podemos decir que decimos que Bin Laden desapareció. Podemos decir que queríamos que desapareciera. Pero no podemos decir que queremos que no hubiera aparecido nunca, porque allí ya lo estamos haciendo aparecer al decirlo. Por esa razón los aparecidos siguen en este mundo pese a que no pertenezcan al mundo, porque la marca también se genera desde la huella y nadie puede hacer que desaparezca la huella de Bin Laden en nuestra memoria. Porque una vez desaparecido Bin Laden incluso de nuestra memoria, también “el eje del mal” dejaría de desaparecer y con esa liquidación de lo que mueve a peor, Bin Laden volvería a atacar a las torres gemelas, ya que sólo ese ataque hizo posible la expresión “eje del mal” (y la alegría de los que lo ejecutaron al verlo perecer por la pantalla). Para hacer desaparecer marcas, es necesario hacer aparecer lo que las borra, lo que las borra, a su vez marca, incluso con borrón, porque la marca de la huella somos nosotros marcando-borrando, cada uno, por sí mismo.


La mentira piadosa es pía


Asistimos a una proliferación inaudita de desapariciones bajo la forma de espectros. Si decimos que la pantalla tiene un espectro, inclusive la pantalla que amortigua el destello de una lámpara, decimos que algo se anima que no estaría allí si no lo moviera otro. Si apago la lámpara desaparece el espectro de una mancha sobre la pantalla.4 Con más razón aún, lo decimos de una pantalla que tiene cierta ambigüedad de imagen por desdoblamiento de la marca. La pantalla tiene un espectro. En efecto, Hamlet ve a su padre a través de una armadura. Más de un presidente estadounidense vió a Bin Laden a través del mundo. La verdad del mundo es espectral: no hay presencia que pueda presentarse plenamente sin ser llamada a comparecer, quien constata su verdad in presentia cuando la llama, al llamarla consume su verdad de presencia: la menta en el fantasma. El diccionario nos dice que mentar, en el sentido de nombrar viene de mente.5 Como somos mentalmente, es algo que no pertenece de verdad al mundo, es decir, el mundo de la verdad no es el mundo del mentar, que es de mentira. Pero sin esa mentira, el mundo no puede ser llamado a comparecer, ni por lo tanto, a existir de verdad. La mentira no sólo es piadosa, es ante todo pía, no existiría en el mundo divinidad sin ella, menos, ninguna verdad.


El mal radical e-radica: Bin Laden.uy


El mal radical ha vuelto al mundo, porque el mundo en que vivimos es mentado (en el mismo sentido en que “mentar” viene de “mente”) por la tecnología. Luego, es un mundo de mentira. El afán de verificar no conduce, por consiguiente, sino a reprimir el mundo en que vivimos. En cuanto tal verificación requiere la verdad del mundo (que es de mentira porque mentado), el propio designio de verificación e-radica la mentira del espectro en la pantalla (que le sirve de mundo). El retorno de Bin Laden está verificado. Inclusive con dominio “uy”: Bin Laden.uy.6


1Edificio histórico actualmente restaurado, que data del sitio de Montevideo durante la Guerra Grande (1839-1850).
2Ramond presenta en el “Dictionnaire Derrida” la marca y la huella como equivalentes (p.149). Pero también señala que el trazo las une en la desaparición que supone la “entame” (encentadura) (p. 224). Ramond, Ch. (2016). Dictionnaire Derrida. Paris: Ellipses.
3Virilio, P. (1988). Estética de la desaparición. Barcelona: Anagrama, pp. 14-15.
4“Espectro”, RAE: https://dle.rae.es/?id=GXFgj8a
5Mentar”, RAE: https://dle.rae.es/?id=OwbSJe5
6Verificado.uy: https://verificado.uy/

8.7.19




Políticas de unidad contra UPM 

1a. quincena, julio 2019


Políticas de la unidad


Recientemente adquirió relieve crítico, en la lucha contra la instalación de una 2a. fábrica de pasta de papel de la transnacional UPM (3a. Mega-usina en el Uruguay), la cuestión de la unidad entre una miscelánea de grupos y participantes.1 El tema tiene lugar en razón del abigarrado conjunto de grupos y organismos que se han empeñado en la misma causa, contra una nueva instalación transnacional en el Uruguay.2

La misma cuestión de la unidad no tiene lugar como problema, sino una vez que se plantea la diversidad de una base social como fundamento de la autoridad. Entendida como asunto propio al común de una sociedad, sólo con la democracia moderna se plantea el problema de la unidad, ya que deja de ser dictaminada desde un lugar ajeno a la diversidad, sea éste la teocracia, la monarquía o el bonapartismo.

