26.11.18



Humanidades: una facultad en riesgo de crítica

1a. quincena, diciembre 2018


Dos señales de sentido opuesto y significación agregada


Este viernes 23 de noviembre los docentes de Humanidades recibíamos un comunicado de decanato, donde se informaba de un segundo daño a la misma facultad,1 que sigue al que sufriera a inicios de 2016 el Grupo de Investigación en Arqueología Forense (GIAF). Se trata de dos acciones de significados políticos diametralmente opuestos, lo que destaca la significación agregada que adquieren, por afectar a la misma facultad.

Mientras el atentado contra el laboratorio del GIAF buscaba ante todo subrayar la impunidad de los autores de delitos imprescriptibles en la órbitra de los DDHH, e incluso amedrentar a quienes los investigan,2 la segunda provocación, pautada por un irredentismo feminista, promueve una radicalización de ese movimiento social. Un atentado por la derecha y otro por la izquierda parecen colocar a la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación en el eje de los asuntos públicos del Uruguay. Ante todo porque se procuró, tanto en una como en otra incursión, dejar señal fehaciente de la intencionalidad que guiaba el ingreso a los locales de la facultad (en la primera, señalando amenazadoramente los domicilios de los miembros del GIAF, en el segundo con pintadas alusivas a “este sistema sus defensorxs y sus falsxs críticxs”).

La condición de víctima de grupos que persiguen ilegalmente objetivos de índole política parece tanto más paradójica, con relación a la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, en cuanto la casa de estudios implementa líneas adoptadas desde el ámbito central de la universidad, es decir, desde el Consejo Directivo Central.3

Esta inscripción rigurosa en las orientaciones institucionales, que caracteriza a la facultad agredida, contrasta ante todo con las iniciativas singulares protagonizadas, en particular bajo el rectorado de Roberto Markarián, por diversos sectores universitarios:4

-desde el Instituto de Ecología y Ciencias Ambientales de la Facultad de Ciencias, que dirige el Doctor Daniel Panario, provino el cuestionamiento de la Ley de Riego que desembocó en una campaña pública protagonizada por el propio Pit-Cnt

- la actividad de docentes del Instituto de Historia de la Arquitectura de la Facultad de Arquitectura, cuestionó la enajenación del Dique Mauá, con una gravitación decisiva en el abandono del mismo proyecto por el Parlamento nacional

- la exitosa oposición del Rector Markarián y de la decana de la Facultad de Ingeniería María Simón, impidió la integración de los datos de la educación primaria y secundaria en la Plataforma Google

Por contraposición a esas iniciativas singulares de núcleos universitarios, la facultad que se toma por blanco político desde posiciones tan disímiles, se ha caracterizado por el cumplimiento de orientaciones institucionales dictadas por la conducción universitaria. Salvo en el caso de la iniciativa tomada por la Dra. Alma Bolón, con relación al emplazamiento del bronce que recuerda a tres poetas de lengua francesa de nacionalidad uruguaya (Lautréamont, Laforgue y Supervielle), iniciativa correlativa incluso a una significación académica (Alma Bolón es Prof. Titular de Literatura Francesa),5 la facultad a la que pertenece esa docente no ha tomado, como propios, cometidos que no fueran impulsados por la conducción del conjunto universitario.

Pese a esas orientaciones adoptadas por encima de cualquier facultad en particular, no surge de ninguno de los mensajes consignados por los grupos que atentaron contra la facultad, ni tampoco del contexto externo de expresiones afines a esos propósitos, la impugnación de la institución universitaria como tal. Esta situación paradójica de directivas centrales a la institución, que se toman sin embargo por blanco exclusivamente en el ámbito de las Humanidades, pareciera sugerir que se asocia la actividad humanística con cometidos que la trascienden. Por extensión de ese registro pareciera, asimismo, que esas cuestiones humanísticas atraviesan problemáticas cruciales para la condición universitaria como tal.


La universidad de la crítica ante la sociedad del riesgo


En un pasaje de difícil comprensión para quien no cuente con una percepción “sobre el terreno”, pero que viene a ser confirmado por esta situación de una facultad en el Uruguay, Derrida sostiene que la cuestión de la universidad se discute, “privilegiadamente” en la universidad y en los departamentos de Humanidades.6 Pero también sostiene que al momento de procurar fondos para las universidades, las Humanidades se encuentran en situación de rehén de las facultades “de ciencias puras o aplicadas”.7 La contraposición entre una y otra observación (la problemática universitaria se siente como propia sobre todo en las Humanidades, pero las Humanidades no llegan a legitimar públicamente las demandas que les son propias) corresponde a una creciente disociación entre la conducción pública de las sociedades y la cuestión universitaria como tal. Mientras esa conducción pública se presenta como una estrategia destinada a la neutralización de factores de riesgo (marginalidad creciente, desocupación laboral, fracaso educativo, etc.), la universidad propende, por su misión relativa a un contexto mayor, a una lectura del presente que no admite sesgos menores.

El poder mundial no puede enarbolar, desde la crisis de las “subprime” en 2008, una perspectiva de superación estratégica de los conflictos, mientras se suscribe bajo un manto de silencio teórico, la tesis de una “crisis permanente”, que se justifica en términos de “factores de riesgo”. La crisis se convierte, bajo la coartada de “riesgo” en lo que Dardot y Laval denominan “La crisis como forma de gobierno”.8 Esta substitución de la crisis por el riesgo supone, asimismo, la supeditación de la crítica al procedimentalismo tecnológico, con el consiguiente asedio a la misión crítica de la universidad -mandatada, valga la expresión desgastada, por su “ADN”.

