15.4.09

La derecha de la OCDE

2ª quincena, abril 2009


En la batahola que siguió a la ignominia global que cubrió al mismo Uruguay que se tiene -a sí mismo- por ejemplo mundial, nadie observó la localidad ideológica que tal clasificación manifestaba. El eje norte-sur en que se sitúa la crítica a la OCDE por su verticalidad en el poder mundial, no deja de estar atravesado, a ojos vistas, por un eje derecha-izquierda, en cuya horizontalidad difícilmente los países complacientes con el capital financiero se encuentren en alguna izquierda colorida. En tal gradación el Uruguay pareciera llegar al rosado más pálido, ayudado por la reforma tributaria que transparenta eróticamente ciertos velos financieros. Tal tono tradicionalmente opuesto al celeste que nos identifica en las lides deportivas, no deja de revestir un encanto seductor, al llevar la moderación a una plena levedad posible, hasta haber llegado a teñir entre nosotros el idilio blanqui-colorado de los supuestos opuestos, que se enamoraron por la derecha.

La auto-percepción no ayuda cuando la perspectiva local pretende ser global. Lo glocal se convierte así en atolladero de mirada. Un ejemplo entre los que ya abundan, en esta pubertad de la globalización nacional que perdiera la virginidad con Botnia, proviene de aquella desvergonzada pancarta tenida en alto por la exuberante Evangelina Carrozo, de cuerpo presente ante un cuerpo de cuerpos del Rey. La soberanía no se inclinó, como se recuerda, en sentido vertical, sino en el eje horizontal que persiguiera la mirada de tantos mandatarios, cuando un guardia de seguridad de tal corporación soberana desplazó la geometría ondulante de la reina del carnaval de Gualeguaychú hacia la izquierda de sí misma. Los extensos comentarios que tal incidente produjo a escala global de pantalla mundial, merecieron una disquisición de cepa oriental –del Uruguay- que es la arqué de la actual denegación del deslavado lugar que nos depara la ideología a escala planetaria: se opinó entonces que tan vergonzoso incidente era todo provecho para la seria y moderada compostura uruguaya (http://www.pvp.org.uy/godiva.htm).

Igualmente pocos días atrás muchos sostuvieron que la inclusión del país en la lista negra que recorrió el mundo prueba -por el rápido egreso de entre esos nombres infamantes que apuró la gestión del inculpado, la seriedad proverbial que nos ampara de sospechas. Tal afirmación merece figurar en un bestiario, entre los mejores ejemplos de denegación de la imagen en su entidad propia. Tanto se habrá borrado de la retina el gesto encarnado en una Reina del Carnaval, como el ingreso de Uruguay en una lista de sospechosos en tiempos de desfalco global (http://www.larepublica.com.uy/editorial/359079-castano-oscuro).

Tal juicio desde el norte se carga notoriamente, en supina vertiente ideológica pasada por alto entre nosotros, si consideramos los rasgos más salientes de la colocación sureña del mismo país. Este último luce entre los primeros que se asocian en simpatías gubernamentales recíprocas con Chile, país en el que la trayectoria de la izquierda en el gobierno es la primera en reiterar desde la región el proceso eurosocialista: la izquierda sólo oficia de interregno para una retorno aún más impetuoso de la derecha (http://www.laondadigital.info/LaOnda/LaOnda/430/A5.htm). Más allá de las relaciones privilegiadas entre elencos gubernamentales nacionales, lo que luce como izquierda de la izquierda entre nosotros, en una portentosa ilusión ideo-óptica post-batllista, propicia el regreso de Lecor (http://teodulolopezmelendez.wordpress.com/2009/03/01/uruguay-el-regreso-de-lecor/).

El corrimiento al centro es efectivamente, la ley de la pugna electoral en sociedades de masas, necesariamente pautadas en lo tecnológico por un desarrollo comunicacional suficiente del campo nacional. En tales condiciones, la horizontal derecha-izquierda no deja de estar intersectada, con geometría análoga a la que trazáramos líneas arriba con respecto al lugar mundial del Uruguay, por una vertical que señala cierta colocación del poder a escala planetaria. Por consiguiente, cuanto mayor sea la incidencia de la paradigmática norteña en los países tercermundistas, mayor será la inclinación vernácula a identificar la integración comunicacional, exigida por la recolección universal de votos, con la derecha planetaria. Para formularlo en una versión distinta: cuanto mayor sea la identificación de una comunidad con el modelo dominante, mayor será la carga de derecha que su propio centro calibra.

Esto nos explica que en una jerga vetusta y obsoleta, inscripta en nociones de poder y de progresión histórica en desuso a escala planetaria, la izquierda de la izquierda uruguaya diga claramente que quiere abandonar toda referencia ideológica (http://www.larepublica.com.uy/politica/360132-para-mujica-el-ejemplo-a-seguir-es-el-presidente-lula). Pero no sólo destaca tal vacuidad de miras, sino que la sustituye por el retrato de un presidente cuyo gobierno postergó deliberadamente la reivindicación de los derechos humanos conculcados en un pasado reciente análogo al que se revisa por aquí (ver supra “Uruguay: el regreso de Lecor”). En un tono que no desmerece tal abandono de cualquier significación de izquierda relativamente actual, por no decir consistente, el diputado Asti amenaza, desde lo que se considera la derecha de la izquierda, a todo crítico de la postura financiera gubernamental con la excomunión ya no ideológica, sino latamente nacional (http://www.larepublica.com.uy/politica/360011-asti-rechaza-manejo-politiquero).

Tales joyas de la evolución derechista de la izquierda no dejan de encontrarse confirmadas por la derecha, para llevar agua al molino que le da sentido a su razón de ser. Tras reivindicar las nociones de trabajo, familia y libertad, que cualquiera sabe lo que quieren decir cuando merecen una trilogía consagrada a la Sagrada Familia, el expresidente Lacalle no deja de percibir una diferencia familiar pautada por los lugares sociales. El “intercambio” de los pobres merece consideraciones diferenciadas, que por ser familiares no evitarán el roce sexual, según uno (o Lacalle) se solace en Malvín o Pocitos, nos dice el patricio con aire de saberlo por experiencia probada, aunque incluyera a las barriadas de Casabó y 40 semanas en la conspicua recorrida post-familiar (http://www.montevideo.com.uy/noticiappal_81014_1.html).

No dejamos de merecer las declaraciones del general Mermot en la fecha del 14 de abril, que no por reiteradas dejan de cargarse con el epíteto de “fascista” dirigido al gobierno. Mermot ha ganado la guerra pero ha perdido la paz, agitando por lo pronto “fascismo” como si hablara de otro.

Colocado a su derecha por la OCDE, el gobierno uruguayo protagonizado por el Frente Amplio prosigue la pendiente hacia un centro cada vez menos a la izquierda, con el propósito partidario de recuperar votos hacia octubre. La existencia de una izquierda extra-gubernamental no queda por probar, desde el tren de TLC que le impidió tomar al gobierno, hasta el presupuesto para la educación que le modificó en cotejo con su propia base parlamentaria. El episodio que viene de atravesarse ante la OCDE no es sino un avatar de una larga lista, negra sobre blanco para quien sepa leerla, que comienza con la crisis del enfrentamiento por Botnia, primer conflicto de globalización por el que atravesó la comunidad uruguaya. El desequilibrio de su política exterior regional, inverosímilmente inclinada del lado brasileño (ver “Escándalo en el Paraíso” -1/04/09- en este blog), no fue la última etapa del periplo glocal de lo que un eufemismo miope denominó “crisis de inserción internacional”. Tales avatares no se agotarán en período electoral, ni se cubrirán con aspiraciones al sistema político, sino que ofrecerán otras oportunidades de señalar la fatal cojera globalista de los gobiernos nacionales en tiempos de crisis de globalización. La derechización del espectro político uruguayo pareciera incluir, desde ya, una factura en el debe del oportunismo electoralista, el frenteamplismo incluido.

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Escándalo en el Paraíso

1ª quincena abril 2009

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El presidente ha puesto el grito en el cielo ante tirios y troyanos. La cima que alcanza la imprecación previene la difamación que cundiría en una cumbre, en la que entre otros 20 Grandes, Argentina hablaría mal del Uruguay tildándolo de "paraíso fiscal" (http://www.observa.com.uy/actualidad/nota.aspx?id=77757). Tan sólo con presidir los destinos de su propio país, la labor de Vázquez ya se afana en acallar la escandalosa locuacidad del pre-candidato mayoritario en su propia organización política, José Mujica, quien una vez más, difiere de la propia cumbre nacional (http://www.larepublica.com.uy/politica/357727-secreto-bancario), privativa del presidente por más que no sea privada.

La dificultad que enfrenta Vázquez no puede ser resuelta desde el olimpo oriental (del Uruguay). Prueba de lo antedicho surge de la propia cumbre en la que se proferiría la especie difamatoria, de la que la altura uruguaya estará forzosamente ausente por insuficiencia de tamaño. No es la primera vez que la vida independiente del país se enfrenta con la desfavorable proporción de talla, de forma tal que la tradición nacional ya ha generado una compensación simbólica que neutraliza la diferencia en contra.

El pharmakon pergeñado en la laboriosa compensación histórica, tanto en el sentido cronológico como en el ideológico, consiste en subrayar que no por ser pequeño el mismo país deja de ser mejor. La diferencia a favor que suprime la dificultad de medida proviene de un elixir moral que se abreva en la tradición, según lo recuerda la memoria colectiva que exalta la institucionalidad democrática de la colectividad nacional.

Es en este punto donde el rayo de Vázquez sufre de curiosa difracción, ya que si parte en dirección al olimpo que lo relega por tamaño, ya no juvenil sub-20 como en el cotejo futbolístico mundial, sino sub-G-20 como selección de grandes de este mundo, se encuentra de inmediato solicitado por la gritería de los infiernos propios, que le reprochan lo mismo que las alturas. Si tales improperios surgieran de voces tan ubicuas como las de Mujica, que dice lo que está en cada uno por igual, hasta llegar a la sumatoria de igualdades de los iguales (http://www.larepublica.com.uy/politica/357156-mujica-impulsaria-obras-publicas-si-el-impacto-de-la-crisis-es-fuerte) (“como te digo una cosa te digo la otra”), la cuestión quedaría en un punto o poco más o menos de encuesta de opinión (incluso según como se maneje la pregunta al encuestado) (http://www.montevideo.com.uy/noticiappal_80158_1.html). Sin embargo, también voces académicas confirman, con inocencia quizás más imputable de lo que parece, que Cristina Fernández de Kirchner propala algo verosímil (http://www.larepublica.com.uy/politica/350497-un-estado-debil-aumenta-el-riesgo-de-penetracion-de-crimen-organizado) .

El rayo que parte en dos sentidos distintos deja de fulminar con rectitud. Tal vector celestial adolece de un defecto de pólvora mojada, en cuanto por su propia índole moral, el rayo usual entre nosotros no puede no cundir en rectitud. La dificultad de sentido único que afecta al proverbial recurso moral uruguayo, parece provenir curiosamente de la comunión nacional que lo genera, ya que aparte de la amplitud imponderable de la ponderación ampliadora de Mujica, que ampara incluso a sus adversarios, nadie cuestiona que el Uruguay no es un paraíso fiscal, aunque preserve el secreto bancario. Esa unanimidad se convierte sin embargo en una-nimiedad, en cuanto un paraíso fiscal no se mide por los intereses internos, ya que medido de esa manera, más se parecería a un infierno productivo. Nadie habrá construido un paraíso fiscal sin sufrir antes un derrumbe de la producción moral, tanto como de la moral de la producción.

Sembrado de casas de cambio, de financieras y de empresas off-shore, cierto tropicalismo de democracia financiera (con depósitos tan secretos como el voto) convertiría en folleto banal de república bananera for ever, intereses incluidos, aquel rostro de modelo con grifa “Como el Uruguay no hay”, lentes de sol, sombrerito playero e ice-cream con pajita en ristre.

Evitar esa catástrofe de imagen nacional es por supuesto una tarea ante todo presidencial. No se explica sin embargo porqué se vuelve tan dificultoso cumplirla con la univocidad del dictum fulmíneo, a no ser que la unanimidad que potencia al verbo no sea sino una-nimiedad ante la multivocidad que la difracta antes de llegar a ser dicha. Si fuera así, la rectitud moral estaría quebrada desde el arranque y el rayo ético no habría alcanzado otro blanco que una mirada autocomplaciente en el espejo (http://www.pvp.org.uy/viscardi6.htm).

El sentido moral que anima la postura presidencial tiene un antecedente directo, que se vincula desde distintos ángulos al conflicto con la Argentina, en torno a la pugna por la instalación de Botnia. Tal antecedente surge con nitidez del perfil moralizador de la argumentación uruguaya, por cierto no sólo gubernamental, sino incluso de la oposición y de la gran mayoría de los medios, ante el cuestionamiento argentino (http://www.pvp.org.uy/viscardi.htm). Ahora como entonces, el gobierno uruguayo y particularmente el presidente Vázquez se encuentran enfrentados a la orientación de los Kirchner en el gobierno. Ahora como entonces, el verdadero escenario del conflicto es internacional. Esta relación es directa en la continuidad diplomática con la Argentina, que no ha dejado de tensarse ante la confrontación entre Vázquez y las dos últimas presidencias de Kirchner-Fernández. También es internacional por la índole de la problemática en curso, ya que entonces como ahora se plantea en el eje del devenir económico mundial, particularmente en la evolución del mercado de capitales.

Sin embargo estos dados se presentan bajo el efecto de otra tirada. El conflicto regional ha desembocado en un abierto alineamiento de Uruguay en la estrategia brasileña, que desequilibra la tradicional política regional del país-bisagra en la cuenca platense (ver en este blog las actualizaciones del 15/02/09 y del 1/03/09). La supuesta expansión sin límites del mercado mundial alentado por la emergencia de potencias asiáticas y latinoamericanas, que parecían ampliar sin fallas el crecimiento capitalista, se ha visto interrumpida por el descalabro originado en la burbuja crediticia estadounidense, particularmente desequilibrada por la especulación financiera.

El frente interno que se formara disimulando sobreentendidos estratégicos para hacer frente a la potencia argentina, parece congelado por la disputa electoral en el mismo Uruguay. Incluso un reproche de Larrañaga a Vázquez con relación a aquella tregua con viso de “política de Estado” (http://www.montevideo.com.uy/noticiappal_78705_1.html), no roza en profundidad la amalgama estratégica acuñada con el signo de Botnia, que le aseguraba al gobierno entrante la neutralización de una plataforma nacional en su contra y a una oposición en minoría parlamentaria absoluta volver a cotejar significativamente con el poder.

Esas tiradas de dados actualizadas dicen a las claras hasta donde Botnia podía oler mal, más allá del desagradable olor a coliflor hervido. La globalización no es una cuestión de moral de entre-casa, ni siquiera en términos de buena cocina, porque es ante todo una cuestión de equilibrios planetarios, que se juega en el campo simbólico de la comunicación. No porque toda comunicación sea simbólica, sino porque lo es particularmente aquella que pone en cotejo necesario, en tiempo de ahora ya (el famoso “tiempo real”) la ajenidad del otro como tal. Tal como lo sostiene acertadamente Marramao[1], la globalización consagra la supremacía del conflicto de identidades por sobre el conflicto de intereses. ¿Habríamos olvidado que la economía se articula en torno a un signo en circulación monetaria?

En esa conversación multi-signada los tiempos de una moral decimonónica de los vectores unívocos, comandados por una idealidad centralizada en la homogeneidad de la conciencia, han caducado para siempre. Quizás la soledad del presidente con su fulminante moral se vincule ante todo a las dificultades de un país que no logra romper con su propia retardo-modernidad (ver en este blog la actualización del 1/02/09), que lo envuelve en un halo de obsoleta homogeneidad bienpensante. Claro que en tiempos de equilibrios multívocos, en los que el relativismo antropológico es la clave indispensable para discernir las potencias en juego a escala planetaria, tal rayo moral unívoco se parece de más en más a un curso de efluente multinacional.


[1] Marramao, G. (2006) Pasaje a Occidente, Katz, Buenos Aires, p.56.

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El Sub-Presidente Marcos

2ª quincena marzo 2009


“El regreso de Pinchinatti” (actualización de este blog del 1/02/09) no encerraba, en su vínculo con la proclamación de Carámbula en tanto pre-candidato presidencial del Frente Amplio, sarcasmo alguno respecto a la figura del médico de Las Piedras. Por el contrario sí confirmaba el necesario sarcasmo de la figura presidencial en el mundo de hoy, cuya parábola descendente no hay mira por elevación (como la de los máuser que se elevaba para el tiro a gran distancia) que levante prolongadamente. Una ley de plomo pesa fatalmente sobre toda figura de Estado y la convierte en plomada de índice de opinión, que aunque despegue en flecha, súbitamente se va a pique en trayectoria de U invertida.

Lejos de abreviar escasamente lo propio de Uruguay, tal U invertida es lo propio de los ciclos de prestigio presidencial que marcan el último cuarto del siglo XX y particularmente el inicio del presente. Todo esto ocurre como si la substitución del Cuerpo del Rey por el Cuerpo Social, que predicara Foucault[1], se hubiera intensificado al pasar de las letras de molde a las ondas hertzianas, hasta interceptar en lo más alto la figura de Presidente, para precipitarlo en rauda picada hasta el nivel que le impone un piso de audiencia.

Recordemos la figura de Miterrand, investido de la mejor continuidad posible entre los frentes populares antifascistas y la imaginación contracultural del 68, ínfulas que no le valieron sino el rebrote de la huelga de los servicios públicos, bastión de la memoria izquierdista, que sella el momento de su muerte. Aún más patética, la trayectoria de Felipe González, iniciada bajo los auspicios de la prolongada resistencia antifranquista, se cierra con escandalosa corrupción dentro del aparato represivo de Estado y el descrédito del PSOE en tanto mero gerente de la inversión europea en España.

El ascenso de Clinton con perfil alternativo para doblegar la saga ultrareaccionaria de Reagan no hace sino capotar en un mar de escándalo sexual, al tiempo que subraya una vez más que la política internacional de EEUU no necesariamente suma señales democratizadoras a sus éxitos económicos. Para seguir en el plano internacional, cabe destacar el efímero brillo de Sarkozy, que logra ascender vertiginosamente en éxito mediático, para descender con la misma celeridad, una vez constatado el registro económico depresivo que proseguía en su mandato.

No debemos olvidarnos del Uruguay, país desde el que escribimos y al que descubrimos con apenas describirlo, cuando no nos dedicamos, como solaza a la mayoría de los analistas vernáculos, a encubrirlo. Tabaré Vazquez finaliza su mandato de cinco años con una tasa de aprobación que ronda el 60%. La acostumbrada justificación uruguaya del pasado por el presente dirá que esto comprueba la excepcionalidad de siempre del país, en este caso, ante la caída cuesta abajo en la rodada de toda otra figura presidencial en este mundo descreído (cruelmente posmoderno). Tal evidencia oculta una falla de memoria crítica, en cuanto la estabilización del índice de popularidad presidencial de Vázquez sufrió severa bancarrota, descendiendo abruptamente por debajo del 50% cuando el primer mandatario uruguayo pareció cavilar sobre su reelección (http://www.larepublica.com.uy/politica/324493-duplica-a-lacalle-y-sanguinetti). La elevada popularidad de Vázquez tiene una única condición limitante: que no pretenda seguir ocupando el sillón presidencial.

Vázquez se suma, a contracorriente de las interpretaciones triviales de los índices de opinión, que siempre se dirimen interpretativamente en opiniones indicadas, a la constatación de las fatales caídas que aquejan a las figuras presidenciales del momento[2]. Pero ante todo, en cuanto se percibe que Vázquez representa, más que las ínfulas presidenciales, la personificación de un arquetipo de la tradicional cultura batllista del Uruguay: de origen humilde, exitoso socialmente por sus estudios, ingresa con la misma soltura en el Club de Fútbol que presidiera en su barrio que en un congreso científico internacional. Es el héroe de la saga de los hijos y nietos de inmigrantes venidos -desde el extranjero como desde el interior del país- en búsqueda del éxito social, promovida por un eficaz artefacto político democratizador del excedente agropecuario, que fuera reinvertido en aras de la integración por ascenso social.

La exitosa recepción social de la figura de Vázquez no impide encomiar el sentido democrático que ha tenido la historia política uruguaya, que opuso la isometría pública del poder interno –ejemplarmente integrado en torno al Estado-nación- ante la intervención constante a que fuera (y sigue siendo) sometido por la disparidad de fuerzas con sus vecinos (http://www.larepublica.com.uy/mundo/250499-brasil-y-argentina-son-el-sustento-de-america-del-sur) . Esa lectura que explica el sentido igualitario uruguayo en una necesidad estratégica de la comunidad, no deja librado al elogio autocomplaciente –de una supuesta virtud impar del país de Batlle- la significativa declinación de las instituciones públicas como clave y pívot de los equilibrios globalizados, mientras a escala planetaria las multinacionales y los movimientos sociales perforan por lo alto y por lo bajo las instituciones nacionales[3].

Las figuras presidenciales capotan aceleradamente porque su plan de vuelo no incluye el vacío mediático del espacio a distancia. El intento de reconversión mediática de las instituciones presenciales (televisión parlamentaria, informativos gubernamentales, mensajes presidenciales en cadena de radio-tv) fracasa ante la mediación ínfima del receptor singular, sobre todo si es internauta de sociabilidad icónica. La progresión que llevaba desde lo inmediato hasta lo remoto, por la vía de los sucesivos pasos del viaje, incluyendo el envío bibliográfico y postal, se ha quebrado sacando a relucir una fractura expuesta de la continuidad biológica del tiempo. El “tiempo real” es impresencial e inoportuno y sobre todo, supranacional.

Por esa razón la anorexia popular de los hombres de Estado, ejemplarmente representada por la anemia representativa de su radio de acción mediática, se encuentra en relación inversamente proporcional a la bulimia narrativa de poblaciones sobrealimentadas mediáticamente. La recepción multimedia masiva devora a los hijos, ya no de la revolución, sino de la frívola producción empresarial de los medios (http://www.laondadigital.com/LaOnda/LaOnda/426/A4.htm).

Bajo tales condiciones las poblaciones gobiernan a distancia la agenda de los medios por una razón masiva del consumo, ante cuya requisitoria el carácter general del valor de cambio de la moneda, que acuñara el fetichismo de la mercancía en el universo teórico marxista, empalidece de envidia adquisitiva. El signo de la moneda le ha ganado al valor de uso del circulante, ante todo, porque la tecnología ha logrado que el signo circulara a escala planetaria, mientras el valor de cambio monetario sigue atado a la oferta de mercados geográficamente limitados.

En estas condiciones generales, ya no del valor económico que analizara Marx, sino de la condiciones planetarias de la emisión a distancia, la significación agorera del zapatismo consistió en anunciar que las poblaciones pueden comandar no sólo por catálogo a domicilio, sino por mandato de base, incluso a sus comandantes. La atopía geográfica de la globalización en ciernes cristalizó en una “astucia de la historia” la utopía anarquista, dándole vuelo universal de comunidad indígena desde la selva lacandona, en aquel augural 1994 (http://www.larepublica.com.uy/editorial/348164-la-lucha-zapatista). El Sub-Comadante Marcos supone oculto detrás de su pasamontañas la imposibilidad de un rostro representativo del poder institucional, cristaliza por la vía positiva la prioridad comunitaria de la comunicación, que las comunidades indígenas mantuvieron patente en la sociedad de los espectros de la memoria, que el mito rememora intemporal e impersonalmente. Marcos (el mexicano) no se cansó de repetir que el Comandante es la comunidad.

Este proceso de fondo tecnológico y de emergente mitológico no se acantonó en los cantones primitivos de las comunidades indígenas, sino que es la ley de actualidad de todo candidato institucional y sobre todo, de aquel con pretensión presidencial. Contrariando la nostalgia estatista-representativa del batllismo que encarna Mujica y la eficacia aparatista de las tecnologías de gobierno que propugna Astori, Carámbula gana terreno por el perfil bajo que conquista al militante de base catódica. La ley de la pantalla siempre fue la del usuario, incluso cuando era panzer-teile: la parte de armadura con visillo que le permitía al caballero andante mirar a través del hierro. Hoy esa ley de la pantalla se condensa en el mensaje que apoya a Carámbula porque es “uno de los nuestros”. En el blog que le solicita a Marcos Carámbula que acepte la candidatura conviene leer ante todo las expresiones de adhesión que siguen al mensaje de inicio (http://cartaabiertamarcos.blogspot.com/2009/01/blog-post.html).

Contra la reivindicación nacional uruguaya que levantaron con validez en su momento los tupamaros y que Mujica pretende reeditar fuera de foco histórico, contra la impávida eficacia de las cifras que reivindica Astori cuando la econometría chirría más que los ejes sin engrasar de Yupanqui, Carámbula es el candidato de carambola que viene girando sobre sí mismo por las bandas de las bases. Ante todo por las bases que comunican las bandas de ondas hertzianas (tv,fm,am), que se emiten por lo alto, pero se escuchan por lo bajo.

Existe dificultad en apreciar la significación de una candidatura que se iza en la opinión gracias a su bajo perfil, sin advertir el paso de banda presidencial que las instituciones de Estado resignan ante las condiciones de audiencia. Los candidatos y políticos de transición hacia un mundo sub-institucional, como el Sub-Presidente Marcos, promueven y subrayan esa radicación contracultural de la política, que seduce a la racionalidad representativa del poder desde 1968.

[1] Foucault, M. (1975) Surveiller et Punir, Gallimard, Paris, p.211.
[2] « Con pena y sin gloria » Brecha (06/03/09) Montevideo.
[3] Viscardi, R. (1991) Después de la Política, Juán Darién, Montevideo, p.7.

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El regreso de Lecor

1ª quincena marzo 2009


Aún no se habían aquietado las ondas hertzianas que levantara Empetrolulado (“lula”: calamar en portugués) en la última actualización de este blog (15/02/09), cuando ya los efectos ecológicos de la catástrofe regional desatada por Botnia se hacían sentir sobre la sufrida materia gris uruguaya[1]. Un pre-candidato frenteamplista ha declarado, antes de ser candidato siquiera, que cuando sea presidente quiere ser como Lula (http://www.larepublica.com.uy/politica/353776-mujica-definio-a-lula-como-un-posible-modelo-a-seguir).

El presidente del Brasil ya es grande, como lo manifestara proféticamente Empetrolulado, por su investidura incluso, en tanto el himno lo exalta del propio país que preside “Grande pela sua natureza”. Veamos: cuando sea grande, en tanto un presidente es grande, Mujica quiere ser como Lula, quien representa la grandeza posible de la izquierda en Brasil, que ya es grande de por sí, aunque como lo expresa su himno patrio, no por una grandeza apenas interior, sino como es grande un grandote, por la mera “natureza”.

Se adivinará que tras tantas exhortaciones a “olvidar Maracaná”, en particular por parte de quienes intentaban modernizar la modernidad uruguaya, ahora la apuesta no puede ser post-moderna, sino post-uruguaya: no olvidar Maracaná, sino convertir aquel sentido en su contrario: Brasil se consagraría en el Centenario.

Maracaná fue una epopeya subjetiva y como tal, un relato mítico uruguayo, nunca nadie creyó que les ganáramos porque jugábamos mejor. Salvo quizás los propios brasileños, como me lo confesara personalmente de sobremesa (es un testimonio de parte) un comensal carioca que asistió, muy joven aún, a la final. Esa única vez oí sorprendido, destacar ante todo que la selección uruguaya era buena futbolísticamente. Recordemos el relato uruguayo y oiremos siempre una victoria subjetiva: antes del partido el “mono” Gambetta se duerme en la bañera, displicente y desentendido de la magnitud inminente, durante el partido Obdulio dice “los de afuera son de palo” y se pone la pelota bajo el brazo para enfriar el gol de Friazza. La selección uruguaya era buena futbolísticamente, nadie lo negó nunca, pero la clave de la victoria en el relato de la hazaña no está en el manejo de la pelota, sino en la templanza moral. De ahí precisamente proviene su condición mitológica (el mito es de fundación, de socialización y de emotividad, por igual), funda la identidad uruguaya en una superioridad subjetiva que se sobrepone al gigantismo meramente corpóreo.

Ese relato uruguayo es eminentemente moderno porque parte, como lo subrayara en un planteo cardinal Foucault, de la contraposición “en doblete” (o sea en su unidad) de lo empírico (la cosa) y lo trascendental (el pensar)[2], pero además, es eminentemente moderno porque subordina lo empírico (la magnitud física) a lo trascendental (la magnitud subjetiva). La declaración de Mujica que propone tomar al gobierno Lula por modelo significa un derrumbe interno, por partida doble, de la subjetividad moderna ante un modelo atado en su propio himno nacional al tamaño, pero además, de la subjetividad uruguaya, cuyo modelo de patria siempre recurre a insignias subjetivas, como el arrojo de Sarandi: “carabina a la espalda y sable en mano”.

Sin duda el derrumbe ideológico que representa Mujica trasciende en mucho su precandidatura presidencial y encuentra, en su inmediatismo mediático, tan sólo la corrupción más patente de la modernidad posible en tiempos de globalización. El cadáver político politológicamente maquillado de la modernidad uruguaya manifiesta, rigor mortis mediante, que hemos llegado a un límite que se puede trazar, a la Rembrandt en La clase de anatomía. Valdría la pena recordar el sentimiento de patria que animaba los impulsos tupamaros en su momento:

La patria te dijeron
Y te dijeron mal
La patria compañero
La vamos a encontrar

La alambraron los ecos
De Lecor y de Alvear
Y los que traicionaron
A Artigas además

La canción de Numa Moraes ya planteaba la dificultad patria que el espíritu tiene para darse un cuerpo que puede esquivarlo o rehuirlo, como ha sido siempre el caso de la comunidad oriental (del Uruguay), jaqueada entre colosos y sometida al juego de las potencias oceánicas de turno, en razón de su posición estratégica en la salida oceánica de la cuenca del Plata (4.000.000 de kilómetros cuadrados). Sobreponiéndose al tamaño como en la hazaña de Maracaná, esas dificultades de in-corporación del espíritu moderno difícilmente quedarán simplemente relegadas al test de probabilidades de los encuestadores. Este concepto de patria se ha vuelto tan esquivo para la comunidad de este país (un país sin patria es una comarca), que el propio Gavazzo ha reivindicado de su pasado la defensa de la patria (http://www.larepublica.com.uy/politica/354427-la-carta-de-gavazzo-a-mujica).

