15.9.17

Raúl Sendic en el nombre del padre: el grado cero del candidato-probeta

2a. quincena, setiembre 2017


El Tiro Suizo


En julio de 1963 un grupo encabezado por Raúl Sendic ingresa en el local del club deportivo “El Tiro Suizo” y sustrae armas largas que no contaban con cerrojo.1 Esta acción inicia el camino de la lucha armada en el Uruguay y marca un período histórico que todavía sigue inconcluso. No sólo las desapariciones forzadas de militantes bajo el terrorismo de Estado, sino incluso las violaciones de la legalidad democrática relativamente restaurada en 1985, se prolongan mutatis mutandis hasta el presente. En los últimos días un grupo de responsables militares citados por una comisión investigadora, en razón del espionaje a responsables políticos bajo la post-democracia,2 no se presentó a la citación parlamentaria.

Pese a esa significación histórica la acción de “El Tiro Suizo” no tuvo consecuencias relevantes por sí misma, desde el momento que las armas no eran inmediatamente utilizables, por faltar parte del mecanismo. Incluso en el relato de transmisión interna dentro del Penal de Punta Carretas, los tupamaros consideraban a este momento fundacional como “el período del fierrito”, más cercano a la recuperación de material de desecho que a la acción directa. La significación de “El Tiro Suizo” no proviene, por lo tanto, de la trascendencia militar, sino de la intención política.

Resulta revelador de esa significación política que Amodio Pérez, militante del MLN que luego negociara su libertad con los militares golpistas, haya afirmado que las mejores acciones militares de esa organización fueron de su autoría, mientras a su juicio Sendic carecía de calidades ejecutivas. Si Sendic careciera de la virtud militar al grado que lo afirma Amodio, tal defecto destacaría superlativamente que simbolizó un levantamiento idiosincrático contra el status quo político de su tiempo (el fin del “estado de binestar” uruguayo). Mirado desde el presente, ese pasado es reivindicado por tirios y troyanos como ejemplo de estabilidad institucional.

Desde una instrucción ideológica que pretende restaurar aquel nirvana público hasta ahora perdido, se explica el conjunto de reacciones ante la crisis de credibilidad política que promovió, tanto desde dentro como desde fuera del partido de gobierno, la renuncia del hijo del fundador del MLN. Cierta liturgia institucional rayana con la obsesión lleva a la oposición conservadora , ante la renuncia de Raúl Sendic hijo al cargo de vicepresidente, a lamentar una supuesta lesión sufrida por las instituciones.3 La renuncia en cuestión no sigue a ningún laudo de Estado (ni parlamentario ni judicial), sino que obedece a la propia campaña mediática instrumentada por quienes se lamentan ahora, a lo Poncio Pilatos, del efecto político que indujeron concienzudamente. Siempre obediente al contexto polémico que marca la oposición, el gobierno (del partido de gobierno ) se apresuró a afirmar que no existió ninguna crisis institucional como consecuencia de la renuncia del vicepresidente.

Oponiéndose a tantas vestiduras desgarradas por fariseos de distinto cuño, reviste indudable coherencia, si se reivindica la perspectiva institucional formal, la posición del nacionalista Iturralde,4 único en sostener que no debiera ser aceptada la renuncia del vicepresidente hasta que no se cumplieran las formalidades de un juicio político. Quizás este solitario diputado esté marcando el debe ético que se intenta disimular con tanta moralina institucionalista: haber evitado imputar a José Mujica, cuando era procesado su ministro de economía y el presidente del Banco República, incluso cuando la propia declaración del presidente asumía su responsabilidad personal ante el enjuiciamiento de su gobierno. Otro tanto podría decirse del juicio político a Jorge Batlle, pundonorosamente evitado por el actual partido de gobierno, con la tierna excusa de no empeorar la crisis, por cierto grave, que atravesaba por entonces el Uruguay. ¿Qué decir de Luis Lacalle Herrera, presidente bajo cuyo ejercicio actuara el ministro de economía Braga, quien corrió la misma suerte de chivo expiatorio?

En el Uruguay se administra la desigualdad bajo forma de recaudo institucional del poder, sin otra significación que la disimulación política de un estado de cosas público. Tan o más revelador se presenta, desde esta perspectiva, el procedimiento seguido por la Asamblea General para designar la nueva vicepresidencia tras la renuncia del Sendic, signado por el pacto inter-partidario de silencio en torno al tema. Este pacto determinó que la sesión parlamentaria destinada a designar reemplazante, no durara sino 90 segundos, brevedad y sigilo que contrastan singularmente con la prolongada farándula del escándalo mediático protagonizado por tirios y troyanos.5 Los partidos y las instituciones de Estado son para las cosas serias, la comunicación y el común para el bochorno.

La creciente dificultad de la partidocracia uruguaya para disimular el pacto inter-partidario lleva a cambiar la liturgia de Estado, para que oculte un poco mejor las circunstancias públicas y habilita a preguntarse ¿que silencio institucional teme hablar del nombre del padre de Raúl Sendic, inhábil ejecutor de una rebelión de armas inútiles?