El asedio tecnocrático de la universidad sigue dos vías diferentes y complementarias:

-la constitución de un mercado de conocimientos, vinculado al ámbito de las “publicaciones reconocidas y de impacto”, cuyo lema es “publicas o mueres”, con el sobreentendido de “publicas donde yo hago vivir”.9

-por otro lado asoman las agencias gubernamentales, que pretenden articular las actuaciones universitarias con las dinámicas empresariales, particularmente a través de las orientaciones de “innovación” y “competitividad”.10

En cuanto ese asedio a las universidades esgrime un criterio de eficacia tecno-económica, el horizonte que se promueve no es el de una crítica capaz de fundar una alternativa, sino la adaptación a índices de riesgo que pudieran afectar el equilibrio público, equilibrio que viene a ser entendido desde el parámetro económicamente reductor y socialmente letal de la eficacia empresarial.


Una facultad en riesgo de crítica


Difícilmente vinculables a una facturación de índices de riesgo, las Humanidades no corren otro riesgo que el de abandonar la crítica. En universidades cada vez más asediadas por un planteo de competitividad miope, que las catástrofes neoliberales -hoy instaladas en el vecindario argentino y mañana en el brasileño- no dejan de ilustrar a repetición, la crítica no puede transitar por una conducción pública orquestada desde la propia globalización (FMI, Banco Mundial, OCDE, G20, etc. mediante). Por esa razón toda crítica debe intervenir desde el conflicto, ya que de lo contrario arriesga someterse a la neutralización tecno-empresarial que la reduce al riesgo. Lo mismo sucede, más allá de la actividad crítica, con la universidad como tal, como lo demuestra fehacientemente el creciente número de iniciativas universitarias que ingresan, por sus propios fueros académicos, entre las actuaciones públicas, sin recibir el dudoso sacramento de “políticas de Estado”.

Puesta en medio del conflicto público pese a un irreprochable comportamiento institucional, la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación parece llamada a abandonar un riesgo fatal: el abandono de la crítica.


1Vandalizaron local de la Facultad de Humanidades: “Fuego al patriarcado”, El Observador, (23/11/18) https://www.elobservador.com.uy/nota/vandalizaron-local-de-la-facultad-de-humanidades-fuego-al-patriarcado--2018112314942
2“Uruguay: marcha del silencio contar la impunidad”, Red latina sin fronteras (15/05/16) https://redlatinasinfronteras.wordpress.com/2016/05/15/uruguay-marcha-del-silencio-contra-la-impunidad/
38M.Universidad abordará problemas vinculados al género desde perspectiva de derechos”, CSE, (8/03/17) http://www.cse.udelar.edu.uy/2017/03/08/8m-universidad-abordara-problemas-vinculados-al-genero-desde-perspectiva-de-derechos/
4Respecto al sentido de conjunto de estas expresiones, ver en este blog “Dique Mauá: el dique del contragobierno” https://ricardoviscardi.blogspot.com/2018/10/diquemaua-el-dique-del-contragobierno-1a.html
5 Petición de restauración y restitución del monumento dedicado a Isidore Ducasse, Jules Laforgue y Jules Supervielle”. Recuperado de: http://entre-dos.org/peticion/?fbclid=IwAR2pJUGxyg8IZGFc6KE7mjsKEXv0fPW3dwRlPInFEOHLLgo3nrOhrKteN0M
6Derrida, J. (2001) L'université sans condition, Galilée, Paris, p.12.
7Derrida, J. op.cit. p.19.
8Laval, Ch. Dardot, P. (2016) La pesadilla que no acaba nunca, Gedisa, Barcelona, p.25.
9 Viscardi, R. (2017) "Tecnocracia y control institucional del saber" Revista Humanidades No. 3, FHCE-UdelaR. Recuperado de: https://www.aacademica.org/ricardo.g.viscardi/10.pdf
10 Viscardi, R. (2018) La Universidad de la República (Uruguay) ¿Un ente testigo de la evolución universitaria?” Recuperado de:
http://revistaeducacionypedagogiacesmag.com/ojs/index.php/EDUPE/article/view/9/pdf


31.10.18


Bolsonaro, la bestia y el soberano


1a. quincena noviembre 2018


Verdades obscenas y mentiras de patas cortas: el después puede ser peor


Invitado por mi estimado colega Carlos Ruiz, participé en septiembre de 2015 del “Seminario internacional sobre educación pública y privatización”, organizado por la Universidad de Chile. En calidad de expositor uruguayo, me tocó integrar el panel de apertura del evento. Compartía la mesa con dos colegas, que a su vez provenían del Brasil y la Argentina. La intervención norteña destacó los avances que había significado, para la educación brasileña, el acceso al gobierno del Partido de los Trabajadores, primero en dos períodos de Lula, luego con Dilma Roussef. Aunque las actas del evento no se han publicado, recuerdo de memoria viva que esa colega subrayó los beneficiosos efectos educativos que había significado la “bolsa familia”, distribuida entre los sectores más desfavorecidos. Asimismo puso de relieve la transformación en el acceso a las universidades públicas brasileñas, según una discriminación positiva que beneficiaba a los afrodescendientes.