Tal defensa adquiere lugar público a propósito de la propuesta de Mujica de “conmutación de la pena a quienes aporten datos”, pero sería un error creer que se trata de una mera bravata de cobarde torturador. Porque Gavazzo no ha respondido jamás políticamente a la impugnación de un familiar lesionado en un ser querido, como no sea por insultos indirectos y genéricos a la militancia y al compromiso izquierdista. Tales insultos abrevan en la imagen de una risa despreciativa de quienes lo impugnan jurídicamente, que ensaya ante cada reportaje fotográfico a la entrada de un juzgado. No puede sin embargo transformar el insulto callado en argumento político porque no hay razones de Estado conmensurables con el dolor personal, la pérdida del ser amado, la lesión al sentimiento propio de un particular. Pero sí existen razones de Estado contra razones de Estado. Leviatán no distingue entre lobos buenos y malos, la política de Estado tampoco.

Mal que le pese a Mujica contra su voluntad -y a Fernández Huidobro que ensaya ad-hoc del mismo asunto una interpretación idiosincrática de la actitud militar (http://www.larepublica.com.uy/politica/354415-se-van-a-morir-estan-presos-y-no-hablan) -ante el suceso de la carta de Gavazzo, su carta abierta a Mujica responde a una interpelación que éste le dirige en tanto miembro de la comunidad siniestra de los violadores de derechos humanos. Ahora, si la propuesta de Mujica tuviera andamiento ¿dejaríamos fuera de las declaraciones admitidas a Gavazzo? Sin duda que no, sin que cayera por lo mismo la propuesta en su conjunto y por principio, integridad de planteo que da lugar político a la carta de respuesta del exmilitar.

El desliz que cometió el pre-candidato pro-lulístico no es por consiguiente colateral ni ajeno al “modelo” que postula por inclinación presidencial. Tal “modelo” se ha destacado particularmente por ignorar, en aras de las más prosaicas “razones de Estado”, la cuestión de las violaciones de los derechos humanos en el Brasil (http://www.larepublica.com.uy/politica/350912-jango-era-un-subversivo-para-la-dictadura-uruguaya). La propuesta que puso el centro en la cabeza de Gavazzo con todo el arco libre enfrente, surge ante la necesidad de “encontrar una solución al problema”, es decir, colocar la cuestión de la violación de los derechos humanos en una perspectiva de gobierno, como si tal mirada supérstite pudiera zanjar el duelo y la reparación. Una razón de Estado esgrimida por un político profesional, que se proyecta además a la “primera magistratura”, procura resolver desde el Estado un problema de particulares. Luego, tal actitud que no puede ser considerada “modelo” ejemplar desde el punto de vista de las subjetividades individuales, anima sin embargo al “modelo” programático al que dice adherir Mujica.

Quienes experimenten el consabido horrori vacui ante una eventual desaparición de la alfombra de Estado sobre la que creen erguirse en la permanencia, pueden dormir tranquilos: ya vuelan sobre una alfombra mágica puesta en órbita por el sistema de medios. Para comprobarlo no tienen más que preguntarse con qué base ideológica o partidaria (en el sentido propiamente programático) se ha izado Mujica en los índices de opinión. Ante esa levitación a botón de pantalla televisiva, la labilidad non-stop de las reivindicaciones extra-gubernamentales (por ejemplo la de familiares de desaparecidos) promete la tierra firme del cotejo de partes y particulares en razón de sus anclajes singulares.

La putrefacción de la entidad moral (ejemplar) en la entidad corpórea (programática) es una característica de la declinación de la modernidad a la que asistimos. Uno de sus rasgos principales es la desarticulación de la “forma Estado” como artefacto homologador de derechos y deberes[3]. Esta desarticulación se expresa en la caducidad ya no de la pretensión punitiva del Estado, que podrá seguir existiendo por vía administrativa, sino de la pretensión articuladora del Estado, como principio de las soluciones propicias para la integración comunitaria. A esa índole de soluciones apunta Mujica en su desvarío infortunadamente restaurador de una integración batllista que no volverá. De ahí sus ademanes que nadie confundiría, como le place según sus propias declaraciones, con los de un universitario -a excepción de Daniel Martínez a quien elogia como universitario porque "ni lo parece", pero que nos ponen, no por lo tosco (http://www.larepublica.com.uy/politica/353778-pepe-es-un-conductor-politico), sino por lo obsoleto, a la merced de resurrecciones políticas como la de Gavazzo.

Estas se multiplicarán en cuanto el “modelo Lula”, que desatara en el propio Brasil desastres ecológicos de la moral pública en aras de “razones de Estado”, derrumbe lo propio de nosotros mismos en el trasfondo de la identidad. Aquella entidad moral que fue ante todo el Uruguay, propicia pese a su declinación la búsqueda de conducción en la glocalización que nos toca ahora, base incluso del equilibrio y la integración regional (la brasileña incluida). Se trataría de una patria de derrotero.

La patria compañero
La vamos a encontrar
La vamos a encontrar
Por más que se nos vuelva
Aguja en un pajar

Encontrar una aguja artiguista se hará aún más difícil si además se la tiñe de “verde amarelho”.

[1] Lejos de forzar la expresión, nuestro propósito recoge el concepto de « ecología gris » en Virilio. Ver Virilio, P. (1997) Cibermundo, Dolmen, Santiago, p.59.
[2] Foucault, M. (1966) Les mots et les choses, Gallimard, Paris, p.329.
[3] Marramao, G. (2006) Pasaje a Occidente, Katz, Buenos Aires, pp.146-147.

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Empetrolulado

2ª quincena febrero 2009

Un aviso a los navegantes se cruza desde ya Uruguay arriba en el rumbo de los precandidatos frenteamplistas. Una gigantesca mancha -que no parece ser lo que es- esconde microscópicamente el mayor desastre macroscópico posible: la obnubilación bienpensante. Lo macro es micro cuando le basta con estar delante del ojo para parecer mundo. Cuando tal estampa captura el ojo del pensamiento, el cíclope enceguece por su propio gigantismo de mirada, creyendo ver en universo el puro verso de su caletre moral.

Mientras innúmeros especialistas se afanan en saber qué hay en las algas microscópicas que pululan en la superficie del río Uruguay, el océano inmediato revienta en sus profundidades explotables de puro oro negro. Como los ríos de Manrique
[1], estos cauces fluviales apenas logran disimular que la exactitud se dice de tantas maneras como acomode al maremagno (maremagnum) donde finiquitan los fluidos intelectuales. De esa forma hemos logrado, no hace mucho, convertir al globalismo en maná de inversión y a los intereses multinacionales en filantrópicas intenciones sin fronteras (2). Aparentemente, sin consecuencias efluentes ecológicamente significativas. Habíamos logrado reducir la mirada a la medida, el Uruguay a un quantum de polución (necesaria y suficiente) y el conflicto regional plurisecular, que nos llevó a llamarnos como un lado de un río, a un añil cartográfico. La línea áurea que dividía nuestro ciclópea ceguera de la visión nula que alcanzaba se trazaba con un cartabón moral (3).

Reconstruyamos el calado de tal blindado de nave, una vez más, como recordatorio de navegantes con banderas izquierdistas río electoral arriba. En tanto el Estado uruguayo representa la excelencia moral contrapuesta a la corruptela de nuestros vecinos occidentales del Uruguay, que no se sabe por qué obsesión cartográfica tomamos siempre por medida de lo propio, el gobierno uruguayo le asegura a la opinión pública universal el control de los efectos globales de la globalización dentro del territorio uruguayo. Lo anterior, con no ser globalmente un razonamiento global, se prueba sin embargo por la soberanía intacta sobre nuestro ego, que nos permite afirmar que se puede confiar en que el gobierno va a controlar la polución.

De tal manera vamos a estar en condiciones de cumplir con todos los requisitos jurídicos, incluida la demostración de que el Tratado del Río Uruguay nos autorizaba a tomar la iniciativa unilateral de instalaciones que influirían en su cauce. Como prueba de tal excelencia moral se contó con la suma tricolor (rosada y frenteamplista, ya que el rosado no sería sino mezcla de dos colores frenteamplistas) de todos los líderes políticos, incluidos aquellos que en su momento votaron el Estado de Guerra Interno que allanó el camino de la tortura y los asesinatos que ya prometía en ciernes el pachequismo. Munidos de esa inmunidad moral tricolor que nos da la suma del sistema político pre-dictatorial, dictatorial y post-dictatorial, mostramos por la coraza unánime de la representación pública que no habrá polución moral que nos perfore (ni siquiera la memoria de las víctimas del pasado reciente).

Por esta vía moralmente impoluta de la polución racional las multinacionales brotaron como hongos en nuestro territorio, nos irisamos imaginariamente de chimeneas a lo Botnia y plantamos eucaliptos a baldes de agro-tóxicos que resbalan por nuestra impermeable coraza de piso moral histórico, sin poner en riesgo ningún acuífero intelectual tesaurizado. Los 40 a 50 litros de agua diarios que consume cada eucaliptus no pesan sobre el territorio, ya que la planta los extrae de la napa subterránea que en definitiva también podemos sacrificar porque no es significativa desde el punto de vista del PBI. Como el PBI es interno, nos pertenece y tomamos decisiones soberanas sobre él, mal que les pesa a los teóricos de la glocalización suprafronteriza
[4].

Ocupados en proteger la frontera occidental del Uruguay, en particular del intento peronista de convertir las microscópicas algas inofensivas en ramas de celulosa flotantes, no advertimos la negra amenaza de tentáculos de calamar ("lula" en portugués) que amenazan succionar con ventosas empetroladas nuestro combustible moral. De confesión de parte periodística, todo se arregla entre el presidente el gigante del norte y el norte que preside en el pequeño sur, como en los idilios adolescentes: por teléfono (
http://www.larepublica.com.uy/politica/352861-el-10-con-lula) (5). Tanta solicitud a flor de piel con un vecino mundialmente ambicioso en un país cuya memoria retiene invasiones del norte, fronteras corridas desde el oeste, manzanas de la discordia por el medio y nuevas troyas literarias inspiradas en política de cañonera, no deja de asombrar por la potente erupción de pasión[6]. Bastaría para justificarla, la ruptura sellada con otro romance posible en el vecindario uruguayo, siempre inclinado a fisgonear en la ventana argentina.

Sin embargo el barrio ha crecido en plataforma continental. El petróleo que viene a confortar las ambiciones brasileñas sólo se vería por el momento contrarrestado, en perspectiva estratégica, por el que se supone que contiene el subsuelo marítimo uruguayo. Tal hegemonía subacuática se torna imprescindible cuando una versátil Venezuela asume roles que la OPEP convalida islam chiíta mediante, e incluso concede surta en el Caribe la gélida presencia de una flota rusa en ciernes. La incomodidad que produce Chavez en el calamar empetrolado brasileño podría llegar a cercenar algunos de sus tentáculos si el gigante no retuviera con sus ventosas los vientos posibles de eventuales reservorios gasíferos uruguayos, igualmente complementarios de los que Venezuela detenta (
http://webarticulista.net.free.fr/rv200816092133+Ricardo-Viscardi.html)[7].

He aquí como la macroscópica ceguera del cíclope moral uruguayo nos ha dejado a la merced, por un conteo de microscópicos organismos neo-peronistas, del gigantesco calamar norteño que palpa de sus tentáculos las propias profundidades que creíamos invictas. Aunque todavía puede ocurrir en el devenir de las candidaturas presidenciales frenteamplistas que se globalicen lo suficiente, como para recordar que tal izquierdismo del norte inauguró la vía mercantil al socialismo, con un curiosos tráfico de votos de derecha que le costó el prestigio moral
[8]. Aunque en este caso poco parezca importarnos los que nos llenaba de orgullo entre nosotros, de cara a las frecuentaciones que debieran confortarnos. Sobre todo si se considerara que tan curiosa propensión izquierdista se complementa con la mayor impunidad bajo una izquierda latinoamericana de que se tenga memoria (http://www.larepublica.com.uy/politica/331889-paraiso-de-impunidad) [9].

No parece tal gigante de los mares petroleros un dechado de izquierdismo, aunque el tentáculo que pasa amorosamente sobre nuestros propios fondos marítimos no nos sonroje sino por entusiasmo romántico. Ante las emociones que parece provocar en la esquiva epidermis moral de la izquierda uruguaya tal calamar-lula empetrolado, el cosquilleo insensato de miríadas de microorganismos acuáticos peronistas pareciera incluso plena de serias intenciones izquierdistas.

[1] Manrique, J. « Coplas por la muerte de su padre » http://www.los-poetas.com/g/jorge1.htm#COPLAS%20POR%20LA%20MUERTE%20DE%20SU%20PADRE
[2] Viscardi, R. “Celulosa que me hiciste guapo” (21/03/06) Compañero, http://www.pvp.org.uy/viscardi3.htm
[3] Viscardi, R. “El silencio de los caníbales” (25/07/06) Compañero, http://www.pvp.org.uy/viscardi7.htm
[4] Marramao, G. (2006) Pasaje a Occidente, Katz, Buenos Aires, p.41.
[5] « El 10 con Lula » La República (15/02/09) Montevideo.
[6] Desde sus orígenes, la existencia del Uruguay, en particular como país independiente, se vincula al conflicto entre Brasil y Argentina, que incluso intervino en las guerras civiles uruguayas durante el siglo XIX.
[7] Viscardi, R. “Bolivia entre pozos y poses” (2008) Webarticulista.net http://webarticulista.net.free.fr/rv200816092133+Ricardo-Viscardi.html
[8] Los sucesivos escándalos vinculados al gobierno Lula en sus repetidas negociaciones con la oposición llevaron incluso a la exclusión de José Dirceu, de particular prestigio estratégico, primero del gobierno presidido por Lula, luego de la misma condición de paralamentario.
[9] El sistema institucional brasileño, incluso bajo el gobierno del PT ha desechado la posibilidad misma de un enjuiciamento de los crímenes de lesa humanidad ver "¿Paraíso de impunidad?" La República, (19/08/08) Montevideo (http://www.larepublica.com.uy/politica/331889-paraiso-de-impunidad).


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El regreso de Pinchinatti

1ª quincena febrero 2008



Un fantasma recorre de punta en blanco las circunscripciones imaginarias del voto frenteamplista. Desde el primer anuncio de un tercero inmiscuido en la corriente alterna de los aparatos, el desperfecto desordena el funcionamiento del cerebro bi-polar de las cúpulas, desarreglando la circulación en el único sentido posible (para el arte de lo posible) : arriba-abajo.

Esta alucinación terrorífica tiene un origen remoto, que los curadores de políticos prefieren olvidar al hacer su agosto en cada noviembre electoral, con el noble propósito de no alterar el bienestar de los pacientes sometidos a reanimación, ni dejar de reanimar la recaudación zafral, generosamente sustentada en el óbolo de la opinión pública gratuitamente computado[1]. El propio Pinchinatti, candidato a descostillarse de risa, tuvo que morigerar en su momento bajo la máscara del adusto Espalter sus embates histriónicos, en cuanto ya por entonces un coro de representantes públicos espetaba su condena al humor anti-politiquero.

En aquel fin de los 80’ que marcó un giro definitivo del siglo de los totalitarismos (a derecha e izquierda por igual), la memoria cultural batllista del Uruguay creyó en el espejismo de una reedición nacional de la democracia, supuestamente vivificada hasta sus raíces primordiales por la presión dictatorial, para verla luego disolverse entre bambalinas de la Conapro (Comisión Nacional Programática), supuestamente supra-partidaria y efectivamente super-aparatista. Ese mismo año 89 de elecciones nacionales y de la caída del muro de Berlín veníamos de un referéndum que consagraba la impunidad, bajo cuyos efectos todavía estamos, para hazmerreír del mundo jurídico internacional[2], pero no de nuestros pegadores de artículos ad-hoc al poder en textos supra-constitucionales, que ya por entonces anunciaban, como corresponde al país vanguardia de la moral intelectual mundial, el “recorte y pega” que hoy cunde en nuestra pantallas, aunque con sentido menos virtual y sobre todo, menos virtuoso. Un país Retardo-moderno se llenaba de inquisidores de la posmodernidad que a derecha e izquierda reivindicaban los valores, desde la Bolsa de Valores (monetarios) hasta los valores (ideológicos) embolsados en los Partidos Unicos.

Luego vino la larga marcha del Frente Amplio subiendo la cuesta rosada (blancos y colorados todos sumados) de la reforma electoral del balotage, que no dejaron de suscribir algunos frenteamplistas, incluso uno de los actuales candidatos a la presidencia, de forma tal que una vez alcanzado el gobierno, los cálculos administrativos no se encontraran demasiado incomodados por la batahola parlamentaria de mayorías exiguas, ni verse tal gobierno llevado a caer en el aciago mal de la movilización para dominar la tormenta política. Mientras marcábamos el paso de la derecha, generábamos algunas decenas de miles de marginados más, que para la izquierda de la Historia (mayestática) no debieran considerarse izquierda del todo (político).

Sin embargo los referéndums de iniciativa que nacían de la militancia genérica hacían su camino desde 1994 y cimentaban la ruta, a fuerza de tal inercia de izquierda, que parecía confirmado que teníamos el mejor país porque teníamos el mejor sistema político (no-peronista, ergo: supra-argentino), curiosa inversión de pirámide que parece haber suscitado la admirada aprobación visual de las multinacionales : que incluso en algún caso manifestaron recientemente, de presidente a presidente, su agradecimiento congratulado con la figura acrobática de una izquierda al revés[3]. No debemos olvidar en tal auge uruguayo de la Retardo-modernidad la ingrata tarea que cupo a comunicadores (que no se entiende porqué debieran ser adjetivados “sociales”), sobre todo en emisiones informativas dilatadas por tandas publicitarias hasta la hora y media, que muestran que el Uruguay no sólo presenta el carnaval más largo del mundo, sino ante todo, la carnestolenda informativa mejor encarnada en publicidad a volumen cada vez más alto.

Todo este maremagno de políticos versátiles en alternativas y de comunicadores ostensivos de índices de opinión instructivos para la opinión pública, que sin embargo los instruye con encuestas de opinión (no es un trabalenguas, sino la teoría de la confirmación de Carnap, llevada a la encuesta mediática y a los medios de encuesta, como corresponde a la continuidad racional del lenguaje L, que castiga incluso a la sintaxis)[4], nos llevó a olvidar –casi 20 años después y ya fallecido Espalter- al bueno de Pinchinatti : un politiquero de ley.

El retorno de Pinchinatti se manifiesta irredento cuando la más genuina de las candidaturas, por desamparada y militante de a pie, de buenas a primeras se encuentra vinculada con el voto en blanco[5]. La condena del sistema político en tanto imagen vacua del sistema de medios genera el fantasma de la primera dimensión carnal de la nada: la angustia ante el mero contorno de una figura vaciada de rasgos sistemáticos. Un candidato sin partido conocido, oscuramente proclamado por bases ignotas, llama a tambor batiente con irresistible atracción, convirtiéndose en el vertiginoso efecto de embudo del sistema político de la nada[6].

El perfil de Carámbula es de carambola (de casín) y por eso aterra a las cúpulas cardenalicias de la izquierda[7] y genera sugestión para numerosos militantes : lejos de representar la sistematicidad del sistema manifiesta sus agujeros en los bordes, el lado oscuro de la representación institucional. Si alguien supusiera que la investidura comunal sugiere lo contrario, cabría señalar que ni los intendentes más señalados generan necesariamente señalización política, ni menos en un departamento asolado prolongadamente por la derecha, con el propósito deliberado de conservar la titularidad comunal. Un elemento interpretativo clave es el veto que impidiera –incluso desde su propia organización política de origen (Partido Comunista), según se dice, la postulación del mismo Carámbula en las elecciones departamentales precedentes, disminuyendo así las chances canarias de izquierda en 1999.

Quizás el poder olvida necesariamente que los “candidatos llamados desde arriba” difícilmente lleguen a ser buenos políticos, si comenzaron por ser “políticos buenitos”. ¿Quién no podría señalar (al menos) un ejemplo cruel de “candidato a dedo” que arruina empeñosamente el caudal político que recibió?

Quizás la conducción del Frente Amplio no llegue a percibir que en la nominación de Carámbula, en particular para las internas, reposa el principio de su movilización ampliada con relación a un margen electoral difuso, que hoy no puede gestionar desde los círculos partidarios que lo integran[8]. Envueltos en el espejismo cada vez más borroso del Congreso de diciembre pasado, estos últimos no parecen percibir que las bases no reposan sobre terreno presencial, sino sobre el vacío virtual del sistema de medios. La raleada participación de jóvenes y la participación asistida por organizaciones en los comités de base anuncian, sin embargo, la creciente vigencia de la concentración a distancia, máquina de moler ideologías desencarnadas.

Aunque un tercer candidato no modifica las condiciones predominantes en la actual concentración a distancia (medios masivos-nuevas tecnologías), que determina cambios antropológicos alternativos de la sensibilidad política, supone sin embargo una aproximación generacional significativa al aggiornamiento exigido silenciosamente por la recepción pública[9].

El tramo generacional 68-89 se encuentra sub-representado en el escenario Retardo-moderno del Uruguay, en cuanto la generación del 68 fue cooptada por el limbo político de la generación del 45, cuyo mundo ideal de izquierda nos condenó a una marxología nacionalista de escaparate (que en librería vende bien, como todo producto atávicamente rancio). Por esta razón la generación del 68 recién cumple su ciclo completo en la generación del 83, que no es universal sino uruguaya –en razón del retardo antedicho, cuyos efectos benéficos se patentan –afortunadamente- en el recambio generacional del Pit-Cnt (que sí tuvo lugar), con efecto de trancarle varias veces (“en el área penal”) con acierto al gobierno[10].

Esa independencia poco usual en la izquierda uruguaya se explica porque en la lucha final contra la dictadura cundió, como irreverente memoria generada por la pregunta “¿porqué hay dictadura?”, la crítica a la partidocracia. En ese sentido, las postulaciones de Carámbula y Martínez (sobre todo juntas) se oponen al revival batllista de vendedor ambulante que predica con infalible olfato Mujica. Pero también se opone a la continuidad tecnocrática de izquierda que difunde Astori, en cuanto retoma (en la identificación moderna “saber-izquierda”) los dos hitos generacionales pre-68 (el 45 y el 58 -la lucha por la Ley Orgánica de la universidad).

Situándose en el borde de un sistema político sin rostro (que no llena con un perfil de aparato) y del individuo detractado de toda representación (que encarna por sustracción en razón de los sucesivos vetos recibidos), Carámbula tiende un puente entre el sistema político de la nada (la substitución del sistema político por el sistema virtual de medios) y la necesidad de incorporación desde los márgenes virtuales. Este puente es transitorio, tiene pilares generacionales con marca de época y si no se afianza ahora abrirá un cauce aún más hondo para la incorporación política nihilista. En particular para la que pueda expresarse a través del voto en blanco, pero más allá, para un proceso de constitución de la participación pública desde la potencia virtual (que es decir dos veces la misma cosa: virtualidad significa “de gran potencialidad”[11]).


[1] Ver en este mismo blog ¡Valiente encuesta ! 2ª quincena junio 2008.
[2] Según la jurisprudencia internacional, los crímenes de lesa humanidad no prescriben ver : http://www.unhchr.ch/spanish/html/menu3/b/p_limit_sp.htm
[3] El presidente de Botnia visitó en su momento al presidente Vázquez para manifestarle su agradecimiento ante el apoyo recibido contra el custionamiento ambientalista.
[4] Al respecto : Viscardi, R. "Interrogantes Interdisciplinarias del Análisis del Discurso Político" en Introducción al Análisis del Discurso Político (1987) Fundación de Cultura Universitaria, Montevideo, pp.21-23.
[5] « Frente Amplio. A la polarización le está por surgir un competidor » La República (11/01/09) Montevideo http://www.larepublica.com.uy/2009/01/11
[6] Este tópico es uno de los ordenadores principales del libro Celulosa que me hiciste guapo : el tango merco-global, ver en particular Viscardi, R. “Celulosa que me hiciste guapo” (21/03/06) Compañero, http://www.pvp.org.uy/viscardi3.htm
[7] El Vice-Presidente Nin Novoa y ministro Lescano condenaron sin ambages la postulación de Carámbula, aprobada sin embargo ampliamente en el Congreso -que no condenaron que se sepa : « Propuesta de Rossi es "mamarrachesca" La República (30/01/09) Montevideo http://www.larepublica.com.uy/2009/01/30
[8] Ver las declaraciones de Rubio al respecto en « Carámbula oficializará la próxima candidatura para las internas » La República (31/01/09) Montevideo http://www.larepublica.com.uy/
[9] Sobre a diferenciación generacional « Le piden « abrir una alternativa diferente » La República (31/01/09) Montevideo http://www.larepublica.com.uy/
[10] Recordemos : trancó el TLC con EEUU, el « Nunca Más » cívico-militar, impulsó la lucha por el presupuesto para la educación y no se sumó al coro de neo-izquierda que pedía la cabeza de Adeom (entre cuyos afiliados un 60% ganaba por entonces la escandalosa suma de 13.000 pesos o menos).
[11] La oposición real-virtual nos ha llevado a olvidar otra más antigua : virtual-actual, esta última retorna con la subordinación creciente de la naturaleza a la tecnología. Ver al respecto Baudrillard, J. (2000) Mots de passe, Fayard, Paris, pp-51-57 (existe edición en español del texto).


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El objetivo de Ana Frank

2ª quincena enero 2009



No es frecuente en la circunstancia percibir que se llegó al otro lado. La impresión de estar alcanzando otro lugar registra lo acontecido en el acontecimiento. Cuando se genera esta condición se supera el borde del tiempo, es decir, se accede a lo propio del tiempo, al paso de pasar[1].

El cotejo del borde traslada la verdad allende el límite. Lo que se encuentra más allá anuncia lo que se ha desplazado imperceptiblemente y que de pronto alcanza figura divisable. Esta visibilidad ya es división y permite una primera toma de distancia, en principio como distancia incoercible de una emotividad que pugna por ir al otro lado. Tal desborde configura asimismo un anuncio de lo absoluto en tanto ajenidad. Lo ajeno no nos pertenece, pero no deja de involucrarnos. Estamos involucrados en la suerte que pertenece a alguien que no nos pertenece.

Esa pertinencia de lo impersonal constituye el mayor desafío para la decisión que se sustente en la libertad.

El efecto del diario de Ana Frank es destacar lo inefable de la inocencia personal. De esa forma, la tragedia de la casi adolescente víctima del exterminio nazi de lo diferente, ponía de relieve hasta qué punto la Humanidad era una ficción narcisista de la Historia, incluso fatal a los crédulos. Sin embargo, la propensión a justificar un relato de la transparencia de la conciencia persistió en hacernos creer que el nazi-fascismo fue una anomalía socio-económica, sin percibir que todo lo que pueda ser imputado a la naturaleza de la sociedad lo es asimismo a una pretendida universalidad de conciencia.

El síntoma cancerígeno de la degeneración del humanismo en etno-nacionalismo no cesó de sacudir el debate de la segunda mitad del siglo XX, en particular ante la multiplicación de los campos de exterminio de derecha y de izquierda, incluidos aquellos instalados en los países llamados subdesarrollados bajo el influjo institucional y estratégico explícito de los vencedores militares del nazi-fascismo.

Los adoradores de la transparencia de la conciencia, incluyendo a los nostálgicos de la “subjetividad transformadora” y a los adalides de la “iniciativa privada” no lograron desplazar en ningún sentido perceptible la cuestión de la tragedia totalitaria del siglo XX. Esta incapacidad teórica es determinada por el mismo anclaje de los relatos neo-revolucionarios y neo-liberales en un núcleo de significación inefable, cristalizado en tanto tautología procedimental
[2]. En tales términos, la autoridad del procedimiento proviene de la cristalinidad de su forma, tal como quería Narciso. Ante tal objetividad pura lo ajeno exige racionalmente ser exterminado.

El objetivo del diario de Ana Frank era la memoria de Ana Frank. Esa memoria no era objetiva, en un sentido que superara la existencia de Ana Frank. Por eso el exterminio de Ana Frank subrayó de la manera más objetiva hasta qué punto pendía una amenaza sobre el ser propio de un humano, tan sólo por la condición de encontrarse marcado en alguien.

La estrategia de regeneración de la Humanidad, por la vía de poner límite a la diferenciación de los miembros de la especie, constituye la racionalidad totalitaria. Su racionalismo pretende lograr la forzosa reducción de las pautas de la identidad, para preservar el registro de una forma nativa ante usos espurios. Aducir que esta moral de la identidad formal conduce a las más aberrantes inmoralidades es no entender el principio de toda moral basada en el sí mismo: su necesidad de fundarse y estar ante sí como ante otro, que por la misma condición propia de lo moral, vincula en el texto de Lacan a Sade y Kant entre sí
[3].

Una percepción del fascismo en tanto restauración autocrática del Orden de la representación, fatalmente deshilachado por su propio fundamento en la individualidad de su avatares exógenos, no puede avanzar sino periféricamente
[4]. Sus alianzas se anudan allí donde el sistema de las identidades, las representaciones y los poderes, que Occidente acuñó en la forma-Estado, cede lugar por sus propias fallas y anomalías constitutivas (la necesidad de excluir y marginar, en particular).

De esas falencias que aquejan a un sistema que permite perpetuarse clausurándose, el actual debate en torno a la prolongación del nazi-fascismo en sus antiguas víctimas, a través de la intervención militar del Estado de Israel en la franja de Gaza, constituye una de las expresiones más patentes
[5]. Las acusaciones recíprocas se basan en el mismo argumento del exterminio étnico masivo. Pero en cuanto lo étnico encierra la cuestión de la identidad, la condición de la diferencia que enciende la chispa de la explosión genocida queda, en los dos sentidos de la argumentación, abstrusa.

En el caso del afán expansionista que se le imputa a Israel, no se diferencia la razón de Estado del integrismo étnico. La supuesta conspiración antisemita que incluye a quienes se inclinen críticamente ante la situación, estados árabes moderados incluidos, no es sostenible desde el punto de vista de ninguna racionalidad de Estado. Esta perspectiva del mundo en pandemonio antisemita no es asimilable a ninguna concepción que aspire a una hegemonía y a una política de alianzas sostenida en relaciones entre estados, e incluso atenta contra una idea de la comunidad de naciones en tanto organización de estados (ONU). Detrás de esta agresión masiva y de esta agresividad no disimulada se percibe un designio de determinación unilateral de las condiciones, que no puede provenir sino de quien se cree dueño del destino propio y del ajeno. Si la cuestión del Estado se plantea allí donde surge otra nación
[6], la desestatización creciente de la política israelí pone en evidencia la condición insignificante que en la sensibilidad pública de esa población adquiere la causa árabe, en particular y sobre todo, la palestina.

