27.5.18



Volver al 68': la paradoja uruguaya

2a. quincena, mayo 2018

El amor con sus esmeros
al viejo lo vuelve niño”
Violeta Parra
Volver a los 17

Volver desde el presente1

La cautela ante cierta nostalgia, que podría campear al celebrarse 50' años del 68', parece respaldada por la cronología. Tal cautela lleva a preguntarse acerca de la significación que reviste, desde el presente, este aniversario del 68'. Entiendo que puede abordarse el período que marca ese aniversario desde la reciente resolución adoptada por Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos”, movimiento que ha decidido abandonar la Comisión “Verdad y Justicia”, radicada en la órbita de Presidencia de la República.2 No sólo el comunicado emitido por esa organización de DDHH define la misión del grupo como propia a cada ciudadano, sino que además se dirige, por encima de las instituciones, a la opinión pública como tal.

La cuestión de los DDHH marca las alternativas del Uruguay, en particular, para el período que se abre desde el año 68'. Con el antecedente de distintas formas de represión que preparan el golpe de Estado, los DDHH se convierten en el centro de las campañas de solidaridad internacional durante los años 70', e incluso se vinculan desde 1986, a la precariedad democrática que gana al Uruguay, como efecto de la sanción de la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado. En cuanto esta precariedad debilita los fundamentos de la convivencia ciudadana, su prolongación tiñe hasta el presente la condición nacional.

Conviene considerar, por consiguiente, que el movimiento pautado por Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos ocupa un lugar crucial para la democracia uruguaya, desde la coyuntura que se inicia en 1968.

Podría entenderse la desvinculación de la esfera gubernamental como la consecuencia de una trayectoria singular de ese organismo de DDHH, en el marco del período que se ha denominado “historia reciente”. Se trataría para algunos, de una secuela fatal de lo que en un momento se denominó “violentismo” y corresponde para este punto de vista, a un sector anquilosado en el pasado, se dijo incluso, “con los ojos en la nuca”, sin dejar de recordarle que fue derrotado en dos plebiscitos, por mayorías electorales opuestas a la derogación de la antedicha “Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado”.

Pese al viso de anquilosamiento en un pasado remoto con que se lo presenta, el apartamiento de la esfera gubernamental y por lo tanto de la conducción político-partidaria desde el campo de los DDHH, parece corresponder a un desplazamiento significativo que adviene en la comunidad mayor del país. La desafección ciudadana con respecto a la esfera estatal, ha llevado incluso al presidente del partido de gobierno a condenar, en sucesivos actos desde fines del año pasado, lo que se denomina “antipolítica”.3 Hoy la prensa nos informa que al celebrarse el aniversario de uno de los grupos más importantes del Frente Amplio, Asamblea Uruguay, Danilo Astori tomó como centro de su planteo “defender a la política”.4 Crece permanentemente, pese a la denuncia que proviene de distintos sectores partidarios, el conjunto de expresiones que no se limitan a diferenciarse tácitamente de la esfera partidaria, ni menos a la imputación moral de conductas personales, sino que adoptan esa diferenciación como percepción reveladora y promisoria. Tal diferenciación con la órbita partidaria tampoco se reduce a cierta “izquierda radical” o “extrema izquierda”, identificada con “grupúsculos” de vocación fatalmente minoritaria. Incluso un movimiento que difícilmente se asocie a un perfil “marginal”, como “Un solo Uruguay”, se proclama constituido por fuera de toda adhesión partidaria.5

Tal prescindencia de la forma de socialización política tradicional del Uruguay no configura, como tal, un rasgo inédito del presente. Reconoce como antecedente el período de resurgimiento democrático, durante el cual un conjunto de sectores sociales protagonizaron, a inicios de los 80', las movilizaciones que auspiciaron un restablecimiento de las libertades públicas. La característica del presente en nuestro país no provendría, entonces, de una diferenciación formal respecto a la órbita estatal y partidaria, sino que la novedad reside en la significación que adquiere tal diferenciación, entre algunos movimientos sociales, de norte para la actividad pública.

Otra mirada sobre el 68'


Es en este punto donde, lejos de suscitar un registro retrógrado pautado por la nostalgia, el aniversario que celebramos se cruza fecundamente con el presente y dirige otra mirada a la versión acuñada del 68' uruguayo. En el Uruguay como en muchos otros lugares, la juventud y el movimiento estudiantil fueron las fuerzas motrices y protagónicas de la movilización. Esa circunstancia no fue por cierto atípica en el concierto mundial y no se la consideró anómala sino desde cierta versión que substancializa todo proceso político, en cuanto sólo admite cristalizaciones orgánicas, es decir, para una concepción del poder que lo reduce al aparato de Estado.

La característica del 68' en todo el mundo fue, por el contrario, el cuestionamiento de una división de esferas de influencia que se denominó Guerra Fría, cuyos frentes estratégicos corroían la supuesta autodeterminación de los estados-nación. Las veleidades de independencia ya se habían visto por entonces severamente cuestionadas, particularmente en América Latina, por el golpe de Estado en el Brasil, en 1964, mientras que la invasión de Hungría en 1956 también había anticipado el destino de las insurgencias en el bloque geopolítico soviético.

La misma tecnología que pautaba zonas de influencia a través de la disuasión nuclear, se revelaba como el vector fundamental en el contexto político de la Guerra Fría, capaz de potenciar un aparato industrial, militar y político, titiritero entre las sombras que manejaba los hilos de la representación institucional. Este nudo sistémico que asfixiaba la autonomía gubernamental también perforaba el sentido genuino de la representación ciudadana, en cuanto se valía de una comunicación de masas en “irresistible ascenso”, para instalar campañas publicitarias como eje de la verosimilitud social. Se reemplazaba por vía mediática la antigua función elusiva de la ideología, ventajosamente substituida por la persuasión emotiva de una audiencia.

La rebelión contra el poder mundial que triunfó en distintos contextos de Africa, Asia y América Latina auspició la idea de una transformación al margen de la racionalidad occidental y proyectó la diferenciación de las costumbres hacia una perspectiva de liberación social. El surgimiento del “underground” facilitó, como emergente de conductas insumisas, el desplazamiento de las pertenencias ideológicas binarias de la Guerra Fría y socavó la cristalización institucional de las creencias.