Por mi lado los ribetes de la exposición fueron muy diferentes. Destaqué como, pese a la significativa participación de la educación pública en el conjunto de los niveles de enseñanza del país, con predominio incuestionable en el plano de la investigación superior, sin olvidar la sinergia con un sector de empresas públicas que generan cerca del 20% del PBI; los sucesivos gobiernos del Frente Amplio se habían afanado en privatizar la educación pública, dando la espalda a las tradiciones laicas y republicanas del Uruguay. Traje a colación las “creaciones institucionales”, desde la “UTEC” hasta el programa “One Laptop per Child” de Nicholas Negroponte -sigilosamente rebautizado por prurito patrio “Plan Ceibal”; en cuanto ponían fondos públicos y misiones educativas en manos de empresas, políticos profesionales y universidades privadas, de forma que se configuraba un proceso de privatización tan solapado como perverso.1

Mi insensibilidad a los climas de los auditorios debe ser mayúscula, ya que imbuido de una verdad tan aplastante en el plano crítico como escrupulosamente exhibida en cifras, proyección mediante, sólo me percaté de cierto desajuste entre mis propósitos y la recepción del nutrido auditorio cuando una colega argentina intervino, desde el público, para aclarar lo que hasta entonces me parecía diáfano. Puedo recordar sus palabras, en términos aproximados, como sigue: “Quizás podamos entender lo que el colega uruguayo dice, si tenemos en cuenta que el presidente Tabaré Vázquez acaba de decretar la esencialidad de servicio público para Magisterio, por la cual se obliga a las maestras en huelga a trabajar bajo amenaza de severas sanciones”. Caí entonces en la cuenta de que mis colegas latinoamericanos allí presentes, salvo algunos solidarizados rostros trasandinos, quizás no habían recibido con el mayor agrado mi denuncia de la privatización de la educación pública, que con talante de promoción progresista, cundía en el Uruguay.

Configura una verdad obscena que compensaciones relativas, por más justas que puntualmente resulten, puedan modificar el destino público, cuando se dispensan bajo la misma estrategia, desde los mismos lugares y con los mismos medios que han generado esa desigualdad. Configura una mentira de patas cortas que propiciar consignas empresariales, que nunca han favorecido la igualdad social, pueda reconocerse como una opción en beneficio de las mayorías. Las verdades obscenas y las mentiras de patas cortas de los “progresismos” pueden llevar a los peores “regresismos”, hoy en Brasil, mañana en el Uruguay.

No llores por mí, Modernidad


El espanto que causa Bolsonaro por sus declaraciones, como ayer Trump o aún antes Le Pen, proviene de la reiteración histórica, con efecto al presente, de una total ausencia de reciprocidad entre el ideal de emancipación popular y la fidelidad pública a ese designio fatal del Progreso. Ese desajuste que ya sacudió la confianza en la racionalidad representativa de las instituciones durante la primera mitad del siglo pasado, dejando una estela de horror bélico con decenas de millones de víctimas, vuelve a repetirse ahora, pero ya no por la vía del asalto putchista a la legalidad o del pogrom antisemita, sino por un delicado y sereno ensobrado de papeleta con destino a la urna electoral. Aparece la musa del sufragio universal violando a vista y paciencia de todos, donde menos se pensaba, las mejores intenciones humanistas. Ante el escándalo moral que cunde (incluso más allá del sentimiento democrático) cuando se vota por el suplicio de los valores republicanos, se registran en el Uruguay reacciones que pueden ordenarse en tres grupos:

a) estamos de nuevo ante la “bestia fascista”.2 La irracionalidad nitzscheana del capitalismo se abate contra los avances históricos del movimiento popular y usa todos los ardides del poder (sólo alcanzamos el gobierno y todo el poder siempre nos fue ajeno) para desencadenar la violencia contra “la izquierda” (que todo sabemos que y/o quien es, antes incluso de querer pensar algo al respecto). Ahora la bestia nazi-fascista se abate por cascadas de whatsapps programados, en modalidad “fake news”, por el capital monopólico internacional.3

Este Megarelato de fuerte inspiración estalinista y significativo arraigo vernáculo, ha encontrado en Bolsonaro un cuco aún más eficaz que “Un solo Uruguay”, o incluso un anatema más contagioso que el repertorio de repudiables atesorado con finalidades “políticamente correctas” (para alivio de más de un demonio conjurado, que ya se veía arder entre las llamas de la hoguera pre-electoral). Mientras salpica de un poco de “antipolítica” y de post-verdad la inverosimilitud del pogrom fascista vía whatsapp (sin dejar de fomentar, a través del Plan Ceibal, la base mediática en la que hace presa la misma “bestia fascista” que se denuncia), esta lectura post-stalinista no deja de mirar de reojo las urnas que espera llenar de miedo dentro de un año. Sería bueno saber, en tiempos de cocción programático-electoral, si la liquidación de la publicidad oficial en los medios de comunicación, o la prohibición, por ejemplo, de los espacios que financia la publicidad de la promitente-inversora UPM en distintos medios (incluso a través de campañas de “responsabilidad social” en el interior del país), se sumarán a la criminalización de la manipulación vía whatsapp y al espantapájaros “antipolítica y post-verdad”.

b) la tradicional mesnada electoralista espera que el viento derechista se arremoline en el Uruguay de la misma forma que en el Brasil y la Argentina. Tras haber hecho fácil presa del “candidato-probeta”4 inventado por la flojera intelectual del mujiquismo (no fue el primero, habrá que ver si será el último), percibe sin embargo que también le tocará pagar la factura mediática “corrupción”, una vez que suene la bocina electoral. De ahí que haya un apronte contra la “anti-política”,5 sobre todo en cuanto “Un solo Uruguay”, del que se esperaba la afiliación a pie-juntillas, declaró de arranque su independencia de toda estructura partidaria. Mientras tanto la promoción de votantes del desengaño retoma sotto-voce todos los temas de Bolsonaro confiando, con total carencia de lucidez, en que las mismas recetas evangelistas contra la violencia y la disolución de las costumbres cundirán asimismo en el Uruguay.

c) la crítica que proviene de los sectores que se aprestan a formular una alternativa al aparato frenteamplista, desde la coalición misma, o incluso desde un campo no necesariamente partidario, hace hincapié en los incumplimientos programáticos, o incluso, en la agresión globalista que supone la promoción de una racionalidad neoliberal y las consiguientes políticas de compensación social, destinadas a paliar el despojo. Se entiende que la postergación económica, la promoción de derechos irrelevantes para las mayorías, o incluso la carencia de apelación a los activos tradicionales de la transformación política, son avizorados por una base social desplazada como otras tantas concesiones a la misma dominación que se prometía combatir. Desde esta perspectiva, se plantea que el giro hacia la derecha de los electorados de los países vecinos, así como el mismo sesgo que se percibe en la opinión pública uruguaya, corresponden a un sentimiento de abandono, que cunde junto con la creciente desigualdad social y tiende a manifestarse como desafección electoral hacia los progresismos latinoamericanos.