Por otro lado, el argumento israelí de un designio de exterminio del Estado de Israel en razón de un fanatismo religioso, no explica cómo el integrismo musulmán ha crecido en el Medio Oriente a la par que el conflicto que hoy atizan los israelíes por su parte. Si Hezbollá se acrecentó, a la par que se consolido el régimen de los Ayatollah en Irán, mientras se continuaba la propia guerra que las potencias occidentales alineaban contra el mismo Irán, nada da a pensar que la masacre de palestinos genere entre sus filas reacciones en otro sentido. Incluso porque nadie puede ignorar, Al Quaeda mediante, que el integrismo musulmán crece en la región, dentro del propio Egipto inclusive, por más que Israel pretenda injerencia indirecta entre los árabes más moderados.

La furia totalitaria contra la diferencia encarnada en el diferente marcado, en verdad ha traspasado, llevada por la presencia a distancia (de identidades, idiosincrasias, sensibilidades), del objetivo del pensamiento al objetivo de la cámara. Esta injerencia en la condición ajena, multiplicada por la instantaneidad de la señal mediática, pone a toda persona en el trance de su propia alteridad ante poderes extraños. La guerra en el visor que propalan las agencias isralíes, a través de la cámara que presenta desde el mismo misil la progresiva aproximación al blanco, hasta que otra cámara registra la explosión que aniquila a la primera y su destino, expresa metafóricamente la condición mediática del objetivo en la actualidad.

Esta condición ya no se da por objetivo una memoria, así como la registró el diario de Ana Frank, sino una visual, como la que se tiene desde cualquier ventana mientras la cámara registra la aproximación del misil a esa fuente de visibilidad. Cada mirada pasó a ser un objetivo en el ser de la tecnología, en particular porque la tecnología se encuentra hoy liderada, en todos los campos, por las técnicas de la imagen, cuyo objetivo primordial requiere el gobierno de una mirada.

De ahí que el totalitarismo y el fundamentalismo presenten perspectivas diferentes del exterminio. El totalitarismo anunciaba la liquidación de toda diferencia espuria, por su impertinencia canónica para un régimen logocéntrico de la representación, particularmente trazado en el eje étnico-racial. El fundamentalismo propende a la reacción violenta de creencias agredidas a domicilio, ante tendencias que desestabilizan su centro de equilibrio, se propone por tanto destruir la fuente del daño que advierte en medio suyo. Mientras el totalitarismo apunta al exterminio del extranjero (a una idiosincracia, a costumbres, a una etnia) el fundamentalismo se propone atacar al mal donde sus manifestaciones suponen un peligro para su propio destino.

Así, el objetivo de Ana Frank pasó de la identidad de una memoria a la memoria de toda identidad, que en un campo de objetivos a distancia constituye una visión finalista del destino singular de cada uno
[7]. La trascendencia descendió de un más allá inefable a un más allá enfocable, centrado en la mira de cada quién, en tanto blanco de un poder de destrucción militar, objetivo de una política de medios, designio de estratagemas diplomáticas. La cuestión del fundamentalismo se plantea entre convertir a cada uno en un objetivo o admitir la tercería incluida de la ajenidad, en el núcleo mismo de la condición humana, de la condición de existencia, de lo vacuo de toda condición que aspire a ser una misma.



[1] Sobre la concepción de Derrida al respecto ver Viscardi, R. “La verdad del equilibrio” (2002) Revista Actio 1, FHCE http://www.fhuce.edu.uy/public/actio/Textos/I-1/Viscardi.htm
[2] « Si el « problema del conocimiento » se hubiera formulado en términos de las relaciones entre proposiciones y el grado de certeza que se les atribuía, y no en términos de supuestos componentes de las proposiciones, quizá no hubiéramos heredado nuestra idea actual de « historia de la filosofía » . Rorty, R. (1983) La filosofía y el espejo de la naturaleza, Cátedra, Madrid, p.142.
[3] « La Filosofía en el tocador viene ocho años después que la Critica de la Razón Práctica. Si depués de haber visto que le es acorde, demostramos que la completa, diremos que presenta la verdad de la Crítica" (trad.R.Viscardi).
Lacan, J. (1971) Ecrits II, Seuil, Paris, p.119.
[4] Es la lectura de Baudrillard que seguimos en Viscardi, R. (2005) Guerra, en su nombre, Arcibel, Sevilla, p.51.
[5] Es ilustrativa al respecto la polémica entre un representante del Comité Central Israelita del Uruguay y l central sindical única (PIT-CNT) ver : Buszkaniec, I. (entrevista) « Nunca se les acusó de fascistas » La República (10/01/09), Montevideo http://www.larepublica.com.uy/
[6] Ver al respecto la afirmación en cotejo de los estados-nación europeos entre sí : Marramao, G. (2006) Pasaje a Occidente, Katz, Buenos Aires, p.188.
[7] El componente religioso del análisis incrementa su participación explicativa en los distintos textos, incluso de sociólogos-economistas, ver al respecto Sader, E. Gaza : preguntas y respuestas en Compañero http://www.pvp.org.uy/?p=466 , asimismo, Mirza, Ch. « Que Jehová los perdone » La República (15/01/09) Montevideo http://www.larepublica.com.uy/


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El año del blog


1ª quincena enero 2009



Se cumple mañana un año desde que se actualiza este blog quincenalmente. Quiero expresar que lo transcurrido me brindó una de las mayores satisfacciones y agradecer a cada uno el inmenso aporte que me han hecho. Soy consciente de las limitaciones del planteo de este blog. Pero no alcanzaría tal significación, incluso en esas limitaciones, si no hubiera contado con la presencia y en algunos casos la opinión de quienes tuvieron la generosidad de compartir este lugar. Me propongo en adelante subsanar las carencias, particularmente de diálogo, que no han sido efecto de mi voluntad sino de condiciones propias de una actividad en distintos planos.

Este año me deja como aporte principal, a través de este blog pero también más allá, un instrumento que supera limitaciones anteriores y abre nuevos horizontes. No podría ni querría separar este instrumento de mi actividad universitaria, ni de mi persona en su condición, sino interpretar tanto lo uno como lo otro a través de una mayor singularidad del vínculo con cada uno de ustedes.

La posibilidad de evadir el coto de los medios masivos, en la relación “uno para muchos” se amplía día a día, no sólo a través de los blogs, sino de los correos electrónicos, de revistas y boletines con temáticas especializadas o sectores de destinatarios diferenciados (y más allá: foros, convocatorias, redes temáticas y sectoriales). En esa nueva articulación de los vínculos se inscribe este blog, donde comparte posibilidades alternativas (ya no en el sentido de “medios alternativos” en tanto comunicación desde “otra parte” social) de elaboración mediática. La integración de esa elaboración mediática crecientemente diferenciada y diversificada plantea, con relación a la condición intelectual, política e idiosincrática, la cuestión central de nuestra época y ha sido el tema sustancial de este blog.

Al mismo tiempo que la selectividad mediática de las “nuevas tecnologías” (tics) resquebraja el mundo único (unicista) de la representación vinculada universalmente a la edición (característica inherente a la Ilustración, la Enciclopedia y la Prensa), genera la posibilidad de acciones recíprocas y diferenciadas, desde su misma inspiración, en tanto contracultura y contrapoder. Cada quién abandona la singularidad signada por el todo para asumir la singularidad elaborada contra el todo. Tal singularidad es por lo tanto, ante todo, diferenciación consigo mismo. La cuestión de la mismidad y por consiguiente la identidad aparecen bajo una luz diferente (pantalla también quiere decir membrana o tela que filtra una fuente de luz) cuando la forma es efecto de una decisión que se interroga ante sí misma y por lo tanto incorpora la contingencia (y con ella la multiplicidad y el devenir) en el acto mismo de una decisión sobre la forma. Eso es lo nuevo en las tecnologías llamadas “nuevas”.

Quizás se piense que esta labor, reflejo de la universitaria y conceptual, debiera centrarse ante todo en el campo conceptual y filosófico, incluso cuando se plantea con relación a cuestiones de actualidad. Sucede que en tanto vínculo mayor de interlocución personal, este blog supone como condición del contacto lo que vincula a la comunidad. En el Uruguay este vínculo ancla ante todo en la condición político-partidaria y por más que nuestra actitud haya cuestionado desde siempre esa centralidad (la bibliografía publicada en el mismo blog da fe), ante todo por su creciente obsolescencia –en los mismos términos del resquebrajamiento de la unicidad representación-edición, una concomitancia de la ideología y la representación pública (aunque no necesariamente partidaria) es el terreno de la sensibilidad que vincula entre sí a la mayoría, inclusive para desplazarse hacia otros terrenos.

A partir de la segunda quincena me propongo integrar modificaciones de estructura y de actividad del blog. Se mantendrá el criterio de una intervención articulada en un concepto intelectual y no en una mera toma de posición. Me inclino a ampliar la participación en una comunidad de intervenciones, a partir –como lo he hecho hasta ahora- del envío regular a una lista de amigos personales, de organismos vinculados por la actividad académica y de medios que a su vez me hacen llegar sus publicaciones.

A cada un@ un abrazo esperanzado. Feliz 2009!!!


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Batllismo difuso en tiempos de contracultura

2ª quincena diciembre 2008



El senador Mujica ha expresado su plena certidumbre de la victoria electoral del Frente Amplio en las próximas elecciones nacionales[1]. Esta certidumbre se funda en la adhesión de los necesitados a un partido de gobierno, que comparado con sus antecesores, se ha destacado por los gestos destinados a los desfavorecidos. La apreciación de Mujica es verosímil por dos razones. La primera estriba en el “efecto Lula”. Pocos gobiernos habrán sufrido un descrédito ético de tal magnitud que involucró al núcleo del Partido de los Trabajadorees más próximo al Presidente, hasta tornar poco creíble la desvinculación presidencial con los escándalos. Pocos escándalos políticos habrán tenido tanta prensa dispuesta a registrarlos y difundirlos. Sin embargo, la reelección presidencial e incluso la popularidad del propio presidente permanecieron incólumes, en lo que podría interpretarse como un desmentido a los efectos fatales de la presión mediática. La explicación verosímil de este éxito escandaloso de quien fuera piedra del escándalo se sustenta en la “bolsa familia”. Este beneficio social aporta a los necesitados brasileños un sustento mínimo, que incluso prescindió, bajo el gobierno de Lula, de controles que antes menguaban su eficacia distributiva, en particular bajo la presidencia de Fernando Henrique (exigencia de escolarización de los menores para las familias beneficiadas.

La segunda razón de la verosimilitud que asiste a la afirmación de Mujica consiste en el propio desarrollo social tangible en el Uruguay. Con salarios que rondaban los tres mil pesos para los gradientes más bajos de la escala de remuneraciones, ante una situación en que la canasta familiar llegaba a alrededor de los 20.000, las familias uruguayas sortearon el embate de la crisis de desocupación y desaceleración económica que asoló al país durante el bienio 2002-2003. Esto supone no sólo disciplina familiar de varios aportes sumados bajo un mismo techo (pasividades incluidas), sino un ajuste del presupuesto de las familias que multiplicado por cientos de miles denota un disciplinamiento social de enorme magnitud demográfica. Esa racionalización masiva de la pobreza llevada al cálculo del gasto cotidiano, habla a las claras de un registro favorable a las medidas, tanto económicas como simbólicas, que auspician y propician el esfuerzo cotidiano y micro-económico. Con este signo de una estrategia cotidiana de supervivencia, la extensión de la racionalidad capitalista (de fines) no le habrá sido favorable al poder que la prohijó, en cuanto creó las condiciones subjetivas que propenden al reconocimiento, al menos ideológico, de medidas gubernamentales que en términos de la racionalidad anticapitalista (de valores), entran en conflicto con el desarrollo económico imperante.

Sin embargo, lo que Mujica no aclaró es si la victoria del Frente Amplio, sostenida en la racionalidad social de los pobres, será asimismo la victoria de la izquierda. Nada, ni en la teoría ni en la memoria, permite inferir de lo uno (la pobreza) lo otro (la izquierda. Ni las invectivas de Marx contra el lumpen-proletariado ni la popularidad que reiteradamente ha ganado la derecha entre sectores populares, en el mismo Uruguay por ejemplo, a través de la figura pro-dictatorial de Pacheco Areco, permiten sostener tal afirmación[2]. Es indigna la teoría de un instinto ideológico, que debe ser abandonada sin dilación cuando se habla de un “instinto de clase”, porque este sólo se denota cuando se traiciona (pese) a la ideología, lo cual viene a confirmar la necesidad intrínseca de esta última para discernir la diferenciación derecha / izquierda. Incluso, el propio enunciador de la victoria frenteamplista de la pobreza ha sido recientemente acusado, desde su propia coalición política, de curioso contubernio con la derecha. En esta hipótesis que se sostiene desde su propia organización política, se fuerza la interrogación acerca de la idoneidad ideológica de Mujica, en cuanto la victoria del Frente Amplio a través de la victoria de los pobres sería asimismo la derrota de la izquierda en el Uruguay[3]. Ante tal interrogante corresponde plantear la característica singular de esa izquierda en el Uruguay, porque en la articulación crítica entre condición económica e inclinación ideológica, tal como lo indica la versatilidad de los ejemplos internacionales más disímiles, sólo el clinamen de la costumbre reiterada configura regularidad.

A juzgar por la preocupación histórica de la izquierda por su orfandad electoral entre sus propias huestes sindicales, cuestión que sólo toma un sesgo distinto tras la dictadura, sería difícil asociar la identidad de izquierda en el Uruguay, de forma unilateral, con el sector de la población que históricamente configuró registros de pobreza. El gran hito cronológico de una intervención decisiva de la misma izquierda en la estructura del poder no provino de la movilización sindical, que más allá de sus relatos emancipatorios alcanzó una significación ante todo reivindicativa, sino de la lucha estudiantil por la Ley Orgánica, en el año 1958. No en vano la consigna unitaria del movimiento popular uruguayo es “Obreros y estudiantes, unidos y adelante”.

Cuando la izquierda intervino de forma decisiva en el escenario político-institucional, particularmente a partir de la acción de la guerrilla y de los grandes movimientos sindicales de resistencia al gobierno de “banqueros, industriales y estancieros” que presidía Pacheco Areco, la participación estudiantil fue la primera y también la más generosa, particularmente a través de la lucha armada, en la resistencia ante un régimen de excepción derechista en ciernes, que ya por entonces se anunciaba sin medias tintas. La característica determinante de la izquierda uruguaya, que atraviesa a todos sus partidos, corresponde a un país de clases medias generadas con un aporte decisivo (aunque no exclusivo) de la inmigración europea, con un modo de integración social jalonado ante todo por el acceso a la educación. De esta forma se gesta, en una sumatoria de luchas obreras y estudiantiles, una izquierda con significativa influencia universitaria e intelectual.

¿Cabe recordar, si se requiere mayor extensión del argumento, que el Uruguay recauda un impuesto singular destinado a la escuela pública, al que contribuyen los ciudadanos, con sustento ideológico propio, como si fuera por antonomasia una obligación diferenciada en calidad del resto del esfuerzo tributario? ¿Qué la integración de los entes de la enseñanza fue el elemento de quiebre entre el actual gobierno y la oposición, en el inicio del mandato de Vázquez? ¿Qué la Ley de Educación ya es el mayor escollo político que el gobierno frenteamplista encuentra en su camino, mientras la oposición al respecto le viene de su propia izquierda? ¿No nos recordaba recientemente Daniel Martínez la virtud de Vázquez en aproximar sectores populares al electorado de izquierda, denotando por contraposición la condición “educada” prevaleciente entre quienes ya lo votaban (al menos en el sentido que el término “educación” adquiere en tanto traducción de “pobres” en las declaraciones electorales de Mujica)? Podríamos multiplicar las observaciones sobre la colocación del saber en la idiosincrasia o en los conflictos, que señalarían una tras otra el arraigo popular de la educación en la urdimbre social uruguaya, su honda repercusión en la sensibilidad ideológica. Así como su inscripción ideológica en el vértice de la identidad de izquierda.

Ahora, con esa índole de creencias educativas amasadas como el propio humus de la identidad ¿es de izquierda alguien que elogia a un (otro) candidato porque “Es universitario pero ni se le nota”[4]? Al disimulo o la carencia que se elogian por borrar la huella del saber, se puede oponer el desparpajo de alguien que no parece de izquierda pero además lo hace notar.

Se advierte que el problema consiste en saber (quizás en un sentido en que los universitarios saben, mal que le pese a Mujica en contra de nuestra civilización) qué significa ser de izquierda, al tiempo que no sería de izquierda sostener que esta significación permanece incólume pese al paso del tiempo, sin que tampoco deje de notarse (al mismo tiempo) una intangibilidad ideológica de firme derecha ultramontana.

Sin embargo se aduce a favor de una intangibilidad ideológica que se colocaría incluso por encima del saber, una condición moral que comportaría la sustancia inalterable de una verdad pura de izquierda. De forma tal que los sacrificios y la entrega a una causa identificada con una trayectoria avalaría, con marcas en el soma y la memoria, la calidad política intachable de los militantes de izquierda. Sin embargo, el valor de la carga de la prueba carga en este caso dados cuyo golpe de suerte señala divisorias insondables. Ya que si tales marcas del dolor definieran para siempre una condición valedera de las ideas, debieran a fortiori asistir a quienes reivindican una misma línea de conducta[5] y no a quienes manifiestan, no sólo con palabras, “como te digo una cosa te digo la otra”.

Por vía de consecuencia, si no puede afirmarse una idoneidad ideológica de izquierda desde el punto de vista de la articulación entre la pertenencia económica y la inclinación política (por la adhesión histórica de capas populares a los partidos tradicionales), ni tampoco puede sostenerse por una fibra moral inalterable (porque esta convalidaría ante todo a quienes se oponen a un aggiornamiento), la eficacia mediática de Mujica se vincularía principalmente a una expresión recta del sentimiento popular.

En esta última hipótesis, una capacidad simbólica intervendría para movilizar recursos ingentes de la subjetividad popular. Ahora, tal capacidad simbólica, por vincularse a una expresividad correlativa, manifestaría ante todo una actividad en tanto sentido figurado. La habilidad del desempeño consistiría en el quantum de movilización metafórica, es decir, en una puesta en valor de la expresión que la vincula a un contexto particular. Ahora, en tanto puesto en valor por la acción de enunciación, tal sentido no puede extraerse sino de una veta ya existente. Esta veta no puede ser la de la izquierda ni en un sentido históricamente puro (por su condición minoritaria en el pasado del Uruguay), ni en tanto trayectoria de las últimas décadas, porque tal sedimentación reciente no genera capas geológicas apropiadas para la movilización de recursos por la mera expresión del sentimiento popular.

La veta que explota tal mina de locuacidad no puede ser aportada sino por una configuración durable y extendida, consistente y definida. En el caso del Uruguay, sólo la referencia al “país batllista” aporta tal mineral social de fondo. El “país batllista” fue mucho más que el sector colorado que lo impulsó, al que se opuso en distintos sesgos y oportunidades, buena parte del mismo Partido Colorado. Supuso también la consagración de reivindicaciones del Partido Nacional -sobre todo en el campo de las libertades públicas- y de la izquierda histórica -sobre todo en el sentido de las reivindicaciones sociales.

Tal “país batllista” configuró en una única amalgama el fin del período de guerras fratricidas, la modernización del Estado y la integración social en aras de un proyecto socialdemócrata. Ese es el trasfondo al que apela Mujica y al que ya apeló, tanto por su perfil pluriideológico, como por su propia definición por la liberación nacional (definitiva), el propio MLN. La preservación del perímetro ideológico batllista, en el confín de un desarrollo nacional que conllevara integración social por acumulación económica autónoma, se vio a su vez refrendado por la integración en el Frente Amplio, incluso con carácter fundacional, de sectores escindidos de los partidos tradicionales.

El trasfondo ideológico al que apela la confianza en los “pobres” que expresa Mujica no es el de la izquierda anarco-sindicalista, socialdemócrata o comunista –de otros referentes contextuales, sino el de un centro-izquierda político que es la continuación de los grandes equilibrios históricos del Uruguay, pero que carece de una vertiente ideológica propia, singular y actualizada. No expresa, en el terreno de los planteos, sino el sentido común y las buenas intenciones, de ahí que conllevara, tanto en el pasado reciente (y bajo la misma forma) del MLN como del propio Mujica, un crecimiento vertiginoso cuyos pies de barro se plantan en lo que suplantan y no en caminar. ¿Es necesario insistir en que la puridad del sentido común y las buenas intenciones, por no ser más que pura fuerza, han empedrado una y otra vez el camino que conduce al infierno conservador?

Tal empedrado surge ante todo de las buenas migas que han hecho, todo a lo largo del siglo pasado, en la ya secular historia del totalitarismo, la sensibilidad meramente popular y el autoritarismo estatal. “Cuando oigo la palabra cultura saco el revólver” proviene de alguien que tuvo señalado éxito en el terreno de la receptividad mediática[6]. El desatino en que puede incurrirse por la mera reivindicación de la masividad popular subraya, en particular y ante todo, el éxito que alcanzó desde los años 60’ la desarticulación contracultural de la masificación racionalista, en su triple vertiente economicista-empresarial, belicista-estatal y consumista-publicitaria[7].

Tales aparatos racionalistas de masas han sido y siguen siendo exitosamente cuestionados desde el punto de vista de la contracultura (que se prolonga ahora en un anarquismo de las redes digitales). ¿Se atisba ese sesgo en el populismo electoralista que acuña el componente gubernamental del Frente Amplio? ¿En el freno opuesto a la instalación de las multinacionales agro-idustriales en el Uruguay, o a través del cuestionamiento de una intervención “inter-americana” en Haití, o en la denuncia de los tratados de libre comercio predicados desde el centro capitalista mundial? ¿No es esa misma cúpula gubernamental curiosamente izquierdista la que integra con inefable bonhomía Mujica?

La cuestión crucial que aborda la izquierda en el Uruguay, ante el patrón batllista que acuñó históricamente su rostro visible, consiste en la derechización de su perfil político, por obsolescencia de la propia matriz conceptual que supone. Hasta tanto no se perciba con talante crítico que feneció la hechura moderna, ilustrada y progresista del Uruguay batllista, particularmente a través de la corrosión contra-cultural del prefijo “tecno-(xxx)“, penderá sobre el Uruguay la amenaza de una izquierda que dejó de ser de izquierda[8]. Ante todo, porque ya no estamos allí, ni como generación ni como pensamiento.


[1] “Tapones de punta” (09/12/08) Montevideo Portal
[2] Ver al respecto Viscardi, R. “¿Un movimiento social frenteamplista?” (2008) Encuentros Uruguayos1, 90-94, FHCE, Universidad de la República, Montevideo, http://www.fhuce.edu.uy/academica/ceil-ceiu/ceiu/REVISTA%20ENCUENTROS%20URUGUAYOS%202008.pdf
[3] Campanella, R. “¿Frente Amplio o Frente Grande?” (2/12/08) La República, Montevideo.
[4] El yo y el superyo (20/11/08) Montevideo Portal.
[5] Pa que diablos sobrevivimos, Ñato? Declaración difundida el 8 de octubre de 2005
[6] Goering, organizador de la propaganda nazi.
[7] Ver en este mismo blog ¿El 68’? Basta con salir a la calle 1ª quincena mayo 2008 y Macaneos del 68’ 2ª quincena mayo 2008.
[8] Ver en este blog Izquierdas en disputa por ser “izquierda”
2ª quincena enero 2008


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El fondo del frente

1ª quincena diciembre 2008



El semanario Voces del Frente[1] plantea en su destaque de tapa, bajo el titular “Paradoja”, una pregunta ante la capacidad de algunas organizaciones políticas del Frente Amplio (en particular menciona al Partido Comunista y al MPP) para imponer, en el próximo Congreso de esa organización, una voluntad sobre candidaturas al gobierno nacional, con prescindencia de la opinión del movimiento que encarnan las bases. También se pregunta con una dosis de dramatismo, por cierto justificado ante la obsolescencia intelectual de la izquierda uruguaya[2], si no será hora, en particular con relación al partido de gobierno, de plantear otro paradigma.

La “paradoja” que pone de relieve la portada del semanario frenteamplista se vincula a la alternativa estratégica que contrapuso a comunistas y tupamaros, en el período crucial de la lucha antidictatorial, cuando la figura de estado de excepción derechista ya era definidamente pergeñada, a partir de junio de 1968, por el gobierno de Pacheco Areco. Sin duda cierta coincidencia que se perfila al día de hoy entre el Partido Comunista y el Movimiento de Participación Popular llama la atención con relación a aquella puja del pasado, aunque ninguno de estos grupos representa, en su continuidad orgánica, ni siquiera aproximadamente, el conjunto de la integración sectorial de sus referentes históricos, en cuanto tanto tupamaros como comunistas han sido afectados por crisis y desprendimientos de singular relieve.

Sin embargo, debe prestarse atención a la paradoja que señala Voces del Frente, en cuanto sitúa desde el punto de vista de la consistencia conceptual la cuestión de las asimetrías, que toda paradoja contiene bajo la forma de la contraposición de planteos. En aras de la misma cohesión explicativa que persigue el planteo de la paradoja que subraya el semanario frenteamplista, aunque se trate de una cuestión que atañe ante todo a los militantes frenteamplistas, quisiéramos detenernos en asimetrías análogas, que connotan otros gestos políticos, con un afán más amplio (si fuera posible) para percibir el fondo que hoy se manifiesta en el Frente Amplio, pero que proviene de un trasfondo que lo trasciende.

Las asimetrías que nos interesan no provienen en este caso de la referencia histórica, sino de la mirada que se dirige a ese pasado, particularmente, en asimetría con el perfil que supuestamente corresponde al expositor. La paradoja encarnada no es entonces la de una trayectoria, sino la que surge de la contraposición entre el perfil del expositor y el contenido de su alegato.

En primer lugar, la posición que adopta Rafael Michelini sobre el asunto de la candidatura presidencial y el tratamiento político de esta cuestión. Tanto por el legado que reivindica en el origen de la lista 99, como por su perfil generacional y sus propias tomas de posición, Michelini sugiere un encuentro de la izquierda con una actualización impostergable. Tanto en el sentido de la eficacia de la actividad política, como en el sentido de una confianza manifiesta en la posibilidad de sostenerla en una incorporación de novedad tecnológica con perspectiva de desarrollo social.

Respecto a la actual polémica frentista en torno a la candidatura presidencial, sus referencias privilegiadas dejan de ser, sin embargo, el aggiornamiento y el perfil de una incorporación removedora de las estructuras, para pasar a reivindicar una de las posturas más tradicionales y transitadas del Frente Amplio y la misma trayectoria política del Uruguay, a través del elogio de una sabiduría atesorada por el Partido Comunista[3].

La reivindicación de la figura de Rodney Arismendi adopta una significación emblemática, en cuanto a través de una frase que habría retenido la tradición frenteamplista en su versión comunista, Arismendi habría caracterizado suficientemente las actitudes que carecen de una perspectiva histórica elaborada. Estos apresuramientos, manifestarían un infantilismo tremendista obnubilado por el “todo a nada” de un momento singular. Oponiéndose a esa perspectiva, Michelini defiende el sentido de unidad en aras de la acumulación histórica, que habría caracterizado a la propia creación y trayectoria del Frente Amplio. Esta última se opondría particularmente a la actitud de los antiguos tupamaros, que habrían sido incluso (y quizás entre otros) responsables de un período aciago para el país. Ese mismo error de precipitación en el avatar singular de una coyuntura podría, según se infiere de las asociaciones entre actitudes del pasado y el presente que sugiere Michelini, producirse en el próximo congreso del Frente Amplio, si se impusieran mayorías ajenas a la necesaria ecuanimidad relativa al proceso de acumulación histórica y su fundamento en la unidad sustentada en un proceso común.

Sin detenernos en el análisis del pasado, ni en las evaluaciones del presente, Michelini parece imbuido de la creencia en una supuesta homogeneidad del proceso histórico, fatalmente trazado en el signo de los tiempos, que se manifiesta-revela por medio y a través de una mirada escrutadora del porvenir. Sin embargo, el perfil actualizador que supuestamente reivindica el mismo Michelini, en el sentido del desarrollo impulsado por la innovación, se da de bruces contra tal monolitismo del proceso histórico. No sólo por una cuestión de referencias y de estilo, sino ante todo por una concepción continuista y acumulativa de la historia, que no admite la intervención de una discontinuidad, de forma que se contrapone a la ruptura requerida por la misma actualidad de la tecnología, en tanto disparidad entre la invención y la naturaleza. El propio Foucault, en un texto célebre, señaló el paso del “intelectual orgánico” (que representó indudablemente Arismendi) al “experto con poder sobre la vida y la muerte”, que Foucault vinculaba con la figura dramática de Oppenheimer[4].

Otra índole de asimetría surge de la posición de Jorge Pasculli, quien habla a título individual de periodista vinculado al Frente Amplio[5]. Pasculli reitera al igual que Michelini un antiguo reproche, que ya caracterizara las asambleas gremiales de hace más de cuarenta años: la prolongación sofisticada de la discusión sólo lleva a la disminución de la participación y a la concentración del poder en unos pocos, que cuentan con las condiciones (personales, profesionales, psicológicas) para permanecer en asamblea hasta que se haya retirado, vencido por el hartazgo y la fatiga, el número decisivo a neutralizar. Pero este número sería, también, el más representativo.

De esta forma, Pasculli vincula la racionalidad de la actividad política, genéricamente con “la gente”. Tal latitud política asimila la legitimidad de las posiciones sustentadas a la condición demográfica. Asimismo, el periodista frenteamplista sitúa la representación en una índole personalizada de las ideas, que representara con grandeza Seregni en su momento y que no debiera, en la opinión del periodista, ocultar egos y ambiciones personales que son su base de sustentación individual. Esa visión individuada de la acción política –la calidad propia de un líder histórico, la justificación de la constitución social individualista del militante de izquierda- se contrapone a la misma condición que representa (al menos supuestamente) una “colectividad política”, para emplear, si fuera del caso, términos periodísticos.

El razonamiento de Pasculli presenta una señalada asimetría entre su condena de lo procedimientos que perforan la unidad ideológica de una organización política –en este caso el Frente Amplio- y la supuesta individualidad y sustancia demográfica que postula como característica legítima de la actividad política. En efecto ¿porqué lamentarse de la catarsis frenteamplista ante la candidatura presidencial si de todas formas la base de sustentación demográfica proveerá hombres e ideas? Esta posición al igual que la anterior, pudiera ponerse en cotejo con determinadas características históricas de la política en el Uruguay. Por la misma razón que en el caso de Michelini, que ante todo es una razón de espacio y tiempo, dejamos en vilo ese orden de análisis.

Pero no dejamos de señalar que si la articulación representativa reposa espontánea e individualmente en la soberanía ciudadana, podría mañana disolverse el Frente Amplio y la tradición que representa –sobre todo por sus propios yerros- sin que fuera de lamentar tal desaparición, tal como sin embargo parece alarmar a Pasculli, incluso y desde ya, el espectáculo de ambiciones no confesadas y larvadas que ofrecería en su opinión la cúpula frenteamplista.