Las transformaciones que siguen a la 2a Guerra Mundial, como efecto de la mundialización de la contienda estratégica, adquieren un giro emblemático en el 68', a través de la ofensiva del Vietcong en Vietnam, la Primavera de Praga en Checoslovaquia y el cesarismo peruanista en América Latina, pero también tiene un pico generacional clave en el cuestionamiento de las formas institucionales del poder. Esta crisis afecta ante todo a la pauta formal del Estado como eje de la organización social. La hegemonía de las instituciones públicas y la legitimación normativa se debilitan significativamente, en razón de una multiplicación de los márgenes de individuación. Esa mayor diferenciación personal se ve paradójicamente concitada por la extensión social que adquiere la disponibilidad tecnológica del saber, mientras la misma tecnología posibilita, por otro lado, una incidencia para-estatal de aparatos (geopolíticos, mediáticos, empresariales) que manipulan a las instituciones y desarticulan, por consiguiente, la soberanía del Estado-nación.

Por surgir en medio de la mayor prosperidad que haya conocido el siglo XX, mayo del 68' en Francia cuestiona la necesidad económica y cunde, por fuera de aparatos e instituciones, como un emblema y designio de libertad. Proviene de un movimiento estudiantil diferenciado, que ya había generado, desde Córdoba en 1918 pasando por Berkeley en 1964, repercusiones internacionales a partir de sus propias reivindicaciones.

Ante esta presentación de los acontecimientos del 68' se podría cuestionar una excesiva incorporación de criterios y perspectivas que son muy posteriores al contexto que describen.
En cuanto toda lectura histórica se encuentra forzosamente instruida desde un presente, quizás se convenga que el motivo de la convocatoria que nos reúne hoy era, antes que la restitución de un contexto de época, el cuestionamiento de una posible nostalgia, que podría intervenir medio siglo después.



La paradoja uruguaya


No fue la paradoja que reseñábamos más arriba, propia a la racionalidad tecnológica del poder, la que desató en el plano interno la crisis del Uruguay del 68'. Aunque la condiciones determinantes fueran las mismas a nivel internacional, para nuestro país la incidencia de esta crisis provino del extranjero, en razón de la remodelación del mercado mundial y de las urgencias estratégicas de la potencia dominante en el continente americano.

Lo anterior no quita que la adhesión uruguaya a un modelo que se consideraba por aquel entonces prestigioso y satisfactorio -el Estado de bienestar batllista, conllevó la defensa de una institucionalidad agredida y canjeada, en ese camino, por migajas de “Seguridad Nacional” en versión estadounidense. En razón de esa nostalgia  que nos embargó desde la mitad del siglo pasado, ante la memoria de “como el Uruguay no hay”, nos encontramos 50 años después ante otra paradoja: volver al 68' para entender que no desaparecía por entonces un modelo emblemático de sociedad, sino cierta institucionalidad en vías de substitución, como efecto de la declinación mundial de su propio modelo de referencia (la organicidad del Estado-nación). Transitar al presente por esta paradoja supone ganar libertad hacia los márgenes de la formalidad institucional.



1Texto presentado en el evento “50 años de mayo del 68'”, Facultad de Psicología-UdelaR, Montevideo, 23 de mayo de 2018. Se incluyen correcciones conceptuales y de estilo sin modificar la estructura original del texto.
2“Comunicado a la Opinión Pública”, Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos, https://desaparecidos.org.uy/wp-content/uploads/2018/03/18.03.01-A-la-opinion-publica-sobre-GT.pdf
3 Discurso de Javier Miranda en el 47 aniversario del Frente Ampliohttps://frenteamplio.uy/actualidad/novedades/item/635-discurso-javier-miranda-47-aniversario-fa
4Defender a la política”, La Diaria, https://ladiaria.com.uy/articulo/2018/5/defender-a-la-politica/

4.5.18


Mayo del 68’: Ibero Gutiérrez en el Uruguay

1ª. quincena, mayo de 2018

La nostalgia inverosímil

En distintas conversaciones sobre mayo del 68’ surgió un registro crítico dominante: “no celebrar el aniversario de los 50’ años del 68’ bajo el signo de la nostalgia”. El sentido del término “nostalgia” resulta, en este contexto, demasiado evidente. Tanto como un estigma o un tabú. La significación que reviste se rebate obviamente sobre la cronología ¿no estaremos celebrando, ante todo, lo que ya no podremos lograr? Si así fuera, otros tantos eventos que se inscriben bajo el mismo perfil de época podrían encontrarse sumados a esa objeción: la descolonización que siguió a la 2a. Guerra Mundial, la diferenciación generacional juvenil, la rebelión estudiantil, los medios masivos de comunicación. Si esa “genealogía de época” sufriera el reproche de confundirse con una diversidad acérrima (es decir, un conjunto disparatado de elementos inconmesurables entre sí), habría que observar que todos esos componentes y otros, que no incluimos para no extender el recuento, forman parte de lo que nadie dejaría de incluir en el contexto del 68’.
Convendría por lo tanto, considerar que a partir del registro propio al 68’, lo que entendemos por “contexto” o “genealogía de época” presenta una significativa desviación, que quizás explique lo que se atisba como cierto “peligro” de “nostalgia”: la imposibilidad de vincular ese “contexto” con una destinación programática. Es decir, la imposibilidad de asignar a un proceso, como conjunto ordenado y riguroso, el cumplimiento de una meta histórica. Tal dificultad no deja, en este caso, de incluir su propia explicación, en cuanto ninguna totalización del sentido (es decir, ningún totalitarismo), ha visto con buenos ojos el movimiento del 68’: ni el mercadocrático que lo condenó como “disolvente”, a través del neoconservadurismo de Daniel Bell,1 que apadrinó, a su vez, el moralismo financiero del empresismo neoliberal, ni el estalinista, que lo sufrió en carne propia (si tal aparato represivo pudiera considerarse carnal) en la “Primavera de Praga”.
Incluso si se acepta en aras de un registro uruguayo del 68’, vincular la acepción de “nostalgia” ante todo con eventos de irradiación política, tal rasero se desfleca como criterio capaz de abordar la celebración, cumplidos 50' años en 2018.
El caso que contrasta de forma más palmaria con el registro “nostálgico” de índole política tiene lugar en estos días. ¿Alguien recuerda con nostalgia, al día de hoy, la revolución “sandinista” que irrumpiera en 1979? Para percibir la impertinencia histórica de tal desmemoria, conviene recordar, quizás sin nostalgia, que el movimiento antisomocista fue el primer atisbo de alternativa que se abrió en América Latina, tras la secuencia golpista de los 70’. Que no sólo pretendía recoger el legado de Sandino, uno de los líderes de mayor significación en una perspectiva anticapitalista para América Latina, sino que además esa insurgencia echó por tierra con una de las dictaduras más antiguas y sangrientas del continente.
Sin duda la revolución cubana presenta en su trayectoria otra latitud y profundidad. Ante todo por la significación que tuvo con relación al imperialismo yanqui. Pero la imposibilidad de mantenerse al margen del influjo soviético, la incidencia de un marxismo encorsetado por el estalinismo y finalmente las dinámicas disciplinarias que acarrea un régimen de partido único, no dejaron de acentuar la fase descendente de la parábola, en cuya trayectoria la “nostalgia” se empantana a medio camino, en el curso que toma el proceso político cubano desde 1959.
¿Qué decir del chavismo al día de hoy, más allá de la hidalguía de su líder histórico, también notable en el plano de la unidad latinoamericana y antiimperialista? Por encima del drama social venezolano, donde una amplia base del actual gobierno se explica por una inverosímil postergación social, duradera en medio de la mayor riqueza, las pautas de conducción política no parecen envidiables, ni menos, dejan lugar para la nostalgia.
¿Qué decir entre nosotros de la inverosímil defensa de la impunidad de los golpistas de los 70’ por parte de algunos “guerrilleros arrepentidos” -aunque bien provistos de cargos- reconvertidos a gobierno frenteamplista? También acá la nostalgia se disuelve en los titulares de la jornada: “Para José Mujica algunos de los planteos del PIT-CNT son ‘esotéricos’” (en referencia al cuestionamiento de la transnacional UPM por parte del movimiento sindical).2 Sin duda cuesta habituarse a confundir el nombre “Raúl Sendic” con una ambición institucional. Habida cuenta de que tanto Raúl Sendic (el fundador del MLN) como él mismo, según nos dijera Zabalza,3 votaron en esa organización en contra el ingreso al Frente Amplio. Pero la nostalgia no admite diferenciaciones: “nostos” significa “sentimiento” y esa integridad de la conciencia alumbra la modernidad, ante todo, la revolucionaria.