Esta condición política que Foucault llamó “biopolítica”, no provee por sí misma una forma de gobierno ni puede considerarse, por lo tanto, efecto de un proceso universal de unidad política. Ciertas sociedades privilegian el vínculo entre la administración del común y las dinámicas empresariales, que prevalecen en el conjunto de la estructura pública, como en el caso de los EEUU,   en cuyo contexto los autores de la Escuela de Francfort percibieron el auge de un aparato político-militar-empresarial. Otras formaciones históricas privilegian, como en el caso del Uruguay, cierta primacía el estamento partidario, como efecto de un desarrollo histórico sumamente dependiente del propio aparato estatal, en razón de la escala de mercado relativa a la región, determinada a su vez por una génesis geopolítica de la entidad estatal (Lord Ponsomby mediante).

Si bien en el Uruguay las referencias relativas al mercado mundial, particularmente en el plano de las variaciones de precios relativos (de la carne, de la lana, del petróleo, etc.) siempre han sido elementos claves del proceso interno, nunca hasta el presente sucedió que una estrategia nacional anclara, de forma prolongada y prioritaria, en la implantación de emprendimientos productivos gobernados por empresas extranjeras. Si Julio Herrera y Obes decía verse a sí mismo, desde la presidencia del Uruguay, como el gerente de una empresa cuyo directorio residía en Londres,3 se expresaba tal contrariedad de cara a un desideratum, que el mandatario asumía como notoria incongruencia. El proyecto del batllismo en la primera mitad del siglo XX, se hizo el abanderado del trabajo y la producción nacional, quizás ante todo, de su consistencia educativa.

Los procesos de implantación de Mega-proyectos transnacionales introducen una innovación, en cuanto la entidad pública deja de referirse de forma estratégica al proceso interno a un país, para pasar a vincularse con las condiciones de desarrollo del mercado mundial. Por consiguiente el marco de referencia prioritario deja de ser un desarrollo histórico nacional o, si se quiere, la índole biopolítica de una población, para pasar a inscribirse dentro de las pautas propias de una entidad supranacional, cuya configuración es provista por la tecnología. La condición tecnológica pasa a solventar la consistencia del campo de relaciones, no sólo en la propia operativa sobre una base física (industria agroquímica, informatización de las operaciones comerciales, robótica aplicada, etc.), sino también en el ámbito del discurso. La actual polémica que se desarrolla en torno a las campañas propagandísticas orientadas a segmentos de públicos (que se vinculan a la discusión denominada “postverdad”) son un ejemplo esclarecedor al respecto.


Antipolítica”, “fake news” y “postverdad”: en defensa del poder institucional


En este blog se ha señalado como, desde fines de 2017, ya se desarrollaba una perspectiva que anticipaba el actual año electoral, a través de una campaña que vinculaba entre sí la “antipolítica” (entendida como crítica de los partidos políticos y el gobierno estatal) con la “postverdad” y las campañas de propaganda por segmentos de opinión denominadas “fake news”.4 Se ponía en esos textos particularmente de relieve, que tal campaña ya incluía la legislación represiva condenada a criminalizar, en un espectro difícil de separar de los intereses políticos en juego, el ámbito que escapara al control de quienes proponían tal represión desde el campo partidario.5

Conviene señalar que tales campañas signadas por el trinomio antipolítica/postverdad/”fake news” no pueden identificarse de buenas a primeras con “desinformación”, sin incluir bajo el mismo rótulo, por ejemplo, los condicionamientos informativos que genera la publicidad partidaria o la propaganda de empresas estatales. Si se pretendiera establecer un límite definitorio para tal “desinformación” que dividiera de forma ecuánime la “información seria” de las “fake news”, bastaría recordar la estampa del fin de campaña de elecciones internas de los partidos políticos (junio de 2019), donde formaba parte del estrado levantado delante de una sede partidaria el mismo pre-candidato acusado de implementar “fake news” en su favor. ¿Ha anunciado el candidato electo por el Partido Nacional que renuncia desde ya, a enrolar en el caudal que exhibe su partido esos votos, sumados por una vía supuestamente espúrea?