En el principio fue Frankestein


La obsesión institucional del poder en Uruguay no es ni artificial ni antojadiza. Obedece a la propia génesis de una nación determinada por un pacto internacional. Es difícil sostener la viabilidad de algo inventado para impedir el conflicto entre terceros, por más que la condición propia no haya sido gratuita ni irrelevante en la región. Las formas de participación uruguayas fueron decantando junto con la entidad nacional, que la modernidad vinculó a la delegación representativa en el Estado. Esta conjunción entre la institucionalidad y la significación comunitaria de las colectividades partidarias permitió sintetizar, aún signado por conflictos e influjos internacionales, el Estado-nación y su proyección orgánica en un país, con el sentido de una integración idiosincrática propia.

Los equilibrios internos de los estados-nación se desbarataron paulatinamente después de la 2a. Guerra Mundial, no en razón de un conflicto entre sistemas sociales, tal como se lo sostuvo hasta la caída del muro de Berlín, sino en razón de la injerencia estratégica de la tecnología, inicialmente a través de la disuasión nuclear. La primera gran revuelta contra la hegemonía de bloques propia de la Guerra Fría ya está pautada, en los años 60' por la denuncia del aparato militar-político-económico, presentado por la Escuela de Francfort como base de la dominación social. La ciencia y la técnica como ideología es un título de Habermas que data del año 1968. En 1977 Foucault publica Verdad y Poder, donde sostiene que el “intelectual universal” -es decir “orgánico”, ha sido suplantado por el “intelectual específico” y lo ejemplifica en Oppenheimer.6 La modernidad sustentada en la secularización de la soberanía teológica como soberanía popular, para articular la organicidad del todo social toca a su fin y se abre la era de los post-(moderno, analítico, estructuralista).

Este fin de la modernidad señala el fin de la partidocracia pergeñada por el Estado-nación uruguayo, como el fin de cualquier otro Estado-nación con pretensiones orgánicas. Recientemente de visita en Montevideo Chomsky señaló que la actual pujanza de las empresas multinacionales no significaba una nueva aurora de EEUU, sino precisamente el fin de su poderío nacional, desde el momento que ese desarrollo empresarial se sostiene tentacularmente a través del globo.7 El propio Trump ejemplifica ese fracaso del estamento partidario, en cuanto su triunfo marcó asimismo el fracaso de la “corrección política”.

Por su génesis histórica anclada en la elaboración de una entidad nacional propia, que es el efecto de la lucha partidaria antes que de la magnitud geopolítica, la partidocracia uruguaya ha querido creer que el declinar de los estados-nación no conllevaría su ocaso. Esta credulidad en medio de los signos más adversos -pensemos en el conflicto “binacional” con Argentina que sigue a la instalación de la multinacional Botnia- tiene una traducción en el descreimiento generalizado en la representación partidaria y el ocaso de la militancia de base, ambos fenómenos atados a la idiosincracia promovida por los “nuevos medios”, articuladores efectivos de la vinculación colectiva.

Ya en los años 90', la pregunta predominante en los círculos de ciencia política era porqué un político se vendía como un dentífrico. Con el advenimiento del Frente Amplio a las mayorías electorales, se abre la era del “candidato-probeta”, cuya racionalidad política se encuentra signada por el personaje de Frankestein.8 Es natural que la izquierda nacional, que aquí como en todo el mundo, desciende del movimiento de corrección socialista del liberalismo, exprese de forma aún más radical la creencia moderna. La misión positivista se ve destinada a suplantar un orden religioso por un orden laico, para alcanzar de aquí en adelante una salvación igualmente eterna, pero terrena.

Como lo señalara tan acertadamente Foucault, para la historia moderna -es decir la que desciende de la Revolución Francesa, “el tiempo se concibe en términos de totalización y las revoluciones nunca pasan de ser tomas de conciencia”.9 De ahí que la izquierda frenteamplista se creyera imbuida de un destino eterno -signado por la verdad científica- y se diera a pergeñar “candidaturas Ferrosmalt”, relucientes carcasas metálicas protegidas por el esmalte bienpensante contra los efectos de la corrosión pública.

Raúl Sendic hijo no fue sino un producto de última generación del laboratorio de “candidaturas-probeta” frenteamplistas. Superada la “era Ferrosmalt”, la necesidad de prótesis tecnológica de la representación pública conllevó, hacia el tercer período frenteamplista, la elaboración de un Frankestein electoral tecno-estatal, surgido de una militancia salpicada de función pública. Se vio así superada “la fórmula promedio exitosa en el Uruguay: perfil de base universitario, sesgo bienpensante y aire bonachón”,10 pero el remedio de un “militante probado en la función pública” fue peor que el de un “militante desconocido llamado a ocupar cargos”. Mientras el “candidato Ferrosmalt” se oxidaba rápidamente ante una intemperie por la que no había pasado nunca, el “tecno-servidor-público” se reveló de una voracidad ejecutiva fastuosa, sino faraónica, para regodeo de la oposición que lo estigmatizó mediáticamente. Es que la genealogía es más política que la genética, mal que les pese a los laboratorios partidarios de perfiles electorales.