Estas tres lecturas comparten, pese a muy diferentes sesgos estratégicos, el supuesto de una organicidad efectiva que vincularía, entre sí, las instituciones públicas de la democracia representativa con la evolución del par costumbres/principios (el habitus) en la población. Convendría recordar lo que dijera Foucault con fina ironía: aparte del poder, sólo existe el contrapoder, que se le opone.6 En una sociedad pautada por la tecnología, donde la condición supérstite del Soberano ha periclitado definitivamente, el poder tiende a hacerse tan ubicuo como los expertos y la población se la toma cada tanto (cuatro o cinco años) con algún monigote que dice ser gobierno. ¿No se advirtió con que rapidez declinan en todo el mundo, pocas semanas después de una elección, los índices de popularidad? Bolsonaro no será una excepción, Mujila o Lujica tampoco lo serían.


Meu Deus de direita


En el mismo año electoral en que se preveía una holgada victoria de Lula en caso de ser candidato, su antónimo ideológico gana las elecciones con la misma holgura que se vaticinaba para el primero. Esto quiere decir que un porcentaje muy significativo del electorado, según algunos alrededor de un 15%, podría haber votado por cualquiera de los polos entre los que se sitúa el espectro político brasileño.7 Si a ello le sumamos la abstención de un 21% del cuerpo electoral, llegamos a alrededor de un 40% de corrimiento imprevisible, al que hay que sumarle el 7% de voto anulado. Cerca de la mitad del electorado brasileño se ubica fuera del espectro ideológico del contexto político, lo que quiere decir que el sistema de partidos es inexistente como tal, en cuanto no cumple su función primordial, a saber, la orientación ideológica de la población. Sin duda ese espectro partidario del Brasil no es trasladable a muchos otros contextos, pero sí es comparable ese grado de labilidad ideológica con relación a otros países.

Por esa misma falencia democrática en la que podría abundarse analíticamente,8 Brasil muestra hoy al mundo el mejor ejemplo de la decadencia de la representación institucional (más allá sobre todo, de la función particular de la democracia representativa). Si se compara la versatilidad camaleónica de las afiliaciones ideológicas norteñas, incluso en relación a un contexto de baja densidad ideológica como los EEUU, se advertirá la diferencia con el “voto vergonzante a Trump”. Mientras de su propia confesión las encuestas fallaron en los EEUU porque, entre los muchos desencantados, eran legión los desocupados que no osaban declarar que votaban al íncubo republicano, en Brasil las encuestadores no toparon contra pruritos ideológicos que falsaran los datos recogidos. Convendría recordar que en Francia el centro-derecha y la izquierda se unieron en su momento ante la amenaza que representaba Le Pen: exactamente lo contrario de lo que acaba de ocurrir en Brasil, donde la macro-miríada de partidos que compone el parlamento apostó simplemente al que se perfilaba claro ganador.

En cuanto el sistema político incorpora al conjunto de las instituciones públicas, colocándolas bajo instrucción ideológica partidaria, el Brasil padece una configuración política fallida. Esta falencia democrática es histórica y se pone de relieve tanto en el vertiginoso y masivo pasaje de los políticos profesionales de un partido a otro, como en el altísimo grado de corrupción institucional, o en los estamentos confesionales dentro de los partidos. Esta inestabilidad democrática explica el prestigio que adquieren instituciones de relativa consistencia corporativa, como las Fuerzas Armadas y las distintas iglesias, a las que convendría agregar algunas empresas mediáticas. Por encima de estos escasos pero sólidos pilares pervive el Estado Federativo, heredero de la tradición imperial.

Los imperios no son, por fuerza de su índole, democráticos. Brasil pudo conservar una unidad que el resto de América Latina perdió, a costa de sacrificar la democracia en el altar de la soberanía imperial. Toda soberanía se funda en el precepto teológico de un principio único e indivisible, en el que Derrida vio la doble faz consecutiva de la bestia y el soberano.9 Cuando por detrás de la Soberanía protectora que hoy reclama el pueblo brasileño, asome la inevitable ferocidad de la bestia, cundirá desde el llano el recurso al contragobierno.



1Viscardi, R. (2018). La Universidad de la República (Uruguay) ¿Un ente testigo de la evolución universitaria?. Revista Electrónica de Educación y Pedagogía, 2 (2) 26-37. Recuperado de https://www.aacademica.org/ricardo.g.viscardi/12.pdf
2Miranda sobre Brasil: no se trata de la derecha, es el fascismo que se instala al lado” El Observador (28/10/18) https://www.elobservador.com.uy/nota/miranda-sobre-brasil-es-el-fascismo-el-que-se-instala-al-lado--20181027204430
3Fornaro, M. “La campaña sucia de Bolsonaro”. Recuperado de https://www.facebook.com/100012887768741/videos/560011931105061/
4Ver en este blog “Raúl Sendic en el nombre del padre: el grado cero del candidato-probeta” https://ricardoviscardi.blogspot.com/2017/09/raulsendic-en-el-nombre-del-padre-el.html
5 Jornadas de formación del IBO: “A la antipolítica le decimos: más política”, dijo Peña” La Diaria (29/10/18) https://ladiaria.com.uy/articulo/2018/10/jornadas-de-formacion-del-ibo-a-la-antipolitica-le-decimos-mas-politica-dijo-pena/
6Las confesiones de Michel Foucault” (reportaje de Roger-Pol Droit trauducido por J. Palma), en Taciturno. Recuperado de:http://www.taciturno.be/IMG/pdf/entrevista_foucault.pdf
7Lula aparecía en las primeras encuestas con un 40% del electorado, ver Calvo, J. “Bolsonaro y la perplejidad” La Diaria, (17/10/18) https://ladiaria.com.uy/articulo/2018/10/bolsonaro-y-la-perplejidad/
8Piketty, Th. “Brésil: la Première République menacée » Le Monde (16/10/18) http://piketty.blog.lemonde.fr/2018/10/16/bresil-la-1ere-republique-menacee/
9Derrida, J. (2010) Seminario La bestia y el soberano, Manantial, Buenos Aires.