Revisemos ahora la paradoja que reflejan esas dos asimetrías, no cada una por su lado, sino las dos colocadas bajo una misma perspectiva. Por un lado, quien debiera encontrarse liberado de todo peso de tradición y de costumbres políticas, por la confianza que manifiesta en la mera sustentación demográfica e individual de la estrategia pertinente (Pasculli), teme sin embargo un espectáculo de riñas y disputas entre pares. Por otro lado, quien debiera encontrarse contrapuesto a tradiciones y costumbres políticas en aras de una innovación del proceso político, en particular en la izquierda (Michelini), exhorta sin embargo a conservar el núcleo de referencia más tradicional de la misma izquierda.

Esos contrasentidos no dejan de tener sentido propio, más allá del análisis que en base de coherencia entre perfiles y posturas, los coloca en contraposición consigo mismos. Esa contraposición -particularmente la reivindicación de un acerbo tradicional por parte de quienes debieran encontrarse críticamente contrapuestos a su influjo- configura un punto ciego de la perspectiva cuando se encuentra obnubilada por la necesidad perentoria (ante "elecciones internas", de irónica redundancia semántica al respecto de la subjetividad involucrada), de una reafirmación moral y voluntaria de la organicidad político partidaria.

La puja entre las organizaciones que pugnan por resolver las candidaturas (y sobre todo la presidencial) y los sectores independientes de partidos y representantes de organismos de base, como la denuncia Voces del Frente[6], representa una transformación que trasciende al propio Frente Amplio y lo lleva a intentar consolidar, por vías reiterativas y voluntaristas (que ejemplifican entre otros Michelini y Pasculli), una cohesión puesta en tela de juicio por el mismo devenir público. Ni que hablar que las mismas condiciones ya le han costado la hegemonía histórica al tradicional bi-partidismo blanqui-colorado (o viceversa).

Inclinado por la exigencia de calidad intelectual personal, que instala por doquier la pauta tecnológica de la actualidad pública, el individuo tiende, en las condiciones de la actual reproducción económica y social, a forjarse un perfil de convicciones por sí y ante sí, como lo induce y requiere la propia toma de decisiones instruidas que desempeña profesionalmente. Estos sectores se encuentran crecientemente cautivos de su propia “performance”, tanto en el sentido de las redes económicas y sociales, como en el sentido de la autosatisfacción narcisista, que promueven al unísono el control personal y colectivo de atributos intelectuales.

Tal auto-imagen se ve además asistida por un aparato de concentración a distancia, sostenida en los medios masivos de comunicación (radio, tv) con una creciente participación de los medios interactivos (sitios web, comunidades virtuales). Por ende, este ciudadano inclinado, e incluso sometido, a la auto-evaluación de calidad personal y social, socializado informativamente desde temprana edad a domicilio por los medios tecnológicos, se encuentra a la vez menos propenso a seguir el parecer de una colectividad presencial, sobre todo cuando se representa tan abstractamente, en lo ideológico, algo tan perceptible audiovisualmente en concreto.

En esa perspectiva a distancia (de pantalla) las visiones del mundo universales y ajenas a una definición de imagen (tanto en el sentido figurado como en el propio de la expresión), tienden a disolverse en el mensaje mediático. Tanto como el lugar de reunión del comité o del grupo, necesariamente subrogado por las declaraciones de invectiva que los líderes se dirigen recíprocamente, a su vez, cada vez menos guiadas por la reciprocidad y más motivadas por el rating que genera el impacto sobre el blanco-persona del adversario. Tales líderes mediáticos se responden por lo medios en menos tiempo de lo que se tarda en organizar una reunión de tres (militantes).

En esas condiciones que superan en un sistema de concentración a distancia (es decir tecnológica) al antiguo sistema de concentración presencial, la actividad política (ya no del Frente Amplio, sino la que sea) debiera, para recuperar una filiación demográfica efectiva (por ejemplo liberando al ciudadano de la multa que lo castiga si no vota), descender de uno o dos grados de pertenencia, situándose en el terreno de la comunidad idiosincrática (que también adviene a través o por la cristalización presencial de la filiación mediática). Un buen ejemplo son las comunidades virtuales que a posteriori generan efectos presenciales (como ocurrió con el llamado a manifestar contra el veto presidencial de Tabaré Vázquez a la ley que legalizaba el aborto bajo ciertas condiciones).

Los riesgos a los que se expone cualquier fuerza política que desafíe al poder tecnológico de la concentración a distancia –la unión de medios y encuestas[7], en cuanto estas últimas consisten en sí en una elaboración mediática-, son temibles. Van en el sentido que subraya Pasculli. Tal como sucedió en el caso de las “izquierdas” socialdemócratas europeas, desde la victoria de Miterrand hasta el presente, la genuflexión electoralista y mediática ante la opinión pública, así como el carácter necesariamente frívolo y meramente circunstancial que ésta toma, cuando se considera a la masa con el mero criterio del “justo medio”, llevan a una oscilación caprichosa y reductora de la actividad política. Mientras algunos hasta hace muy poco se vanagloriaban de la popularidad de Vázquez[8], una encuesta ya lo daba en baja al día de hoy, sin olvidar el “sube y baja” que rondó a la cuestión de la definición reelectoral.

No habrá en adelante militantes “duros y puros”, pero la tendencia a gratificar a un centro ramplón y edulcorado políticamente, será pan para hoy y hambre para mañana (incluso, si ese fuera el problema, electoralmente). Una vez más, no le pidamos peras al olmo gubernamental. Se trata de comprender el sentido mediático y al mismo tiempo confluente idiosincrásicamente, en puntos estratégicos (educación, marginalidad, sexualidad), que debe guiar a una izquierda extra-gubernamental.


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[1] Voces del Frente, (27/11/08) Montevideo, portada.
[2] Ver en este blog Viendo pasar el cadáver del neoliberalismo, 2ª quincena octubre 2008.
[3] Michelini, R. “Arismendi y el niño en la bañera” La República (22/11/08) Montevideo.
[4] Foucault, M. (1997) “Verdad y poder” en Teorías de la verdad en el siglo XX, Tecnos, Madrid, pp.445-460.
[5] Pasculli, J. “El verdadero y único Congreso” La República (23/11/08) Montevideo.
[6] Ver nota 1.
[7] Ver en este blog Valiente encuesta!, 2ª quincena junio 2008.
[8] “Con la V del Veto” Montevideo Portal (01/12/08).




Los votos nos unen,


las elecciones nos separan



2ª quincena noviembre 2008



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En el período fundacional del Movimiento de Liberación Nacional (Tupamaros) una frase cristalizó la percepción que mancomunaba al grupo inicial, más allá de una diversidad de orígenes: “Los hechos nos unen, las palabras nos separan”. La condena del lenguaje, cuando no se contrapone a otra índole de expresión, como sucede cuando se condena el verbalismo, encierra el encandilamiento metafísico más paralizador, ya que se postula, con la inhabilitación in totum del lenguaje, un acceso pleno e inmediato a una realidad absoluta. No otra cosa constituyó desde siempre el designio de la metafísica: ir más allá de la limitación, de la índole perecedera y del condicionamiento subalterno[1].

Las palabras concitan, en occidente, la vía que se abre paso entre las señales contradictorias y las inclinaciones desordenadas. Este lugar de la expresión adviene en tanto cristalización de elementos instrumentales del pensamiento, proceso de mediación que como ya lo advertía Condillac, hace casi tres siglos, constituye la base sin la cual el pensamiento se borra y disuelve[2]. Sin el oxígeno de la expresión ordenada que supone el lenguaje, la actuación es mera agitación y no llega nunca a la acción que cumple un objetivo. Se podría decir que ese signo aciago de una propuesta sin teoría tenía que terminar en la catástrofe en que se sumergió estratégica y políticamente el MLN-Tupamaros. Pero es de temer que ese laudo se encuentre, en la percepción de muchos, en cotejo contradictorio con el actual auge electoral del MPP y particularmente con la popularidad de Mujica, en cuanto lo uno y lo otro podrían suponer una proyección trascendente de aquellos hechos transparentes de realidad, eternamente desnudos de palabrerío engañoso.

Si se concuerda con la percepción de una trascendencia de aquel momento fundacional del MLN, conviene entonces restituirlo a las condiciones de su surgimiento, tan lejanas del presente de un Frente Amplio post-dictatorial y ahora gobernante. Una vía directa y simple es la traducción comentada de aquella expresión fundacional “Los hechos nos unen, las palabras nos separan”.

En un contexto de tradición civilista, republicano y democrático-representativo como el del Uruguay de entonces, que incluso llevara al Che, en su visita al Uruguay, a subrayar las oportunidades que presentaba para una estrategia de izquierda, tal desdén por el lenguaje (“...las palabras nos separan”) traducía asimismo una condena de las instituciones, de la legalidad y del estado de derecho. Esa percepción no sólo se acrecentaba ante el acicate imaginario que incitaba el romanticismo guerrillero de la revolución cubana, de la misma revolución argelina y del proceso vietnamita en ciernes, sino que ante todo correspondía a la percepción vernácula de un pantano parlamentarista y declarativo en el que chapoteaba la izquierda uruguaya.



Conviene recordar para restituir aquel contexto con verosimilitud, que en el período de hegemonía batllista, a la hora de votar los obreros sindicalizados reiteraban su pertenencia electoral a los partidos tradicionales. En un período en que aumentaba el estancamiento económico y la desigualdad social, el rechazo de una perspectiva de acumulación eterna y barrial, con el signo “afíliate y baila”, que tanto se prestaba a la comunicación parroquial, debiera parecernos justificada al menos por la impaciencia. En esa irritación ante una inacción estratégica anclaba, antes que en una represión y desbaratamiento social que no advino plenamente sino años después, en tanto a inicios de los sesenta era mera figura proyectiva, la presunción tupamara original.

Sería, sin embargo, tan desacertado afirmar que los hechos dieron razón a los que negaban las palabras, como suponer que esa negación de las palabras tenía, más allá de la ignorancia de su propia ignorancia, otra significación que una movilización idiosincrática y generacional. En verdad ni siquiera se puede alcanzar ninguna corroboración, en un sentido conceptual, si se comienza por negar en las palabras la expresión que designa un objeto cualquiera. Esa alergia idiosincrática y generacional al lenguaje -particularmente sugestiva en un país orgulloso por entonces de su cultura, no sólo concitó una versión verosímil de su propia gesta, sino una adhesión masiva[3] tras el vuelco a la derecha del gobierno nacional en el 68. Por consiguiente, ignorar que la ignorancia que cristalizaba en esa percepción antiteórica atesoraba, sin embargo, una significación acorde al momento y a la inclinación subjetiva de los protagonistas de aquella hora, equivale a tirar, junto con el agua del baño objetivista, el bebé de la inspiración efectiva.

En horas difíciles y bajo el signo desacertado de la denegación de los signos, los tupamaros del MLN, que no fueron los primeros ni seguramente serán los últimos tupamaros, expresaron una inclinación removedora y sugestiva de la índole uruguaya. No debe sorprender entonces, que en un giro alternativo de la coyuntura, no sólo sus adversarios (y no sólo de derecha) intenten borrar lo que supuso la guerrilla (incluso más allá del MLN). Tampoco lleva a asombrarse que también la propia posteridad de sus miembros y simpatizantes hayan quedado prisioneros de una percepción verificacionista del acierto y el error, como si la historia caminara por un diseño en puntillado que sólo los aciertos (supuestos –y sub-puestos-, además, por certidumbres transitorias) convierten en trazado de línea plena. Esa visión determinista, moderna y disciplinaria de la política la arroja, en tiempos de comunicación digitalizada y puesta en pantalla, en brazos de publicistas y encuestadores, para hacerla bailar al son del órgano, simiescamente.

Tal racionalismo gana incluso a quienes en el pasado condenaban las palabras y los hace confiar en la ciencia de las encuestas como en la verdad revelada. No se atragantan ahora de literatura revolucionaria romántica, sino que se ahogan en un mar de preguntas-respuesta. Esa misma necesidad de creer en una realidad que ayer borraba las palabras y que hoy navega en cifras, los ha llevado, reyes realistas de la realidad, a no advertir que el legado de la insurgencia guerrillera, que hacía lo que no sabía que hacía porque se negaba a decírselo en palabras, consistió en dejar desnudo al rey, ante la inviabilidad estratégica de estructuras institucionales que no salen del pantano, en lo que a participación y movilización subjetiva se refiere, ni con gobiernos de derecha ni con gobiernos de izquierda. Una mayoría de especialistas de la comarca parecen ahora desconfiar más de las palabras que los mismos tupamaros de antaño, al punto de no darse por enterados de la ya casi inabarcable nómina de autores de enjundia que explican los porqué del declive del Estado-nación y de su escalón social en los partidos políticos[4].

En ese punto indómito que fuera subversivo y hoy campea en la teoría (al menos en el resto del mundo), hay una inclinación uruguaya que es antiuruguaya, el mejor antídoto para lo peor de nosotros mismos: la condena de una cristalización institucional que es el tapón de un país-tapón, creado para coagular una correlación de fuerzas (entre sub-potencias regionales) y por consiguiente, trazado para configurar una configuración ante todo político-institucional, efecto primordial de una mirada sobre las fuerzas en el terreno (vecino) antes que en el terreno de las fuerzas (propias). En esa destinación estratégica que instruyó el poder internacional (y no sólo el mundial, sino también el regional) anida la razón de la centralidad (antes que del centralismo) del sistema político en el Uruguay, de la perennidad de su simbolización partidaria, de la fraccionalidad de sus partidos que se mimetizan y superponen al mismo mapa social, hasta volverlo irreconocible como sociedad y dejarlo en el calco del papel (de calco) partidario.

En esa configuración que ante todo es una cristalización ideológica, pervive lo mejor y lo peor del Uruguay. Lo mejor bajo la forma de una insurgencia siempre posible de lo político contra lo político, porque en cuanto hija de lo posible, la política siempre se para sobre el piso de la singularidad, en definitiva ingobernable, del pensamiento. Lo peor bajo la forma de una conformidad colectivista a los estados de agregación pública, que asfixian la respiración en ámbitos alternativos a la conformidad conformista.

Una configuración bienpensante y obediente, poco propensa a los riesgos intuitivos y bastante inclinada a la opinión de las mayorías, no les perdonó nunca a los insurgentes de ayer la desobediencia moral. Muchos, aunque no todos, volvieron al redil electoralista y parlamentarista, incluso imbuidos algunos de la convicción en una movida que supuestamente redundaría a largo plazo. Sin embargo, cuando “las papas queman” el Frente Amplio gubernamental no se mueve más. Cómo si hubiera llegado a dónde quería y no le conviniera entrar en más agitación.

Si eso sucede con una organización que obedece a una matriz de gobierno estatal y de estrategia electoral, incluso contrariando la aspiración de justicia y la trayectoria democrática de muchos sectores e individuos que la integran ¿qué no sucederá con particulares signados en su propia trayectoria personal por la satisfacción profesional, la gratificación comunicacional y el éxito electoral? ¿Cómo no entender que sigan viendo, como nunca dejaron de ver, a los insurgentes de ayer como díscolos hirsutos y desmelenados que el rigor terminó por disciplinar? ¿Cómo no entender que sólo toleran a los antiguos combatientes cuando acarrean votos y contrapesan (incluso contrabalanceándolos) golpes de timón a la derecha?

¿Son más imputables los militantes gubernamentales que se comprometieron a partir de un currículo personal que quienes doblan el lomo para que se escriba sobre su espinazo, con sesgo derechista y contra la memoria de los que cayeron en plena juventud? ¿Es distinta la ambición de los que siguieron un rumbo rutilante, porque cuando nadie sabía lo que se jugaba, simplemente porque nadie sabía, prefirieron esperar, que la ambición de los que no supieron desensillar cuando el cabalgar político era paso de desfile electoral y poca cosa más? ¿Se puede olvidar que el “Frente Grande” que propuso Sendic poco antes de su muerte ponía en un mismo plano a partidos políticos, gremios y organizaciones sociales? ¿No constituye precisamente una inversión de esa perspectiva plantarse en una consolidación centrípeta del Frente Amplio?

La indignación de algunos porque sus candidaturas o candidatos son vetados por compañeros de ruta sólo se justifica en razón de un itinerario mal proyectado. Contar con el sustento de una base social gratificada por la equivocidad de un refranero folklórico, es tan erróneo hoy como lo fue ayer proyectar, en la movilización de una juventud indignada y pautada por expectativas generacionales, un alzamiento de la profundidad social.

Es acertado, desde el punto de vista electoral, considerar que una fuerza política que presenta una proyección gubernamental y aspira a un equilibrio de fuerzas regulado por el sufragio universal, debe contar con candidaturas acordes a ese trayecto institucional y a ese terreno comicial. Sólo conviene agregar que discutir dentro de esa alternativa supone dejar en el punto ciego de la perspectiva lo más interesante, que no es el conformismo bienpensante ni la moral jurisprudente. Aunque la actualidad se vuelva –apenas por unos meses y con vetos en más y votos en menos- de más en más electoral y carnavalesca en un sentido aguado del término, conviene que la izquierda extra-gubernamental subraye los conflictos que pasan por los lindes del campo gubernamental. Como en el caso de los candidatos despistados y las expectativas desvirtuadas. Quizás el voto en blanco sea, como borde de un sistema del que no queda más que todo-centro, una alternativa a discutir en la primera vuelta, en un momento en que el electoralismo ya está, como el mate, para darlo vuelta, aunque con otro giro de bombilla, sin alusión diminutiva al pasado.


[1] La crítica de la metafísica en tanto tradición, a partir del planteo heideggeriano de la cuestión filosófica, consiste en demostrar que todo “fin de la metafísica” empieza en la idea metafísica de una meta no-física(meta-física: más allá de la física) y queda por lo mismo, inaugurada por lo que pretende finiquitar: “Ciertamente parece que el “meta”, la trascendencia a lo suprasensible, esté dejado de lado a favor de la persistencia de lo elemental de lo sensible, mientras que lo que ocurre simplemente es que el olvido del ser está llevado a su acabamiento y lo suprasensible queda liberado y puesto en acción como voluntad de poder” Heidegger, M. “Superación de la Metafísica” (2001) Conferencias y Artículos, Serbal, Barcelona, p.57.
[2] “Hemos observado que el desarrollo de nuestras ideas y de nuestras facultades no se hace sino por medio de signos, y no se haría sin ellos; que por consiguiente nuestra forma de razonar no puede corregirse sino corrigiendo el lenguaje, y que todo el arte se reduce a saber hacer la lengua de cada ciencia” Condillac, La lógica, citado en Derrida, J. (1990) L’archéologie du frivole, Galilée, Paris, p.29 (trad. R. Viscardi).
[3] El MLN llegó a contar en su estructura organizativa con varios miles de personas, su influencia era gravitante en los frentes de masa y pesó desde el inicio en la acumulación electoral del Frente Amplio.
[4] Para inventario de memoria agregamos uno más: Marramao, G. (2006) Pasaje a Occidente, Katz, Buenos Aires.



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Procandidática: el pensamiento nulo

1ª quincena de noviembre



La izquierda gubernamental se ha transformado de programática en procandidática. Dos por tres, en la batahola de declaraciones en torno a candidaturas e incluso a reelección, alguien se acuerda del programa[1]. Sin embargo, las actualidades periodísticas y/o las encuestas actualizadas borran dos titulares más abajo, incluso en un mismo órgano perio-partidario o parti-periodístico, el prurito sistemático de la izquierda (en el sentido occidental, cristiano y post-cartesiano del término): su identificación con el conocimiento, es decir con la realidad natural de un sistema (físico, biológico, social, humano, etc.). Sin naturaleza real de un sistema no hay programa que valga más que papel pintado[2]. Como hoy por hoy no hay programa que valga su peso en papel (que no deja de ser significativo para el hombre del carrito, rebautizado ordenador de residuos) cabría preguntarse por el ineluctable ocaso del programa-sistema.

Quien avance tal pregunta la encontrará oída como una petición de principio, que el hiper-sistema cognitivo-estadístico considera inconducente, improductiva y en definitiva impertinente: la estadística se da por principio que el quantum de información disponible convierte en despreciable toda hipótesis alternativa. Incluso la teoría de la verdad carnapiana se funda en la saturación de la verosimilitud cuantitativa de la información[3]. Por consiguiente, plantear una pregunta no sólo pasa a ser irrelevante, sino ante todo poco inteligente, por no decir irremisiblemente torpe: ¿cómo dudar de lo que ya se ha saturado informativamente en el concepto de su probabilidad hasta convertir en despreciable toda otra hipótesis? Ahí están los "grupos de control", no intervenidos por la indagación, para confirmar que ésta es significativa con relación al comportamiento habitual del objeto.

Por lo tanto, se vuelve absurdo preguntarse al respecto y además, al respecto de preguntarse, se anula la necesidad de pensar. Se equivocan quienes hablan de "pensamiento único", creyendo que esa desacertada expresión asimila un sistema al poder como si ya no fueran lo mismo (sistema y poder[4]); el pensamiento, si es tal, siempre es "único" y a-sistemático[5], a riesgo de no existir, es decir, propio, intransferible, original, rupturista, eventual, contingente, singular, individuado: el no-pensamiento es pensamiento nulo.

Si la izquierda gubernamental llega a adherir en sus manifestaciones mayoritarias al pensamiento nulo, tal cosa acontece porque su adhesión al sistema-de-conocimiento y al conocimiento-de-sistema (es decir, a la modernidad) la lleva irremisiblemente a suscribir al borrado del pensamiento y de la individualidad. Tal renuncia es ante todo una afirmación del conocimiento moderno (el único que merece llamarse conocimiento por constituir un sistema de pensamiento), en su fase de asimilación del método sistemático al procedimiento probabilístico.

Tal disolución de la diferencia en la unidad de medida no hace sino llevar la individualidad de cada pensamiento, procesada su diferencia como unidad de cómputo, al lugar propio y sustantivo que antaño se subordinara al sistema natural de la realidad. Esta transferencia de la reflexión-organicidad a la suma de individuos de un conjunto, por ejemplo poblacional-demográfico, promueve ineluctablemente la saturación informativa de la decisión, es decir, el relevamiento estadístico de la totalidad de casos que propone (conceptualmente) la estadística e instrumenta (técnicamente) la informática. Como ya todo está dado (la singularidad de cada quién disuelta en la unidad del observable-dato-número) en la medida de la medición, pensar es nulo. Ese es el principio del pensamiento nulo, que es un principio de realidad (en el sentido freudiano del término): un fin del mundo (como pensable in-mundo, es decir, como mundo vinculado a alguien que pro-pone).

Quien crea que esto que acaba de ser dicho-leído está lejos de una condición tangible y contingente no tiene más que leer el artículo de Eleuterio Fernández Huidobro en La República del jueves 30 de octubre de 2008 (hoy día)[6]. La facundia metafórica de Fernández Huidobro puede despistar al lector, en particular en cuanto habla de “bomba política de fragmentación”. Para entender el sentido que toma esa referencia explosiva a la política en el artículo, es necesario tener presente ante todo la “Bomba Informática”[7] que identifica Virilio como la condición misma de la catástrofe posible en aras del posibilismo tecno-científico desarraigado, antes que el arma que portara más de un guerrillero tupamaro años atrás. La preocupación de Fernández Huidobro proviene de la sustitución de hecho de la organicidad de la organización política (incluso rebautizada hace poco “fuerza política” con efecto aparentemente entrópico), por iniciativas individuadas en la base, que en su sinergia y acumulación inorgánica, trastocan toda agenda y calendario organizativo del conjunto. Por ejemplo, una recolección de firmas con propósito reelectoral del presidente, que echa por tierra por su propia dinámica, con cualquier plazo propio de congreso o elecciones internas, sin hablar de la tan mentada unidad frenteamplista en aras de un candidato único[8].

Se trata de una reversión de la célula militante individual sobre el organismo colectivo, que comienza a volver caducas las formas de organización (valga la redundancia que se convierte en sintomática) orgánicas. El organismo (político, biológico, cultural) ha perdido razón de ser porque la parte orgánica (la célula-militante en este caso) se ha independizado por su cuenta y ha encontrado formas de gregarismo y vinculación que lo liberan de toda forma (orgánica) previa a su propia existencia organizada (por sí y ante sí). La pirámide reposa ahora sobre su base, pero la base no sostiene, sino que remueve. Un terremoto anti-orgánico de política individuada. Desde un lugar aparentemente próximo al vértice, aunque por momentos con un lenguaje próximo de la base, que sin embargo no parece escucharlo como el senador quisiera, Fernández Huidobro se pregunta por el destino de tanta novedad que requiere interpretación.

La sorpresa de Fernández Huidobro sólo se explica en un país que viene a enterarse treinta años después de lo que ningún teórico serio sobre el planeta deja de afirmar desde hace buen tiempo: el sistema político, el sistema de partidos, la organización partidaria, piezas engranadas en la condición representativo-orgánica, ya son esquirlas detonadas por la propia fragmentación del Estado-nación que antaño las contenía. Lo que Fernández Huidobro percibe como el movimiento independiente del piso sobre el que está parado, ha resonado en varias sacudidas previas, por ejemplo en varios escándalos de encuestas[9].

Al mismo tiempo la fascinación mediática hace ya buen tiempo que ha sustituido a la fascinación por las armas entre los políticos, subversivos o no. Tratado como una unidad de decisión por el encuestador que lo convierte en responsable de su propia opinión, la célula-militante-órgano comienza a preferir constituirse su propia línea ideocrática, antes que verla descender de un topos uranos grandilocuente. Convertido en corriente de opinión por la publicidad que sus inclinaciones alcanzan en un sistema de medios (internet-televisión-radio), tal célula comienza a hacerse una composición de lugar mediático que resuena cada vez más a composición de parte política. Esa parte política buscará antes que la tutela del partido-organización, que la condena a someterse a un camino previamente marcado desde lo alto (cima sospechosamente encargada de sumar pareceres que la masa torna indiscernibles), el terreno propio de inclinaciones y afinidades por sí mismo.

El afán de transparentar el pensamiento, que diferencia a cada individuo de cualquier otro, valiéndose del empleo de la unidad de medida entronizada en dios conceptual de un procedimiento probabilístico, publicado universalmente por todos los medios de difusión y propaganda, no anuló el pensamiento como tal, individuado, singular, rupturista, idiosincrático, creativo, original. Tal éter universal promovió la singularidad pensante, en tanto fragmento dotado de la suficiente diferenciación particularizada, como para distinguirse sin matices del propio aparato de medición-difusión que supuestamente lo medía. Ahora el aparato (político, sociológico, cultural, etc) recibe, por ejemplo en la figura de un senador de la República, el impacto de lo que aceleró en tanto unidad singularizada hasta la súbita y explosiva fragmentación, que libera individualidades irreductibles al aparato político de gobierno. De gobierno del país o de la izquierda, de forma tal que la explosión de unidad propia y mediática de las partículas expande la ola explosiva de una izquierda extra-gubernamental[10].


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[1] “Sea quien sea el candidato a la presidencia deberá comprometerse con la aplicación plena del programa de gobierno discutido y definido por el Congreso del Frente Amplio” Declaración del Comité Central del PVP (25/10/08) http://www.pvp.org.uy/?p=342
[2] El Río de las Candidaturas Pintadas, 1/01/08 en este blog.
[3] En particular porque considera desde el punto de vista del concepto de probabilidad el vínculo entre el concepto de confirmación y el concepto empírico, relación probabilística que satisface el concepto de probabilidad en cualquier campo del saber. Ver al respecto Viscardi, R. "Interrogantes Interdisciplinarias del Análisis del Discurso Político" en Introducción al Análisis del Discurso Político (1987) Fundación de Cultura Universitaria, Montevideo, pp.22-23.
[4] Foucault destruye la distancia entre verdad y poder señalando que no existe verdad que no constituya poder, sobre todo en la perspectiva desde la cual toda distancia (la distancia entre verdad y poder incluida) puede ser considerada, a partir de “La Ciencia General del Orden” en Las palabras y las cosas, en tanto relación propia de un sistema dado: Focault, M. (1997) “Verdad y Poder” en Teorías de la Verdad en el Siglo XX, Tecnos, Madrid, p. 449.
[5] Incluso en la metáfora de la razón en tanto balanza, según Silva García, una mano sostiene la balanza de su brazo, a fortiori, esa asimetría que constituye el pensamiento instruye la metáfora del pensamiento en tanto “dar gracias”, ante todo por la gracia divina. En tal sentido debe entenderse el “inclinar sin necesitar” de Leibniz o el pensamiento en tanto ilusión de Baudrillard.
[6] Fernández Huidobro E. “La Reelección” (30/10/08) La República, Montevideo, contratapa, http://www.larepublica.com.uy/larepublica/2008/10/30/nota/337329
[7] Virilio, P. (1998) La bombe informatique, Galilée, Paris.
[8] Fernádez Huidobro, op.cit.
[9] Ver al respecto ¡Valiente encuesta! 2ª quincena junio 2008, en este blog.
[10] Ver al respecto Izquierdas en disputa por ser “izquierda” 2ª quincena enero 2008, en este blog.


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Viendo pasar el cadáver del neoliberalismo

2ª quincena octubre 2008



La condena de la actitud pasivamente revolucionaria encontró, en la imaginación de los guerrilleros cubanos tras la toma del poder, una figura de barrio: la de quienes sentados a la puerta de la casa esperan ver pasar el cadáver del imperialismo. La estampa se habrá cumplido casi 50 años después, contradiciendo el vaticinio político, pero no su sentido moral, en lo que hace a la iniciativa teórica respecto al neoliberalismo. Hoy vemos por varios rumbos, ayer desconcertados, festejos y congratulaciones, cuando no gestos que denigran los despojos mortales de la realidad económicamente pura.

Sin embargo, entre quienes festejan con entusiasmo el fin del endiosamiento de la especulación interesada, pocos habrán movido de un desplazamiento significativo el lugar del concepto mercadocrático. Una miríada de atacantes se estrelló reiteradamente sobre una muralla que se desmoronó por sí sola, sin dejar de precipitar en picada a unos cuantos encaramados que creían visitarla de paseo, cuando apenas la irisaban de nostalgia transformadora. Incluso desde varios elencos supuestamente izquierdistas.

Se puede suponer sin demasiada enjundia que en su caída el coloso conservador seguirá cobrando víctimas. No sólo entre quienes predicaban que la eficacia no tiene otro precio que la austeridad y el rigor, miopía de gestión administrativa mediante, sino más sutilmente, entre todos aquellos que no han llegado a admitir la “línea de ficción” que articula el conocimiento a cualquier correlato verosímil.