No llores por mí Disneylandia


La contraposición entre el consenso acerca de la génesis mediática del clima adverso al vicepresidente Sendic y el silencio con que la coordinación inter-partidaria selló la renuncia de quien presidiera las propias sesiones parlamentarias por tres años, habla a las claras de una ruptura entre la escena pública y las instituciones. Curiosamente esta fisura viene a ser protagonizada en el nombre del padre, por el hijo de quien la abriera con su gesto subversivo en el Tiro Suizo. Queriendo permanecer en un cargo que deniega en los hechos la propuesta estratégica del padre, el hijo llega contra su voluntad a la más paradójica confirmación de la obsolescencia de la democracia representativa. No porque las armas de la liberación nacional hayan suplantado esas instituciones por otras, sino porque la representación de Estado claudica ante una democracia mediática digna de Disneylandia.

Es mejor que Raúl Sendic, el nombre del padre, no forme parte de ese espectáculo sin sociedad. Mal que le pese a  quienes11 cambiaron mucho más que un nombre por una investidura de lentejuelas.



1Sasso, R. “Apuntes sobre el Tiro Suizo” en Tupamaros los comienzos http://tupamarosloscomienzos.blogspot.com.uy/2010/08/apuntes-sobre-el-tiro-suizo.html
2Llevarán espionaje en democracia a la justicia” Montevideo Portal (13/09/17) http://www.montevideo.com.uy/contenido/Llevaran-espionaje-en-democracia-a-la-Justicia-354484
3Para Lacalle Pou la crisis institucional era inevitable” Montevideo Portal (09/09/17) http://www.montevideo.com.uy/contenido/Para-Lacalle-Pou-la-crisis-institucional-era-evitable-354162
4Iturralde cuestionó “pacto de silencio” en el Frente Amplio en torno a la salida de Sendic” Montevideo Portal (13/09/17) http://www.montevideo.com.uy/contenido/Iturralde-cuestiono-pacto-de-silencio-en-el-FA-en-torno-a-la-salida-de-Sendic-354518
5Lucía Topolansky asumió como vicepresidenta de la República, tras votación de la Asamblea” Montevideo Portal (13/09/17) http://www.montevideo.com.uy/contenido/Lucia-Topolansky-asumio-como-vicepresidenta-de-la-Republica-tras-votacion-de-la-Asamblea-354455
6Foucault, M. (1997) “Verdad y poder” en Teorías de la verdad en el siglo XX, Tecnos, Madrid, p.455.
7Chomsy, N. “Conferencia completa de Noam Chomsky en la Intendencia de Montevideo” (17/07/17),
8Viscardi, R. (2013) Contragobernar, Maderamen, Montevideo, p. 46.
9Foucault, M. (1969) L'archéologie du savoir, Gallimard, Paris, p. 22.
10Viscardi, R. (2013) Contragobernar, Maderamen, Montevideo, p. 47.
11Ver en este blog “Zabalza, los canallas y el tupamplismo” http://ricardoviscardi.blogspot.com.uy/2016/02/zabalzalos-canallas-y-el-tupamplismo-2a.html

28.8.17

Bancarizar el porro o fumarse la globalización:

el salto al vacío mediático


1a. quincena, septiembre 2017



El estupefaciente icónico “ el Pepe”


El presente no supone, ni nunca ha supuesto, que las cabezas transiten por lo que ocurre, sino tan sólo supone que la fatalidad del presente impone una circunstancia, eventualmente adversa. La descompensación actual de la adhesión ideológica a un proyecto nacional se suscita por el ascenso de una acumulación mundializada y tecnocrática (identidad de marcas, competitividad ultraliberal, subjetivación meritocrática). La manifestación más palmaria de esta desarticulación de la condición nacional es la dualización del propio proceso de migración, entre el “desplazamiento forzado” (por las guerras) y la “migración calificada” (por la demanda tecno-científica).1 Este curso que toma la demografía política ha sido descrito por Virilio como “un flujo permanente sin stok”,2 es decir, la población del planeta circulando bajo las balas o en pos de alcanzar el status global.

La compensación exigida por la manipulación mundializada puede llegar al grado de adicción, cuando la angustia no puede resolverse sin una sustancia específica. Esta sustancia orgánica debe estar hecha de la condición nacional de toda representación, que se configura a imagen y semejanza de un pueblo. Cuando Pablo Iglesias estuvo en Montevideo en 2014 declaró refiriéndose a Mujica: “es un presidente que vive como los ciudadanos que le han elegido”.3 Iglesias se fumó el “porro del Pepe” y todavía está a medias despierto, entre la fatalidad de la derecha en el gobierno español y la guerra liderada por Trump contra el Estado Islámico. El “porro del Pepe” está armado con el estupefaciente mediático que suministra la iconografía “el Pepe” y genera una adicción proporcional a la carencia de reciprocidad social que promueve la globalización.