El yerro de Foucault

Defendiéndose de la acusación de haber justificado una represión genocida, que incluso llevara recientemente a juicios en la Corte Internacional de La Haya,4 Régis Debray subrayaba como incluso Foucault se equivocó en su apoyo al Ayatollah Khoimeni.5 El paralelo no sólo es significativo por la incidencia de uno y otro filósofo en la teoría política del siglo XX, sino sobre todo porque no es un paralelo indebido. En los dos casos, una percepción errónea atribuye a cierto protagonismo político una significación que vendría a ser desvirtuada a posteriori, por la misma actuación que se acreditó en perspectiva.
No quita el paralelo entre uno y otro, que el yerro de Foucault es de mayor perspectiva, con relación al legado del 68'. Ningún otro llevó, como Foucault, tan lejos la significación de ese momento, al punto de lograr revertir la cojitranca explicación freudo-marxista del poder, que por entonces -y sobre todo en el 68'- arremolinaba las creencias insurgentes. A partir de Vigilar y castigar,6 arranque de una teoría del poder en la Modernidad antes que planteo definitivo para nuestros días, la dominación no puede ser entendida como unilateralmente sostenida por el opresor, ni la opresión como algo ajeno a las reglas que involucran al dominado. Desde que la dominación se entiende como campo de reglas, articulado a través actuaciones asimétricas y correlativas, el poder no puede ser cargado exclusivamente en la mochila del padre o la burguesía.
Pese a esa lucidez crítica Foucault no dejó de identificar en la irrupción de la insurgencia islámica contra la dominación imperialista, representada a su vez por el gobierno del Sha, un protagonismo de signo contrario al de la dominación. El régimen de los Ayatollah terminaría por instalar una represión social religiosa, para comenzar, desde el punto de vista de las libertades. Este yerro interviene, conviene recordarlo, tres años después de la publicación de Vigilar y Castigar y una década después del 68'.
Tal error posiblemente haya consistido en atribuirle al imperialismo norteamericano una incidencia más decisiva, en el sistema de dominación, de la que efectivamente le correspondía. Quizás Foucault tampoco percibió el entramado de dominación que subyacía en el campo idiosincrático, con potencialidad represiva que no pudo sino exacerbar, por añadidura, la lucha contra un poder extranjero. Es decir, el error de Foucault parece haber consistido en no contar con una suficiente densidad de lectura del campo de reglas y lugares entrecruzados, que emergieron una vez eliminada la presión que imponía la propia dominación extranjera.
Ahora, si Foucault no logró implementar, en un contexto relativamente ajeno al marco de referencia europeo, una perspectiva tan fina como la que surge de la lectura del entramado de lugares y actuaciones que describe en el Panóptico ¿qué se podría esperar de un contexto marcado todavía por la “negatividad de la conciencia” hegeliana, que reivindicaba Marcuse7 (una de las “tres M” del 68')?
Dicho de otra manera: si todavía es admisible cierto sentimiento de nostalgia a 50 años del 68', no transferible sin embargo a un conjunto de orientaciones que lo acompañaron en el campo de las creencias (la subjetividad emancipadora, la desviación consumista del proletariado, la fatalidad revolucionaria de la verdad, etc.), no es porque ese movimiento haya pecado por lucidez, sino justamente por lo contrario: porque fue ante todo un movimiento y como tal, removió las bases de certidumbres constituidas.
Si alguien se preguntara acerca de la trascendencia de tal “movimentismo”, convendría recordarle el presente en ruinas de algunas consistencias que se postulaban por entonces: la epistemología como núcleo del planteo filosófico, el centralismo democrático del partido único, la misión social de los estados-nación, el horizonte histórico del Progreso.