8.10.18


Dique Mauá: el dique del contragobierno

1a. quincena, octubre de 2018


Festejos, antecedentes y preguntas


En un grupo que se opone a la instalación de la transnacional UPM sobre el Río Negro con una 2a. pastera, se festejaba el fracaso del proyecto empresista de instalar una terminal propia de la empresa Buquebús en el actual emplazamiento del Dique Mauá, en una de las zonas más frecuentadas y populares del paseo emblemático de los montevideanos: la rambla marítima. La espontaneidad del festejo levanta una serie de preguntas:

¿qué tienen en común la instalación de una terminal portuaria y la de una usina de pasta de papel (“pastera”)? ¿Cómo se puede generar un sentimiento de compartir el mismo camino entre grupos sin conexión entre sí? ¨¿Por qué se festeja como una victoria que el Frente Amplio, cuyo gobierno apoyó el proyecto y sus representantes lo votaron en el Senado, aparezca ahora vetándolo de hecho? ¿Se manifiesta una condición política desconocida hasta el presente?

La cuestión de la estatalidad

En un reportaje publicado en el Semanario Brecha,1 Pierre Dardot, académico francés de visita en nuestro país, señala el vínculo entre el proyecto de López Mena para el Dique Mauá y la posición que procura, en vez de la enajenación del predio tal como lo pretendía el empresario, la concesión estatal a la misma empresa. Todo el reportaje se dedica, en efecto, a cuestionar la perspectiva según la cual la propiedad estatal sería una estrategia suficiente para hacer frente al neoliberalismo, que a su vez, no es presentado por Dardot como una escuela económica, sino como un habitus que gana terreno en las sociedades actuales. Se infiere de lo anterior, que la estatalidad también puede reproducir el neoliberalismo, no sólo como línea de conducción económica, sino ante todo como sensibilidad pública predominante. Lo interesante de la apreciación que Dardot dedica al proyecto de enajenación empresarial del Dique Mauá, consiste en que destaca, más allá de la diferencia entre neoliberales y estatistas, un tercer sector, que se diferencia por igual de unos y otros:

Escuché sobre esta historia en Montevideo, del dique Mauá sobre el Río de la Plata, en Montevideo, con López Mena. Es interesante, porque de un lado se colocan los que están a favor de la privatización completa, del otro una parte de la izquierda que dice “privatización no, concesión”, porque con la concesión queda en el Estado. Esto es totalmente ilusorio. También hay gente del lugar que no quiere ni privatización ni concesión. Pero muchos no los escuchan, porque la izquierda está prisionera. Y así está una gran parte de la izquierda mundial”.

Esto hace pensar que “una gran parte de la izquierda mundial” tampoco escucharía a quienes piensan que el Dique Mauá no se debe privatizar ni licitar por el Estado, sino que se debe contragobernar. Sobre todo en cuanto Dardot señala que “Podemos está normalizándose, deviniendo un partido como los demás”. Quienes festejan desde otras luchas paralelas (por ejemplo contra una segunda pastera de UPM en el Uruguay) la victoria sobre el empresismo que se abatía, ante todo desde el propio gobierno uruguayo, sobre el Dique Mauá, quizás no sólo se encuentren dentro de las fronteras del Uruguay. Seguramente Dardot es uno de ellos, pero sobre todo, pareciera que “ellos” representan una sensibilidad que desde Seattle, pasando por Indignados, Occupy Wall Street y La Nuit Debout, marca una tendencia mundial.

La cuestión del sistema de partidos


Un aspecto por demás esclarecedor, es que el sistema de partidos “corrige” sus actuaciones según el humor de la opinión pública, afirmación que en este caso viene a ser refrendada, de forma por demás elocuente, por el Frente Amplio. Uno de los miembros de la Mesa Política del Frente Amplio declara a la prensa que ese organismo es políticamente superior a la bancada de la misma fuerza política, lo que a su entender señala, a las claras, que esta última no votará en Diputados el proyecto que la misma bancada parlamentaria sin embargo votó, poco antes, en el Senado. Llama poderosamente la atención que la misma Mesa Política no haya considerado el proyecto con los mismos ojos en dos instancias diferentes de un único trayecto parlamentario. Tal avistamiento de la dificultad antes de la sanción definitiva no puede provenir, por lo tanto, sino del movimiento de opinión que generó la movilización de vecinos auspiciada, en una medida significativa, por académicos de la Universidad de la República que se opusieron firmemente al proyecto.2 No es la primera vez en nuestro país que la fuerza de la opinión pública se impone a la conducción partidaria y le marca el rumbo.