La propagación de la “revolución conservadora”, que tuvo por adalides a un actor retirado de Hollywood y a la Dama de Hierro en los 80’, no se apoyó en un aparato político con pies de barro, sino en una concepción moderna de la naturaleza que la supone homogénea, ordenada y estable. Ese trasfondo metafísico sustancialista, que pretende que sujeto y objeto integran por igual una estructura ordenada y patente de realidad natural[1], determinó un trasfondo economicista de extraordinario efecto persuasivo. Tal plétora subjetiva proviene de la gratificación narcisista que promueve la igualación del yo con la gestión, por cuenta propia, del interés particular. En cuanto ajusta las cuentas al resultado y este último al yo que se aprecia al fin de cuentas, la “mano invisible del mercado” también resultó halagadora, cuando no embriagante, para una concepción progresista de la historia. ¿Qué mejor desenlace para el enrevesado haz de causas de la evolución histórica que llevarlas al final feliz de una ganancia neta de intereses?

La trivialidad de una fundación argumental del ajuste sobre el yo, particular de cada quién, no comenzó a agrietarse por su opacidad económica, sino por su incongruencia política. El anuncio zapatista de una resistencia de las costumbres vernáculas a la invasión igualadora fue seguido por la confluencia pluralista y diversificada del Foro Social Mundial. Más tarde, a los vaivenes de crisis de datos transfronterizos de estabilidad financiera, con los subsiguientes nombres folklóricos (tequila, tango,etc.) le siguió la depreciación de la e-economía, sostenida en valores tecnológicos. La desaparición en tiempo real de la burbuja monetarista en su versión high-tech no desalentó sin embargo, en aquel estallido de pompa de jabón de las “e-empresas” hacia el inicio del nuevo siglo, a los cultores consuetudinarios del “pin”, criterio de identidad numérica propio de un universo de contraseñas[2]. Luego, el golfo de la guerra que instaló Bush no dejó tambor de guerra sin sonar, torres o almas gemelas incluidas en los atentados contra la guerra en Irak.

Mirado como consumación de la consumición, el atentado de leso mercado que supone la asistencia financiera estatal al sistema bancario desbancado, no es sino la culminación de la consumación consumidora del yo por sí mismo. Desde ese punto de vista, cabe señalar el error de quienes perciben una resurrección del Estado aleteando entre las cenizas del sistema desbancado. Tal resurrección ya llamaría la atención por la condición puramente espiritual del reencarnado. Bush no reactivó el Estado como tal, ni el Estado en general, ni el Estado de derecho, ni el Estado de excepción, sino el Estado financiero internacional, identificado con el sistema globalizado. Eco-nómico, en tanto todo aquel que aprecie un oikos (casa) que habite, le da un conjunto de nombres (nomos), ahora empaquetado en una bolsa de chips[3].

Así como el nombre supone el enunciador, el Estado financiero internacional supone el banquero. En ese sentido, el Estado no resucita, sino que por el contrario, coletea en la efigie que la cometa mercadocrática dejar ver en lo alto mientras la ata, por la cuerda a tierra, la mano que la remonta. Este efecto de invisibilidad de la cuerda mercadocrática es también efecto de la fascinación con un estado de efigie de la forma-Estado.

Aquí reside el peligro de ver fantasmas de organicidad en tiempos de espectros a distancia. Tal fantasma resurge cada vez que alguien es acusado de matar a un muerto que habla, sobre todo ante la facundia que exhiben algunos presidentes (Chávez me asombra por el virtuosismo y la resistencia) y sin duda, la mayor parte de los parlamentarios, sin hablar de los universitarios-paracaidistas, que incluso suelen parecer más versados, cuando el aparato-paracaídas-partido no frena la caída en picada por el vacío político.

Il morto qui parla[4], va hablando, pero eso no quiere decir que esté vivo en el sentido orgánico del término, que como nos enseñara Canguilhem[5], siempre quiere decir espiritualmente. Sin embargo, los “revolucionarios” a la vera del paso del cadáver del imperialismo-neoliberalismo se preguntan, cada vez que los bloques geopolíticos aplastan al Estado sucedáneo, o que los movimientos sociales hacen foros mundializantes: “¿y entonces qué hacer, si el Estado no existiera?”. A lo cual desde hace ya casi dos décadas[6] conviene decirles: el Estado no desaparece, sigue siendo un actor significativo e importante, pero lo que desapareció es la forma Estado-nación, que lideraba el desarrollo de totalidades centradas sobre un proceso interno, ordenado a partir de sus propias bases. Uff...ya casi sin tomar aliento.

No teman nada, muchach@s, habrá Estado para rato y por lo tanto, también política partidaria[7], con elecciones más o menos legales y más-menos (porcentaje de acierto/error) manipuladas por el mercado de las encuestadoras y los medios masivos. Seguirá existiendo puestos para guerrilleros nostálgicos de la dirección de acción aunque ya no de la acción directa, para aparatchiks que cambian de partido comunista o asimilado, para universitarios reconvertidos en políticos del sistema (político) y sobre todo, para periodistas que repiten lo que ya se sabe y encuestadores que ya saben lo que se repite[8].

Si acaso pregúntenselo a Helios Sarthou, a quien le damos la bienvenida al club de los que no renuncian a lo que piensan[9]. Lástima que lo haya firmado tan tarde.

[1] Las flechas verticales del esquema de “La Ciencia General del Orden” (Foucault M. (1966) Las palabras y las cosas, Gallimard, Paris, p.87) están dirigidas hacia el centro del esquema. O sea, que el campo del saber se articula, en bisagra, sobre su propio centro, donde el sujeto y el objeto no se superponen jamás, sino que se integran en la forma pura del orden: la “ciencia general”.
[2] Baudrillard denomina a su auto-diccionario “Mots de passe” (contraseñas). En el actual paroxismo del código informático-informatizado, la universalidad del número no consiste en la unidad de medida, sino en su reducción elementaria a un código. A este respecto conviene tener en cuenta la “medida a medias”, que no admite la clausura del código, tal como la consideró Derrida a partir de Heidegger (comentamos este planteo derridiano en Viscardi, R. “Darse el tiempo de encallar. Tecnología, celulosa y soberanía en el Río (Uruguay) del Otro” (2008) F@ro 6, http://web.upla.cl/revistafaro/03_estudios/06_index.htm )
[3] Aludimos a la configuración del nombre eco-nomía, tal como lo plantea Derrida, analizamos este planteo en Viscardi, R. (2005) Guerra, en su nombre. Los medios de la guerra en la guerra de los medios, Editorial ArCiBel, Sevilla, p.21.
[4] Ver al respecto López Meléndez T. (2008) “El viejo muerto no puede resucitar” Democracia del siglo XXI, http://teodulolopezmelendez.wordpress.com/2008/07/29/el-viejo-muerto-no-puede-resucitar-2/
[5] Canguilehm, G. (2005) Ideología y Racionalidad en la historia de las ciencias de la vida, Amorrortu, Buenos Aires, pp.121-122.
[6] Viscardi, R. (1991) Después de la política, Juán Darién, Montevideo. Los artículos que recopila este libro fueron publicados entre 1987 y 1991.
[7] “Hay despartidización, pero ya no podemos confudirla con despolitización” García Canclini, N. (2002) Latinoamericanos buscando lugar en este siglo, Paidós, Buenos Aires, p.90 (citado en Viscardi, R. Op.cit supra).
[8] Al respecto publicamos en este blog ¡Valiente encuesta! 2ª quincena junio 2008.
[9] Helios Sarthou acaba de presentar su renuncia al Frente Amplio, dirigiendo asimismo a la opinión pública, en particular a los frenteamplistas, una significativa carta en la que explica las razones y consideraciones que fundan su gesto político.


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Evita Mujica: no llores por mí Uruguay

1ª quincena octubre 2008



Quien visite la Argentina por estos días, se sorprenderá ante la escasa popularidad de la presidenta. Esta figura, según el parecer de personas de opinión reconocida, presenta calidades que no refleja la magra cuota de aprobación que recoge entre la población. Esta porción cada vez más disminuida se percibe incluso a través del mero contacto con las personas. Allí un rechazo femenino armado hasta los dientes y aún más allá, parece corresponder en la mujer de hoy a un registro cabal de identidad alternativa, tan característico del presente histórico.

Algo anduvo mal en la reiteración de la dupla Evita-Perón, que no evita recordar la decadente reincidencia Perón-Isabelita, que culminara con la aberración abecedaria de la “Triple A”[1]. El rechazo ante la fórmula Cristina (¿...?) Kirchner surge de una percepción de la figura presidencial, que sin embargo e(E)vita la eficacia de una reiteración histórica, anclada en la memoria cultural argentina. Pareciera que otras aguas corren bajo los puentes, incluso porque ya es demasiada y demasiado sucia la que ha corrido hasta ahora. La reiteración histórica se encuentra bloqueada, quizás tanto por la impresión de un tálamo presidencial presidido por la figura masculina, como por una firmeza que se quisiera excluir del registro consuetudinario de la figura femenina. Una Evita con carga de fundamentos y proyección estratégica no corresponde al hada rubia de los pobres. Luego, lo que debiera ser la conjunción perfecta del registro popular con el himeneo presidencial, se convierte en su contrario: una presidenta que lleva puesto un marido como abrigo y una mujer proba e inteligente, abandonada sin embargo por la misma sensibilidad popular que quisiera proteger.

Lo anterior permanece en una perspectiva de terreno que es la base de una consideración apropiada, pero que correspondería a un saber político de perspectiva gallinácea, o politología de mostrador, que hace el agosto de un almacén de avisos publicitarios. Quizás trasladar el análisis a la ribera oriental del Uruguay ayude a comprender, con un leve desplazamiento de la universalidad (40km separan las dos orillas del “río grande como mar”) la conjunción presidencial que gobierna el aciago presente de la presidenta argentina.

Aquí se forma opinión a favor de una fórmula que integraría ya no un tálamo sexuado, sino un matrimonio de conveniencia que sella el estilo pragmático de los sobrios “orientales”: una unión ideológica. Este matrimonio dispar reúne en abigarrado himeneo político al “filósofo popular” (según algunos periodistas) y al exdecano aterrizado presidencialmente[2]. La abigarrada figura de Pepe Mujica se mide en un mismo orden de grandeza presidenciable con la atildada presencia del académico de fuste. Sin embargo queda por ver que gobiernen juntos, más allá de las urnas, ungidos por un mismo ungüento gubernamental.

El desgobierno posible se debería, como la paradójica impopularidad de la virtuosa Cristina, al propio gobierno de las urnas. Ni que hablar que un (¿ex?)tupamaro sabe, por lo del chiste que ya no hace reír de la misma forma ni a los mismos[3], que las urnas comiciales a la usanza legal no admiten la basta culata del arma larga. Sin embargo, Mujica, según sus propios propósitos[4] se vio llevado por la “lógica” (sic) de la opinión pública a aceptar una candidatura, aunque ni por su edad ni por su perfil le parecía personalmente atinada. Mujica mira a Mujica y lo ve portado en andas por un triunfo encuestado, en su propósito radial, según exacta medición que terminó por medirse con su resistencia psicológica y vencerla ante sí. No sabemos aún si tal batalla de sí contra sí ocurrió cuesta arriba de la historia, como en su pasado guerrillero, o cuesta abajo del rating mediático, como sucede con la bonanza que ya apunta en la “zafra electoral” de encuestadores y periodistas[5].

Pero se trata de un hombre que mira al Sur, que al menos en “Hablando al Sur” se encuentra en tal dirección del dial, aunque en la emisión a distancia, propia del medio masivo por el que habla, pudiera ocurrir que nos encontráramos ante una imagen virtual, de manera que el Sur de Mujica fuera el propio Mujica invertido en tanto Norte de tal imagen de sí.

Ahora, una mentada eficacia de antemano corroborada por las encuestas de opinión puede llegar a correr, salvando las distancias entre el tálamo sexual y el tálamo ideológico, la misma suerte que aflige a la proba Cristina. Nada hace prever, en los antecedentes de uno y otro caso, que aquello que favorece en el revuelo mediático electoral no obre en contra tras el reflujo de las ondas mediáticas, cuando la marea baja de popularidad pone al descubierto lo que la tormenta comicial dejó al retirarse las aguas.

En este sentido, sabiendo que el rating de hoy puede ser el cuesta abajo en la rodada de opinión del mañana, conviene tomar a cargo los antecedentes propios de cada caso. Entre tales referencias muchos anotarán la consecuencia militante del hombre inhumanamente sepultado en vida durante años, mantenido en rehén a costa de su propia vida como garante de la impunidad de sus mismos victimarios. Sin duda, este perfil moral enaltecedor habla de las calidades singulares de quien lo posee. Calidades análogas, aunque en otra trayectoria, calificaban al General Seregni, quien no por lucir tales virtudes dejaba de profesar convicciones, por ejemplo relativas a la reforma electoral, que no eran compartidas por la mayoría de sus compañeros políticos. Otro tanto ocurre con Tabaré Vázquez, cuyo aplomo en circunstancias límite no seguramente sea valorado favorablemente por el movimiento que reclama el fin de la criminal hipocresía abortiva. Las personas en sus calidades son efecto de circunstancias singulares, tanto en lo que les es propio como en lo que les toca sobrellevar y por consiguiente toda igualación moral de circunstancias disímiles no suele conducir sino al fiasco. ¿No supone la actual impopularidad de Cristina Fernández de Kirchner, mirada con toda la carga propia de una coyuntura adversa que prevalece sobre calidades personales, una bofetada en dirección de las simplificaciones moralistas?

La sombra del “síndrome Pacheco” y no el halo del hada rubia de los pobres ancla en la memoria política de los uruguayos. Votar a un presidente (Gestido) y terminar eligiendo a una figura oscura y retardataria (Pacheco). La diferencia estaría en el perfeccionamiento de birlibirloque del juego de representación republicana: lo que no ocurrió en la fórmula Gestido-Pacheco sino como un mero avatar del cálculo electoral, se encuentra ahora pergeñado como exactitud Mujica-Astori por la medición de la opinión en términos porcentualmente incólumes...hasta la próxima encuesta.

En su perorata radial[6], tras afirmar que las encuestas miden el estado de la realidad política, quien sale favorecido en su creencias por esa misma creencia en las encuestas, propone que su adversario minoritario se mida con su propia condición mayoritaria en una votación libre, incluso liberada de contrariedades para quien la propone.

El sistema habrá perfeccionado así su propia agonía. Tendremos fórmulas numéricamente respaldas por la medición. Esta cristalización del sueño moderno sufrirá sin embargo la fatalidad de todo cristal: su propia transparencia transparenta el impacto que lo hace añicos. Desde ya obtendremos, en la óptica transparentada por Mujica (Norte o Sur translúcidos por igual) un Presidente para ocurrencias mediáticas y una ocurrencia presidencial para las decisiones que cuentan, al menos en las cuentas. Adivine quien lea quién lleva puesto a quién y el bochorno de encontrar, a la mañana siguiente al último domingo de noviembre[7], las sábanas manchadas en el tálamo ideológico. Pero no necesariamente de rojo.


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[1] Escuadrón de la Muerte de la derecha peronista que anticipó la represión militar clandestina que siguió al golpe de Estado encabezado por Videla en 1976.
[2] El paracaidismo universitario ha sido una de las características del primer gobierno de izquierda, aunque no todos los que saltaron sobre terreno ganado cuentan con la prolongada experiencia de Astori y alguna boina roja manoteada de apuro ya sirvió, como la túnica púrpura del soldado romano, para disimular la sangre de simpatías derramada tras un paracaídas que no se abrió.
[3] Casi convertido en lugar común, el chiste contaba que entregado un fusil a un militante del Partido Comunista, este se decidía a usarlo, preguntado perplejo cómo introducirlo en la urna electoral.
[4] Mujica, J. (25/09/08)“Hablando al Sur”, AM24, Montevideo.
[5] Ver sobre el contubernio entre la encuesta de opinión pública y la opinión pública por encuestas ¡Valiente encuesta! En el archivo de este mismo blog.
[6] Mujica, J. (25/09/08)“Hablando al Sur”, AM24, Montevideo.
[7] Fecha retenida por la efemérides estatal uruguaya para las elecciones nacionales a quinquenio vencido.


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Bolivia entre pozos y poses

2ª quincena septiembre 2008



Las profundidades del Atlántico Sur, que tanto reclamara históricamente Bolivia para una salida al mar, contienen petróleo brasileño y posiblemente uruguayo, cuyos pozos prospectados desde ya reflotan, en sentido figurado, la IV Flota estadounidense. Estas profundidades cargadas de oro negro también determinan un clima de Guerra Fría en el Caribe, ya que la visita de la armada rusa recuerda que los pozos venezolanos no están flechados estratégicamente[1]. Ante la reactivación de la IV Flota del Tío Sam, Rusia responde marítimamente a las gentilezas que la OTAN le dispensa en tierra firme, por medio de Georgia y Polonia[2]. Ya en un país continental, los separatistas cruceños vuelan gasoductos que conducen el contenido de los pozos del anillo energético latinoamericano (desde Venezuela hasta Bolivia, pasando por San Pablo en Brasil)[3].

Tales efectos de los pozos sobre la superficie mundial no se explicaría si este epitelio político no contara con sus propios epicentros críticos. Esas resonancias a distancia toman por centro latinoamericano a Bolivia, donde las instituciones democráticas debieran estar más fuertes que nunca, a raíz del referéndum favorable al gobierno por casi dos tercios. Subsidiariamente una alarma análoga proviene de Venezuela, donde la situación del gobierno también debiera ser comicialmente confortable[4]. Por consiguiente esta Guerra Fría se parece en mucho a una Guerra de Ondas, que aparentemente no dejan de recordarnos que las guerras post-Guerra Fría no tienen lugar[5].

De ahí que la composición de lugar sea necesariamente alusiva y elusiva, como toda declaración. A diferencia de la barrera que oponían los buques de guerra estadounidenses a las ojivas nucleares que la Unión Soviética enviaba por mar a Cuba, o la misma Cortina de Hierro que la gente atravesaba a riesgo de su vida, los conflictos de hoy son efecto de emisiones propicias. Estas no tienen ni pueden tener, desde que existen lugares comunes de índole retórica, profundidades extraíbles, pero sí reconocen, a la manera del vuelo aéreo, “pozos de aire”, donde el fluido faltante se siente en caída.

Tal el caso del énfasis que la declaración de Tabaré Vázquez hace sobre las instituciones democráticas en referencia a las tribulaciones bolivianas[6]. Se subraya la índole democrático-institucional al inicio y al final de la declaración, donde el piloto automático de la interpretación siente que falta algo que dice reiteradamente Chávez sobre EEUU. De la misma manera, la forma en que Lula convoca a un pacto entre el cordero y el lobo, daría motivos para un retiro espiritual dedicado a resiliencia democrática de la crisis boliviana[7].

Estos pozos de aire discursivos encuentran sin embargo intérpretes que los disciernen e incluso atraviesan sin desgano. Por ejemplo, un artículo periodístico harto comprometido en el estilo de izquierda con la Guerra Fría, ve todo ventajas en ignorar el rol de EEUU e incluso al propio Chávez[8]. Esta levitación declarativa produciría delicias estratégicas que América Latina nunca conoció, aunque sí conoce la facundia impugnadora de Fidel Castro y del propio Chávez como el blasón mismo de su dignidad.

Tal levitación declarativa nos advierte que no digamos nada sobre aquello de lo que todo el mundo habla, pero abandonando en súbita caída de silencio la misma astucia en el sentido opuesto, no calla sus temores hacia una radicalización, en la propia izquierda, de sectores que aprovecharían para marcar la cancha. De la hora de los pozos a la hora de las poses, la concomitancia ideológica desciende hasta la superficie política, por donde corren incluso las voladuras de gasoductos que apuntan más abajo aún.

El tránsito del pozo a la pose no admite límites positivos, por lo tanto supone una “deslocalización”, no tanto en el sentido folklórico de las tradiciones, sino más bien en el sentido propio de las costumbres[9]. Todo queda en todo, la pose llega hasta el pozo y el pozo es fuente de pose, no por la vía de la tradición, sino por el canal de la transmisión. Sería una pena que Latinoamérica, efecto de un Pasaje a Occidente[10], perdiera esta oportunidad de escanear las capas geopolíticas de pueblos mestizos, etnias sumergidas, fronteras dudosas y memorias insumisas que quedan entre el pozo y la pose. Allí escoran y se hunden todas las flotas, se desvían y capotan todos los misiles.


[1] Fantini, C. “Nuevos vientos de Guerra Fría” (11/09/08) El País, Montevideo. http://www.elpais.com.uy/08/09/11/pinter_369121.asp
[2] Gorbachov, M. “Escudo antimisiles en Polonia está pensado contra Rusia” (10/09/08) El País, Montevideo http://www.elpais.com.uy/08/09/10/pinter_368956.asp
[3] “Evo advierte a la oposición: "La paciencia tiene un límite" (12/09/08) La República, Montevideo http://www.larepublica.com.uy/mundo/330861-evo-advierte-a-la-oposicion-la-paciencia-tiene-un-limite
[4] “Vázquez y el Frente Amplio dieron "total respaldo" a Evo” (13/09/08), La República, Montevideo.
[5] La cursiva recuerda el título de Baudrillard La guerra del golfo no tuvo lugar.
[6] Presidencia de la República, Comunicado de Prensa (12/09/08) http://www.presidencia.gub.uy/_Web/noticias/2008/09/bolivia.pdf
[7] Bilbao, L. “Washington promueve la guerra civil en Bolivia” (12/09/08), enviado en correo electrónico por Sirio López.
[8] “La prioridad es la democracia de Bolivia” (14/09/08) La República, Montevideo http://www.larepublica.com.uy/politica/331380-la-prioridad-es-la-democracia-de-bolivia
[9] Balibar, E. (2006) “Cosmopolitisme et Internationalisme: deux modèles, deux héritages” dans Philosophie politique et horizon cosmopolitique, UNESCO, Paris, p.42.
[10] Marramao, G. (2006) Pasaje a Occidente. Filosofía y Globalización, Katz, Buenos Aires.


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Prohibido NO prohibir: marcar el paso de Bordaberry (hijo)

1ª quincena septiembre 2008



Visiblemente alentado por el éxito -científicamente medido por encuestas de opinión-[1] de la norma que prohibe fumar en ambientes públicos cerrados, el gobierno prosigue por esa senda ostensiblemente venturosa, de forma que sus anuncios recientes parecen guiados por el lema “prohibido no prohibir”. La siguiente perla a hilvanar en el brillante collar gubernamental, destinada a punir la venta de bebidas alcohólicas en comercios de frecuentación juvenil, parece sin embargo haber recogido un rechazo que no augura un bis de popularidad a la anterior medicina presidencial.

El fracaso que desde ya acecha a la política de interdicción generalizada, que parece fascinar al Ejecutivo uruguayo y allegados, se presenta promisorio para echar un vistazo indiscreto sobre la enjundia moral. La tentación del paso en falso, que funda los principios de toda moral, parece en este caso presentarse incluso bajo el engañoso cariz del precepto, que sugiere la característica serial de una única solución prohibidora para todo. Tal exceso de vigilancia redunda con la propia función gubernamental, de forma que según el dictum de Rancière, convierte a la política en policía[2].

Por lo pronto la negatividad colectiva del humo de tabaco en ambiente cerrado no parece trasladable sin más a una comunidad de ingesta pública. Los que beben de una misma botella, sea por economía o erotismo, lo hacen a tal punto de succión que desemejan de un prójimo sofocado de humo frío. ¿Debiera recordarse que la figura del “borracho simpático” manifiesta hasta qué punto la adicción pasa, en el registro público, ante todo por admitir o excluir? Luego, excluir no es sinónimo de prohibir, a no ser en un todo de Estado, aunque más vale por ahora no excitar el campo de concentración memoriosa del siglo XX, tan reciente para éste del que no va ni una década. Sin olvidar que en pleno aniversario de los 40 años del 68’ cierta izquierda parece arrepentida de aquel “Prohibido prohibir”, que sin embargo encuentra tanta adhesión juvenil desde entonces[3].

Prohibir no prohibir encierra una doble negación de la prohibición, que como se sabe desde Hegel, la convierte en un sí del no. Exhorta a prohibir exclamativamente: “sí prohibir”. Se trata de una hiperpositividad del Estado, análoga a la delación por adhesión al orden público, en cuanto el interés individual parece disuelto en la represividad de la norma. Según Baudrillard, este diluvio normativo manifiesta el punto crítico de la actual desaparición del Estado: la necesidad de afirmarlo en una inundación regulativa que anega a la propia ciudadanía que lo propicia[4].

La condena de la agresividad filantrópica, que auspiciara Lacan[5], parece tan lejos de la sensibilidad gubernamental uruguaya como de la moral calvinista, de forma que la implosión de un sistema por efecto de la contradicción sobre su reversibilidad simbólica (no-muerte versus suicidio), tal como lo plantea Baudrillard[6], debe ser excluido de la comprensión posible del elenco gobernante.

Excluida la negatividad de la condición simbólica, todo sistema pasa a justificarse en razón de su naturalización positivista. Este razonamiento exige que el sistema sea libre de su propia determinación por la naturaleza. No hay otro fundamento posible de la moralidad bienpensante que su redundancia positivista, como lo explicó oportunamente Vattimo[7], al señalar la deuda que contrajo el positivismo del conocimiento comtiano con el Espíritu Absoluto hegeliano. De ahí que un planteo izquierdista pautado por referencias nostálgicas, se encuentre impávidamente parasitado por una naturalización positivista de la libertad, esto es, por el neoliberalismo. ¿Encontraríamos en el elenco gubernamental –en el sentido amplio del término- neoliberales de izquierda o izquierdistas neoliberalizados por la necesidad conceptual, sin necesidad de rememorar alguna polémica universitaria?

Sin llevar más lejos la interrogación positiva de las costumbres intelectuales de la cúpula gubernamental, basta con advertir la eficacia polémica que exhibe Bordaberry (hijo) cuando estigmatiza la andanada de interdicciones que provienen del Edificio Libertad bajo un criterio simplista de lesa libertad[8]. Aduce con insoslayable rectitud conceptual que gobernar no es prohibir y que la sociedad no es normatividad. Aquellas mismas cosas que el frente antidictatorial le reprochara a Bordaberry (padre) cuando tutelaba el devenir público. La sugestiva reversión de situaciones, que convierte al gobierno en cazador cazado, proviene de la imposibilidad de reeditar una organicidad colectiva del todo social, ante la condición tecnológica de la decisión individual. La radicación individualista de la decisión en la actuación tecno-lógica supone (y sub-pone[9]), en cuanto se erige en fetiche de realidad positiva, anclar la libertad en la naturaleza. En ese fondo de roca conceptual el neoliberalismo gravita con masa absoluta de mercado ante cualquier criterio relativo al vínculo social.

Quizás no sea la primera vez que Bordaberry (hijo) se beneficie, indirecta y jubilosamente, de los desaciertos de la dirigencia frenteamplista. Quizás los mismos desaciertos seguirán beneficiando a los Bordaberry en perspectiva histórica, si no se interpone en la carrera de avestruz degollada que prosigue la cúpula frenteamplista, la izquierda extra-gubernamental[10] que la ha puesto en un brete saludable, ante todo, para la pervivencia del sentido mismo de ser izquierda.

[1] Ver en este mismo blog ¡Valiente encuesta!, 2ª quincena junio 2008.
[2] Rancière J. (2005) La haine de la démocratie, La Fabrique, Paris, p. 54. Rancière reenvía en ese pasaje a
Aux bords du politique cuya traducción al español se encuentra en Rancière, J. (1994) En los bordes de lo político, Editorial Universitaria, Chile.
[3] Sin duda aquí entre nosotros, por ejemplo, en la nutrida concurrencia a la conferencia Mayo del 68’ en la filosofía francesa, dictada por Patrice Vermeren, 7 de mayo 2008, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Montevideo.
[4] Baudrillard, J. (2003) “La violencia de lo mundial” en La violencia del mundo, Zorzal, Buenos Aires, pp. 24-25.
[5] Lacan, J. (1970) Ecrits I, Seuil, Paris, p. 97
[6] Baudrillard, J. (2003) “La violencia de lo mundial” en La violencia del mundo, Zorzal, Buenos Aires, p. 27.
[7] Vattimo, G. (1990) La sociedad transparente, Paidós, Barcelona, p. 97. La misma vinculación entre Comte y Hegel se encuentra en Lévi-Strauss (El pensamiento salvaje).
[8] Bordaberry, P. “Prohibamos el Parkinson” Montevideo Portal, http://www.montevideo.com.uy/notestaboca_nbordaberry_67342_1.html
[9] Viscardi, R. “Desarrollo y Tecnología” (2007) Biblioteca Virtual de la Asociación Filosófica del Uruguay, http://www.arje.uy.nu/
[10] Ver en este mismo blog Izquierdas en disputa por ser “izquierda”, 2ª quincena enero 2008.



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Pinochet, Sanguinetti y Mujica: desmentidos que mienten y mentiras que desmienten en la ontología de la mediación

2ª quincena agosto 2008




Con posterioridad al golpe de Estado en Chile, los desmentidos de las atrocidades cometidas por Pinochet y sus golpistas sacudían a la opinión pública mundial, particularmente en Europa. La información llegaba a través de periodistas, diplomáticos y testigos, cuando no por el testimonio de las propias víctimas. Pinochet no tenía reparos en desmentirla descaradamente, apoyado sin embargo en el respaldo que Nixon daba a su crueldad, que desde las alturas de Washington se veía como un saldo más, entre tantos otros necesariamente crueles, de la Guerra Fría. El desparpajo de Pinochet fue caracterizado por Fidel Castro, en aquel entonces, a través de la asociación entre el apellido del general del horror y el nombre del personaje de madera: Pinocho. Dijo entonces Fidel Castro que de tanto mentir con desmentidos falaces, seguramente crecería la nariz de Pinochet tanto como la del personaje mentiroso.

Desmentidos que mienten, mentiras que desmienten, corroboran paradójicamente la factible verosimilitud de la mentira que ya señalara Goebbels: la relación entre verdad y mentira no se vincula a una condición inalterable, desde que la técnica determina la convicción del gran número por la vía inmediata de la transmisión. Por otro lado, no se puede consignar una fatal reversión de esa circunstancia como efecto de su incorrección objetiva, ya que tal supuesto terminaría por consagrar la significación verídica del adversario elevado a la condición de contrario: en el caso de Goebbels y el nazismo, el imperialismo angloamericano. Bush encarnaría la posteridad de la verdad como consecuencia ineluctable de la derrota de Hitler. Si no existe una reversibilidad necesaria de determinado orden de la realidad contra la entronización de la falsedad, entonces tampoco existe ninguna consecuencia que contraríe sistemáticamente la mentira, como no sea una percepción intencional del acto de mentir, que por tal intencionalidad, queda bajo el mismo cariz provisorio con relación a la necesidad de la verdad.