La controversia de época: Ibero Gutiérrez

El rasero de una generación consiste en su legado. ¿Cuál fue el legado del 68'? ¿El de Cohn-Bendit, diputado ecologista, o el de Jerry Rubin, yuppie emprendedor? ¿El del Colegio Internacional de Filosofía sostenido por Derrida o el de los filósofos invitados a los coocktails de empresarios? ¿La “New Age” o los movimientos anti-globalización? ¿El Foro Social Mundial o el Ejército Zapatista de Liberación Nacional? Otras tantas díadas podrían formarse en el plano estético, o en el idiosincrático.
¿Puede la incongruencia habilitar un sentimiento propio? ¿O es justamente la incongruencia, en cuanto disuelve un sentido único y monolítico, la condición de un presente gratificado? Si toda trascendencia se edifica ex-post, la del 68 pertenece más a la parte sumergida del iceberg, que a la parte menor que se divisa por sobre la superficie, mal que le pese a los Titanic de la conciencia.
Quizás en esa perspectiva de una discontinuidad de la sensibilidad intelectual, cuando no del intelecto de la sensibilidad, haya que buscar en Ibero Gutiérrez menos un ajuste telemétrico que lleve a un único foco, que un des-focalizar que amplifica gradientes de registro. Quizás por eso incide ya hasta con 22 años. Quizás el ajuste de Ibero con una perspectiva estratégica sea para siempre imposible, más allá de que él no tuvo la oportunidad de ese enfoque.
En Ibero se suman, de escritura propia, el absurdo del teatro de Ionesco, la interrogación heideggeriana, la transgresión de Bataille y la insurgencia guerrillera, yendo al paso con los Beatles, la expiación satánica de Charles Manson y la arquitectura revertida de Rayuela, con alguna que otra aparición sexy de La Maga. Pero hay más. Siempre hay más en Ibero.
Ese margen agregado disuelve la posibilidad de identificar la sensibilidad que cristalizó en el 68' con un registro delimitado. Por esa razón quizás la obra de Ibero se encuentra crecientemente registrada en la edición,8 en las redes sociales y en la propia creación artística, antes que vinculada a una inscripción ideológica. Quizás también porque lo propio de la índole que cunde con el 68' habilita cierta controversia entre la fórmula y la sensibilidad. Porque esa contienda no se registra como un dato de época, sino que concita de golpe una mirada, el registro uruguayo del 68' transita, de forma impar, a través de Ibero Gutiérrez.


1Bell, D. (2004) Las contradicciones culturales del capitalismo, Alianza, Madrid.
2“Para José Mujica, algunos de los planteos del PIT-CNT son “esotéricos”, Montevideo Portal (2/05/18) http://www.montevideo.com.uy/Noticias/Para-Jose-Mujica-algunos-de-los-planteos-del-PIT-CNT-son-esotericos--uc681981
3La afirmación de Jorge Zabalza fue hecha a través de un intercambio de correos que mantuvimos con oportunidad de la publicación de “La experiencia tupamara”. Ver “Zabalza, los canallas y el tupamplismo” en este blog http://ricardoviscardi.blogspot.com.uy/2016/02/zabalzalos-canallas-y-el-tupamplismo-2a.html
4“Lecciones del genocidio de Bosnia”, Derecho Internacional https://www.dipublico.org/108087/lecciones-del-genocidio-de-bosnia/ (acceso el 5/05/18)
5 Débray, R. (2000) I.F. suite et fin, Gallimard, Paris, p.62.
6 Foucault, M. (2002) Vigilar y castigar, Siglo XXI, Buenos Aires.
7 Marcuse, H. (1969) El Hombre Unidimensional, Seix Barral, Barcelona, pp. 236-237.
8La obra poética y el teatro de Ibero han sido editados, tras una primera presentación en Editorial Arca, por Estuario. Parte importante de la obra pictórica se encuentra en el Museo de la Memoria.

12.2.18

Antipolítica” como alarma: Regresistas del mundo, uníos !!


2a. quincena, febrero 2018


Ríos de tinta frenteamplista para morir en la orilla “antipolítica”

Tras la movilización de productores agrícolas autoconvocada por grupos de Whatsapp a inicios de enero, una ola de interpretación con sesgo crítico en general y particularmente frenteamplista, hizo frente a la frenética búsqueda por parte de la derecha de una base social, que unos y otros identificaron por fin en un bastión tradicionalista: “el campo”. Esta vez tirios y troyanos fueron por lana y salieron trasquilados, aunque por tijeras de “cortar y pegar” en la pantalla del celular. Más cerriles que cimarronas en su mayoría, una cascada de lecturas contrapuestas sumó expectativa a la hora de expresión por proclama del grupo “autoconvocado”, tan requerido por distintos motivos críticos.

El balde de agua fría fue mayúsculo sin distinción de banderías, en cuanto la nota dominante y distintiva de la proclama de los autoconvocados fue la puesta en cuestión del sistema de partidos en su conjunto.1 Más allá de la distribución equitativa de dardos críticos entre gobierno nacional y gobiernos departamentales, las posiciones relativas de los distintos sectores partidarios no eran equiparables ante la coyuntura puntual de la proclama. El gobierno frenteamplista quedaba imputado por la responsabilidad a nivel nacional y la patente pérdida de apoyo en uno de los sectores económicos claves del país (los empresarios rurales), por si poco faltara, tras tres períodos de gobierno en contexto propicio (mayoría absoluta en el parlamento y condiciones económicas mayormente favorables). El progresismo quedaba teñido, desde uno de los sectores estratégicos para su crecimiento político -el mismo que Mujica intentó convertir en el pivot de su política de alianzas, de regresismo.

Este escenario estratégico explica que cierto coro reaccionara, desde las posiciones históricas de la izquierda, con sugestiva virulencia ante los mensajes que comenzaron a llegar desde el empresariado rural. Aunque no todas las diatribas dirigidas contra el movimiento agrario provenían del frenteamplismo ni ahorraban cuestionamientos al gobierno, cierta concomitancia laudada por la memoria crítica se articulaba alrededor de tres criterios que aparentemente “sacaban las castañas del fuego”: la diferenciación entre grandes y medianos empresarios rurales, entre algunos afectados por las coyunturas internacionales (tamberos y arroceros) y los demás, mientras se cargaban las tintas sobre la ganancia obtenida por los arrendadores de campo (dejando curiosamente en el tintero la exoneración a las multinacionales instaladas en zona franca). Así se podía reconducir, en medio rural, una diferenciación gratificante ideológicamente entre explotadores y explotados, sazonada de la amenaza regional de un retorno de la derecha, tan obvia como poco efectiva para explicar la unión de bloque entre pequeños, medianos y grandes productores, acompañada por un coro de empresas vinculadas en las ciudades del interior, comercialmente y por servicios, con la producción agraria.