Tabaré Vázquez declaró en momentos de la visita de George Bush, ya en las postrimerías de su primer mandato,  que la propuesta de un TLC con EEUU era uno de esos trenes que pasa una sola vez. En esa oportunidad el convoy pasó de largo, ya que el movimiento de opinión pública en contra del tratado entre el gato y el ratón logró sacar de vías lo que parecía una locomotora a toda marcha.3

Curiosamente el reportaje que le hace Brecha a Dardot no cuestiona, sino elípticamente a través de las expresiones del entrevistado, el rol del sistema de partidos en la entronización gubernamental del neoliberalismo. En un libro reciente publicado por el mismo Dardot en coautoría con Christian Laval,4 los autores condenan sin embargo, de forma inapelable al sistema de partidos (izquierda, centro y derecha por igual) como lo co-autores de “La pesadilla que no acaba nunca” (la subjetividad neoliberal). Para no citar sino algunos pasajes, se pueden considerar los siguientes:

La gravísima crisis que hoy afecta a la llamada “democracia representativa” se debe a la conjunción de un vicio estructural, el de la profesionalización de la política o “caciquismo”, con los efectos de una lógica neoliberal contraria a la gran mayoría de la población”,5 “Y la izquierda, que hay que calificar de derechas forma parte de ello plenamente”6 o incluso, “Nuestra situación nos impone el cuestionamiento radical de la lógica misma de la representación política, y esto hay que hacerlo en primer lugar mediante la elaboración de un proyecto alternativo”7.

Pareciera entonces que “la izquierda de derechas” (o la derecha de izquierdas), lejos de ser un mal uruguayo, corresponde a un presente mundial al que sólo le puede poner dique, como se demostró en el Dique Mauá, el contragobierno.


La cuestión de la comunicación


La misma vigencia de los movimientos de opinión pública, en su capacidad para oponerse al naufragio de los estados-nación en la racionalidad neoliberal, lleva a considerar la cuestión de los medios de comunicación desde el punto de la mera eficacia. Incluso la significación empresarial que ganan en algunos casos, conlleva cierta tecnofobia que también lleva, sin más, a asimilar la cuestión mediática a las estrategias empresariales más voraces. Se olvida en esa perspectiva meramente instrumental de la comunicación, que la mediación es el elemento clave del vínculo social, incluso desde el medioevo cristiano.8 Nuestra socialidad está constituida por una cultura de la mediación y los medios de comunicación, aunque no sólo cumplan ingenuamente cometidos emancipatorios, también han permitido, tecnología mediante, que el terreno institucional gobernado desde el poder soberano (desde la propia noción de soberanía, asimismo tributaria de la cultura de la mediación) esté hoy a la merced, en muchos casos, de la movilización en red (y en red de redes). Pensando la sociedad como red, Foucault sostuvo que “lo más imposible se vuelve lo necesario”.9 Por más improbable que parezca el vínculo entre la comunicación y el contragobierno, por esa vía cundió la necesidad de sumarle otro dique al Dique Mauá.



1Dardot, P. “Una pelea larga” (entrevista de G. Delacoste), Brecha (28/09/2018) Montevideo, pp.10-12.
2Gran apoyo a movilización contra terminal de Buquebús en Dique Mauá”, Ecos. Recuperado de: http://ecos.la/UY/13/Sociedad/2018/08/03/25637/gran-apoyo-a-movilizacion-contra-terminal-de-buquebus-en-dique-maua/
3 Viscardi, R. “Darse el tiempo de encallar. Tecnología, celulosa y soberanía en el Río (Uruguay) del Otro” (2008) F@ro 6. Recuperado de: http://web.upla.cl/revistafaro/03_estudios/06_index.htm (Recientemente H. Sarthou aludió, en idéntido sentido, a esa movilización en su columna “Indisciplina partidaria” en el semanario Voces.
4Laval, Ch., Dardot, P. (2017) La pesadilla que no acaba nunca, Gedisa, Barcelona.
5Laval, Ch., Dardot, P., op.cit., pp. 131-132.
6Laval, Ch., Dardot, P., op.cit., p. 151.
7Laval, Ch., Dardot, P., op.cit., pp. 159-160.
8Respecto a la actualidad de la mediación, ver en este blog “Globalitarismo: un “ismo” innecesario” https://ricardoviscardi.blogspot.com/2018/09/globalitarismo-un-ismo-innecesario-2a.html
9Las confesiones de Michel Foucault” (reportaje de Roger-Pol Droit trauducido por J. Palma), en Taciturno. Recuperado de: http://www.taciturno.be/IMG/pdf/entrevista_foucault.pdf

29.7.18


Nicaragua: un agua que se ha de beber, a 50 años del 68'


1a. quincena, agosto 2018



El 68' de la revolución cubana


El discurso que pronunció Fidel Castro en 1968 con oportunidad de la invasión de Checoslovaquia por el Pacto de Varsovia incluía, junto con la justificación estratégica del desmán soviético, una pregunta acerca del sí mismo revolucionario:

"¿Podría concebirse, señores, que al cabo de veinte años de comunismo en nuestro país, de Revolución comunista, de Revolución socialista, pudiera darse bajo ningún concepto la circunstancia de que un grupo de honestos revolucionarios en este país, aterrorizados por las perspectivas de un avance o, mejor dicho, un retroceso hacia los posiciones contrarrevolucionarias y hacia el imperialismo, se vieran en la necesidad de solicitar la ayuda de ejércitos amigos para impedir que tal situación ocurriera?"1

Esta pregunta expresaba la inscripción del sentimiento en el fundamento político, incorporación subjetiva propia a la política en la modernidad. Tal registro difiere notablemente de la sucesión lógica entre democracia y socialismo, que imbuído de una racionalidad igualmente moderna, pero de cuño sistemático, reivindicaba Lenin cuando sostenía:

“Quien quiera ir al socialismo por otro camino que no sea el de la democracia política, llegará infaliblemente a conclusiones absurdas y reaccionarias, tanto en el sentido económico como en el político”2

Mientras el planteo de Lenin se fundaba en la noción de una secuencia histórica efectiva y necesaria, la pregunta de Fidel Castro acerca del destino de la revolución anclaba en el sentimiento social. Tal como lo expresa la literatura romántica, incluso desde las guerras civiles que pautaron el período que seguiría a la independencia de los países latinoamericanos, toda representación gobernada por la libertad humana incorpora el sentimiento y pauta tanto el carácter emancipado de las letras como el carácter liberador de la política.

