31.10.09

Tragedia progresista: Frankenstein no votó al candidato-probeta

1ª quincena de noviembre 2009


La rancia estirpe literaria de un Frankenstein votante extiende una mancha deshonrosa sobre la hoja de ruta progresista. Destinado a ser más humano que los humanos, porque encarna en su mecanicismo lo más descarnado de la pura razón artificial, Frankenstein es todo corazón, la unidad del ser como ser humano. Esa unidad surge como efecto de un ensamble de partes abstractamente pergeñado: privado de cualquier vínculo irracional con una naturaleza -como no sea la naturaleza pensada por la naturaleza, naturaleza naturalizada en el concepto, el ultra-humano[1] persigue en vano un semejante.

El clon biótico ha convertido esa pureza de corazón en razón social: todos somos uno, copia idéntica unos de otros. Puro corazón de metástasis ideal. Esta unidad de lo mismo constituye el significado profundo que el jingle frenteamplista condensó magistralmente a lo largo de esta campaña, que promete ser ante todo larga: Aprontá tu corazón!!

Pero el Frankenstein munido de credencial cívica y motivado desde lo más hondo de su corazón por la obligatoriedad del voto, se había aprontado, puro corazón, para anular la impunidad del horror y para paliar la diáspora, como primer paso para subvencionar el retorno de los expulsos. Estas dos razones frustradas, Frankenstein (la paradoja científica) se ve traicionado por la misma racionalidad perfecta que lo perfeccionó en su caletre celestial: la ciencia (política o no) le pide que se avenga a entender razones que no son las de la razón, sino las de la naturaleza humana. Pero Frankenstein no es humano, es ultra-humano, pergeño exacto del cálculo propio a la naturaleza humana.

Cabe a esta altura del razonamiento preguntarse porqué el votante-Frankenstein-frenteamplista se rebelaría contra el candidato-probeta, si los dos son por igual efecto de la misma ciencia. Sin embargo, cabe recordar que ni la ciencia es una misma, ni todos los científicos se prestarían a sintetizar en el tubo de ensayo un candidato-probeta[2]. Menos a encarnarlo. Sobre todo porque el candidato-probeta, contrariamente a Frankenstein, no encarna nada, ni se propone nada que sea parecido a la carnalidad, esto es, pertenecer a esta in-mundicia.

El candidato-probeta se elabora en condiciones ambientes determinadas, de principio a fin, en la atmósfera cerrada del rating de audiencia. La fórmula promedio exitosa en el Uruguay combina perfil de base universitario, sesgo bienpensante y aire bondadoso. Pero la ciencia (moderna) es crítica consigo misma por excelencia, o sea esencialmente crítica con la crítica de la realidad como tal (que es otra esencia)[3]. Admite por lo tanto, en aras de su propia transformación crítica esencialista, quintaesencia[4], esto es, candidatos-probeta surgidos de la mera medición de la mediación (el rating de audiencia). Estos candidatos-probeta efecto de la casualidad esencial de la medición de audiencias, presentan una característica androide, en cuanto se asemejan al común de la gente.

Sin embargo, tanto en la encarnación del perfil universitario noblemente popular por mérito propio (expost-doctorado), como en la versión de hombre de pueblo dotado de todas las luces del iluminismo, saber de la naturaleza por la naturaleza, el candidato-probeta manifiesta un desprecio estratégico por el votante que quiere ser humano. Mientras éste lucha ante el rechazo de su imagen antisistémica (a la imagen de un rechazo humano), el candidato-probeta prescinde de la justicia en su única faz humana: la imperfección. Este conflicto de artefactos humanoides, uno inclinado a buscar su semejante entre lo humano, el otro llevado a limitar numéricamente sus decisiones, conlleva la rebelión del perfil monstruoso de un votante hecho de partes heterogéneas - plebiscitos trascendentes por un lado, reivindicaciones tibias por el otro-, una vez que el candidato-probeta le ha dicho que los números no cierran.

Ultra-humanidad contra precipitado de laboratorio, las 15 mil papeletas de referendo sin hojas de votación agregada inauguran una urna sepulcral. Tal escrutinio en circuito cerrado sin candidatos ni partidos arroja un resultado de epitafio: “Aquí yace el sistema político, su vida fue moderna, su ocaso el de los partidos de masas y su destino el del candidato-probeta”.



[1] Vattimo opone la noción de ultra-hombre a la lectura clásica de la misma noción en Nietzsche, bajo el término “superhombre”: Vattimo, G. (extracto de La ética de la interpretación) http://homepage.mac.com/eeskenazi/Vattimo_subjetividad.html

[2] Con oportunidad del conflicto Botnia-Gualeguaychú se desató una polémica interna a la comunidad científica uruguaya, que estuvo muy lejos de alinearse en su conjunto con la posición del gobierno uruguayo. Esta diferenciación interna a la comunidad científica fue analizada en Viscardi, R. “El silencio de los caníbales” (25/07/06) Compañero, http://www.pvp.org.uy/viscardi7.htm

[3] En su primer período, Derrida insiste en que la esencia del sujeto y la esencia del objeto suponen (y sobre todo sub-ponen) un mismo substancialismo. Ver particularmente “L’écriture et la différence”, Seuil, Paris, 1967 y “La voix et le phenomène”, PUF, Paris, 1967.

[4] La esencia sutil por excelencia: http://etimologias.dechile.net/?quintaesencia

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