Ante la oportunidad con que contaba el Frente Amplio de dirigirse al país en la celebración del 47 aniversario de su creación, todo hacía pensar que la alusión a la movilización del agro sería el “plato fuerte” del discurso, particularmente del presidente de la coalición, Javier Miranda. Este último hizo efectivamente una alusión directa y sin ambages a la coyuntura, pero no para retomar la nutrida andanada de diferenciaciones (entre chicos-explotados y grandes-explotadores) con que había preparado el terreno en debate la tribuna de su organización, sino para identificar la nota más destacada del movimiento “autoconvocado” (el “cuestionamiento a la política y los políticos”) con “la reacción”, es decir, con todo lo que merece ser puesto en “la vereda de enfrente”.2 Por la misma condena Miranda se solidariza, curiosamente, con sus adversarios políticos, para defender ante todo al sistema de partidos en su conjunto, al evocar el “autoritarismo mesiánico” de los militares y la “desregulación” que nos dejaría librados a los intereses de las corporaciones (hay que suponer, una vez que hubieran desaparecido “la política y los políticos” que suministran las regulaciones).

Las enérgicas brazadas críticas que los voceros de la izquierda en general y ante todo del Frente Amplio en particular, habían destinado a establecer una diferenciación entre empresarios explotadores y empresarios explotados, terminaron ahogadas en una única orilla “antipolítica” (“la otra orilla” para los “autoconvocados”), que condena genéricamente toda puesta en cuestión de la política institucionalizada.


Antipolítica” introduce un significado antipolítico


En cuanto “antipolítica” reúne a la política y los políticos en una “Suma Política”, se opone a la misma raíz de los partidos (hoy llamados con razón) “históricos” del Uruguay. La oposición entre “principistas” y “candomberos” pasaba en la década de 1860 por dentro y por fuera de los partidos de este mismo país, a punto tal que uno y otro bando podían reunir o dividir las enseñas partidarias y sobre todo, alejarse o acercarse de “la política”, sustantivo cuyo único referente propio es el gobierno, entendido como “círculo del poder” y como tal siempre cotejado por un anti-poder (Foucault dixit)3:

“Ya en 1871 se ha formado un grupo de los jóvenes doctores y publicistas más distinguidos, procedentes de ambos partidos, proclamando la necesidad de una nueva unión. La Bandera Radical es su órgano. Por su parte la juventud urbana del Partido Blanco, reunida en Congreso, resuelve separarse de la tradición caudillista, y llamarse en adelante Partido Nacional.”4

Nos encontramos con la antipolítica, condenada por el regresismo, en el inicio de la propia denominación de un partido histórico, aunque debemos suponer que la misma “política antipolítica” quiere proteger a esa honorable colectividad partidaria (y sobre todo a su Honorable Directorio) de la desaparición en manos de la “desregulación” (capaz de exterminar a los reguladores) o incluso del fantasmático retorno del “autoritarismo mesiánico”.

La recordación del “autoritarismo mesiánico” no deja de expresar, para el enjundioso planteo de la “antipolítica”, una versión tardía de la “Teoría de los Dos Satanes”, que precisamente reducía “la política y los políticos” al mismo conjunto formal con el que los identifica la formulación regresista. Conviene por lo tanto entender que la “antipolítica” formulada por el Presidente del Frente Amplio no deja de evocar a los “guerrilleros arrepentidos” (Mujica en primer lugar), que como tales, abjuran del infierno en que sumieron (en calidad de uno de los dos satanes) a aquella candorosa república que protagonizaban parlamentariamente quienes votaron a inicios de 1972 el Estado de Guerra Interno contra el MLN. De esa manera se proyectó hacia el poder el aparato militar (el otro Satán) que tan sólo año y medio después dió el Golpe Formal contra el propio Frente Amplio y el movimiento sindical. Vaya consecuencias dialécticas del Regresismo en su condena de la “antipolítica” !!

¿Qué decir de la “desregulación” protagonizada por un “partido de gobierno” que programó la UTEC, organismo que destituye la autonomía universitaria al crear una universidad estatal supeditada a los gobiernos departamentales y las empresas en su propia forma de gobierno? ¿No será “desregular” suscribir un contrato con una empresa (UPM) por el cual ésta adquiere el derecho de decirle que “no” a un Estado (supuestamente) soberano, una vez que tal soberano se presente (dos años después) al examen de los directores ejecutivos de la transnacional? El regresismo confiesa, en su condena de la “antipolítica”, que renuncia de antemano a la política como singularidad de lo político, que siempre termina por consignarse, por una u otra vía, en la formalidad institucional.


El Ciclo Regresista


El cuestionamiento de los gobernantes nacionales y departamentales, así como de la clase política en general que expresa inequívocamente la proclama de los “autoconvocados” no se explica por posicionamientos estratégicos sectoriales en el sentido tradicional, en cuanto tal lectura sesga en el interés económico o en la estrategia partidaria la explicación de cada configuración sectorial. Si así fuera los “autoconvocados” no harían sino seguir las estrategias que transitaron exitosamente durante más de un siglo las gremiales tradicionales (sobre todo las del agro) en nuestro país. Por el contrario, no sólo se desmarcan de estas expresiones en cuanto crean sus propias estructuras organizativas, sino que además conducen a las gremiales tradicionales a plegarse a un movimiento que no iniciaron. Este posicionamiento es tan poco “representativo” en un sentido sectorial como para llegar a condenar por igual a los distintos colores políticos sumados, desborde de planteo que revela, por el propio exceso que asume con relación al proceder gremial acuñado históricamente, una desarticulación manifiesta con relación al todo (“social” si se quiere) nacional.

La misma problemática de un socialismo nacional que tanto preocupara a la “Teoría de la dependencia” latinoamericana, se encuentra disuelta en la coyuntura de la globalización por el surgimiento de una condición pública que perfora las fronteras nacionales y ante todo, la propia noción moderna de “todo social”: el todo es global y no puede ser “contenido” entre fronteras.

La propia noción de tecnología aparece, en un autor como McLuhan, como crítica del contenidismo.5 ¿Qué decir de la cuestión del discurso y la disolución del sujeto en la arqueología foucaldiana? Suponer que esto no tiene que ver con el auge de la tecnología (sobre todo mediática) después de la 2a. Guerra Mundial, difícilmente ayude a entender el vínculo entre tecnología y globalización, menos aún, por qué un movimiento agrario se articula por WhatsApp.