Trayectividad en vez de acumulación: el humo de “el porro del Pepe”


En la articulación nacional-globalista la condición nacional provee la “variable de ajuste” de la integración mundialista. Esto significa que el proceso de globalización puede justificarse desde el punto de vista de una traducción nacional. El criterio de la determinación económica (cada cosa adquiere lugar-valor propio, aunque más no sea como moneda de cambio) fracasa estrepitosamente en la explicación de la globalización, en cuanto tal dominación no se constituye como permanencia de lugares geográficos e institucionales (toda institución supone localidad, bajo un paradigma Vaticano), sino como control de la trayectividad4 de las emisiones mediáticas, los flujos de inversiones y los movimientos migratorios. Como lo ha señalado Giacomo Marramao, el principal obstáculo para entender este proceso es la reducción de la globalización a un proceso de acumulación económica.5 Por consiguiente conviene abandonar algunas interpretaciones que han cundido acerca del infumable “porro del Pepe”:

a) La globalización no admite la necesidad de ninguna forma de soberanía, ya que toda soberanía que se encuentra inficionada por la decisión de otro (FMI, OCDE, Banco Mundial, MERCOSUR, etc.), de antemano dejó de ser una soberanía. Los ejemplos son tantos que no se puede abrumar al lector con demasía, baste recordar la “corrida moral” en búsqueda de habilitación mundialista que provocó la aparición de Uruguay en una “lista gris” de “lavado de activos” elaborada por la OCDE en su momento.6 Plañir como lesión de soberanía por la “cuarentena bancaria del porro”, a partir de los ayes del presidente que firmó la bancarización forzosamente mundialista, da para una buena producción de ridículo.

El “imperialismo financiero” que impondría la banca estadounidense -particularmente el Bank of America- se presenta como el fundamento que algunos esgrimen explicativamente, cuando en realidad opera como soporte argumental de la “lesión de soberanía” que reseñamos anteriormente. UPM o Montes del Plata se instalan en un país, por ejemplo el Uruguay, en base a un potencial financiero que les permite desplegarse en un período significativamente corto. Esa celeridad estuvo, en buena medida en su momento, detrás del conflicto Botnia-Gualeguaychú y provocó la manipulación mediática (recordar que Botnia promovió, en favor de su instalación, una “campaña de prensa”)7 que confundió un conflicto ambientalista con una causa nacional. Ya esa asimiliación nos habla a las claras de la alienación de que se trata, bastante por encima de la “dominación financiera” y bastante más cerca del “espejismo desarrollista” que promueve el propio determinismo economicista que dice (crédulamente) oponerse a la globalización.

b) Otra interpretación hace hincapié en que menguaría la incidencia mediática del Uruguay en razón del desprestigio que acarrearía la “cuarentena bancaria del porro del Pepe”. La mengua provendría del descaecimiento que sufriría la “nueva agenda de derechos”, así como la propia popularidad mundializada de la figura de Mujica como “presidente más pobre del mundo”. Al respecto conviene tener en cuenta que el país ya ha alcanzado gradientes comparables de popularidad mediática, en particular a través de las espectaculares acciones guerrilleras del MLN-Tupamaros en su momento.

El Uruguay fue ampliamente conocido en el escenario mundial gracias a la popularidad de tales acciones, a punto tal que la propia multinacional Volkswagen promocionaba su popular modelo “Combi” con campañas publicitarias rotuladas “Los tupamaros también las usan”. Significativas organizaciones de la extrema izquierda europea, como las “Brigadas Rojas” en Italia, tomaron a los tupamaros como modelo de organización, mientras cierta producción cultural vinculada ideológicamente al MLN-Tupamaros, en particular las canciones de Daniel Viglietti, fueron incorporadas en los programas de español de la enseñanza secundaria en Francia.

Promovida con intencionalidad fuertemente mediática, en razón de la “propaganda armada negativa” que la guerrilla urbana confió -por actuar en medio del enemigo- a las versiones de sus propios adversarios, aquella originalidad guerrillera tenía un factura de espontaneidad y ocurrencia de alto impacto propagandístico, que no deja de evocar la “brillante” idea de vender estupefacientes donde supuestamente se promueve la salud. Conviene desde ya afirmar que la penalización del consumo no resuelve nada e inclusive lo empeora todo, por la misma razón, no se apunta como tal a la problemática facilitando el consumo para combatir el narcotráfico, inspiración confesa de la ley en cuestión.

Hoy nadie recuerda las primeras acciones de los tupamaros, en el contexto mundial, sino como antecedentes relativamente benignos del terrorismo que se condena sin atenuantes. Quizás mañana no se recuerde la “marihuana farmacéutica” sino como una expresión del inmediatismo y el oportunismo más desfachatados, de cara a una problemática que supone hondas raíces en la circunstancia presente. Podría suponerse que la superficialidad propia de todo pragmatismo militante esté en la base de las dos secuencias cronológicamente distanciadas.