Tales ambigüedades a las que cabe agregar una alarma generalizada que proviene de sectores socio-profesionales que se encontrarían desplazados relativamente, se presentan como otros tantos síntomas del lugar que pasa a ocupar, en el devenir público, el campo tecnológico de la comunicación. A su vez, el elemento emergente de este proceso son las redes, terreno donde se dirime de forma creciente la cuestión de la unidad en el seno de un contexto público. Parece lo propio de la unidad en las redes, antes que la jerarquía organizativa que impone acatar cierta disciplina política, la expresión interactiva de cada quién, incluyendo a coordinaciones, grupos e individuos. La unidad consiste, para una política democrática de redes, en ampliar y diversificar la resonancia mediática de las campañas, en profundizar y proyectar a un plano más elevado los elementos críticos del debate.

Para dirimir tal criterio de unidad a partir de la diferenciación amplificada de protagonistas y opiniones, no nos encontramos desprovistos de antecedentes significativos. Uno de los más relevantes proviene de la “fake news” propalada por los medios públicos españoles en ocasión de los atentados de Atocha (se acusaba a ETA de un atentado de grandes proporciones, en el que no le cabía responsabilidad, con el propósito de obtener réditos electorales). Una contra-campaña desarrollada en tan sólo una semana desde medios alternativos (mailings, mensajes de textos) generó un sentimiento de aversión ante la política de comunicación desarrollada por el gobierno de Aznar y determinó su derrota electoral.

En una exposición recientemente llevada a cabo en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, el Dr. Héctor Méndez subrayó el rol de las redes sociales y particularmente de facebook, como medio de organización del movimiento de “chalecos amarillos”. Asimismo destacó Mendez, como la negativa de los voceros del movimiento a sostener con las autoridades cualquier intercambio que no fuera íntegramente transmitido en las redes, conllevó tanto la anulación en los hechos de toda negociación, como también consolidó la unidad del movimiento en base a su propia organización mediática.


El síndrome “Julio Herrera y Obes” y la lucha contra UPM2


Conviene señalar que el debate sobre la unidad, que se desarrolla en el movimiento contra la la instalación de una nueva planta de tratamiento de celulosa en el Uruguay, se intensifica en momentos en que se desarrolla un año electoral. Ha sido frecuente encontrar, en las mismas redes destinadas a ese movimiento, convocatorias o debates relativos a la formación partidaria más idónea para defender los intereses del movimiento, o con el signo contrario, referidas a la inutilidad genérica de la opción partidaria. El sesgo pro-partidario (o incluso cierta nostalgia del rol que "debieran" cumplir los partidos) que ha manifestado un sector significativo de las intervenciones, señala a las claras que el “síndrome Julio Herrera y Obes” trasladado al presente (es decir, el fantasma de una entidad nacional autónoma) sigue siendo parte de las inclinaciones que pautan la participación en el movimiento contra la nueva planta de UPM en el Uruguay.

Conviene a tal respecto recordar el planteo de Noam Chomsky en oportunidad de su reciente visita al Uruguay, ocasión en que diferenció el declive de la entidad nacional estadounidense del auge de las empresas de origen en el mismo país, destacando particularmente la hegemonía de las “empresas tecnológicas” (Microsoft, Google, Amazon, Facebook, Apple). Esto significa que la disputa por un gobierno nacional (y Chomsky se refería al de un país imperial) se convierte en mero placebo de la dominación, capaz de prolongar más eficazmente aún la enfermedad, por medio del suministro de un remedio ilusorio.6

En cuanto la hegemonía tecnológica es la condición propia del gobierno efectivo en la actualidad, la medida que pauta la eficacia de la lucha y por lo tanto también el rumbo de la unidad, no consiste en ocupar un lugar institucional, perforado ya desde tiempo atrás por las campañas mediáticas, sino en cuestionar pautas de conducta gobernadas tecnológicamente. Un ejemplo al respecto lo proveen las “encuestas de opinión”, que gobiernan desde una “realidad” que proviene de la emisión a distancia, las presuntas preferencias que debieran emanar de cada quién.