Para que podamos discernir por qué razón un sector sesga su posición por interés o estrategia, debemos primero saber cual es el todo “social” que amerita tal división. En cuanto este todo aparece fragmentado interiormente y articulado con el extranjero (tal como pasó con el conflicto supuestamente bi-nacional por la instalación de Botnia), no se puede en adelante saber qué sector se diferencia de tal otro, porque todos dependen de un equilibrio de “externalidades” (la Corte Internacional de La Haya incluida), tal como lo señala, incluso para el conocimiento, la teoría del “capitalismo cognitivo”. Para que exista un proceso económico como “lugar donde recomienza el proceso en su conjunto”, como quería Marx,6 tiene que existir la unidad de un proceso en su totalidad (económica para Marx). Tal unidad básica de proceso (donde para Marx recomienza el proceso en su conjunto) dejó de existir desde que el elemento decisivo de la economía es la tecnología y por consiguiente, lo que hoy se denomina “innovación”: la enunciación de un individuo o de un grupo que introduce novedad decisiva y determinante para las partes. Tal novedad no está sujeta sino a “externalidades” (coyuntura teórica, financiamiento de la investigación, vínculo inter-idiosincrásico) que no gobierna ninguna “unidad de proceso” (y menos entendida como “objetiva”).

El sistema de partidos corresponde, en régimen de democracia representativa, a esa “edad del saber” de la representación orgánica de una única totalidad, que la Revolución Democrática propiciada por la Ilustración supuso universal y que la teoría de la secularización lee, hoy día, como un singular avatar post-cristiano.7 Ese es hoy el principio de la “reacción”, si se quiere, desde una perspectiva “regresista”, oponer pasado a presente en el hilo de una continuidad. Recomendamos ver “La Rueda de la Maravilla” de Woody Allen: es el “lado oscuro” de “Make America Great Again” y muestra como tal “grandeza” no fue sino frustración disimulada.

No es extraño que los “autoconvocados” le soliciten al sistema de partidos que cumpla con su cometido. Los propios “autoconvocados” parecen creer que tal cometido es posible en una era post-batllista (y sobre todo globlal), tal como lo deja entender la consigna “Un solo Uruguay”, designio más utópico que nostálgico: recordar siempre que fuimos independientes tras el anhelo de que Dios quisiera hacernos ingleses (Lord Ponsomby dixit). Quizás el movimiento agrario de signo empresarial y radicación nacional no percibe que su contrincante no es el “costo del Estado” y la consiguiente ineficacia administrativa del sistema de partidos, sino la misma racionalidad globalizadora de la eficacia productivista, que los acorrala con un patrón de acumulación mundialista (ya Uruguay tiene problemas de escala económica a nivel regional ¿qué decir a nivel global?).

Los movimientos que se colocan al margen de los sistemas de partidos en el mundo de hoy no son productivistas, sino que apuntan al descrédito político y mediático de los sistemas políticos para desbaratar la racionalidad procedimental de la tecnocracia mundialista, a la que le es necesaria la cristalización ideológica del mercado para maximizar la expansión productivista: ¿nadie recuerda los anuncios que financiaba Botnia en el semanario Brecha, en el marco de una “campaña de prensa” que preparaba su instalación? No estamos necesariamente ante un grupo (autoconvocado) que sabe lo que hace, sino que hace probablemente sin saberlo, tal como lo caracterizó la frase de Carlos Marx “no lo saben, pero lo hacen”. ¿Qué tal si a la anterior le agregamos, de cara a tanta incredulidad “izquierdista” ante la “autoconvocatoria”, otra frase marxiana: “La historia avanza por el mal lado”? No es culpa de los “productores autoconvocados” que la misma historia uruguaya avance tan poco por el “buen lado”. Ahí está el regresismo, invocando la “antipolítica”, para decirnos por dónde va.


1 "Autoconvocados entregan reclamos a Vázquez” La Juventud (25/01/18) https://www.diariolajuventud.com/single-post/2018/01/25/11-hs-Autoconvocados-entregan-reclamos-a-V%C3%A1zquez
2 Discurso de Javier Miranda en el 47 aniversario del Frente Amplio https://frenteamplio.uy/actualidad/novedades/item/635-discurso-javier-miranda-47-aniversario-fa
3Foucault, M. “Las confesiones de Michel Foucault” (entrevista de R-P. Droit), p.12. Recuperado de http://www.taciturno.be/IMG/pdf/entrevista_foucault.pdf
4Zum Felde, A. (1967) Arca, Montevideo, p.189.
5McLuhan, M. (1996) Comprender los medios de comunicación, Paidós, Barcelona, p.34.
6Marx, K. “Introducción general a la Crítica de la Economía Política”, p. 44. Recuperado de https://transdisciplinariedaduj.files.wordpress.com/2010/08/marx-karl-introduccion-general-a-la-critica-de-la-econimia-politica.pdf
7Vattimo G. “Metafísica, violencia, secularización” en Vattimo, G. (comp.) (2001) La secularización de la filosofía, Gedisa, Barcelona, pp.81-83.

19.1.18

Productores autoconvocados por Whatsapp: la piqueta fatal del progresismo

2a. quincena, enero 2018


¿A quién creerle?

Todo combate por la creencia ajena se convierte, por la misma imposibilidad de posicionarse desde una objetividad pura, en una batalla de credulidades. Un enfrentamiento de este signo contrapone entre sí, desde hace unos días en el Uruguay, encendidas lecturas de la “autoconvocatoria de productores agrícolas”. La posición que cada uno intenta tomar, como lo alto de la cuchilla en las guerras civiles que nutren el imaginario político del Uruguay, es la verosimilitud económica. ¿Existe un sector de pequeños productores en riesgo de extinción? ¿No se trata de la voracidad ya proverbial de  estancieros montados en 4X4? ¿No asistimos a una manipulación política sin asidero económico real? Mucha gente parece dispuesta a demostrarle a mucha otra gente que no está en crisis o que es responsable de la crisis, pese a lo que se crea o se finja creer, alternativas equidistantes desde el punto de vista de la creencia, como ya lo adelantaba el título del intercambio de cartas entre Umberto Eco y el arzobispo Martini: ¿En qué creen los que no creen?1

Para salir de dudas crédulamente nada mejor que la economía: una experta regulación mundial del comportamiento del mercado internacional, gestionada por el Banco Mundial, el FMI y el BID -que incluso saben de educación- (entre otros) desató las múltiples crisis financieras que se abatieron sobre el planeta desde mediados de los 90', con un pico legendario en 2008, del que todavía no se repuso la Unión Europea. ¿No acaba de señalarnos el reconocido economista uruguayo Enrique Iglesias (ex-presidente del BID y del Banco Central del Uruguay bajo Pacheco Areco), incluso pocas horas antes de la “autoconvocatoria de productores”, que “el país está mejor de lo que la gente a veces piensa”?2


Es la globalización, estúpido !