Ocultar “en vivo y en directo” el sentido de la paradoja


Hoenir Sarthou apunta que el gobierno de Mujica, así como los tres períodos del Frente Amplio cuando se los coteja entre sí, presentan una curiosa secuencia de paradojas.8 La serie sorprende además, por el grado de contraposición de las orientaciones asumidas.9 Quizás la clave de la incongruencia esté en el recurso por parte de la izquierda tradicional, ante todo por mera oportunidad electoral, a la muestra "representativa" (en el sentido estadístico del término) de la desagregación idiosincrática del país batllista, que encarnó el sector vinculado ideológica e históricamente a la guerrilla.

Zabalza ha apuntado, habiéndolo presenciado personalmente, que la “opción electoral” de ciertos “ex-guerrilleros” fue efecto de una casualidad conveniente, antes que de una elaboración madurada.10 Mujica no fue más, desde este punto de vista, que la punta mediática del iceberg ideológico que se va disolviendo progresivamente, en particular, bajo la presión de la mundialización tecnocrática que lo disuelve por dentro (bastaría pensar en la proporción de “cuadros” gubernamentales que ha aportado el Partido Socialista con relación a su base electoral, o la nutrida integración de tecno-científicos a los mismos elencos en distintos niveles).

Él mismo paradoja actuada y obscenamente auto-exhibida bajo un cariz narcisista, Mujica no encarna la sabiduría de la paradoja, sino por el contrario la paradoja “en vivo y en directo”, pieza de museo definitivamente subrogada, como fuente de sabiduría, por la conexión mediática. El sentido alternativo como tal, suscitado por la contraposición de opiniones que la paradoja pone de relieve, desaparece de un mundo escenificado por la tecnología, liderada políticamente en particular, por las “Nuevas Tecnologías de la Comunicación y la Información”.

Las nociones de representación como delegación ciudadana, de Estado-nación y de democracia representativa se encuentran, como ya lo señalara Lyotard en su “informe sobre el estado del saber” en 1979,11 en franca vía de regresión histórica, exitosamente suplantadas por el ingreso discursivo que desdibuja, a su paso por la tecnología mediática, la instancia presencial. La representación por delegación exige la previa clausura de una totalidad nacional dentro de fronteras, condición de soberanía requerida para preservar un campo de relaciones orgánicas (es decir pautadas por la reciprocidad). Tal programa histórico (la propia noción moderna de historia supone la reciprocidad orgánica entre un relato y los sucesos que ese relato refiere), sucumbe ante la apertura global, que lo disuelve como un terrón de azúcar en el café: ¿qué vínculo de reciprocidad orgánica funda un TLC entre China y Uruguay (ya propuesto)?12

Esta situación es la que nos explica el fracaso de los sistemas de partidos “modernos” (es decir, de delegación representativa) en todo el planeta, desde la “imposible” victoria de Trump, hasta la inverosímil derrota del postgaullismo y del socialismo francés a manos de un partido advenedizo, sin olvidar el fugaz paso de los “progresismos” latinoamericanos (a no ser en Chile y Uruguay, quizás precisamente porque en estos dos países el término “progresismo” ya no designa nada reconocible como referencia macro-partidaria). Quizás el mejor ejemplo de este desbaratamiento sea cómo las encuestas miden la caída sistemática de cualquier representante tres meses después de electo.13

En una actualización anterior apuntábamos como Caradamianto (el caradura mediático)14 buscaba escapar a la pinza de circunstancias contradictorias “haciendo surf” sobre la plancha de la actualidad. Ahora le tocará fumarse “el porro del Pepe” bajo la ola de bancarización que él mismo levantó.


1Ver en este blog “Libertad de movimiento en la globalización” http://ricardoviscardi.blogspot.com.uy/2017/06/libertadde-movimiento-en-la_64.html
2Virilio, P. (2010) L'administration de la peur, Textuel, Paris, pp.67-68.
3Rodríguez, O. “Cuando Pablo Iglesias e Íñigo Errejón visitaron Montevideo”, La Onda Digital, http://www.laondadigital.uy/archivos/11590
4La noción de trayectividad ha sido desarrollada por Paul Virilio.
5Marramao, G. (2006) Pasaje a Occidente, Katz, Buenos Aires, p.56.
6Ver en este blog “La derecha de la OCDE” http://ricardoviscardi.blogspot.com.uy/2007/02/ricardo-viscardi.html
7 Viscardi, R. “Celulosa que me hiciste guapo” Compañero (13/06/2006) http://www.pvp.org.uy/viscardi3.htm
8Sarthou, H. “Un país sin filtro” Voces (24/08/17) http://semanariovoces.com/marihuana-pais-sin-filtro-hoenir-sarthou/
9"Bergara sobre cierre de cuentas de marihuana: “estaba sobre la mesa hace ocho o diez meses” El Observador (28/08/17) http://www.elobservador.com.uy/bergara-cierre-cuentas-marihuana-estaba-la-mesa-hace-ocho-o-diez-meses-n1111536
10 Ver en este blog “Zabalza, los canallas y el tupamplismo” http://ricardoviscardi.blogspot.com.uy/2016/02/zabalzalos-canallas-y-el-tupamplismo-2a.html
12 Amone, P. “Uruguay continuará TLC con China” 2o. Enfoque (03/02/17) http://segundoenfoque.com/uruguay-continuara-tlc-con-china-43-321639/
13"Más de la mitad de los franceses no aprueba la gestión del presidente Macron” La Diaria (28/08/17) https://ladiaria.com.uy/articulo/2017/8/mas-de-la-mitad-de-los-franceses-no-aprueba-la-gestion-del-presidente-macron/
14 Ver en este blog “Caradamianto, el caradura mediático” http://ricardoviscardi.blogspot.com.uy/2017/07/caradamianto-el-caradura-mediatico-1a.html