Pareciera incluso que la mentira puede investirse de los oropeles del saber. Así el expresidente Sanguinetti, en su respuesta a lo que entiende ser un ataque vil por parte de Samuel Blixen

[1], da por insoslayable verdad la simetría de las actuaciones de guerrilleros y militares durante el período de descaecimiento democrático del Uruguay. Sin embargo, en cuanto firma su descargo en calidad de expresidente, Sanguinetti endosa de puño y letra la doctrina sostenida con relación a los crímenes contra la Humanidad, a partir de los juicios de Nüremberg contra los mismos nazis. Si algo fuera insoslayable, no sería la fórmula “ni vencidos ni vencedores”[2], que aduce sin dar cuenta al respecto el exmandatario, efectivamente existente en la tradición uruguaya. Ese saldo idiosincrático heredado de soluciones políticas a conflictos armados del siglo XIX no reconoce correlato con la condena de los totalitarismos que consagra la jusrisprudencia internacional después de 1945, elaborada con posterioridad a todos los conflictos armados a los que refiere la tradición uruguaya al respecto. Salvo, claro está, el conflicto armado que Sanguinetti quiere colocar bajo la luz de esa tradición nacional.

La doctrina de los crímenes contra la Humanidad da por tales aquellos que se cometen revirtiendo contra los representados los instrumentos que éstos constituyeran en sus garantías, de forma que la representación pública se ve pervertida por el uso, contrario al representado, del poder que éste concedió al representante. Ese mismo principio funda la asimetría entre el insurgente (guerrillero por ejemplo) que delinque contra el estado de derecho y el funcionario público (militar por ejemplo) que viola el mandato democrático. En tanto Sanguinetti fue miembro de aquellos elencos que instalaron progresivas violaciones constitucionales que culminaron en el golpe de Estado, su condición de mandatario de una continuidad culpable es tan verosímil como incómoda, ante una revisión de lo ocurrido en aquel entonces.

Este último período se vincula a la Doctrina de la Seguridad Nacional generada en Estados Unidos, como consecuencia del arranque de la Guerra Fría en los años cincuenta del último siglo. Tal doctrina estipula precisamente que se trata de una lucha entre Este-Oeste, es decir, de un enfrentamiento de valores y creencias que involucra el destino de la Humanidad como un todo. Por lo tanto, es una doctrina tan totalitaria como el nazismo o el comunismo soviético, en su inclusión de la racionalidad en el cierre de una totalidad que la explica.

Ese uso totalitario de la democracia es el que emplea a modo de racionalidad Sanguinetti, en tanto aduce en su justificación, la validez constitucional e incluso plebiscitaria de las normas que consagraron la impunidad para una mayoría de militares, policías y civiles responsables, sin embargo, de la dictadura en el Uruguay. Sanguinetti pretende que un acto institucional consagra la validez de una actuación, es decir concibe la verdad histórica en tanto constatación formal del acto, que es aquello que la mentira puede, por su propia condición falsificadora, adulterar. Como lo señalara Derrida, lo que caracteriza una firma es precisamente que puede ser alterada
[3]. Si tal alteración no fuera posible, tampoco sería posible la firma, porque su razón de ser es sustituir la presencia del firmante por una forma de trazo. De la misma forma la coacción, incluso la política, puede conllevar un saldo electoral favorable, como efecto condicionado bajo democracia tutelada, por ejemplo de un ministro militar del propio Sanguinetti, que en un episodio célebre, neutralizó en una caja fuerte ministerial una citación jurídica por causa de derechos humanos violados.

Si la Historia (no puede no tener mayúscula en este caso) avalara a Sanguinetti, en razón de un plebiscito, avalaría asimismo a Pinochet, también plebiscitado, como se sabe, por el voto popular. Incluso Pinochet hizo mejor que Sanguinetti, porque logró mayoría formal para una constitución que perpetuaba su poder, además, como senador vitalicio. Cabría preguntarse si la superioridad histórica (Histórica) de Pinochet sobre Sanguinetti –siempre desde el punto de vista de Sanguinetti- no reside justamente en que Pinochet mintió mejor que nuestro expresidente. Sobre todo porque si la historia consagra hechos, tal como lo aduce (de hecho) Sanguinetti, estos hechos encuentran su verdad en una condición independiente de la intención humana, que en la función de la Historia que condenara Foucault, dice limitarse a relatar lo ocurrido. Ahora, si lo ocurrido consolida la verdad o la mentira, no es cuestión de la verdad histórica. Luego, puede incluirse como verdad histórica la constatación de la ocurrencia de la mentira. Como en el caso de Pinochet, o quizás con menor éxito, en el de Sanguinetti.

Más curiosa sin embargo, parece lo inverosímil de la verdad que aduce el Senador Mujica, cuando cambia en sentido del apoyo al plebiscito contra la ley que consolidó la impunidad en el Uruguay
[4]. Este cambio de sentido no es un cambio de forma, sino en la inclinación a estamparla en la nómina de firmantes. Mujica se dice soliviantado por la campaña destinada a acusar al MLN-Tupamaros de las mismas violaciones a los derechos humanos que éstos, entre otros protagonistas de aquellos y estos hechos del Uruguay, imputan a los militares y civiles vinculados al advenimiento y desarrollo del régimen totalitario de seguridad nacional.

Llevado por un arranque de fastidio personal, el candidato presidencial en ciernes y principal destinatario del apoyo entre frenteamplistas, da un golpe de timón a su línea política sobre el tema más decisivo estratégicamente desde 1985. En performance mediática ante cámaras, aduce tal humor como el principio de razón que lo lleva a devolver la agresión al agresor, pero con el agregado de la expresión que en su momento hiciera célebre Wilson Ferreira Aldunate en defensa de la democracia: “al que no quiere sopa dos platos”. De esta forma, justiciero ante cámaras, Mujica da cuenta de la desgracia que se abate sobre los violadores de los derechos humanos, porque Mujica los condena a dos platos de lo que no quisieran gustar ni siquiera en uno. Mujica habla de Mujica y del castigo que inflige a quienes violaron los derechos humanos. No se trata de doble poder, como el que el MLN-Tupamaros desarrolló como estrategia una vez que consideró cerrado el período de consolidación militar y propaganda armada, sino del poder del doble, Mujica-Mujica. La vía de este redoblamiento puede generar un efecto de verdad digno de ser propalado mediáticamente, a través de la mentira que posibilitan los medios.

Mujica-Mujica sólo existen en tanto performance de Mujica-hombre-de-pueblo. Mujica es campechano y así muestra que no está del lado de los “cuellos duros”, aunque tal popularismo suena a un personaje tan mentor de Bordaberry (padre) como Nardone. El éxito mediático de Mujica, su prescindencia ante cualquier instancia que no sea la performance mediática de la representación, manifiesta en el argumento del malhumor, no lo ayuda en la perspectiva histórica, si recordamos que la misma índole de éxito izó a Nardone hasta convertirlo en árbitro de la contienda electoral.

La mentira de los medios anida en la propia verdad de la representación, en cuanto ésta es reversible entre representado (yo) y representable (el yo). Luego el yo de muchos quisiera poder decir en lugar de Mujica lo que éste dice para tantos otros. Pero en el lugar de Mujica está alguien que no necesariamente cree lo que dice, sino el efecto estratégico que condiciona su decir. Alguien que miente por el bien de todos, tal como él mismo cree, ante cámaras, que una suputada cota de popularidad lo autoriza a un desplante de la argumentación. Claro que también puede suceder que Mujica crea lo que dice. Pero en ese caso el doble de Mujica traiciona la racionalidad de la representación pública en la esencia misma de la responsabilidad (de el yo) del representante con relación a un (yo de) ciudadano cualquiera. O suputadamente cualquiera, pero en verdad seducido por la verdad de un poder mediático en que cada uno se miente a sí mismo, porque alguien puede mentir por y para todos. La patria folklórica y la mentira mediática anidan en supuestos ontológicos inconmensurables entre sí.

Esos supuestos ontológicos son los de la propia ontología de la mediación. Eco estableció una de las teorías semióticas más elegantes a través de su “Teoría de la mentira”
[5]. Esta estipula que sólo es signo aquello que se puede usar para mentir, porque lo que no se puede usar para mentir tampoco puede usarse para decir verdad. Detrás de una teoría del signo, Eco deja implícita una teoría de la verdad. Si la verdad o la mentira no consisten en la referencia del signo, sino en el uso que de éste último se haga, la verdad o la mentira no se inscriben previamente en un orden de cosas, sino en actos que inscriben en tanto realidad aquello mismo que suscriben en tanto signo. No una realidad de cosas, sino una realidad de actuaciones. Si se entendiera tal órbita de la acción por exclusivamente ética, se dejaría de lado que además traspasa en los objetos presentes. Lo que llamamos actualidad, que viene de la virtud de medios apropiados a tales actos de comunicación.


[1] Sanguinetti, J.M. “Del senador Sanguinetti”, Brecha (8/08/08), Montevideo, p.28. Blixen responde a Sanguinetti en el número siguiente de Brecha (15/08/08) p.8.
[2] Fórmula que cerró la “Guerra Grande” en 1851, ver www.henciclopedia.org.uy/autores/Sanroman/Ariel2.htm
[3] Derrida, J. (1972) Marges. De la philosophie, Minuit, Paris, p.391.
[4] Ver al respecto Abelando, V. “La disputa por el liderazgo” Brecha (15/08/08) p.3. Las declaraciones de Mujica que refiere Abelando fueron emitidas por el noticiero de la noche del martes 12 de agosto, por Saeta Canal 10, Montevideo.
[5] “Si una cosa no puede usarse para mentir, en ese caso tampoco puede usarse para decir la verdad: en realidad, no puede usarse para decir nada. La definición de teoría de la mentira podría representar un programa satisfactorio para una semiótica general”. Fernández, O. Teoría sociosemiótica de la tecnología biológica http://www.centro-de-semiotica.com.ar/Biosemiotica.html
La Teoría de la Mentira se encuentra fundada en Eco. U. (1988) Tratado de Semiótica General, Lumen, Barcelona.



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Del supermercado al supermarcado

1ª quincena agosto 2008



El día del supermarcado (ver la actualización de este blog del 15/07/08) descartaba la asociación simplista de la efemérides, determinada por el mercado, con la mercantilización de los afectos. También vinculaba, por otro lado, el marcado del mercado con la posibilidad de la totalización informativa, esto es, la posibilidad de todas las posibilidades. Entre esos dos recaudos, el mercado parece quedar excesivamente sobreseído de responsabilidad (si simplemente se subraya lo que ha dado en llamarse paradójicamente “responsabilidad social”) o reducido a un rol subsidiario (si se supone que no es más que una base empírica del intercambio simbólico). Sin embargo, esas dos percepciones conceptuales obedecen a un mismo registro, que proviene en la memoria cultural de la identificación entre condiciones de posibilidad y orden natural de la realidad.

Este problema es un problema significativo por dos razones:

a) porque la debilidad de los análisis críticos ante la explicación “neoliberal” (término que reúne varias familias teóricas disímiles entre sí), que subordina la sociedad al mercado, proviene de una naturalización determinista del mercado, que sin embargo también se legitima en la vinculación positivista entre conocimiento y realidad que admite todo organicismo, el marxismo incluido
b) porque la resistencia a plantear las tecnologías de la comunicación en tanto condición primordial de la globalización identifica la comunicación con un proceso determinado por una realidad previa –a la emisión y a la recepción-, prejuicio conceptual que imposibilita considerarla en tanto actividad potenciada por el umbral tecnológico que supera la distancia geográfica (lo que denominamos una actividad “a distancia”)

La cuestión que constituye obstáculo conceptual reside en la identificación entre realidad y orden, mientras se supone la naturaleza como algo diferente de la sociedad, cosa que no puede entenderse si no se identifica a la sociedad con un orden dentro del orden de la naturaleza. Ahora, un orden dentro de otro es, como lo ha señalado Canguilehm[1], la posibilidad misma del positivismo, en cuanto para Comte la mente humana, ordenadora de la sociedad y por ello mismo de la naturaleza, se encuentra asimismo subordinada a las leyes generales del orden del universo, o sea, de la propia naturaleza.

El positivismo se plantea así inspirado por una curiosa espiritualidad, que como lo plantean por igual Lévi-Strauss y Vattimo[2], señala la continuidad entre el proyecto positivista y la condición integradora del espíritu absoluto en Hegel. Lejos de vincularse a la condición “dura y pura” de una materialidad más allá del pensamiento, la matriz organicista-positivista decimonónica consagra el ascendiente espiritualista de un orden supérstite, que le toca al vicario en la tierra de la misma Obra, mejorar y desarrollar hacia una insoslayable redención histórica.



Como también lo plantea Vattimo en la misma obra, la comunicación en la etapa de la integración de la información y la comunicación en la técnica no puede, sin embargo, entenderse sino en cuanto la imagen instruye al mundo y no lo contrario. Pero sucede que esta instrucción contrario sensu del Orden constituye La Epoca de la Imagen del Mundo, en tanto pone bajo la responsabilidad del hombre que llega a ser sujeto (la Modernidad) la misma imagen que se haga del mundo[3].

De ahí que la creciente potencialidad que gana a la imagen, así como, por vía de consecuencia, a la comunicación en una comunidad, no pueda tener como efecto aumentar el Orden (que sería Uno en una Naturaleza-Creación, pero también en Una creación por la naturaleza), sino provocar su desarticulación singular por cuenta de cada quién. A la par, la cacofonía enunciativa prolifera con el acceso creciente a la conexión y por consiguiente, a la emisión de imagen por cuenta propia. Ahora, esta cuenta, también es una cuenta corriente del mercado financiero, entre otros ejemplos de imágenes que corren por cuenta propia.

Por esa razón, la introducción del mercado como un elemento de regulación de la comunidad es perversa si se convierte en un fatalismo del interés. No porque el interés sea condenable en sí, sino porque la forma en que la imagen corre por cuenta propia entre los individuos es tan infinita como la solidaridad, la pasión, la atracción, el interés, incluido este último, pero desde siempre por encima de la naturalización simplificadora que lo convierte en cuantificador universal del ego.

El marcado del mercado está afectado por una simplificación naturalista, que obedece al designio narcisista de marcar desde el yo el nosotros. Esta herencia cultural genera la peste consumista que identifica, entre otros, al padre con un buen pagador, por ejemplo, en la consignación mercadocrática de El Día del Padre. Pero no debe hacernos olvidar que el juego del mercado quedó desde siempre dominado por el marcado de imagen, a punto tal que el signo monetario lleve efigie incluso en el metal.

A fortiori, esta subordinación del mercado al marcado de imagen interviene en tanto Supermarcado, cuando la misma imagen es efecto de una gran potencia de pensamiento que se apodera de la técnica, es decir, la virtualidad emisora de realidad que caracteriza a la tecnología. En la Epoca de la Nuevas Tecnologías de la Comunicación y la Información, lo nuevo es que la Epoca se Superpone a la imagen del mundo -que ya supone un mundo para la imagen, de manera que sobrepuja el repujado de un relieve de imagen natural con el Supermarcado, esto es, la gran potencialidad de imagen que se imprime a distancia, bajo excusa de “realidad virtual”.




[1] Canguilehm, G. (1981) Idéologie et Rationalité, Vrin, Paris, pp.93-95.
[2] Vattimo, G. (1990) La sociedad transparente, Paidós, Barcelona, p.97.
[3] Heideggeer, M. (1962) Chemins qui ne mènent nulle part, Gallimard, Paris, p.120. Cabe consignar que la traducción francesa titula “L’Epoque des conceptions du monde” el mismo artículo que el español vierte “La Epoca de la Imagen del Mundo”. La diferencia entre las dos traducciones del título alemán “Die Zeit des Weltbildes” traduce a su vez la identidad de concepto que surge del texto.



El día del supermarcado


2ª quincena de julio



La celebración de una efemérides rotulada con figuras del núcleo familiar asciende en popularidad, difusión e incorporación en las costumbres. Esta popularidad creciente contrasta con el declive aparentemente irrefrenable de la familia nuclear que debiera cristalizar, de forma indeleble, esos sentimientos tan ampliamente compartidos. Algunos de los índices estadísticos anuales han destacado la relación negativa del matrimonio, relación clave de la estructura familiar nuclear, con relación a su contrario, el divorcio. Más divorcios que matrimonios por año[1], al menos en algunos años, nos dice que la celebración de las sempiternas figuras familiares está lejos de corresponder a una eternidad de los lugares que ocupan, efectivamente existentes, en las relaciones familiares.

Se impone entonces contrario sensu de la costumbre, pero en consonancia con la lucidez, presentar la hipótesis adversa al sentido común: el declive de ciertos roles en el registro de las costumbres gobierna el apego a las figuras tradicionales de la estampa familiar. Sin embargo, orientadora en mayor medida que la obviedad de una celebración popular, esta hipótesis entra en contradicción con la tendencia del propio acontecimiento. Esta efemérides sui generis presenta una curiosa asimetría. Mientras se celebran las figuras adultas de padres y abuelos, no tienen lugar las infantiles de hijos e hijas. La vaga sospecha de un día del niño, de impronta borrosa, se asocia inmediatamente con la ONU o una ong especializada[2]. Queda cerca del día de la secretaria, con recordatorio de agenda y sospecha de seducción interesada.

Por otro lado, la figura del esposo y de la esposa, roles intrínsecos a la condición familiar que supuestamente se consagra con fechas puntuales, brillan por su ausencia. Hay roles supermarcados y roles faltantes, en esa efemérides familiar que tampoco tiene antecedentes en nuestras costumbres, a no ser los que se afianzan de algunos años a esta parte. No se trata por cierto, de festividades milenarias, sino de una promoción que cunde a través del marketing. Es de sospechar que el mercado, con su pantalla y red encuestadora, en tanto “test perpetuo de la presencia del sujeto a sus objetos”[3], esté constatando las preferencias de índole familiar.

Tal sospecha se confirma si tenemos en cuenta que esta efemérides inscripta subrepticiamente entre las fechas religiosas y nacionales no ha sido instalada ni propiciada por estas últimas, sino por los medios de comunicación comerciales y las firmas que los financian. ¿Debiéramos entonces esperar del marketing que nos ilustre con relación a nuestras inclinaciones familiares contemporáneas? Recuerdo respecto a tal criterio de conocimiento por el marketing, una luminosa frase de mi recordado amigo Pablo Astiazarán, en clase de Teoría de la Comunicación Social, que repito de memoria y bajo forma de aproximación: “Se piensa que por el marketing se puede llegar a medir adonde va el mercado, el problema es que el mercado no está hecho para saber”. El saber, como el interés, tienen su ámbito y su orientación, por más que lo uno y lo otro no sean estáticos ni estereotipados. Fuera de un equilibrio que la caracteriza, cualquier actividad pierde su condición propia. Ninguno de nosotros va a un supermercado para ganar sabiduría conceptual. Nadie va a un centro de estudios a satisfacer las necesidades hogareñas. Sin embargo, el marketing sabe más sobre nuestras necesidades familiares, por lo que se ve, que las religiones y el Estado-nación, ya que el mercado guía, por encima de las instituciones magistrales, la efemérides correspondiente.

Lo anterior no supone que las figuras familiares sean objetos de consumo, sino que el mercado las marca según su propia ley del valor: la circulación mercantil generalizada. No está de más recordar que el valor de una mercancía se establece, en el criterio marxista, por el régimen de su equivalencia general en el mercado, es decir, aquellas cantidades de otras mercancías por las que podemos cambiarla en un régimen de circulación generalizada de bienes. Para ese criterio del valor, no cuenta cuanto vale cada mercancía en sí misma (valor de uso), sino por cuanto valor equivalente de otras puede cambiarla (valor de cambio). Por consiguiente, lo que el marketing quiere marcar es cuánto se puede mercar en el quantum del mercado.

El supermarcado de las preferencias por el aparato estadístico da amplio pábulo a la preeminencia del pasado familiar, sólidamente anclado en la memoria individual, por sobre el azaroso porvenir de sentimientos y descendencia. El supermarcado y los faltantes se vinculan de forma sugestiva con el supermercado, en tanto éste último culmina la fatalidad de una necesidad imperiosa y generalizada: hay personas sin hijos y sin cónyuge o pareja, no los hay sin padres ni abuelos. Todos tenemos un origen, pero no sabemos que nos deparará el destino.

Por consiguiente, las figuras familiares supermarcadas son un efecto del supermercado, en cuanto éste exhibe la capacidad de recoger y transmitir las informaciones relativas a su propia reproducción, vinculada ante todo a las preferencias de los consumidores. Los consumidores no saben lo que quieren, pero el marketing está dispuesto a darles una razón generalizada: la del mayor número.

Sin embargo, ésta ya existía desde la generalización del mercado capitalista, de forma que lo que constituye la nota característica de la efemérides mercadocrática es que ésta corresponde a la posibilidad de totalización informativa de la opinión, en términos de oferta y demanda. El mercado que es compulsado a distancia por un procedimiento de medición supone el supermarcado, el perfil de una figura de sumatoria. Esta figura a distancia dista, ante todo, de estar ausente, corresponde al vínculo artificialmente creado en aras de configurar una composición de lugar total del mercado, un no-lugar[4], un supermarcado del supermercado.

Este supermarcado viene incorporado en el ticket de caja, con un saludo de la cajera a su nombre de pila. Podríamos apilar esos nombres en montoncitos concienzudamente clasificados “Mirna”, “Clara”, “Eloísa”, que ninguno de ellos nos daría ejemplo de otra cosa que el “ahora y aquí” del cobro/pago. No podríamos seguir la huella de esos nombres más allá del carro al que vuelven las bolsas de plástico, destinadas, como los nombres, a ser recicladas por “clasificadores”, subsidiarios, bajo estirpe humana, de la máquina que es, en sí misma, efecto de la suposición humana. El marcado le ha ganado al mercado, pero no por un plus de plusvalía, sino por un hiper de hipermarcado. Ese Súper, super de los súperes, es la virtualidad, que nunca quiso decir otra cosa que “gran potencialidad”[5].

Ahora, esa “gran potencialidad” parece merecer un día propio, bajo la figura del “día del padre”. ¿Es este “padre” el titular de tal virtud de realidad, o por el contrario, el fantasma inevitable del consumidor compulsivo? ¿Homenajeamos al hacedor de supermercados o al supermarcado de caja, que confía su código de tarjeta al más allá telemático del cartelito “sonría, lo estamos filmando”? ¿Nos inclinamos ante un gran poder de procreación o ante un gran medio de pago? ¿Tal medio de pago no se habrá independizado para siempre del pagador y éste no significará, desde ahora, sino un mero dato del Todomercado-Todomarcado, ante el cual el Super-yo freudiano da para llorar de ternura? ¿El Padre Eterno no será el único símil, aunque atávico y descaecido, de tal Hiperreal que se sitúa por encima y por afuera de todo y todos, al tiempo de un imponderable impulso que, a lo Leibniz, “inclina sin necesitar”?

Si el Supermarcado fuera tal Padre Eterno, no se entiende porqué adolece de nula posteridad. ¿No era por el contrario el día del Hijo la celebración principal de nuestro calendario tradicional? ¿Porqué esa Navidad con misa de gallo (después del nacimiento), con un pesebre que contenía lo natural y los sobrenatural, Reyes y estrella-guía incluidos, tiende a ser suplantada por un viejo venido del frío, que parece cada vez más encarnado por el vino del marginal entre cartones? ¿No se tratará ante todo de una trivialidad que se resuelve a fin de cuentas en un estado de cuenta, que no tiene festividades ni feriados a lo largo del tiempo, como no sea la propaganda que viene ensobrada aprovechando el Más Allá de la fecha de vencimiento?

La Sagrada Familia, con su Buey Labrador (el símbolo de José, el padre humano) era el acaecimiento humano de un orden mediador, con relación a un único principio en el Más Allá. Para que hubiera lo uno (la mediación) y lo otro (su Sujeto-Objeto de tal mediación), era necesario que la mediación tuviera un límite infranqueable, que constituía, por encima del sentido humano posible, la propia razón de ser de este último (interpretar el Más Allá). La mediación, obra de un intento de equilibrio con el principio supérstite, vino a ser suplantada por el Medio Total (Mc Luhan), que necesita para llegar a la liquidez absoluta (sistema monético-generalizado del valor de cambio), liquidar al Creador. Luego, con éste, liquida a su faz visible en la tierra, el bueno de José labrador.

Nos queda por lo tanto, un padre de ocasión. Un remedo de intérprete (del designio superior) bajo forma de buen pagador. Difícilmente tal conciencia financiera tenga un verdadero impulso genitor, una irradiación fecunda. Su posición de padre, protética y de segunda mano, no da para un “día del Hijo”, porque hasta su posteridad no llegará, de su legado, sino una gran colección de estados de cuenta.


[1]« La cantidad de divorcios supera a los casamientos en Uruguay », Clarín http://www.clarin.com/diario/2005/01/17/um/m-905736.htm
[2] La búsqueda al respecto rindió frutos desde el primer sitio que visitamos : http://homepages.mty.itesm.mx/al783486/Diadelninio2.html
[3] Baudrillard, J. (1988) El otro por sí mismo, Anagrama, Barcelona, p.9.
[4] En el sentido estricto que le da Augé de transacción a distancia (inclusive consigo mismo), ver Augé, M. (1994) Los « no lugares». Espacios del anonimato, Gedisa, Barcelona, pp.84-85.
[5] La misma raíz latina ilustra a « viril », « virtud » y « virtual », ver Corominas, J. (1987) Breve diccionario etimológico de la lengua castellana, Gredos, Madrid, p.608.



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El odio de partido


(modo de reproducción oriental)

1ª quincena julio 2008



La quincena que corre no llegó a cerrarse sin que un columnista de La República[1] cumpliera con la adeomización (ad-demonización) de amplias franjas del espectro social que previera la última actualización de este blog (¡Valiente encuesta!). No habrá sido ese, seguramente, el único caso de entusiasta satanización que propicia lo contrario de lo que propone, tal como lo sosteníamos a mediados de junio, por la vía de la promoción mediática de un lugar impugnado pero significativo. Tanto más significativo en cuanto la lengua que se emplea reproduce una sonoridad del pasado, propia del área de influencia del Partido Comunista Uruguayo, que felizmente ya no caracteriza las actuaciones de este último.

La calificación de “ultras” para los que se colocan a la izquierda del espectro social, la visión conspirativa de los procesos colectivos, la igualación matemática de una resultante de fuerzas políticas caricaturizadas, son algunos de los pétalos de tersura estalinista que afloran en una edición dominical de la caza de brujas. Esa lengua de palo suena sorda a cualquier resonancia actual. Pero no deja de quedar a la sombra de la página editorial del mismo número de La República, donde se defiende la revisión a posteriori del pensamiento de Marx, en razón de una analogía entre el fin del siglo XIX y el comienzo del siglo actual, que motiva una reconsideración histórica.

“Sin embargo, justo antes del amanecer del siguiente siglo, en el que nos encontramos ahora, sus teorías, su concepción del mundo fueron universalmente rechazadas; la práctica política construida alrededor de su nombre fue arrojada al tacho de basura de la Historia. Hoy en día, casi nadie lo estudia, y es de buen tono sostener que se equivocó al creer moribundo el capitalismo y a la vuelta de la esquina el socialismo. Muchos lo consideran el principal responsable de algunos de los mayores crímenes de la Historia, y en particular de las peores perversiones que marcaron el fin del anterior milenio, del nazismo al estalinismo”[2].


Este laudo por parte de quien propone una reivindicación de actualidad a posteriori de una condena, no refleja prioritariamente la escena intelectual latinoamericana, sino ante todo la europea, pero no deja de adquirir especial significación intelectual, en principio, para quienes se propongan polemizar con esa perspectiva. No es el caso de nuestro sañudo detective ideológico. Desde los logros del gobierno de Allende, hasta la conspiración de izquierdistas desviados para urdir la derrota electoral del Frente Amplio, todas son afirmaciones a partir de las cuales la raya de escritura dice donde está el bien, donde el mal y no olvida el punto final. ¿Será necesario subrayar que ese estilo, propio de quien además pretende analizar un estilo, parece extremadamente ajeno a la ponderación que supuestamente reclama?


Tenemos por acápite esta enjundiosa admonición (ad-demonización-adeomnización): “Peligroso. El estilo de Adeom puede generalizarse”.


¿Cómo se generalizaría un estilo si no fuera por imitación admirada? ¿El “estilo de Adeom” parece suficientemente fashion para los estándares del gusto social uruguayo? ¿O más bien se trata de un contra-estilo que cunde pese a la descalificación y la satanización que promueven artículos como el que comentamos? ¿No se tratará de un estilo que cumple con un contra-lugar propiciado por la negativa ante un estilo demasiado fashion para el gusto plebeyo de múltiples sectores de la izquierda? ¿Bastará con que el presidente nos recuerde una vez más su origen social para remover la estatua del papa, favorecer que el veto no aborte una ley o olvidar el fantasma del tren “que pasa una única vez” con Bush de fogonero?


No sólo el columnista de La República recorre impávido casi cuarenta años que vieron el fin de la Guerra Fría, el surgimiento de los movimientos sociales, la transformación del sistema político en China, el eurocomunismo, el pensamiento del post (-analítico, -estructuralista, -moderno), la “revolución conservadora” de Reagan-Tatcher, la caída (problablemente lamentada por este y otros nostálgicos) del muro de Berlín, el surgimiento de la globalización (y no meramente del imperialismo) con la red de redes, el integrismo musulmán, un ataque internacional en territorio de Estados Unidos...¿será necesario seguir?, sino que además ve en estos sicarios anti-frenteamplistas el rostro de los izquierdistas que habrían conspirado contra Allende!!!


“El reciente recuerdo de Salvador Allende, con motivo de cumplirse los 100 años de su nacimiento, permitió reencontrarnos con los éxitos de su gestión y también con el cuadro político de la época. Dos datos se desprenden de esas lecturas. Por un lado, que fue un gobierno signado por las realizaciones. Por otro, que los sectores ultra fueron el mejor aliado de la derecha”[3].


Que semejantes disparates ocupen espacio, incluso en la sección política de un periódico de gran circulación en el Uruguay, no deja de plantear una interrogante respecto a la labor intelectual desde el retorno a la democracia en nuestro país. Sin duda intervino un abandono de la actividad crítica en torno a los grandes temas, como consecuencia de una inclinación a la idoneidad técnica que suele ser una mentira de patas cortas, incluso en términos de reproducción académica. Por otro lado pesó, ante la significación de las transformaciones teóricas e ideológicas del fin de siglo, el reflejo de preservación de la integridad partidaria, que suele ser el peor consejero de la creatividad intelectual. Como lo señalara García Canclini, ahora tenemos claro que no podemos confundir politización con partidización[4].