Es la economía, estúpido!” La famosa frase asestada por James Carville, asesor de Clinton en la campaña presidencial de 1992, merece ser revertida a partir del propio designio de determinación económica de la determinación política, que termina, como todo determinismo cientificista, en alguna forma de totalización explicativa, con el consiguiente significado totalitario. Con el designio de discernir la verdad económica del interés verdadero de los productores agrícolas, La Diaria publicó un comentario3 de un muy buen artículo académico destinado a discernir la apropiación social del ingreso en el campo uruguayo.4 La publicación de Oyhantçabal y Sanguinetti señala la carencia de indicadores del ingreso de los distintos sectores que integran la producción agrícola del Uruguay y se dedica a elaborarlos, por medio de diferentes criterios de medición de la participación en el producto de ese sector de la economía.5 El interés económico se plantea con base en esa publicación académica retomada por La Diaria, en criterio determinante de la verosimilitud de la crisis, ostensible pero sospechosa, de un sector que se ha caracterizado históricamente tanto por una apropiación sumamente desigual del producto -entre propietarios y asalariados-, como por la mayor capacidad relativa de presión sobre las políticas públicas, es decir, sobre el sistema de partidos.

La lectura sesgada con relación al ingreso relativo y absoluto, como justificación de la crisis de viabilidad o como descalificación de su autenticidad política, obnubila incluso la significación económica, si se la proyecta con relación al contexto de las reivindicaciones de los “productores autoconvocados”. Uno de los primeros aspectos que salta a la vista en el artículo de Oyhantçabal y Sanguinetti, con relación a la reivindicación relativa al “abandono del campo”, es que efectivamente el crecimiento de este sector apenas supera, en el lapso de 2002 a 2015, la mitad de la tasa de crecimiento general de la economía en su conjunto (mientras el sector agropecuario crece 3.3% en promedio, la economía del país llega a 6.2% en promedio para el mismo período).6

Asimismo cambia la composición del PBI agrario en su conjunto. Un crecimiento exponencial de la forestación y la soja las lleva a ocupar (en 2011) el 16% de la totalidad de las hectáreas agropecuarias.7 Por otro lado, la inversión extranjera directa, vinculada principalmente a la forestación y la soja alcanza en el período 1983-2004 sólo un 0,8 % del PBI, mientras entre 2005-2014 salta al 6% del PBI, el doble del promedio para América Latina en igual período.8

Dice el mismo artículo: “Para un país que prácticamente ocupó la totalidad de su frontera agropecuaria a fines del siglo XIX, la expansión de la forestación y la agricultura supuso el desplazamiento territorial de otras actividades agropecuarias. De las comparaciones intercensales 1990-2000-2011 de uso del suelo, surge que el área de campo natural (pastizales naturales) se redujo en 2.132.000 hectáreas en 21 años, mientras que entre los años de 2000 y 2011 disminuyó en 262 mil hectáreas el área de praderas artificiales. En ambos casos se trata de usos del suelo destinados principalmente a la ganadería de carne y lana en el primer caso, y la ganadería de carne y leche en el segundo”.9

O sea, si en vez de leer la misma información económica bajo el lente de “distribución del ingreso en tanto determina una crisis de viabilidad” (que hace intervenir una lectura de 2o. grado, con fuerte carga interpretativa previa) la leemos bajo el lente del significante efectivo “el campo”, que los “productores autoconvocados” toman por emblema, la estructura tradicional del sector agropecuario se ha encontrado en el período 2002-2015 ante:

-una participación en el PBI que supera escasamente la mitad del crecimiento promedio de la economía
-un cambio de la matriz productiva que dedica un 16% del suelo a una producción (forestación y soja) que desplaza a la tradicional
-una multiplicación por seis de la participación del capital extranjero en el PBI del país

Por lo tanto el tradicional “campo” uruguayo ha sufrido una disminución relativa con relación a otros sectores de la economía (por ejemplo el turismo), un desplazamiento de sus referencias productivas históricas en un 16% de la superficie productiva y un acelerado crecimiento (0,8 a 6%) de la apropiación extranjera de la producción. Para calibrar cabalmente estos cambios que cabe denominar “históricos”, conviene antes que nada plantearse el contexto que los habilita y la significación que adquieren en el conjunto del período al que pertenecen.


De tu globalización, globalizador


Los antecedentes de una transformación del sector agrario uruguayo con efectos de crisis política e ideológica son impecablemente (e implacablemente) progresistas. A poco de iniciado su primer mandato en 2005 Vázquez ingresa en un conflicto internacional con la Argentina que genera un curioso efecto de futuro anterior: parece renovar el enfrentamiento entre peronistas y batllistas, pero coloca al gobierno uruguayo del lado del poder empresarial transnacional. El conflicto llega hasta la Corte Internacional de La Haya y enfrenta a dos gobiernos que supuestamente compartían un mismo signo político. En el plano interno genera una conciencia minoritaria pero latente de una amenaza ecológica favorecida por el gobierno, con pruritos en sectores de la izquierda y una alerta entre los movimientos ecologistas.10

El segundo antecedente proviene de José Mujica, quien en los foros internacionales predica la conservación de la naturaleza y desde 2012 propició la instalación de una mina de hierro a cielo abierto, uno de los emprendimientos mineros de mayor alcance contaminador que se conozca. Este propósito de “provocar a la tierra” (la expresión es de Heidegger)11 para extraer plusvalía internacional le valió al “presidente más pobre del mundo” la generación de un movimiento de repulsa masivo, con carácter multisocial y pluriideológico, a través de una de las expresiones de protesta ciudadana más reacias a la clasificación ideológica que haya conocido el Uruguay. El movimiento se disipó en cuanto la evolución del mercado internacional desbarató la racionalidad económica del proyecto.