12.8.17

Entropía representativa y grupos de presión: surge el partido Nacional-Globalista


2a. quincena, agosto 2017


Entropía representativa


Uno de los politólogos más serios advierte, en un artículo sugestivamente titulado “El suicidio de las ballenas”, que los cetáceos representativos pueden autoeliminarse.1 La partidocracia uruguaya pone, ante la creciente defección de la población, todas sus esperanzas en la pulsión electoral, ya desde hace décadas asistida por la multa en moneda corriente. Antes que encontrarse en riesgo de extinción electoral, la especie partidocrática se encuentra amenazada, según Bottinelli, por una crisis de credibilidad pública que puede generar alteraciones permanentes en las bases nutrientes del medio ambiente social.

Conviene observar que el diagnóstico del experto no parece en sí mismo arriesgado, sobre todo si se tiene en cuenta que el propio planeta parece dirigirse en masa hacia un cataclismo biopolítico del mismo tenor. Quizás en su momento no se prestó los oídos que merecía a los ayes que provenían del propio presidente en ejercicio, cuando en aquel temprano 1995 en que amanecía la web multimedia, ya anunciaba desde su egregia cúspide que “los medios y las encuestas son más poderosos que los estados y los gobernantes”.2 Al día de hoy nos encontramos con que el mismo augur proclama que “The house of cards” ha propiciado el descrédito del sistema de partidos en EEUU, de forma que ha favorecido indirectamente el irresistible ascenso de Donald Trump. ¿Qué decir del ocaso, en la cuna misma de la democracia política moderna, de los partidos históricos (post-gaullistas y socialistas), desplazados por un partido cuyos militantes celebran sus asambleas partidarias a teclado batiente?

Vaticinamos desde ya, que mantenido a flote por los salvavidas idiosincráticos que propician las dos máximas rectoras de nuestro ethos político (“no le hagas el juego a...” y “podría haber sido peor”) el sistema de partidos uruguayo logrará una atinada y propicia reconversión, destinada a salvar lo único que queda por delante: la fachada. Ahora, sólo la partidocracia sabe lo que le queda por detrás del frente (sin que lo anterior signifique alusión ninguna a un reconocido Tribunal de Conducta Política que juzga al vicepresidente en ejercicio). Si el demos hace mutis incluso por la urna (según lo sostiene Bottinelli, estaríamos ante una crisis de credibilidad, no de electorado), entonces los representantes públicos quedan -famélicos ante el faltante de nutrientes- a la merced de algunas mafias institucionales convenientemente maquilladas de opinión pública. Quizás la mejor estampa de esa liquefacción representativa sea la actual competencia entre el MPP y el Partido de la Gente, que según refiere el politólogo antes citado, pugnan entre sí por ganar la misma base social ideológicamente decorticada.3


Grupos de presión


El ser se manifiesta, según Heidegger, por los sentimientos opuestos del júbilo y la angustia.4 Otro tanto podría decirse, respecto a la democracia representativa, de los grupos de presión: tanto podían encaramarse en los lugares más propicios a la manipulación cuando la representación gozaba del mayor prestigio, como denotar ahora la cruel ausencia de todo piso real, cuando ponen en ridículo la legitimidad delegada.

En Francia se hizo famosa la curiosa coincidencia partidaria de los funcionarios de una comuna (que correspondería a una alcaldía de nuestro actual sistema municipal): todos eran miembros del Partido Comunista. Quizás los partidos comunistas hayan ofrecido el mejor ejemplo de un grupo de presión que aprovechó, en su momento, el “júbilo” simbólico de la democracia representativa. La autoridad “organizativa” del disciplinamiento que infundían, se revestía tanto de la legitimidad social del presente como de la fatalidad histórica del futuro. Esa estrategia de grupo de presión en las estructuras institucionales no logró, en el caso de los partidos comunistas, sortear la propia declinación del paradigma que los auspiciaba. El modelo cayó, por dentro y por fuera de fronteras, aplastado bajo el peso del propio realismo socialista que proclamaba.