Tal sujeto surge, a su vez, como efecto de una ambivalencia que determina sus condiciones de posibilidad, se diría, “históricas”, si no fuera porque la propia noción de “historia” es tributaria de un “sujeto histórico”, cuya genealogía no es otra que la del “sujeto popular”, el “sujeto revolucionario” y el “sujeto literario”. El vínculo entre política y literatura es uno de los rasgos latinoamericanos más distintivos, del Martín Fierro (por la consignación social) a Martí (por la militancia política), o desde el modernismo (Rubén Darío) hasta la literatura del Boom Latinoamericano de los 60' (García Márquez, entre otros).


No llores por la piedad, Nicaragua


La cuestión democrática ancla en la cuestión de la conciencia porque el fuero íntimo se concibe como constitutivo del sujeto humano y núcleo rector de la condición ciudadana que Foucault denominó “biopolítica”. Conviene recordar que los estamentos post-medievales llegan a esa reversión del sujeto divino en conciencia ciudadana, siempre según Foucault, a partir de una transferencia desde el “biopoder”, o sea, invirtiendo el derecho divino que asistía al monarca absoluto para justificar la totalización (de la suma) del poder.3 Esta relación entre el monarca y el Orden se encuentra magistralmente estampada, en tanto que representación, en la tela de Velázquez “Las Meninas”, ante la cual, quien contempla el reflejo del rey en el espejo se encuentra, ipso facto, en el lugar donde el soberano posaba para el pintor. Pero el rey "en presencia" no forma parte de la escena pintada, al igual que el espectador, convertidos en sujetos invisibles que sostienen la representación que se mira.4 El lugar del rey y el lugar del ciudadano coinciden en cada sujeto, para sostener en esa medida, aunque sin incorporarla, la representación en acto.

Esta reversibilidad es la que un título reciente del argentino Fabián Campagne, "Profetas en ninguna tierra", establece entre la Iglesia Católica y la Ilustración desde fines del siglo XVIII, es decir desde la plena Modernidad, en cuanto la institución eclesial llega a adoptar las pautas de inteligencia de la Ilustración. Lejos de corresponder a una casuística o a la mera coyuntura, esa reversión protagonizada desde la propia matriz (católica-romana) de la institucionalidad , manifiesta que la reversibilidad -y sobre todo del poder, tal como sucede hoy en Nicaragua- es la pauta definitoria de la institucionalidad occidental.5

La reversión del sentido no supone, mal que nos pese, la eliminación del sentido, ni para la monarquía absoluta, ni para la revolución democrática. La necesidad del sentido supone la verdad de la referencia, o sea, un vínculo sin fisuras entre el sujeto enunciador, la significación de su enunciado y el objeto de referencia. La “voluta de la representación” clausura el conocimiento en aras de la propia formulación que incorpora. Esta totalización corresponde, justamente, a la filosofía romántica, expresada por Hegel en la fórmula “Todo lo real es racional y todo lo racional es real”.6 Nada escapa, desde un punto de vista moderno, a la posibilidad de una totalización del sentido. Esta totalización del sentido es propiamente la condición de posibilidad del totalitarismo.


La cuestión democrática del 68'


Todas las corrientes de pensamiento que confluyen en el movimiento del 68' comparten como designio principal pergeñar una alternativa al totalitarismo, trágicamente ejemplificado por los regímenes nazi-fascistas y tal como se reveló poco más tarde, en el correr de los años 50' a través de los “juicios de Moscú”, por el estalinismo. Hacia los años 60' los pensadores de la Escuela de Francfort o incluso la lectura humanista del marxismo apelaban, como principal recurso dialéctico, a una reivindicación de la conciencia como condición de posibilidad de una transformación social sin exterminio de la libertad.

La alternativa no provino, sin embargo, del ámbito de una conciencia plena. Una vez gobernada por la integridad del sí mismo, toda conciencia queda tan clausurada como “la voluta de la representación” que se cierra en Las Meninas, entre el espejo que pinta un rey reflejado en su luna y el lugar del rey efectivo que ocupa cualquier ciudadano espectador. Al lugar que el rey ocupa en la tela siempre se contrapone, por lo tanto, un exterior y la forma divisada no es sino efecto del gesto que la pinta, incluso a partir de la mirada de Velázquez desde su propia tela (en "Las Meninas" el pintor integra la escena pintada). Todo sentido no llega a ser, escrito o leído, más que efecto del discurso de cada quien, tan incontinente como habilitante de sentido.