El tercer antecedente es más reciente y tuvo lugar hace pocas semanas. El 2o. gobierno de Tabaré Vázquez firmó un acuerdo con la empresa transnacional de producción de pasta de celulosa UPM en cuyos términos la empresa se reserva el derecho, una vez cumplido un período preparatorio de dos años, de rechazar todas las inversiones e instalaciones que desarrolle el Uruguay a expensas de su propio presupuesto nacional, en caso de que esos adelantos del emprendimiento no satisfagan, a juicio de UPM, los requisitos necesarios. Tal resignación de la soberanía nacional dio lugar (entre otras manifestaciones, incluso por parte de la Universidad de la República) a numerosas protestas y en particular un nutrido acto de repudio, que tuvo lugar en el Ateneo de Montevideo.12

El alineamiento de los sucesivos gobiernos frenteamplistas con el capitalismo transnacional dejó de ser una novedad, incluso en el sentido ideológico, en cuanto se ha constituido en la nota característica de los gobiernos socialdemócratas europeos desde los años 80’ y de la mayoría de los “progresismos” latinoamericanos desde los años 2000, con el antecedente precoz de la Concertación chilena.13 Este alineamiento proviene de la incapacidad de trascender desde las estructuras del Estado-nación las pautas de desarrollo de los poderes empresariales transnacionales, incrementadas desde inicios del siglo por una concentración del poder comunicacional e informativo en algunas grandes compañías tecnológicas (Google, Facebook, Microsoft, Apple y Amazon). El cruce de información planetaria en términos de Big Data habilita la planificación a escala de los distintos continentes de la concentración de poder mundial y condiciona, en el entramado de emporios financieros, productivos y tecnológicos, cesiones de soberanía como la que el gobierno uruguayo acaba de protagonizar con UPM. La representación nacional ha pasado a ser un juguete en manos de una hiper-presentación tecnológica, como efecto de los procedimientos de instrumentación cognitiva del poder.

La piqueta fatal del progresismo


La piqueta fatal del progresismo socava el edificio social a partir de la identificación bienpensante entre emancipación y tecnología. El estigma de esta fatalidad progresista es la imposibilidad de instalar el tan promulgado como fracasado “Nuevo Orden Mundial” (de la economía, de la información, del equilibrio ambiental, etc.). El fracaso político del progresismo proviene de la denegación de cierta vinculación intrínseca entre saber y poder. Mientras la globalización se sostiene en las tecnologías de la información y la comunicación, que aseguran la congruencia intrínseca del saber en su propio campo de integración planetaria (cristalizada incluso académicamente en las publicaciones on-line), la denegación positivista reduce la significación simbólica de la globalización a mera eficacia económica (un etiquetado de efectos super-marcados en el super-mercado financiero).14

No sólo la globalización es comunicacional antes que económica,15 sino que además, en cuanto vincula en “doble contingencia” a distintos enunciadores deslocalizados en tiempo real, genera una “universalidad de la diferencia”, ante la cual el interés económico se convierte en una forma subordinada al devenir simbólico (G.Marramao).16 Correlativamente, la teoría del “capitalismo cognitivo” señala que las “externalidades” del proceso económico (todo aquello que lo posibilita, fomenta y proyecta sin integrar la formalidad productiva) se convierten en el elemento decisivo del propio poder mundial.17

La verosimilitud económica cede paso a la verosimilitud simbólica que se genera incluso por Whatsapp, en cuanto un significante tan nutriente como “el campo” pasa, flotante por ondas hertzianas, de la mano de la memoria al presente del cotejo (incluso económico) global. Tal verosimilitud no determina fatalmente una significación ideológica (recordar el devenir de la “primavera árabe”), ni un destino político (Lula sigue contando con apoyo mayoritario entre la opinión pública brasileña), pero sí desarticula una perspectiva de gobierno como efecto soberano y abre la senda del contragobierno, que lleva al poder tentacular de la globalización a explicarse sobre el terreno.


1Eco, U. Martini, C. (1997) ¿En qué creen los que no creen?, Temas de Hoy, Madrid.
2Iglesias, E. (entrevista de G. Tagliaferro) “Iglesias cantó las 40 y admitió que Vázquez le ofreció el Ministerio de Economía en 2004” Montevideo Portal (9/01/18) http://www.montevideo.com.uy/Noticias/Iglesias-canto-Las-40-y-admitio-que-Vazquez-le-ofrecio-el-Ministerio-de-Economia-en-2004-uc671687
3En grupos de WhatsApp productores proponen “paralizar el país” si no se reduce 20% el presupuesto estatal” La Diaria (12/01/18) https://ladiaria.com.uy/articulo/2018/1/en-grupos-de-whatsapp-productores-proponen-paralizar-el-pais-si-no-se-reduce-20-el-presupuesto-estatal/#!
4 Oyhantçabal, G. Sanguinetti, M. “El agro en Uruguay: renta del suelo, ingreso laboral y ganancias” (2017) Revista Problemas del Desarrollo. Recuperado de https://www.economiapolitica.uy/single-post/2017/06/28/El-agro-en-Uruguay-renta-del-suelo-ingreso-laboral-y-ganancias
5 Oyhantçabal, G. Sanguinetti, M. op.cit. p.116.
6 Oyhantçabal, G. Sanguinetti, M. op.cit. p.115.
7 Oyhantçabal, G. Sanguinetti, M. op.cit. p.115.
8 Oyhantçabal, G. Sanguinetti, M. op.cit. p.115 (nota 2).
9 Oyhantçabal, G. Sanguinetti, M. op.cit. p.116
10 Viscardi, R. (2006) Celulosa que me hiciste guapo: el tango Merco-global, Lapzus, Montevideo.
11Heidegger, M. (2001) Conferencias y artículos, Serbal, Barcelona, p.16.
13Ver en este blog “Chile: una cordillera de abstención ante más de lo mismo” http://ricardoviscardi.blogspot.com.uy/2017/12/chileuna-cordillera-de-abstencion-ante.html
14La genealogía del progresismo ha sido enfocada colectivamente en García, F. Baccino, D. (compiladores) Lecturas del Progreso (2016) Maderamen, Montevideo.
15 Viscardi, R. (2005) Guerra, en su nombre. Los medios de la guerra en la guerra de los medios, Editorial ArCiBel, Sevilla.
16Marramao, G. (2006) Pasaje a Occidente, Katz, Buenos Aires, p.55.
17Sierra, F. (ed.) (2016) Capitalismo cognitivo y economía social del conocimiento, Ciespal, Quito.