En el polo inverso de la falencia representativa parece situarse al presente la encrucijada del sistema de partidos. En un reciente evento partidario un orador protestó contra la ostentación de la bandera de la diversidad en la propia sede central del Partido Nacional. Calurosamente aplaudido por los asistentes según el informe periodístico, se vio sin embargo cuestionado por una tímida defensa de la diversidad de género por parte de algunos oradores, que sostuvieron “que los blancos (nacionalistas) somos diversos”.5 Parece difícil que una diversidad que apunta a la pluralidad de géneros y otra que sostiene la ortodoxia binaria en la materia, puedan sumarse sin diversificarse nuclearmente. ¿Que percepción de la entidad partidaria nacionalista posibilitó que la bandera de la diversidad de género ondeara en la sede de un partido cuyas bases parecen tan lejos de la flamígera diversidad? ¿O se trató, ante todo, de sumar un jirón más de base social?

Parece incuestionable que este tipo de polémicas o contradicciones aumenta la irradiación de las reivindicaciones transversales a la sociedad, por encima de las pertenencias macro-sociales que trasunta la ideología. Desde el punto de vista del incremento de la incidencia de los movimientos sociales y de opinión en el conjunto de la escena pública, estamos indudablemente ante una buena noticia. Pero al mismo tiempo este escenario plantea la pregunta acerca de la tergiversación que pueden sufrir las reivindicaciones de los movimientos sociales cuando degeneran en posiciones explotadas, con fines particularmente institucionales, por grupos de presión enquistados en la estructuras (macro)representativas, particularmente las estatales.

El problema que se plantea no consiste en saber si una tendencia de opinión puede cometer o no un exceso o incurrir en un desliz respecto a los propósitos que la animan, llevada por el impulso de la convicción. Los lamentos por los “excesos” del pasado siempre fueron -en particular desde la Revolución Francesa, de la parte de ex-revolucionarios (o entre nosotros de “guerrilleros arrepentidos”) una señal de adhesión al poder, cuando no provenían directamente de los sectores conservadores (como ocurrió, en el Uruguay, al fin del período totalitario, con monsergas contra el “violentismo”).

El problema consiste, por el contrario, en que desnaturalizadas por el sello de la impronta institucional, las reivindicaciones sociales más sentidas por un trasfondo movilizado de la sociedad puedan confundirse con dictados soberanos. Hacia fines del año pasado una militante de la “nueva agenda de derechos” renunciaba a la estrategia partidaria como vía adecuada para la transformación de la sociedad, desencanto que se comentó desde este blog con tono irónico. La ironía apuntaba a denunciar la fatal infelicidad de un “matrimonio de conveniencia”: las estructuras de representación del todo social no pueden hacer lugar a desbordes reivindicativos, sin alterar ipso facto la media representativa de un equilibrio general que constituye su propia razón de ser.6

Hoenir Sarthou cuestionó más recientemente, en el sentido inverso a ese estado de equilibrio representativo, la pretensión de hacer lugar a formas de sensibilidad que obviamente no son ampliamente compartidas por el común.7 Difícilmente Sarthou se oponga, desde una columna que se denomina “Indisciplina Partidaria”, a que un colectivo, una orientación dentro de la sociedad, o una familia adopten determinadas pautas de educación sexual. Seguramente la denominación “indisciplina partidaria” se asociaría, ante todo, con la idea de que un órgano colectivo no puede esgrimir pautas claramente sectoriales sin ofender un campo de libertades compartidas. A no ser que ese colectivo esté definitivamente entregado, en su desamparo representativo, a grupos de presión que quieren marcar desde lo alto el camino. Quienes así lo pretendan, pueden desde ya tomar ejemplo de los partidos comunistas del pasado, a costa, es cierto, de no considerar lo que queda de tales aparatos en el presente.


Surge el partido Nacional-Globalista


Aquejado quizás por la angustia que domina a todo especialista, que aspira a mejorar el dominio de su saber cuando lo ve en vías de deterioro, Bottinelli se pregunta por la solución que podría poner coto a la descomposición de los organismos partidarios. Entiende que nada sería tan propicio a una salida exitosa como una alianza entre sectores que reeditara, en clave de diversidad ideológica, el contexto del antiguo consenso que primó durante la hegemonía batllista.8 Bottinelli no parece tener en cuenta el antecedente que significó el MLN-Tupamaros en tal sentido, en cuanto sin definirse ideológicamente, se proponía al mismo tiempo reunir detrás de un proyecto de Liberación Nacional, a sectores ideológicamente diversos (marxistas-guevaristas, battlistas-colorados, blancos-nacionalistas, cristianos de izquierda, socialistas tercermundistas, etc.). Incluso el MPP no ha hecho otra cosa, liderado por Mujica, que intentar contraponerse al sector del Frente Amplio que proviene de la izquierda tradicional (que el MLN consideró siempre un adversario táctico), mientras por otro lado el mismo Mujica no cesaba de hacerle guiñadas a los sectores ex-wilsonistas, como lo señalamos oportunamente en este blog.9

El problema no consiste en que la clase política no atisbe que su supervivencia exige recomponer el bloque político que gobernara durante la “sociedad batllista”, sino en considerar bajo qué condiciones, al presente, una configuración representativa puede consolidarse como efecto de los asuntos públicos. La crisis de la representación es ante todo una crisis del vínculo presencial entre los individuos. La índole genuina de la representación está más cerca del término “presencia” de lo que cierta doxa empirista-cuantitativista cree: no existe representación sin condición presencial en el punto de partida del proceso representativo. Eso es efectivamente lo que la artefactualidad del presente social excluye, en aras de la virtualidad de los vínculos interpersonales.10 Con una economía penetrada por el capital transnacional (que incluso el desarrollismo progresista presenta como desideratum) y una sociedad atravesada por formas de mediación a distancia (léase redes sociales y plataformas mediáticas), la condición de la delegación representativa, en cuanto exige la cohesión orgánica y nacional de una totalidad social-territorial, luce como un despojo obsoleto.