La tecnología se vuelve contra el poder, por el contrario, para pautar condiciones de unidad, cuando plataformas como whatsapp habilitan la identificación colectiva de reivindicaciones, que generan sus propias pautas de cohesión a través de mensajes ampliamente compartidos, que incluso pueden alcanzar circulación “viral”. Estas condicionas tele-sociales pautan un presente de la movilización que no se reduce a limitar o substituir dinámicas de Estado, sino que constituye desde ya un contra-poder ejercido desde la revuelta política.


El pánico mediático cunde institucionalmente


Antes que tratarse de un desborde del potencial económico y simbólico administrado por el Estado, que provoca una reacción sectorial desde la base social, con las redes se desciende sobre el plano mediático y desde ese plano se pauta la efectividad del presente. Esta situación es producto tanto de la extensión simbólica que alcanza la tecnología como del debilitamiento de la soberanía en el plano mundial (baste considerar el papel de la ONU o la OEA al presente). Se suscita así el pánico mediático de los poderes institucionales,7 capaz de suscitar “pactos” contra la nueva situación, como el que suscribieron los partidos políticos, a raíz de una iniciativa emanada de la Asociación de la Prensa del Uruguay (APU).8 Lo que está en juego no es, por consiguiente, el mero poder público que se ejerce desde el Estado (previa obtención del gobierno institucional), sino el propio vínculo público que orienta el presente, a través de una difusión potenciada interactivamente.

Signada por acontecimientos de opinión pública que suponen la diversidad como condición previa, la unidad del movimiento no puede ser percibida bajo una misma columna organizativa. En un planteo democrático de redes la unidad de acción no puede provenir de un único centro orgánico, en cuanto el acontecimiento que la concita cunde a través de la pluralidad más acentuada.

Nunca antes el poder estuvo tan lejos de la Soberanía, como una vez puesto bajo el signo de una democracia de redes. Por encima de anclajes históricos, la Soberanía significa la condición indivisible de lo uno. La unidad en la globalización va por la senda contraria, cumple con el propósito pluralista de sumarse como diferente, adviene cuando la democracia se traduce como posibilidad emergente de cada quién.


1Sarthou, H. “Informe sobre coordinaciones” (24/06/2019) Movimiento Ciudadano UPM2 No https://www.facebook.com/search/top/?q=movimiento%20ciudadano%20upm2%20no&epa=SEARCH_BOX&_rdc=1&_rdr
2Según el comunicado de prensa emitido por la Coordinadora Nacional contra UPM, con oportunidad de la presentación de una carta ante el consulado de Finlandia en el Uruguay, integran dicha coordinadora más de 40 organizaciones.
3José Batlle y Ordóñez” Protagonistas de nuestra América, http://servicios.abc.gov.ar/lainstitucion/protagonistas/batlleordonez.html
4Ver en este blog “Antipolítica” como alarma: “Regresistas del mundo, uníos” https://ricardoviscardi.blogspot.com/2018/02/antipoliticacomo-alarma-regresistas-del.html Asimismo el Prólogo de Viscardi, R. Carballal, R. (2018) Criminalización mediática de la crítica, Maderamen, Montevideo.
5Ver Otheguy, M. “Democracia y Redes Sociales”, La Diaria. https://ladiaria.com.uy/articulo/2018/6/democracia-y-redes-sociales/
6Respecto a la visita de Chomsky al Uruguay, ver en este blog “Caradamianto”: el caradura mediático” https://ricardoviscardi.blogspot.com/2017/07/caradamianto-el-caradura-mediatico-1a.html
7Ver al respecto en este blog “Denuncia, pánico mediático y criminalización de la protesta” https://ricardoviscardi.blogspot.com/2016/06/denunciapanico-mediatico-y_26.html
8“Partidos políticos uruguayos firmaron pacto ético contra la desinformación” PNUD (26/04/19) http://www.uy.undp.org/content/uruguay/es/home/presscenter/articles/2019/04/partidos_politicos_firman_pacto_eticto_contra_desinformacion.html