Cuando la partidización gobierna la participación política, e incluso más allá, la actividad social, la iniciativa se anquilosa y marchita, la dinámica tiende a confundirse con el control ideológico y los activistas se alistan de comisarios políticos. Ese control panóptico sobre la índole participativa y comunitaria, resabio moderno del disciplinamiento compulsivo, es lo que exhala a cada paso el texto que sataniza a Adeom.


Convoca explícitamente a articular las expresiones sindicales a través de la pertenencia política. Invierte los términos que una tradición democrática ha consagrado como relación desde la base social a la cúspide política, donde le cabe a aquella impulsar e inspirar, a la segunda interpretar y conceptuar. Hay un odio de partido contra la actuación supra-partidaria que reclama que esta sea embretada, digitada, canalizada por los conductos de un intrincado sistema de vasos comunicantes partidarios. Hasta sugerirle a los militantes frenteamplistas de Adeom que “se les va la esperanza entre los dedos de sus manos”:


“Es un desafío para la dirigencia frenteamplista, pero también para cada uno de los funcionarios municipales votantes del Frente que no pueden ver pasar ante sus ojos como se les va la esperanza entre los dedos de sus manos”.


¿Cómo no sospechar que desde ya se preparan beneplácitos enjundiosos para los mejores militantes-políticos-funcionarios? Si la exhortación vale para esos personeros frenteamplistas entre el funcionariado ¿qué no se les solicitará de fusión entre la pertenencia partidaria y la función pública a quienes ocupan cargos propiamente políticos?


Retorna, por lo que parece, por la vía más insospechada, la atávica propensión uruguaya a confundir lo propio del común y lo apropiado por los notables políticos. Propensión que ancla en la profunda integración de los partidos políticos en una sociedad que no tuvo condiciones geo-económicas viables, desde su inicio, al margen de la cohesión político-partidaria en torno al Estado-nación (incluso hoy día, ante lo que se denomina con cierta seriedad “crisis de inserción internacional”, bautismo que no logra disimular una característica -entre muchas otras del mundo de hoy- crisis de globalización ).


Un odio de partido vuelve por la vía de un espíritu de cuerpo estalinista, que aunque parcial en la izquierda, se mantuvo en hibernación ante un extendido temor intelectual a hablar de frente sobre la crisis del "socialismo real". No debe preocuparnos tanto ésta última, como su larvada prolongación en el modo de reproducción oriental de un partidismo trasnochado, ante un mundo cargado de diversidad comunicacional, de tecnología individuada y de libertades plurales.


[1] « La ultra logró desnudar las debilidades del FA, que no logra convocar » La República (29/06/08) http://www.larepublica.com.uy/ (la versión digital no presenta autor del artículo, éste se refiere a ADEOM, sindicato de los funcionarios municipales).
[2] « Karl Marx o el espíritu del mundo » La República (29/06/08) http://www.larepublica.com.uy/ (se trata de un comentario de una obra de de Jacques Attali publicado en La Jornada).
[3] « La ultra logró desnudar las debilidades del FA, que no logra convocar » La República (29/06/08) http://www.larepublica.com.uy/
[4]“Hay despartidización, pero ya no podemos confundirla con despolitización” García Canclini, N. (2002) Latinoamericanos buscando lugar en este siglo, Paidós, Buenos Aires, p.90. Hemos citado asimismo esa expresión en Viscardi, R. (2005) Guerra, en su nombre. Los medios de la guerra en la guerra de los medios, Editorial ArCiBel, Sevilla.



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¡Valiente encuesta!


2ª quincena junio 2008



En su edición del viernes 13, aunque no por lobizón, el semanario Brecha[1] publica un artículo de Víctor Abelando que no es el primero, pero sí probablemente un jalón significativo en la larga marcha de las encuestas de opinión hacia el escándalo. Como se recordará, el escándalo comenzó en las primeras elecciones internas de partidos políticos, cuando la realidad zafó de la medición y para peor (escándalo) coincidió con la medida tomada por una empresa novel.

Sin embargo, la atinada presentación que hace Abelando de la cuestión (de la cuestión de la cuestión que es una encuesta) tiene sobrados méritos para erigirse en la vedette del emplumado conjunto de vedettes con las mejores partes al aire. El primero de esos carnales asuntos ventilados para regocijo de los lectores (presumiblemente encuestados o encuestadores) consiste en la rebelión de los clientes ante el mal estado de la mercancía que se les ofrece. Este malestar aquejaría a los atildados sentidos de la cúpula frenteamplista, desde donde se presumiría que la encuesta comandada por un comedido partidario de la candidatura de Astori, llevaría agua para un molino que no la hubiera recibido jamás si no se hubiera puesto dique a lo obvio. Que una obviedad del orden del sentido común pueda imponerse al fino algoritmo de la expertecnia, tras tantos años de encuestas encargadas, pagas, comentadas y sazonadas de decisiones estratégicas, indica a las claras que la fidelidad del cliente es de aquellas que no recomiendan el consumo del producto.

Al igual que en esas parejas en que la vista del otro suscita poco entusiasmo tras años de frecuentación a todo nivel, los políticos piensan que lo que todo el mundo ve “a ojito” vale más que una encuesta por encargo sectorial. Lo que a su vez, deja planteada una pregunta sobre las razones que llevaron, a estos tomadores de decisión como a aquellos cónyuges hastiados, a perseverar por el mismo curso de un deseo fallido. Las respuestas, en efecto, no son enaltecedoras ni para el sistema político ni para la política matrimonial y van desde la maloliente hipocresía a la manipulación malintencionada.

Pero todo lo anterior, con ser necesariamente traído a colación, está lejos de sumar todo el zumo que recoge Abelando. Ya a mediados de los 70’, comentando el proyecto de analizar el discurso político en base a una estadística de las frecuencias lexicales en los textos emitidos, D. Maingueneau sostenía que el resultado de una estadística siempre se lee de dos formas (al menos). Pongamos un ejemplo. A inicios de los 90’, el semanario Búsqueda publicó una encuesta de opinión acerca de la credibilidad de un laudo jurídico efectivo para los violadores de los derechos humanos en el Uruguay. Por algo así como un 63%, una mayoría significativa respondió que tal sanción jurídica no iba a tener lugar en el Uruguay.

Ahora: ¿decían que no se podía o que no se debía? Pero además:¿Qué hubiera sucedido si la misma encuesta hubiera sido hecha en marzo de 2005? Si la respuesta es que la encuesta hubiera dado otro resultado, habría todavía que tomarse el trabajo de señalar que el semanario Búsqueda daba, en su sesgo de opinión predominante –aunque tampoco único- por igualados el “poder" y el "deber” de no enjuiciar como un hecho “natural” de la opinión pública. Esta “naturaleza”, tan pintada como una naturaleza muerta, se sumaba a otras constataciones tan “naturales” (por demás frecuentes en Búsqueda), acerca de la estúpida obstinación de los “radicales” en tener “ojos en la nuca” y acerca del violentismo que azotó a los tiernos comisarios del capital, forzándolos a poner en su lugar a los feroces enemigos de la democracia. Entonces: si en marzo del 2005 el resultado de la opinión hubiera sido otro, las encuestas como la que difundió Búsqueda no sólo no hubiera sido neutral al respecto, sino uno de los escollos colocados en el camino de una movilización que no quería ni podía pasar por el cálculo regulado, porque la memoria no podía dejar en el camino seres queridos.

Podría pensarse que los tecno-intelectuales que profesan la medición de opinión en tanto insumo significativo para la decisión política, no son sino servidores de la modestia científica. Así de alguna manera los absuelve Abelando, cuando señala que estos “profesionales” (como algunos de ellos aprecia auto-denominarse con relación a su ocupación) consideran que las encuestas de opinión son una fotografía, pero tan sólo de un momento en el curso de una situación cambiante.

Pareciera que creen que nos dan alguna noticia sobre la fotografía o sobre la historia. Si la realidad fluye (pero no heraclíteamente) sino sin que nos bañemos en interpretaciones, entonces basta con tomar muchas “instantáneas”. Iríamos hacia el cine de la opinión pública, ya que proyectando 24 mediciones instantáneas por segundo obtendríamos la opinión pública en movimiento. Nuestros encuestadores dejarían de ser triviales “profesionales” como un escribano o un odontólogo, para convertirse en productores o artistas de la opinión pública. Todo en razón de que la fotografía fotografía lo que “está allí” y fluye ante la mirada atenta y medida de la medida. Esta interpretación de la posibilidad de registrar sin interpretar, está lejos de fluir sin influir. Tanto como de influir sin colocarse del lado del “backstage” rumboso de la película hecha realidad. Veamos primero el aspecto aséptico del tratamiento fotográfico de la historia.

Cualquiera que haya tomado una fotografía sabe lo que pasa si, mientras toma la copia fotofílmica de lo que “está ahí”, no se preocupa por enfocar. En cuanto a la historia, aunque por aquí la opinión pública ni los periodistas se enteraron, Foucault la archivó porque imponía siempre la grosera perspectiva de la tradición, el autor, la influencia y el tema, de manera que la sustituyó por una arqueología que excava justamente allí donde aparentemente no hay nada ni pasó nunca nada[2].

Tanto en la fotografía como en la historia, lejos de encontrarse la documentada recepción de la realidad, se encuentra –por imperio del punto de vista adoptado- la elaboración sistemática del sentido que luego se legitima como “la realidad”.

El dardo que dispara al respecto el artículo de Brecha se clava en el exacto lugar de la frutilla de la torta y parece incluso, que el proyectil partiera de la misma estirpe que perfora, ya que es un “profesional reconocido” el que explica como “la realidad” se cocina en el “backstage”. La cuestión que levanta el encuestador en cuestión –aunque no encuestado al respecto- es que según se formula la pregunta se obtiene la respuesta. Elemento de cosmética de la opinión que debe sumarse a la trivialidad de la medición respecto a la interpretación cuando se trata del sentido, que como lo señalábamos más arriba, siempre va a encargar fatalmente, al menos dos sentidos para una misma expresión así sea un resultado estadístico.


Un lenguaje (político, matemático, literario y larga nómina de afiliados) no se explica afilando cuchillos ni el lápiz, sólo puede transformarse depurando el lenguaje, es decir, planteándole a la información una diversidad de preguntas y admitiendo que el enfoque constituye al ob-jeto (como lo llamaba Heidegger). Los políticos, que no pueden nunca hacer nada mejor que hablar “como todo el mundo”, es decir interpretar la lengua popular al emplearla como si fueran usuarios ingenuos, lo saben mejor que nadie, por eso quizás desconfían de los papelitos con numeritos.

Pero vayamos a la enormidad teórica y ética que admite Bottinelli:

(el Uruguay) “está entrando en una muy mala práctica en materia de encuestas, particulamente de estas llamadas político electorales. Las mismas tienen códigos de ética muy precisos a nivel internacional para su divulgación. Ellos establecen que sólo pueden ser divulgadas por la empresa que hace la encuesta y con una serie de requisitos, por ejemplo, el de publicar el contenido exacto de la pregunta. Tiene que haber una responsabilidad oficial a la hora de hacer públicos los resultados. Hoy se ha entrado en una lógica de filtraciones de parte de quien la manda a hacer, o de alguno que dice que la tuvo, y eso es una forma no seria de manejar las encuestas”.

La frase de la declaración anterior que puede cambiar el curso del mundo mudo que rodea a las encuestas y sus datos « objetivos » es «el contenido exacto de la pregunta ». En efecto, ¿porqué tendría tanta importancia conocer con exactitud la pregunta ? Lo que sería « exacto » en la encuesta ¿no sería la pregunta, ni la respuesta, sino el aparato estadístico y su resultado matemático ? Pamplinas.

Ya Heidegger advertía que la única significación razonable del nombre de la endiosada matemática era « to mathémata » : lo exacto. Ahora, lo exacto es aquello que es identificado como inalterable en su adecuación a un objeto[3]. No es exacto el signo « piedra » con relación al objeto mineral, sino la medida que satisface numéricamente la magnitud que se mide. A qué se adecuaría como medición la pregunta y porqué Bottinelli dice que debiera conocerse « exactamente » su expresión ?

La pregunta sólo puede ser exacta en equivalencia a la respuesta, porque es el único elemento expresivo que supone una condición significativa respecto a su expresión interrogativa. Ahora, si Bottinelli afirma que la pregunta debe conocerse para evaluar el sentido que toma la encuesta, esto significa sin ambages que quien pregunta ya de antemano pensó las respuestas posibles. Supongamos aún, por generosidad ilustrativa del propósito que sostenemos, que el encuestador fuera neutral ante esas respuestas o que el deseo de obtener información del cliente que encarga la encuesta no influyera en su proyección de « preguntas para respuestas posibles ».

Quienes responden, no en todos los casos son tecno-intelectuales. Como aceptan hacerlo, eso significa que se identifican en tanto miembros de una comunidad constituída por el saber. Sinó, le encomendarían a Dios o a un ídolo del rock nacional que respondiera por ellos. Ahora, una comunidad constituída por el saber, pero donde no todos son tecno-intelectuales, supone que algunos « saben » que no saben y que también « saben » que otros saben. ¿Quiénes « saben » para los que no saben? Obviamente, los que pueden hablar como si supieran sin recoger el abucheo o el cambio de emisora o canal. Estos son : los periodistas con rating y los que son considerados expertos por los periodistas de rating, entre los que se encuentran, no vayamos a olvidarlo en un país como el nuestro, los políticos profesionales.

Luego, basta hacer el mapa de lo que difunden los que hablan como si supieran, para saber lo que van contestar los que no saben, en particular, aquello que los que hablan como si supieran, no saben pero manipulan. ¿Estamos exagerando ?

¿Exageraba Sanguinetti en el año 1995 ¡hace 13 años! cuando emitió los propósitos que Gabriel Pereira recopiló en Búsqueda bajo el título más opaco posible (por ser emitido en un « medio ») : « Sanguinetti cree que los medios son « más fuertes » que los estados y los gobernantes »[4] ? Este artículo hizo las delicias de los estudiantes de Ciencias de la Comunicación, en donde lo impartimos con nuestro entrañable y desgraciadamente perdido Pablo Astiazarán. Las albricias estudiantiles saludaban que el mismísimo presidente de la República sostenía que aquello que ellos estudiaban y aspiraban a ejercer en profesión, en investigación o en la proyección vocacional personal, era la prima donna de la famosa « realidad social ». Pero Sanguinetti no se refería a los « medios » sólo en tanto medios de comunicación, sino también en tanto encuestas de opinión y sobre todo, a la colusión de intereses entre ambos :
« Luego de que un político realiza una extensa campaña electoral y es elegido por la ciudadanía « sale una encuesta diciendo que tiene 14 por ciento de la opinión y que no representa a nadie ni a nada » agregó. Si bien consideró « que son fenómenos del mundo que no podemos prohibir », Sanguinetti advirtió que representan una « enorme peligrosidad ».

A esta peligrosidad, Virilio la denominó « El golpe de Estado informacional »[5]. Este « afrancesado » pensador, poco en boga entre nosotros, explicó como el sistema de información tiene su origen en la delación a través de la recolección de opiniones en el ágora griega, como forma de controlar las tendencias « peligrosas » de la opinión pública. Inversamente, el « aparato de producción » de la actualidad, en cuanto puede actuar a distancia, a través de los medios tecnológicos de comunicación, logra paralizar la capacidad crítica de la población induciendo « estados de opinión ». Las encuestas de opinión son desde el origen, desde el punto de vista de Virilio, un instrumento de ese mismo golpe de Estado dado a través de la información.

El artículo de Abelando dice, en la boca de la diputada Ivonne Passada, lo mismo que Sanguinetti y Virilio, pero contextualizado en el aquí y ahora, nuestro y de un vecino poderoso :

« Ante todo, añadió, la encuesta “es para definir un escenario que oriente a la opinión pública. Así han actuado encuestadoras y politólogos en Brasil, con intención de direccionar a la gente. ¿Por qué los politólogos no consultan en los comités de base, en las coordinadoras, en los asentamientos? Ahí es donde se tiene que hablar del proyecto y es ahí donde se generan las simpatías. Y cuando hablamos de simpatías, lo reconoce la encuesta de Equipos, está primero Mujica y por algo es así”.

Otra vez, la opacidad, como en el título « Sanguinetti cree que los medios son « más fuertes » que los estados y los gobernantes » publicado en Búsqueda, ya que por su lado, la publicación en Brecha de esta opinión de Passada corresponde también a cierto « sondeo informativo ».

¿Qué opinaría la mayoría de Adeom de la opinión de Passada acerca del « damnificado » (por la « valiente encuesta ») Mujica? Como lo sostenía Foucault, la integración moderna de la red social, junto con la patología y la terapia genera al delincuente. Precisamente, porque el cierre sobre sí del sistema, « naturalizado » en una única realidad panóptica, no deja lugares vacíos. Luego, eso explica como, para existir en el sistema es necesario « estar en algún lado » verbigracia, sobre todo en los medios. Quien no puede estar en el buen lado, preferirá, aunque sea como villano « salir en la foto ». Luego, en la foto de la red social, para que haya cura y terapia, deben existir enfermos. Como todos no salen igualmente bonitos, más de uno, de los que no corresponden al perfil « lindo, famoso y rico » que incluso cunde en algunas figuras frenteamplistas, querrá salir en la foto, aunque sea « adeomnizado", o sea, "ad-demonizado ». ¿Será AFFUR[6] el próximo « malo de la película » ? En cuanto la redistribución frenteamplista del crecimiento se hace esperar ¿no iremos poco a poco y sin quererlo, de mano de encuestadores y periodistas a una insospechada fórmula « crear
uno, dos, tres, muchos Adeom » ?




[1] Abelando, V. « La nueva encuesta costeada y difundida por Esteban Valenti » Brecha (13/06/08) Montevideo, http://www.brecha.com.uy/main.asp
[2] Ya desde el final del prólogo a Las palabras y las cosas, cuya primera edición data de ¡¡¡1966 !!!
[3] La entrada « exacto » se encuentra en diccionarios filosóficos.
[4] Búsqueda (14/09/95) Montevideo, p.10.
[5] Ver el capítulo del mismo nombre en Virilio, P. (1996) El arte del motor, Manantial, Buenos Aires.
[6] Asociación de funcionarios de la Universidad de la República.


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Un reto a la libertad[1]


1ª quincena 2008



Antes de transcribir una extensa cita que cierra el epílogo de El camino a la libertad, José Portillo dice “¿Cómo salir del círculo vicioso y perverso para recorrer el camino de la libertad? La expresión “el camino de la libertad” se encuentra destacada con cursiva. Tanto el lugar culminante que ocupa en la obra, como el destaque de tipo de letra que le da Portillo sugieren que la diferencia de preposición entre la “a” del título y la “de” del epílogo obedece a una meditada decisión. Las razones por las cuales “El camino de la libertad” suena mejor al oído que “El camino a la libertad” no son sólo gramaticales. Pero conviene empezar por las gramaticales.

Mientras la preposición “de” indica procedencia o índole, la preposición “a” indica el complemento de objeto de un verbo o de un sustantivo. Un complemento de objeto de sustantivo por medio de otro sustantivo, tal como lo expresa el título elegido por Portillo, podría suponer que el título encierra, como versión críptica, la sustitución de la preposición “para” por la preposición “a”, lo que correspondería en una restitución de la forma gramatical usual, a la expresión “El camino para la libertad”. La libertad se presentaría bajo esa formulación en tanto finalidad del camino, o por el contrario, el camino sería una oportunidad para la libertad. Esto se encuentra lejos de lo que Portillo quiere decir. La libertad no preside ni dirige, en la concepción del autor, a quien hace camino, porque si así fuera, la libertad estaría ya lograda como condición previa, o en la otra posibilidad, destellaría como norte al que se dirige el camino.

La agramaticalidad también es un recurso filosófico, tanto para señalar que el sentido no se reduce al concepto, como para señalar una posibilidad conceptual inédita, por medio de una expresión que incomoda a la lengua. Esta segunda posibilidad parece ser la retenida por el autor de El camino a la libertad. Esta incomodidad de la expresión, nos introduce a otra mayor, que es la de la propia libertad cuando quiere verse a sí misma como objeto del propio camino que la lleva a buen destino. Si la libertad tiene una condición tan definida como el camino que la alcanza, si corresponde a la expresión “el camino a la libertad” estamos ante una alternativa de hierro para la decisión, porque se encuentra entre dos términos completamente determinados. Con la dificultad agregada por uno de ellos, que en tanto se denomina “la libertad”, supone ya incorporada la condición libertaria paradigmática que debiera constituir la calidad propia de la decisión. Por eso, quizás sólo la preposición “a”, que expresa un complemento de objeto, pudo satisfacer el ansia de rigor conceptual que expresa Portillo con relación a la libertad.

Pero en este terreno el problema dejó de ser gramatical y pasó a ser filosófico, si tal paso pudiera darse sin conservar y superar, en cierta medida, como lo quería Hegel para la Historia, lo uno en lo otro. El recurso a Hegel es imprescindible, en efecto, cuando se quiere señalar la integridad de un proceso sin permitir que un resto escape a su desarrollo, de forma que toda pérdida del sistema quede integrada como un gasto empleado en su devenir. Esta visión hegeliana, que expresamente adopta Portillo, para resolver el lugar de la libertad en su clásico cotejo con la determinación, presenta un dificultad también clásica, como lo es la inversión entre la conciencia y la realidad, el pensamiento y el ser. O sea, tomar lo procesal del proceso por su propio objeto, como terminan por hacerlo todos los formalismos conceptuales (amparados al día de hoy por el término “procedimental”).

Este riesgo Portillo lo atraviesa sin dificultad, porque admite la infinitud empírica como condición de la libertad, al señalar “En esta clasificación, la pobreza, en la medida en que es una situación individual y social, puede ser vista, entre otras maneras, como una restricción grave y socialmente creada a la libertad”.

La otra dificultad no proviene de la cuestión del mundo puesto sobre la cabeza, que Marx endilgara a Hegel, sino de la propia posibilidad de una perspectiva de totalización, incluso cuando la conciencia reconoce que no es la única protagonista del proceso, pero sí reclama la centralidad en la decisión. Aquí la infinitud admite el horizonte y los puntos suspensivos del confín, pero siempre y cuando el punto de vista siga adueñado de sí mismo. En este sentido Portillo reivindica la infinitud del otro tal como la propone Levinas, incluso como previa a la libertad, pero aún así, la libertad permanece en el eje de una mirada sobre sí, incluso cuando cita a Levinas: “Lo humano es preferir la injusticia sufrida a la injusticia cometida”. Sin embargo, quien prefiere, también confiere e infiere, siempre en el campo de un ser para sí, que condice en nuestra tradición y sobre todo en la perspectiva hegeliana, con lo humano por excelencia: transformar la conciencia en sí en conciencia para sí.

Dice Portillo: “La posición de Hegel sobre la interacción dialéctica entre el sujeto y el mundo en un proceso de autoconstrucción complejo sirve para combatir los reduccionismos que pretenden comprender al ser humano desde la monocausalidad en forma relativamente esquemática”.

La cuestión de la totalización, sobre todo en régimen de decisión formal, aparece vinculada a una compatibilidad entre libertad y determinismo, sobre todo en cuanto Portillo señala tres perspectivas de superación del hegelianismo: el marxismo, el pragmatismo y la corriente fenomenológico-existencialista. Sin embargo, entre esas corrientes interviene una crítica del conocimiento que no se reduce a la crisis de la ciencia, incluso en la versión que presentara Husserl, sino que además cuestiona la integridad de la decisión tal como la concibió la Teoría del Conocimiento.

Concebida en tanto compatibilidad, en una perspectiva conceptual de la libertad y el determinismo, la libertad se encuentra ante un reto cognitivo, que no se reduce al concepto pero lo requiere con el rigor de un reto. Portillo identifica su posición con la de Primo Lévi y a esos efectos lo cita:

“No debe uno rendirse a la materia incomprensible, no se puede uno sentar encima de ella. Estamos aquí para eso, para equivocarnos y corregirnos, para encajar golpes y devolverlos. No nos tenemos que considerar nunca desarmados; la naturaleza es inmensa y compleja, pero no impermeable a la inteligencia, tienes que cercarla, horadar, sondear, buscar el lugar de paso o construírtelo tú...”.

[1] Portillo, José (2008) El camino a la libertad, Trilce, Montevideo.


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Macaneos del 68’

2ª quincena mayo 2008



Las coordenadas de la Guerra Fría han desaparecido. La sensibilidad predominante transita por cursos diferentes. Pero los registros culturales prevalecientes reproducen los mismos debates que precedieron hace 40 años la interrogación acerca del 68’. Es cierto que la idea de los movimientos sociales, de una individuación que genera lugares democráticos, así como el resquebrajamiento de las totalizaciones cientificistas –corolario de los dos rasgos antedichos- se instalaron con su influencia de escuela y de opinión.

Sin embargo, la dramatización de las diferencias que dejó la globalización, con su cotejo absolutamente actualizado de pobreza y riqueza, modernidad y atraso, religiosidad y laicidad, conllevó una reconquista del análisis por una retrospectiva balsámica, si no de la globalización, al menos de la explicación de los fundamentos de la desdicha revolucionaria. Este aciago avatar consiste en la caída de la Historia de la Humanidad por el despeñadero de los sufijos (-estructural, -analítico,-moderno) prefijados en Post-(n+1).

Para explicar que en realidad todo aquello del 68’ no ocurrió, conviene que la realidad misma fagocite el esperpento de un acontecimiento sin fundamento, es decir, como lo dijeran Maurice Matieu[1] y Patrice Vermeren[2], cada uno por su lado en sendas conferencias, un “acontecimiento puro”. Ya un “acontecimiento”, desde la prosapia que adquiere en Heidegger, es ante todo impuro. Porque si existe tal “llamado del ser”, lo que llama difícilmente golpee a la puerta de sí mismo. Luego, un “acontecimiento puro” es pura impureza (ver más abajo La ciencia puramente impura de la democracia del 15/02/08). Tanto en el sentido cualitativo como en el cuantitativo. Sobre todo, porque el sentido deja de ser algo que pudiera calibrarse decididamente. Como no puede tomarse una decisión sobre el sentido, ni acerca del sentido ni de la decisión, se disuelve el fundamento, porque desaparece la propia posibilidad de cualquier lugar de estructura.

Este sentido de subjetividad es el que reivindica Derrida cuando dice que la hipótesis es propiamente lo que se pone debajo[3]. Debajo de cada ser interrogado está la interrogante, que siempre es alguien interrogativo. Ese alguien, sin embargo, por preguntar posterga la decisión, pero también el objeto, que no existe con propiedad alguna fuera de esa puesta en suspenso que lo sostiene (subs-tenta) para plantear su estructura. Cuando esa estructura es ella misma percibida en tanto que efecto de interrogación, todo cotejo de esta última con un objetividad previa desaparece como una pompa de jabón (que es un coloide con su "estructura"). Hete aquí que ese feliz matrimonio de la forma conceptual con la realidad eterna de la naturaleza (dios con minúscula) que llamamos “estructura” anda valiendo lo que un coloide de juguete.

Ese mundo “pompa de jabón” es precisamente lo que incesantemente instala la globalización, con la ventaja de poder ver ahora cada uno, en su propia convexidad de reflejo, lo que enrostra por sí mismo. Podrá encontrarse si se quiere un rostro lucha de clases, otro liberación nacional o incluso, revolución cultural. De todas formas, la proliferación ad-infinitum del archivo y de la emisión permite que cada uno proyecte en pantalla su propio ser. También prolifera en reflejo de archivo el rostro militante del 68’.

Por lo tanto habrá fundamento, pero también macaneo, porque un fundamento que cada uno proyecta a su manera coincide con el territorio absoluto de los fundamentalismos, como los geógrafos chinos de Borges, que abandonan el mapa por inservible, cuando coincide palmo a palmo, a escala de territorio, con el territorio. Aquí el territorio es lo que decidimos ver por una acción deliberada y arbitraria, que no tiene otro fundamento, ni otra razón de ser, que lo que queremos ver ser (ver-ser).

Esta posibilidad de decirlo todo por cuenta propia, genera el fundamentalismo de las explicaciones por catálogo de causalidad histórica, particularmente y con oportunidad de aniversario, sobre el 68’.



¿No se habrá tratado de un avatar reciente del capitalismo que lo eleva a una potencia superior, llevándolo a su estado más puro? Siempre se puede purificar un estado, sobre todo, explicativamente. ¿No se tratará de una metástasis del deseo bajo forma de pluri-libidinización permisiva? Siempre se puede multiplicar una posición subjetiva, bajo forma de coincidencia con su objeto singular. Incluso, las combinaciones freudo-marxistas ya han sostenido que la purificación explicativa y la multiplicación de posiciones subjetivas podían acompasarse recíprocamente, en tanto “desublimación rerpresiva”.

¿Cuál será el cotejo con las generaciones actuales y sus formas de lucha? ¿Bajo qué forma ignota pero latente aquellas luchas tan "superadas como conservadas" se insinúan con bulto hegeliano en la bolsa de la actualidad militante? ¿No son los jóvenes de hoy día la encarnación de aquellos otros, a horcajadas de los antepasados pero taloneándoles el pecho? ¿No enfrentan los jóvenes actuales problemas mucho más concretos y acuciantes en un mundo más inseguro? La cantera de la determinación generacional está tan abierta hoy como en el 68’ para encontrar jóvenes transidos de realidad nueva y de desamparo explicativo.

¿En qué quedaron aquellos revolucionarios de otrora? ¿Hasta qué punto el desgaste en las fotos traduce la devastación que la plusvalía causa en el alma? ¿No se habrán arrepentido por un acto de sensatez que muestra en el fondo la estupidez de los rompe-todo? ¿No son ahora el rostro del sistema pero con un mérito aristo-revolucionario que figura de payaso en cualquier C.V.?

Vermeren sostuvo que ese “acontecimiento puro” del 68’, súbitamente inesperado, se despliega como tal, desde entonces hasta ahora. Una pura impureza (un acontecimiento puro) no puede tener Historia, ni Conciencia, ni Proceso, sino tan sólo generar seudópodos de su propia realidad. También puede generar macaneos del 68’, como réplica nostálgica de lo que fue dicho por entonces.

[1] Maurice Matieu y Danielle Tartakowski “Mayo del 68’ en el contexto de los años 60’ en Francia: sociedad y cultura”, MEC-FHCE, 6 de mayo de 2008, Montevideo.
[2] Patrice Vermeren “Mayo del 68’ en la filosofía francesa”, MEC-FHCE, 7 de mayo de 2008, Montevideo.
[3] Comentario del concepto en Viscardi, R. “Desarrollo y Tecnología” (2007) Biblioteca Virtual de la Asociación Filosófica del Uruguay, http://www.arje.uy.nu/





¿El 68’? Basta con salir a la calle

1ª quincena mayo 2008



Una de las anotaciones que seguramente presidirá la celebración de las cuatro décadas que cumple mayo del 68’, es la ola conservadora que prevalece en Europa. En particular sobre Italia, donde la izquierda tradicional se ve laminada sobre la escena parlamentaria, en particular con la desaparición de toda representación del Partido Comunista. En Francia, el gobierno más conservador que haya conocido ese país desde el colaboracionismo de Vichy, logra enrolar a figuras del 68’ e incluso lleva a colaborar con sus iniciativas a miembros connotados del staff de François Mitterrand. La hegemonía conservadora en Alemania y un socialismo desvirtuado en Inglaterra completan un panorama que tan sólo contrarresta España, aunque la victoria de Zapatero no haya sido particularmente cómoda.