La articulación mundialista exige, con tales bases del presente, que el campo interno al país luzca como una variante sucedánea del paradigma globalizador. Esa articulación requiere a su vez subordinar los movimientos sociales y de opinión a normas de “corrección política”. Normativamente supeditados a las estructuras estatales y porosos, desde allí, a las orientaciones que imprimen los organismos internacionales (bancarios, comerciales, jurídicos, universitarios, etc.), los movimientos de la base social se reducirían a un contexto menor y manejable, de grupos de presión enquistados en las estructuras institucionales.

La matriz mundialista fue infundida en el Uruguay por el conflicto en torno a la industria de pasta de papel instalada por la empresa Botnia. Conviene tener en cuenta que una neta mayoría de la opinión pública creyó estar defendiendo una reivindicación nacional contra la Argentina, cuando en realidad defendía una estrategia transnacional contra un movimiento ambientalista. El campo Nacional-Globalista11 ya está configurado entre nosotros y no parece provenir del ámbito politológico un planteo alternativo. Quizás porque la politología de la alternativa no podría abrirse paso sin cuestionar el rol de las estructuras del Estado en el presente de la globalización, ni dejar de considerar como esas estructuras se ven llevadas, para sostener una fachada representativa, a hacer lugar a grupos de presión.

Como lo señala Gonzalo Ferreira,12 al quedar como presidente de la Asamblea General en caso de renuncia de Sendic, Mujica (desde ya, con el pulgar hacia abajo respecto al vicepresidente) se encontraría en la mejor situación para manejar el contexto de las políticas de alianzas. Recuérdese en particular el idilio personal que mantuvo durante su presidencia con el Congreso de Intendentes, donde se encontraba concentrada (y sigue así en este período de gobierno) la mayor incidencia política del Partido Nacional. Conviene asimismo recordar que le ha arrastrado el ala a ese sector, acompañado de su gobierno, a partir de la celebración del bicentenario de la independencia, con el intendente blanco de Soriano.13 Se cumpliría así el sueño el antiguo político “blanco” que Mujica nunca dejó de ser: demostrar que la auténtica transformación pasa por el nacionalismo. Esa orientación significa, en cuanto prospere a través de un devenir de “políticas de Estado”, nutridas a su vez de “corrección política” en el curso de la mundialización, el surgimiento del Partido Nacional-Globalista.



1 Bottinelli, O. “El suicidio de las ballenas” Factum (01/07/17) http://www.factum.uy/analisis/2017/ana170701.php
2 Pereira, G. “Sanguinetti cree que los medios son “más fuertes” que los estados y los gobernantes” (14/09/95) Búsqueda, Montevideo, p.10.
3Ver al respecto la afirmación al final del video: Bottinelli, O. (entrevistado por N. Fernández) “El gobierno no tiene una idea-fuerza clara en este período” (julio 2017) Factum http://www.factum.uy/entrevistas/2017/ent170710b.php
4Heidegger, M. (1951) El ser y el tiempo, Fondo de Cultura Económica, México, p.151.
5Diario Atlas (11/07/17) http://www.diarioatlas.com.uy/?p=33676
7Ver Sarthou, H. “El sexo en la escuela”, Voces (27/07/17) Montevideo, p.5 y posteriormente “Error y diversidad” Voces (02/08/17) http://semanariovoces.com/error-diversidad-hoenir-sarthou/
8Bottinelli, O. (entrevistado por N. Fernández) “El gobierno no tiene una idea-fuerza clara en este período” (op.cit.supra)
9“Bicentenario, Patria Gaucha y Patria Chaucha: no es lo mismo pero da igual” http://ricardoviscardi.blogspot.com.uy/2011/05/bicentenario-patria-gaucha-y-patria_312.html
10Respecto al artefacto dice Derrida: “(...antes que saber de que está hecho, hay que saber que está hecho...)”: la materialidad es desplazada por la inteligencia programadora. Ver Derrida, J. (1998) Ecografías de la televisión, Eudeba, Buenos Aires, p.15.
11Nacional-Globalismo: el título de uno de los capítulos de Viscardi, R. (2013) Contragobernar, Maderamen, Montevideo.
12 Ferreira, G. “Una ayudita de Mujica” El Observador (27/07/17) http://www.elobservador.com.uy/una-ayudita-mujica-n1103683
13 “Bicentenario, Patria Gaucha y Patria Chaucha: no es lo mismo pero da igual” (op.cit.supra)