19.6.19


Sartori y el síndrome electoral UPM: del candidato-probeta al candidato-tarjeta


2a. quincena, junio 2019


El candidato-probeta1 ya no da la talla. Por más que su arquetipo sea el científico, el ideal de la ciencia es “demasiado humano” -como lo señalara Nietzsche- y termina por pergeñar, literalmente, un Frankenstein literario. El paso del candidato-popular al candidato-probeta es un paso progresista, mientras que el paso del candidato-probeta al candidato-tarjeta es ultraprogresista y provoca un efecto de tarjeta empresarial: ser candidato es ser empresario. De ahí que el ultraprogresismo invierta económicamente en el paso inverso, del empresario al candidato, causando pánico electoral entre quienes no dominan el plástico, cuando cunde votar por una tarjeta.2

Todas las demás posibilidades excluídas por preferencia pre-determinada (default”), cabe votar por el acceso electoral a la tarjeta, como contraseña infaliblemente pública, ya que no existen códigos estructuralmente secretos (Derrida dixit).3 Todo es público en la tarjeta MedicFarma, a condición de que se vote a un candidato públicamente empresario: el candidato-tarjeta. Conviene al respecto considerar que las razones que argumentaron los parlamentarios que se dicen opositores al proyecto UPM2, ante la delegación que sostenía la petición contra UPM24 en la Comisión de Constitución y Códigos de Diputados, son idénticas a las que difunde el candidato-tarjeta, en cuanto al efecto público electoral.

El argumento esgrimido por Pablo Iturralde, Pablo Abdala y Ope Pasquet fue, en efecto, que si se votara a sus respectivos partidos en las próximas elecciones nacionales, se evitaría lo peor del acuerdo UPM-ROU que subroga la soberanía nacional, e incluso, que UPM2 no se instalaría, ya que según la opinión de Pasquet “ninguna empresa seria osaría instalarse con un gobierno opuesto al proyecto”.5 Es decir, para impedir que UPM2 se instale debemos votar, por ejemplo, a Iturralde, a Abdala o a Pasquet. Ahora, sucede que si la cuestión legal de la que trata la Comisión de Constitución y Códigos, queda desafectada como opción para impedir la lesión pública que supondría UPM2 -tal como surge de las actuaciones de la misma comisión parlamentaria, pareciera que la opción política no debiera reducirse a la alternativa electoral a UPM, ya que podría consistir más humildemente en declarar “UPM2-NO” (por ejemplo). Tal declaración es precisamente la que excluyen (como por “default”) todos los partidos políticos que -según Iturralde, Abdala y Pasquet, se nos dice que llegarían a impedir que se instale UPM2.6

No fue ese recurso tan simple, tampoco, el que esgrimieron los representantes de la Unidad Popular y del Partido Independiente, sino idénticos alegatos proclives a formalizaciones institucionales. El primero afirmó que de votarse el juicio político al Ejecutivo que se propugna por petición, su fuerza política lo votaría afirmativamente, mientras el segundo se refirió a la lucha contra la partidocracia en el ámbito de la partidocracia, estrategia que sume en la perplejidad al más conspicuo demócrata.

Sartori nos dice, tarjeta en mano, que empuñemos la credencial ante la urna para llegar a introducir el plástico en otra ranura, según los representantes del Frente Amplio en la Comisión de Constitución y Códigos, el mismo camino lleva por el Frente Amplio fatalmente a UPM2, mal que le pese a toda razón de movimiento social que no suene a razón social de empresa transnacional. Los representantes de esa coalición elogiaron, en ese ámbito parlamentario, la amplitud de que hace gala el frenteamplismo al escuchar a los movimientos sociales, mientras impulsa incondicionalmente la instalación de la 3a. Mega-pastera. Tratándose del partido de gobierno no puede dejar de notarse, tal como lo estampa la foto difundida oportunamente,7 el grado absoluto de su amplitud mundialista, desde que las túnicas varelianas de ayer enarbolan desde ya, bajo administración frenteamplista, la sigla educativa UPM del futuro contrato que estampará la empresa-país.8

Muchas de nuestras tarjetas codificadas públicamente, por ejemplo, las emitidas por el Banco República, también llevan el logo de una corporación empresarial internacional, ya sea VISA, MASTER-CARD o DINERS. El logo mundialista endosado empresarialmente no obedece, al frente o al dorso de la tarjeta, a mera afiliación icónica, sino a la condición estructural (el link universal) de un mercado total. Esta totalización por vía de la conexión informática constituye un totalitarismo empresarial, que excluye (default) todo lo que el código no incluya bajo plástico de tarjeta pública.