La “irracionalidad” de la sublevación en una sociedad de consumo se articuló, en los años 60', con el “giro lingüístico” del pensamiento, que explicaba la realidad social como un “efecto de sentido” del discurso. Desde entonces el sentido se diseminaba en la inabarcable multiplicidad de las situaciones de enunciación, dando lugar a una “democracia de enunciaciones”, irreductible a una totalización racional. En esta perspectiva se abre paso la concepción de un equilibrio público sustentado en la diferenciación con la soberanía estatal y por contraposición a la gubernamentalidad normativa, alternativa que encarnaron primero los movimientos sociales y que se continúa, entrado el siglo XXI, a través de las sinergias de movilización en redes. No en vano al día de hoy se repudia con tanto encono la “antipolítica”, supuesta agencia de disolución social y genuina expresión del espanto que inspira, entre sus validos, la caducidad de las instituciones de Estado.7


Nicaragua, un agua de la que se ha vuelto a beber


Supuestamente contrapuesto al nacionalismo en razón de la universalidad de su formulación, el socialismo ha terminado por subordinarse a las estrategias nacionales. Esta reversión del socialismo ha sido particularmente notoria en América Latina, donde el “revisionismo histórico” ha reivindicado una estrategia de “liberación nacional” sustentada en una movilización política de carácter antiimperialista y por consiguiente, de base nacional. Esta tendencia historiográfica cuyo principal representante ha sido Jorge Abelardo Ramos,8 ha estado particularmente presente en el Uruguay, donde inspiró en particular, la lectura del contexto estratégico de los años 50’ por parte de los fundadores del MLN. Pero el conjunto de la coyuntura así lo reclamaba por entonces, a través del planteamiento de un “socialismo nacional” de Vivián Trías, mientras Rodney Arismendi reconvierte la estrategia del Partido Comunista en función de una perspectiva de corte nacional.9 El elemento clave de este contexto es sin duda el planteo de “el desarrollo del socialismo en un solo país” (la URSS), no por las dimensiones que alcanzó aquel Estado, sino porque se convierte en el emblema de la subordinación estratégica de la transformación histórica al nacionalismo.

Detrás de la propia noción de Historia que se desarrolla, en el planteo moderno, bajo el criterio del Progreso, o sea protagonizada por una condición que preserva un norte necesario, se encuentra la noción de Sujeto y esta porta, sobre todo imbuida de una fatalidad objetiva de las etapas (signadas por una esencia de relaciones objetivas), la totalización de un Sujeto confinado en su propia “Voluta de la Representación”.

En latinoamérica hemos asistido a la claudicación de los progresismos, emanación de la modernidad en versión socialdemócrata, disueltos como un terrón del azúcar en el agua del economicismo neoliberal. En tiempos de tecnología mundializada por los “nuevos medios” de comunicación, “la representación” se convierte en una burbuja mediática emitida a distancia. Significativamente, las banderas de la lucha incondicional se sostienen hoy en los contextos más alejados de la racionalidad de Estado: entre los indigenismos, con base en los movimientos sociales y a través de movilizaciones de redes.

No sorprende en este contexto que la expresión partidocrática que refleja el Foro de San Pablo haya recurrido a la operación estalinista de descubrir en cada opositor nicaragüense un agente encubierto del imperialismo,10 ni que los socialdemócratas lloren lágrimas de cocodrilo por un derecho a las libertades que hoy en América Latina, como ayer en Europa, rematan al mejor postor.11 Unos y otros son, fueron o serán “progresistas”, es decir, titulares de un “Orden” que siempre se quiere “nuevo”, pero que el neoliberalismo ya disolvió en la totalización mercadocrática de la sociedad.

Más allá de las lamentables tomas de posición sobre Nicaragua a las que hemos asistido en estos últimos días, conviene tener en cuenta que la celebración del aniversario de 50' años del 68' en el Uruguay se caracterizó por la referencia a los “años de plomo y de sangre” y por la consabida “diferenciación con el mayo francés”. Ni una palabra sobre la cuestión del totalitarismo, no este o aquel, sino del totalitarismo que implica la secularización de la soberanía de derecho divino en conciencia del sujeto moderno.

La inscripción antiimperialista del sujeto latinoamericano no lo exime del núcleo totalitario de un principio rector del sentido. La lucha social de un sujeto emancipado no deja de involucrarlo en un principio totalizador de la racionalidad. Por allí, tanto como por aquí, hace agua la democracia en Nicaragua.



1“Fragmentos del discurso de FidelCastro ” RuinasDigitales. Recuperado de: http://www.ruinasdigitales.com/cristianismoyrevolucion/cyrfragmentosdeldiscursodefidelcastro1010/ (acceso el 27/07/18)
2 Lenin, V.I., Dos Tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática, Editorial Progreso, Moscú, p. 490.
3Pese a las dificultades que plantea la traducción conviene, sobre la concepción del poder en Foucault (frecuentemente malinterpretada) ver “Las confesiones de Michel Focault” (entrevista de R-Pol Droit). Recuperado de: http://www.taciturno.be/IMG/pdf/entrevista_foucault.pdf
4Foucault, M. (1968) Las palabras y las cosas, Siglo XXI, Buenos Aires, pp.24-25.
5Viscardi, R. (2017). Tecnocracia y control institucional del saber. Humanidades. Revista de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, No. 3, 71-84. Recuperado de: https://www.aacademica.org/ricardo.g.viscardi/10.pdf
6 Hegel, W. (2011) Principios de Filosofía del Derecho, RandomHouseMonadori, Argentina, p. 20. Recuperado de: http://argentina.elmilitante.org/teora-othermenu-54/6845-2015-04-14-21-57-00.html
7 Ver Otheguy, M. “Democracia y Redes Sociales”, La Diaria. Recuperado de: https://ladiaria.com.uy/articulo/2018/6/democracia-y-redes-sociales/
9Arismendi, R. “Lenin, la revolución y América Latina”. Recuperado de: https://www.marxists.org/espanol/arismendi/lenin-rev-amer-latina.pdf
10Ver hacia el final de la declaración la definición sobre Nicaragua Declaración del XXIV encuentro del Foro de San Pablo, Radiomundo1170Am (19/07/18) https://www.enperspectiva.net/documentos/declaracion-del-xxiv-encuentro-del-foro-san-pablo/
11“Miranda desmarca al FA de declaración del Foro de San Pablo sobre Nicaragua” La República (19/07/18) http://republica.com.uy/miranda-desmarca-al-fa-de-declaracion-del-foro-de-san-pablo-sobre-nicaragua-id666599/