Sin embargo, si miramos hacia América Latina, el panorama se revierte. La leyenda del Che, cara a los estudiantes parisinos hace 40 años, ha dejado un legado indudable. Hoy es invocada explícitamente por gobernantes, forma parte del patrimonio ideológico de partidos de gobierno y vuelve a surgir en la memoria de miles de mártires reivindicados. Quizás nada exprese mejor ese retoño ideológico de los años 60’, que no cesa de crecer en América Latina, que la presencia del embajador de Ecuador en el homenaje que se tributara a Raúl Sendic, figura emblemática del MLN-Tupamaros, en el acto que tuviera lugar días atrás, al cumplirse 19 años de su muerte.

Esta contraposición no deja de reeditar una pregunta que se viene planteando desde hace no menos de 20 años y que probablemente ya estuviera planteada en la parábola que trazara en el aire el último adoquín que volara en el barrio latino: ¿el 68’ triunfó o fue derrotado?

Como sucede frecuentemente con las preguntas, su aporte consiste en esclarecer desde dónde se pregunta. Cuando pensamos en el último adoquín que voló por el barrio latino, no pensamos en una parábola meramente parisina, ni siquiera francesa, sino en una trayectoria mundial que nos interroga. El 68’ es mucho más que mayo del 68’ y más universal que el escenario parisino. Por eso sería absurdo plantearse si mayo del 68’ triunfó o no. Triunfó o no el 68’. Pero a su vez el 68’ es también la entrada de las Tropas del Pacto de Varsovia en la Primavera de Praga para sofocarla y la ofensiva del Viet-Cong en Vietnam del Sur, que señala la primera estocada contra la instalación de Goliat en la casa de David. Pero asimismo el 68’ es la masacre de Tlatelolco, el régimen nacionalista de Velazco Alvarado en el Perú y el fin del período batllista en el Uruguay.

Por lo tanto, cuando pensamos en mayo del 68’ pensamos en la cristalización emblemática de un clima de época, que fue interpretado por el mundo universitario francés, como eco también del espíritu pacifista y anticonsumista de los estudiantes estadounidenses y del proceso de descolonización en Africa y Asia. Pero París tuvo el rol que reiteradamente ocupó en la modernidad: convertirse en escenario de una cristalización cultural.

Por consiguiente, separado mayo del 68’ de la latitud propia del 68’ como tal, otro deslinde aparece detrás del anterior: ¿qué clima cristalizaban las frases, los gestos y las estrategias, en suma, la significación propia del 68’?

¿Se trataba de una toma de poder, como el “asalto al cielo” bolchevique contra la Rusia zarista? ¿Se trataba de una insurgencia antidictatorial, como el desembarco del Gramma liderado por Fidel Castro? ¿Se trataba de una acumulación electoral como la que dirigió François Mitterrand? ¿De un movimiento de liberación nacional como la guerrilla argelina?

La utilidad de esas preguntas no estriba en su aproximación al absurdo, sino en despejar una cuestión confusa ¿lo que sintetizaban los estudiantes parisinos de un clima universal hacia el fin de los 60’ era un movimiento dirigido a tomar el poder de Estado? Era esa su intencionalidad, su estrategia, su proyección? Si la respuesta es no, como no puede no ser, entonces es absurdo preguntarse si la situación del poder de Estado en Europa, en América Latina o en cualquier otra parte del globo lauda la victoria o la derrota del 68’.

Luego, la respuesta-propuesta sobre el poder que surge de ese movimiento se expresa en sus consecuencias propias. Por ejemplo en Baudrillard cuando dice que los que ejercen el poder saben que no existe. Esa frase surge de quien escribió un libro que lleva por título Olvidar a Foucault. Olvidar a quien dijo que el poder no existe (jamás) como superestructura, mal que les pese a Marx y a Freud, sino como red, en cuanto quienes la entretejen también aman lo que hacen.

¿Habrán sido derrotadas la Microfísica del Poder de Foucault y el Olvidar a Foucault de Baudrillard por la Liga del Norte de Finni o la xenofobia de Le Penn? ¿Fue derrotado Marx cuando entraron los versalleces en París poniendo fin a la Comuna? En verdad, conceptualmente los dirigidos por Thiers son medidos por la panoplia conceptual de Marx, porque sólo el tan denostado “odio de clase” explica que las damas de la alta sociedad francesa reventaran los ojos de los “communards” prisioneros con la punta del paraguas. O que Montmartre tenga que sufrir ese adefesio mastodonte destinado a celebrar la derrota de la Comuna que es el Sacre Coeur.

De la misma manera, la xenofobia europea de actualidad se explica por la noción de campo en Foucault. Para esa noción, el campo nunca está cerrado, porque se estructura por la actividad recíproca de sus miembros, como relaciones de fuerza en juego estratégico, a partir de elementos diferentes. Este cotejo de la diversidad desde la base, estaba planteado después de la 2ª Guerra Mundial, en cuanto el rol de los Estados Nacionales ya sucumbía ante los bloques geopolíticos multilaterales de la Guerra Fría, pero además, porque después de la bomba atómica, la tecnología y no la coacción decidía el curso del poder como tal, acarreando además, el apogeo de los públicos multitudinarios a través de los medios de comunicación.

Por eso Baudrillard, cuando expresa que quienes ejercen el poder saben que no existe, quiere decir que quienes lo ejercen saben como hacerlo cundir a través de la influencia, e incluso la manipulación. El poder es captación de lo que el otro espera. Baudrillard se dirige a cuestionar la pervivencia, en Foucault, de la noción de Orden. Que Foucault cuestiona pero siempre respetando la existencia de una formación en la que cierto Orden prospera. Por ejemplo, en la microfísica como red social. A esa noción de una correlación desigual pero activa, Baudrillard le opone una fatalidad de la contingencia que desbarata toda configuración supuestamente estable. Desde ese punto de vista, Baudrillard se encuentra cerca del anatema de Borges contra la eternidad, que este último temía como a la peor de las condenas.

El movimiento de los años 60 y la cristalización fraseológica que tuvo en las calles de París durante el mes de mayo del 68’, produjeron el auge de un prefijo que adelantó lo que vendrá después de sí, bajo la forma del Post(n+1...). El procedimentalismo temporal de la Modernidad, su lapso intelectual en Historia se ha cerrado para siempre. Ese siempre no puede ser medido por ninguna cronología y menos, por un criterio de poder en algo así como un gobierno o sistema.

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Por eso, conviene plantearse el éxito o el fracaso del post-68 desde el punto de vista de las costumbres, de la creencias, de las tasas de casamiento/divorcio y de religiosidad/librepensamiento en contextos comparables, en el estilo de vida juvenil, en el ritmo de la libertad individual. Basta con salir a la calle.







Piquete de Corte al IRPF[1]

2ª quincena abril 2008




El rechazo inocultable que provoca la anarquía social argentina entre los disciplinados orientales del Uruguay, se trasunta ahora por un piquete con todas las de la Ley. Este piquete estatal es tanto más eficaz en cuanto la circulación financiera del Estado ya trasciende fronteras, como fondo monetario internacional. Por lo tanto, sobrevolando rutas, puentes, ríos y hasta océanos, el grado de abstracción financiera del Estado uruguayo se da el lujo de permitirse un corte elevado, a la uruguaya, que no puede asimilarse a nada grosero, ni chabacano, ni pedestre, de ramplón corte peronista. Aquí, en razón de un sistema político maduro y mundialmente presentable, incluso para las transnacionales, no se corta la circulación de ruta, sino la de redistribución. Lo quiere indirectamente el FMI (fondo monetario internacional), que lleva al Uruguay a pagar bien y siempre, porque según se dice, es un país débil por su tamaño entre los que pagan relativamente mucho menos que el más chico. El Fondo sabe lo que hace con profundidad de bolsa.

Para acomodar el cuerpo a tanta pequeñez, el gobierno de izquierda detracta ante todo a la clase media, que debe comprender que porque somos chicos debemos pagar más que los más grandes, porque el mundo está hecho así. Tampoco podemos pagarnos el lujo de hacerle pagar a los más grandes, ni de afuera –que no pagan ni la mitad de lo que pagamos nosotros en proporción-, ni a los de adentro que incluso según Reynaldo Gargano, ex ministro en declaración de salida, siguen acumulando como siempre[2]. Por ende, el gobierno respeta la circulación financiera y obliga a los de mediano porte a pagar un peaje más alto, pero preserva, a costa del sacrificio de algunos de sus ciudadanos, el crédito internacional y la condescendencia interna. Como todo esto pasa desde el Estado, por la Constitución, por las instituciones y por el respeto al derecho, el corte también.

El corte de la Suprema Corte de Justicia a la constitucionalidad del IRPF pretende hacerle justicia a la equidad entre ciudadanos, que consagra constitucionalmente la inequidad como país y por consiguiente también en los cuerpos nacionales de tales personas –inequidad para afuera ante lo que pagan otros y para adentro ante lo que pagan los de arriba-. La equidad que se preserva en el derecho empuja aún más arriba a los de arriba y más abajo a los de abajo si lo miramos como país, pero quizás allí está el error. Si el Uruguay fuera un país en el sentido orgánico del Estado-nación, no tendría que someterse a las inequidades internacionales. Por lo mismo, no las sufriría internas. Pero somos un país que carga la inequidad además, como país, por razones de tamaño. Si Cuba hubiera razonado de esa forma no se encontraría ahora obligada a demostrarle al mundo que no sólo le hizo frente al más grande, sino que además, le sobra el dinero. Pero allá los cubanos con sus tristes paradojas de grandeza histórica. Nosotros sabemos que como el Uruguay no hay. Por eso nuestros piqueteros hacen corte en la Suprema Corte de Justicia.

[1] Impuesto a la retribución de las personas físicas.
[2] Elías A. “Un camino equivocado e injusto”, La República (20/05/07) Montevideo, p. 25.

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Negociar con las rutas cortadas



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1ª quincena abril 2008


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Era tan evidente que los argentinos obedecen a designios conspirativos, que no había más que esperar para ver caer el fruto de la irracionalidad del otro lado del río. El fruto no sólo no cayó, sino que fue regalado por los agricultores argentinos como maná de conflicto social. Quienes pasaron de verde a maduro, fueron sin embargo los titulares uruguayos sobre el asunto. Armados hasta los dientes de plumas hirientes, los comentarios viraron de este lado del Uruguay, en diez días que no conmovieron al mundo, del verde esperanza al pasado de maduro.

La oportunidad era soñada para probar de una vez por todas, que dicen una cosa cuando se trata de perjudicarnos y hacen lo contrario cuando les conviene. ¿No han llenado su propio país de papeleras obsoletas para luego denunciar que las nuestras, mil veces más racionales, contaminan lo que ellos exterminan?

Para corroborar el abismo entre el dicho y el hecho, no había más que mirar a la presidenta. Los titulares pasaron de señalar la gravedad del conflicto argentino a detenerse en el vínculo entre los ambientalistas de Gualeguaychú y el movimiento de protesta agraria. Trémulos ante la inminencia del desliz, llegaron al titular que constataba que los vecinos del otro lado del río hacen, de lo mismo, una cosa con el Uruguay y la contraria consigo mismo:

Cristina no negocia con rutas cortadas
[1]

En vano buscará el lector en el cuerpo de la noticia que sigue al agorero vaticinio el correlato del título. Pero Cristina debía justificar, aunque no fuera más que en la pegajosidad de un titular, que hace lo mismo que Vázquez, cuando no se trata tan sólo de una coima para algún gobernador peronista.

Sin embargo, las rutas siguieron cortadas y Cristina negociando. Los comentaristas uruguayos, por las dudas, no dejaron nunca de mirar siempre al presidente (a). De esa forma el medio vaso lleno no deja ver el vacío de la otra mitad, sobre todo si la mirada se obliga, bajo pena de lesa nación uruguaya, al deber moral de corroborar que Botnia no contamina.

Hacia el fin de la semana pasada, la noticia había dejado de ser Cristina enfrentada a los cortes de rutas, para pasar a centrarse en la negociación en ciernes ante un conflicto generalizado. Ese medio vaso lleno, jamás podrá ser visto a través de una mirada fascinada por los destellos del cristal presidencial. Incluso cuando les da lustre el agradecimiento de una poderosa multinacional.
[2]

El fracaso dialéctico no deja de sumarse a una larga huella, que probablemente sea demasiado larga
[3] para el paso de la perspectiva actual, pero que pone al descubierto la senda de un gigantismo fracasado. Como en el ardid del gato con botas ante el ogro envanecido de sus poderes, el astuto cazador de ratones puede, con adular al más corpulento, inducirlo a convertirse en ratón por sus propios poderes, para luego devorarlo. Otro tanto pudiera ocurrir con el moralismo institucional del Uruguay, que persevera en encontrar reflejos de Estado donde no hay sino trazos atenuados por un perfil de multitud.

De esta mitad del vaso se puede decir que ha saciado la sed de movilización y que existe por sí misma sin necesidad de justificación, ni por decretos gubernamentales ni por titulares periodísticos. Cabe recordarlo, cuando la memoria nos retrotrae a los 40 años del 68’, que como se dijera hace hoy 20 años
[4], pasaron tan poco por aquí en el sentido del cuestionamiento de poderes cristalizados. Incluso cuando intentan justificarse con la trivial mitad del agua en vaso de vidrio.


[1] Archivo de Observa, 27/03/08, http://www.observa.com.uy/Obuscar/notaarchivo.aspx?id=101614
[2] Días atrás el presidente de Botnia manifestó personalmente su agradecimiento al presidente Vázquez.
[3] El centro cultural Dodecá estrena el próximo sábado 5 de abril el largometraje Un puente demasiado largo, de Alejando y Matías Ventura, que toma por eje el conflicto de las « papeleras ».
[4] Ver el número especial que dedicara la Revista Relaciones a mayo del 68’, junio de 1988.




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Piedra educativa en zapato gubernamental

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2ª quincena marzo 2008





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El gobierno da por alcanzado el 4,15% del PBI destinado a la educación, lo que lo pone en la inminencia de cumplir, incluso con creces, la promesa de alcanzar el 4,5% al término del actual período de gobierno. Esta certidumbre se esgrime sin embargo como argumento de una polémica que lo enfrenta, ante todo, con los gremios de la educación
[1].




Por muchas razones, la dialéctica que envuelve al argumento se convierte en un emblema de la problemática política en su conjunto.En su momento Sanguinetti adujo en calidad de elemento testimonial de su éxito gubernamental el número de empadronamientos de automóviles 0 km. La analogía con el argumento del elenco frenteamplista actual en materia educativa, justamente en razón de presentarse totalmente disparatada, dispara el vínculo de familia que reúne a los dos argumentos gubernamentales: la concepción de una conmensurabilidad constitutiva del sistema político.




Desde este punto de vista, la población en uno o más sectores representativos de conflictos e intereses, contaría con las condiciones necesarias y suficientes para hacerse una composición de lugar respecto a la probidad programática de una gestión gubernamental. Tal rasero propio de la opinión pública podría dirimirse objetivamente en tanto cotejo entre propósitos puestos en obra y efectos alcanzados siguiendo esos propósitos.Tal continuidad del proceso de representación ciudadana supone que las intenciones son juzgadas en la correlación dichos/hechos. Ese primer tramo intencional de tal continuidad se encuentra, sin embargo, atravesado por la contingencia universal. Si tal 4,5% fuera alcanzado en razón de un derrame financiero insospechado en el punto de arranque de la propuesta, si además, tal derrame proviniera de una bonanza internacional que una vez más distribuye maná histórico sobre la región -como a principios de siglo, el cumplimiento distributivo habría alcanzado su velocidad actual en cuesta abajo y con viento a favor[2].




Por otro lado, entre los efectos subsiguientes a ese propósito, debe mencionarse un riguroso frenado ministerial -en plena cuesta abajo y con viento a favor-, que en su momento provocó que la Universidad de la República se encontrara, en medio de la Rendición de Cuentas 2007, en cotejo polémico con el elenco gubernamental. Por más que la representación parlamentaria del partido de gobierno terminara por inclinar la balanza a favor de la reivindicación universitaria, no dejó de hacerlo contra su propia representación ejecutiva, circunstancia que tiñe de duda la consistencia de una misma fuerza política (aunque no la voluntad de sus parlamentarios al respecto). Esta voluntad ha participado de forma significativa en el 4,15% actual, políticamente al menos, aunque la alícuota que le corresponde deba restársele a quienes se adjudican el logro.Unos y otros, miembros de una misma formación político-partidaria. Unos y otros, si en una de esas dos partes incluimos a la Universidad de la República, miembros del mismo conjunto de fuerzas que la izquierda ha identificado históricamente consigo misma.




¿Cómo podría entonces reprochársele a los gremios de maestros y profesores predicar con el ejemplo lo mismo que se hizo desde la propia fuerza política que supuestamente, a través de su cabeza visible, los imputa? Es decir: ¿cómo reprocharles ser parte actuante de una izquierda en disputa[3] que parece relativamente esquiva a radicarse en tierra gubernamental o extra-gubernamental? Mientras tanto, la dama de nombre Izquierda se muestra altiva en sus devaneos con el galán de la alternativa histórica.Tal volubilidad anuncia la dificultad que habrá en convencerla con meras declaraciones de buenas intenciones y procedimientos racionales. Quizás esos requiebros de novio moralmente correcto no estén dirigidos ni a la izquierda propiamente tal ni al momento actual, sino a un centro castizo y aséptico que podrá instalarse tras un insípido intervalo de izquierda gerencial. De ser así, el tiro contra la izquierda extra-gubernamental traduce la postulación a un período ulterior, obligada por meditada renuncia al tálamo reelectoral.

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[1] « Astori : postura más cuidadosa y prudente », La República,
http://www.larepublica.com.uy/politica/302294-astori-postura-mas-cuidadosa-y-prudente



[2] Vázquez acordó con Astori adelantar cambios al IRPF, La República,
http://www.larepublica.com.uy/politica/302293-vazquez-acordo-con-astori-adelantar-cambios-al-irpf



[3] Izquierdas en disputa por ser « izquierda », extracto en este mismo blog.




Mal de museo: rememorar




por las dudas a Ibero






1ª quincena marzo 2008




Alba Platero, amiga que ha trabajado en teoría del arte y en la curadoría de eventos, me ha puesto al tanto de la tarea que desarrolla ahora con relación a la obra de Ibero Gutiérrez. Una exposición tendrá lugar en el Museo de la Memoria, inaugurado recientemente.

La personalidad, la trayectoria y la obra poética y pictórica de Ibero han sido destacadas desde múltiples ámbitos. En primer lugar, por el Frente Amplio en el momento de su asesinato, con un acto de repudio de aquel crimen y la edición de un disco con sus poemas. Posteriormente el Movimiento 26 de Marzo hizo de la pertenencia histórica de Ibero a esa organización una reivindicación propia, más allá de la transformación de las circunstancias políticas e ideológicas que en un momento guiaran la militancia del mismo Ibero. En la Facultad de Humanidades una agrupación estudiantil fue designada con su nombre y a fines del 2004 la propia facultad llevó a cabo un acto presidido por sus autoridades, destinado a reivindicar la significación de los caídos en la lucha por las libertades. Se colocó una placa con el nombre de Ibero y de otras víctimas del mismo régimen también estudiantes de Humanidades y Ciencias.

Esta pluralidad de homenajes desde distintos ángulos, que por lo sumario de la reseña deja en el olvido artículos, referencias y estudios, de todas maneras es suficiente para el propósito que quiero subrayar: Ibero ya sólo se pertenece a sí mismo en la proyección que su muerte le dio. Esta proyección es mucho más que la persona de Ibero, ya histórica, de forma tal que la recordación revierte luz sobre quien la abrió.

Desde esa apertura, que la rememoración convierte en cauce, vuelve a caminar, Ibero, por la facultad y la rambla montevideana. Trae bajo el brazo sus “proteínas”, escritas la noche o la tarde anterior y sospechas sobre todo lo que pudiera decirse sin sospechar. Estas dudas no están hechas para arrojar luz, sino para reclamar de cada quien lo propio.

Por eso, no sabe a ciencia cierta cual es su reivindicación, ni si coincide con el ser que se dice reivindicar. Duda de cualquier sistema, sobre todo si se presenta a sí mismo. No sabe por quién pelea, sobre todo si fuera ante sí.

La duda de Ibero no es hiperbólica, como la de Descartes, sino suprasistémica: duda ante todo de cualquier estado de cosas. Sabe a ciencia espontánea que un estado de cosas es ante todo las cosas de un estado, una esclerosis de la identidad. En esa cristalización ve erguirse la cosidad y está dispuesto a celebrar el asesinato de Micky Mouse para abrir entre paréntesis interminables una sucesión de horrores elocuentes. Sueña negro, porque “ella se despierta para soñar mejor”. Ama rojo cuando “la barriga se me pone roja”.

Esas dudas de Ibero son las dudas del Uruguay, por eso, le pidió “dame un pampero”. Pero el Uruguay no se lo dio. ¿Cómo se rememora una duda? Sólo si adviene en deuda consigo misma y comparece entera en su división interrogativa.

Por eso dudar de las dudas de Ibero es saldar la deuda con él. Esa deuda es infinita. Quedó detenida el día de su muerte y no volverá a morir. ¿Porqué le sonreímos a alguien que murió, con infinita comprensión y reproche? ¿Porqué se le reprocha a alguien que haya muerto?

Clara Aldrighi afirma con razón que la elección de Ibero por el Escuadrón de la Muerte fue deliberada y estratégica. En ese sentido no se equivocaban. Mataban el Uruguay que hubiera podido ser. Hubiera podido ser impertinentemente creativo, poeta de luz sonámbula, lector de filosofía existencialista, pintar lo imposible. ¿Quién reconocería en ese perfil al Uruguay tal como después y hasta ahora se presenta a sí mismo? Ese 28 de febrero no murió el Uruguay batllista, ni el Uruguay de la Restauración, ni el Uruguay nacional-globalista, sino en punto eterno de 22 años lo mejor que el Uruguay hubiera podido ser.




La ciencia
puramente impura
de la democracia



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2a quincena febrero 2008 (extracto)




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Cabe una recapitulación del procedimiento científico desde un punto de vista democrático, ante el grado de impureza al que ha llegado el campo de la ciencia, tanto más embarrado en cuanto pretende el favor de la política sin contaminación política.


“Demasiado humana” según el decir de Nietzsche, la historia se presenta sin embargo como “madre de las ciencias humanas” bajo un cariz regional del saber. Esta ciencia de la conciencia también es con-ciencia, pero de una forma que deja que desear, por más que el deseo figure en la cuenta corriente de sus asuntos. Hasta allí acuden los que confían más en la naturaleza de la conciencia que en la con-ciencia de la naturaleza, pero siempre andan pertrechados de excusas del tipo “las ciencias humanas no han alcanzado un consenso paradigmático en la comunidad académica”. Esto podría dar a entender que algún día la historia pondrá el sello de ciencia sobre sí misma, pero ¿cómo lo haría si es puramente impura, conflicto ignaro de intereses? Desde este punto de vista, la conciencia nunca será históricamente con-ciencia.

Otra es la perspectiva cuando Foucault declara que las ciencias humanas no son propiamente ciencias, sino figuras positivas del saber.
[1] Parece que echara lastre por la borda. Para tal maniobra, debe encontrarse mar debajo. Habría que ver si denegando la condición de ciencias a las así llamadas ciencias humanas (o sociales, o del espíritu) Foucault las desechaba junto con el agua sucia del baño o las vinculaba al agua de enjuague con que por fin se luce el trabajo del jabón. A juzgar por lo que dijo unos años después, cuando sostuvo que la teoría es una caja de herramientas,[2] o cuando dijo que de Descartes a Husserl la filosofía ha sido una teoría del sujeto, hay que inclinarse por la hipótesis lustral (purificar a la conciencia sobre todo de la con-ciencia, embarrarla del todo). Es que ese todo es, en una metafísica del trabajo, del lenguaje y de la vida, el propio barro de la conciencia. La ciencia pura-mente-im-pura de la democracia. No es que no exista la con-ciencia. Sino que tiene pies de barro y fatalmente chapotea. Sepamos entonces que quien juega bien en cancha embarrada también luce sobre terreno firme, pero no ocurre lo contrario. No olvidemos que Narciso se ahogó por sí mismo.
[1] Op.cit. particularmente Cap. IX y X.
[2] Ver el diálogo con Deleuze en Microfísica del Poder, (1979) Ed. De la Piqueta, Madrid, p.58.





Peras del olmo presidencial





1ª quincena febrero 2008 (extracto)






"Concebido por las principales organizaciones políticas que apoyaron su formación (el Partido Comunista, el MLN, el Partido Socialista, entre otros) como parte de un proceso de cambio cualitativo del poder, el Frente Amplio también expresaba un auténtico desideratum batllista de democratización institucional, con claro tinte socialdemócrata europeo. En ese registro militaban figuras como el propio Líber Seregni, Zelmar Michelini, Enrique Erro, Carlos Quijano, entre otros. En cuanto aquellas estrategias destinadas al poder de Estado se disolvieron en el agua de la historia, dejando el zumo de un terrón de azúcar marxista, el éter batllista surgido en el propio clima histórico del Uruguay pervivió y se volvió predominante hasta fagocitar a las propias fuerzas sectoriales (y sectarias) diferenciadas dentro de la izquierda.

Hoy éstas no toman por referencia estratégica ningún proceso revolucionario histórico, sino la última medición de opinión pública relativa a la popularidad gubernamental, con especial énfasis en la cota presidencial. Vázquez ha fructificado de su olmo una pera de coherencia personal, que desde ya concita culto moral, contrapuesta al criterio de un margen estadístico de acierto/error, sobre el que otros respiran el oxígeno de la reproducción electoral característica de la democracia representativa en una sociedad de masas.

Hoy el problema no es cómo restaurar una izquierda histórica para recrear el mismo Frente Amplio, sino entender porqué, desde el fin de los 60’ hasta el presente, la persistente disminución relativa de los estados nacionales, el ascenso de los movimientos sociales, la preeminencia cultural de la tecnología y la misma instantaneidad mediática mundializada ritman otros tiempos del pensamiento y la sensibilidad. Por encima de su diversidad ideológica y cultural, tales registros primordiales de la actualidad presentan una significativa similitud: ninguno de esos avatares de los últimos cuarenta años propende al fortalecimiento de la democracia representativa constituida en referencia al Estado-nación".






Izquierdas en disputa por ser "izquierda"





2ª quincena enero 2008 (extracto)









"No es del interior del Frente Amplio, que se ha caracterizado por su pasividad en circunstancias decisivas como el bloqueo de transportistas al parlamento, o la visita de Bush, de donde ha venido la iniciativa que ahora cunde en el propio Congreso Frenteamplista. En esos momentos claves, el Pit-Cnt, los movimientos sociales y la Universidad de la República han sido los bastiones de una oposición a la izquierda gubernamental desde afuera del gobierno. Esta izquierda extra-gubernamental no lucha por el gobierno, que conducen otros, sino por la palabra “izquierda”, que tiene el mágico efecto de terminar por conducir lo que supuestamente conducen otros (por ejemplo, el último Congreso del Frente Amplio). Puede parecer poco una palabra, a no ser que se entienda que el poder hoy pasa mucho más por la imaginación que por algún bastión institucional, incluso en una medida que no sospechaban quienes hace 40 años proponían La imaginación al poder.Por esa razón tan poderosa de la imaginación en un mundo de intercambios simbólicos, que no cesa de imaginar tecnologías de la comunicación, la expresión “gobierno en disputa” está maniatando simbólicamente al sector portador de alternativa. Se encuentra en disputa la significación “izquierda” no la significación “gobierno” y es una disputa entre una izquierda gubernamental y una izquierda extra-gubernamental. Plantear lo anterior es la antesala a plantear otra imaginación de izquierda y otro poder de la imaginación, menos anquilosado en lugares y más difundido e infuso aún en la comunidad".





El Río de las Candidaturas Pintadas (extracto) 1/01/08



"La tradición ampliamente partidista del Uruguay persiste en ignorar, de larga data, que la crisis de la política de Estado, democrático-representativa, esconde ante todo la madre de todas las crisis modernas: la crisis de la representación. Que en términos modernos es la crisis de la organicidad (social, ideológica, nacional, etc.) como efecto de la liquidación tecnológica y particularmente comunicacional, del designio de participación espontánea e integral (en la Naturaleza y por el Conocimiento) en un único Orden universal. Esa crisis positivista (crisis de la consigna “Orden y Progreso”) no diluye la comunidad, tampoco la comunicación, sino que las replantea a partir de cada singularidad actuante.

[1] De ahí que en fantasmagórico coletazo de una determinación que desconoce, la política partidaria tenga necesidad, cada tanto,de “inventar” candidatos impolutos. Que terminan siendo insolventes, aunque no necesariamente por incapacidad intelectual, sino ante todo por incongruencia concreta. Porque no crecieron en una condición partidaria, llegan para curar a la política partidaria con un remedio peor que la enfermedad: a la debilidad actual de la representación partidaria agregan un escaso perfil partidario. Compuestos laboriosamente pergeñados en esotéricos conciliábulos, reaccionan peor en la cancha que en la probeta ideológica. El último congreso delFrente Amplio, en cuarto intermedio hasta el otoño, señala el límite interno que ha alcanzado la liquidación de la política partidaria desde los propios partidos (finalmente el Frente Amplio configura una estructura político-partidaria ¿o no?). El guante está por invertirse y mostrar, inconscientemente por la parte interior, la verdad que enguanta: un amplio, vasto, difuso y proteico movimiento de opinión pública de izquierdas. Más amplio que frente. Ya hubo un alarmante aviso electoral, que con anterioridad no se pudo o no se quiso leer. La disminución electoral del Frente Amplio puede seguir creciendo por la vía que se ha tomado. Ningún izquierdista, quien escribe tampoco, lo desea, aunque tampoco lo identifique con el fin de los tiempos (sobre todo después del TLC, el“Nunca Más” y ainda mais)".





[1] Ver al respecto el diagnóstico y la propuesta de Derrida acerca de la representación política, particularmente en Derrida, J. (1993) La desconstrucción en las fronteras de la filosofía, Paidós, Barcelona,pp-87-88.


















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