¿Llevará la tarjeta MedicFarma de Sartori también el logo de UPM o será la tarjeta electoral UPM del Frente Amplio la que endose el logo MedicFarma de Sartori? A usted, amable y paciente lector/ lectora de votar por un logo u otro, o de dejar de votar por/contra una u otra tarjeta, sabiendo desde ya, que se trata de la misma.


1Ver en este blog Tragedia progresista: Frankestein no votó al cantidato-probeta”  http://ricardoviscardi.blogspot.com/2009/10/tragedia-progresista-frankenstein-no.html
2Sartori ya reparte la tarjeta MedicFarma, que dice que será válida cuando sea presidente” Montevideo Portal (14/06/2019) https://www.montevideo.com.uy/Noticias/Sartori-ya-reparte-la-tarjeta-MedicFarma-que-dice-que-sera-valida-cuando-sea-presidente-uc721403
3Derrida, J. (1972) Marges, du Seuil, Paris, p. 375.
4La petición corresponde a un amplio espectro de movimientos sociales. Ver “Petición Ciudadana UPM2 No” Grupo Guayubirá, http://www.guayubira.org.uy/2018/08/peticion-ciudadana-upm2-no/
5Ver al respecto Sarthou, H. “Acta de nuestra entrevista con la Comisión de Constitución y Códigos de Diputados” La página sin nombre, https://www.facebook.com/ciudadaniacriticasinnombre/posts/1044189375790986
6La única formación política con representación parlamentaria que se ha pronunciado inequívocamente contra UPM” es Unidad Popular.
7Ver Movimiento Ciudadano UPM2 NO https://www.facebook.com/groups/1787467327942458/
8Ver al respecto Bolón, A. “UPM y la enseñanza pública uruguaya” Brecha (14/06/19) https://brecha.com.uy/upm-y-la-ensenanza-publica-uruguaya/

16.5.19


Marenales: tupamaro, por último


2a. quincena, mayo 2019


Quien quiera hacerse una composición de lugar acerca de la significación política de la trayectoria de Julio Marenales, fallecido el pasado martes en la ciudad de Salto, puede encontrarse con un complicado rompecabezas. Sobre todo si un incauto lector intenta, confiado en las publicaciones a su alcance, extraer de los obituarios una apreciación certera de la personalidad política de Marenales.

La casi totalidad de los medios recogen la información de tres fuentes principales: el último reportaje a Marenales, publicado por Montevideo Portal,(1) el comunicado del MLN-Tupamaros (2) y el mensaje en twitter del MPP (Movimiento de Participación Popular). (3) Mientras el mensaje del MLN destaca la coherencia de Marenales en su conducta política, pero asimismo el “carácter revulsivo y pensamiento transformador” de su actitud, el MPP, además de no expresarse sino por twitter (no lo hace ni por su sitio web ni en su fan page de facebook), se remite a un escueto y reducido dictamen moral: “(...nos enseñó que se debe hacer lo que se dice y vivir como se piensa”.

Por encima de las edulcoradas declaraciones de Rosenkof (que lanza al unísono flores para Marenales y Vidart -fallecido pocas horas después de Marenales) y el texto cargado de odio de Amodio Pérez en facebook, un único análisis plantea elementos significativos sobre la figura de Marenales. Tras destacar los cuestionamientos y apartamientos (del MPP y del Frente Amplio en particular), así como las crecientes disidencias que desde 2005 jalonaron la trayectoria de Marenales, el artículo de Mazzarovich en La Diaria mitiga concienzudamente, renglón tras renglón, el mismo perfil impugnador que esboza “(...pero nunca se alejó de tiendas frenteamplistas”. (4)

Las semblanzas del militante que plantean unos y otros no podían ser más contradictorias. Si se enaltece ante todo una calidad moral, siendo que Marenales condenaba el papel del Frente Amplio en sus tres gobiernos “(...el viejo Batlle hizo más que nosotros...)” y en particular en los últimos tiempos a la principal figura del MPPMujica podría callarse la boca más de una vez...)” y "(...es un showman internacional...)", no se entiende como la rectitud (sobre todo de “hacer lo que se dice”) no lo llevaría a abandonar las organizaciones que condenaba. Si se enaltece, por otro lado, la fidelidad a un campo político, no se ve como esa fidelidad consistiría en retirarse, siendo que además al hacerlo, Marenales declaró “(...no me voy a quedar quietito...)” ya que “(...a mí no me comió el sistema...)”.

Debiera notarse que los relatos (del MPP, del MLN-T, de Mazzarovich) sobre Marenales no se preguntan el porqué de los cuestionamientos, ni la contradicción de un salirse de filas que, sin embargo, no se encaminó hacia una alternativa. Esa curiosa fidelidad de los obituarios a una supuesta fidelidad moral de Marenales a un campo político, es al mismo tiempo una confesión de parte: no se dispone de lectura crítica verosímil de esa trayectoria.

A partir de aquí sí podemos plantearnos el porqué de la desoladora parejael plan y la fantasía” con que titula Mazzarovich su obiturario en La Diaria: el plan terminó por convertirse en una fantasía, pese a que Mazzarovich pretenda, por el expediente de un título, diferenciarlos. Si el plan era que el Frente Amplio llegara al gobierno, el plan se convirtió en realidad, pero si se pretendía asimismo que eso supusiera algún tipo de alternativa, el plan era una fantasía.

Preso de esa contradicción, mucho más de lo que en su momento lo fue de la represión, Marenales actuó, tal como se dice, con probidad moral, retirándose de un juego político en el que percibía la veta más conservadora. Sin embargo, no llegó a elaborar una fantasía que sustituyera, ante sus ojos , al plan desacreditado por su propia ejecución.

La razón del fracaso que llevó al fundador del MLN a retirarse de las filas orgánicas no es ajena a la miopía intelectual que reduce las calidades políticas a la probidad moral (como si ser coherente consigo mismo fuera privativo de una organización política en particular), o a la obediencia orgánica (como si tal obsecuencia no haya sido la nota propia de los peores totalitarismos). 

En efecto, en cuanto la actividad pública y la transformación histórica se identifican con convicciones cristalizadas y estereotipadas (el fatalismo histórico de la toma del poder de Estado, la atribución de calidades ideológicas a condiciones económicas de clase, el planteo de la transformación histórica en términos ineluctables, etc.), la distancia que se instala entre las convicciones asumidas y la verosimilitud de las circunstancias sólo puede ser colmada por el injerto de un suplemento moral. Tal apósito debe ir a su vez in crescendo, acuciado por un devenir que marca otros rumbos (el fracaso de los estados-nación, de las “estrategias fatales” de la revolución, de la identificación de conductas políticas con condiciones económicas, etc.), al tiempo que surgen otros perfiles y acontecimientos alternativos (las luchas contra la tecno-ciencia y la devastación ecológica, el auge de los movimientos de opinión generados en redes, las diferenciaciones simbólicas que se instalan transversalmente a las clases, etc.).

Marenales perteneció a una generación (la del 45) que postuló una transformación provista de certidumbres críticas. Fiel a esa impronta, se alejó de círculos y condenó ámbitos que veía crecientemente ganados por lo que había combatido con denuedo. Quienes lo alaban por esa rectitud no debieran rasgarse las mismas vestiduras que desechó la persona que elogian. Por más que Marenales no haya sido, como lo pretende un título, “el último tupamaro”, (5) su rebeldía, quizás la misma que nos viene de las luchas por la independencia, dejó en claro que era, por último, tupamaro.


(1) “Julio Marenales: “Mujica es un showman internacional” y “debería callarse la boca” Montevideo Portal (2/05/19) https://www.montevideo.com.uy/Noticias/Julio-Marenales--Mujica-es-un-showman-internacional-y-deberia-callarse-la-boca--uc717134
(4) “Julio Marenales: el plan y la fantasía” La Diaria (15/05/19) https://ladiaria.com.uy/articulo/2019/5/julio-marenales-el-plan-y-la-fantasia/
(5) Murió Julio Marenales “el último tupamaro” 180 (16/05/19) https://www.180.com.uy/articulo/79410_murio-julio-marenales-el-ultimo-tupamaro