2.10.10

Correa: la transmisión


1ª quincena de octubre 2010


Tal como acontece al presente, en la actualidad de nuestro tiempo, en el tiempo que se nos presenta, el golpe de Estado fallido contra el gobierno del presidente Correa fue objeto de una minuciosa transmisión mediática. Esta parece incrementar los detalles de lugares y circunstancias, que incluso sugieren cierta reiteración a la memoria. El gesto de Correa ofreciendo su vida como moneda-emblema de la democracia ultrajada, recuerda otra Moneda, aquel palacio en que Salvador Allende, bajo el influjo de Fidel Castro, según se dice, inmoló su vida en ofrenda a la justicia de los pueblos. Sin duda, en otro registro contamos con la memoria batllista de Baltasar Brum, inmolándose a su vez ante el hecho dictatorial en un gesto personal, igualmente cargado de identificación entre los valores democráticos y los lugares institucionales. La larga historia de golpes de Estado y de gestos heroicos encuentra por lo tanto, en Correa, un ejemplo actual y cargado de significativa dignidad.

Sin embargo, la transmisión mediática deja asimismo, por la fidelidad en los detalles, entrever un conjunto de elementos más sugestivos con relación a la coyuntura actual. Así como ocurrió en anteriores intentonas recientes de la derechas, algunas fallidas en Venezuela y Bolivia, otra exitosa en Honduras, los golpistas siguen una vía tendiente a catalizar el movimiento, al logro de adhesiones, a la justificación institucional, que ya no se sustenta en un influjo ideológico inmediato, que en el pasado justificara per se la reacción gorila anticomunista.

Este signo de los tiempos no es menor. No sólo se vincula a la desaparición de la Guerra Fría y de la supuesta amenaza de la “exportación de la revolución” desde la parte roja del mapamundi, sino también a la percepción de una condición autóctona de las reivindicaciones populares, particularmente cristalizadas en el indigenismo, así como en el acceso a nuevas correlaciones de fuerzas desde el propio terreno institucional, elecciones mediante. Se ha logrado perforar la coraza ideológica conservadora, particularmente sostenida por la alianza entre los medios de comunicación y el gran capital. Incluso cuando sus fenómenos representativos son ante todo mediáticos y políticamente ambiguos, como en el caso de la popularidad de Lula, el efecto primordial de “enemigo histórico” que cundía en la percepción ideológica ha cambiado su signo.

Esta nueva situación, anclada en un avance de reivindicaciones y de soluciones que aportan los actuales regímenes latinoamericanos en su mayoría izquierdista, aunque con signos dispares, los diferencia sin embargo entre sí, particularmente en la resistencia a los embates de la derecha. Esto en dos ángulos de enfoque.

Por un lado, en la mayor parte de los casos, como en la reciente y victoriosa resistencia de Correa, los gobiernos que han logrado sostenerse ante los embates de la derecha son aquellos que aparentemente pertenecen a la “zona de riesgo” ideológico e institucional. Es decir, aquellos que pertenecen el “núcleo duro” del latinoamericanismo combatiente y popular, ejemplificado por Chávez, Morales y Correa. Esto da razón a la percepción de equilibrios políticos que se sustentan en correlaciones de fuerza, en los que los sectores populares movilizados por logros y anhelos, incluso incumplidos en buena parte por el momento, generan un “cordón sanitario” en torno a los gobiernos de corte popular. Con ese soporte, más allá de sus errores de planteo y apreciación, esos gobiernos de corte “radical” -según la jerga neoliberal, logran convencer a masas críticas de la población de su acierto estratégico y neutralizar o disuadir, con ese apoyo, los anclajes activos del golpismo. En tal sentido, la feliz reacción final de las fuerzas armadas ecuatorianas, más allá de la defección al menos parcial de la fuerza aérea, señalan una disuasión activa, como efecto del sustento efectivo con que cuenta el gobierno de Correa. Ese sustento surge por contraposición, de la tensión entre estos apoyos y cierta pasividad inicial de la adhesión militar al gobierno, que se tradujo en la tardanza de la reacción militar leal a las instituciones. Hemos visto en Venezuela y en Bolivia giros tácticos similares, en medio de coyunturas extremas, por parte de distintos vectores del poder público.

La segunda conclusión es que “jugar la política de la derecha” no paga. El mayor y más limpio éxito de la derecha se cumplió en Chile, donde la izquierda se presentó bajo el ángulo de una gestión neutral y equilibrada de todos los factores del poder, supuestamente exentos, en buena medida al menos, de inscripción ideológica. La Concertación abrió el camino de una ecuanimidad gerencial de la opinión pública que encontró, a través de un centro incoloro, alguien que sugería mayor diferencia inmediata en aras del mismo inmediatismo de los resultados: Piñera.

En Brasil, la engañosa popularidad de Lula puede hacer olvidar que el gobierno del PT ha marcado el paso, particularmente en infinitos casos de corrupción que se cuelan en el entorno inmediato del presidente, cuya estrategia parece recorrer todos los lugares comunes de la manipulación clásica de la derecha, tal como lo demuestra su estrecha e insospechada colaboración con el propio partido de Serra, hoy candidato minoritario pero desafiante ante Roussef[1]. ¿Qué decir del Uruguay, donde todos los elogios hacia el actual gobierno vienen de la derecha y todas las críticas de la izquierda, a punto tal que desde el periodismo afín al Frente Amplio se habla de “mal humor que va al fracaso”[2]?

La evolución electoral de Venezuela, donde la oposición ha ganado terreno en las urnas, sumada al fracaso del golpe de Estado en Ecuador, puede señalar sin ambages el camino ventajoso, para los intereses conservadores, de una evolución “a la chilena”. La oposición latinoamericana –que no siempre presenta un signo político unívoco- puede optar por las razones del artillero –que le son históricamente afines- por esa estrategia, con relación a los regímenes que se han identificado con los partidos fundacionales de la izquierda –comunistas y socialistas- y con el influjo posterior de la revolución cubana, incluso cuando ese influjo tomaba sendas distintas al sesgo tradicional de la misma izquierda.

En tal sentido caben dos apreciaciones: en primer lugar, cuanto mayor sea el grado de neutralidad ideológica de los gobiernos que se identifican con una trayectoria de izquierda, más vulnerables se encontrarán a las ofensivas de la derecha, tanto si éstas se presentan por la vía golpista que parece perder incidencia, como si se adopta la “vía chilena” de una desodorización ideológica, ante cuya trivialidad política termine por "dar igual" la opción entre signos estratégicamente desvaídos.

En segundo lugar, se percibe el incremento de una estrategia que hemos llamado “extragubernamental” tanto con relación a una configuración de “cordón sanitario” ante los intentos golpistas –como acaba de ocurrir en Ecuador- como con relación a un gobierno efectivo de las decisiones estratégicas; tal como ocurrió durante el gobierno de Tabaré Vázquez en Uruguay, jaqueado en temas estratégicos (TLC con EEUU, “punto final” para los militares, presupuesto universitario) por el veto implícito de la movilización popular.

Esta parece, particularmente en Uruguay, seguir otra vía que la cansina popularidad del “justo medio” nacional, en el que ahora cree ardientemente la derecha[3], seguramente alentada por la plena satisfacción gubernamental –supuestamente de izquierda- ante sus más caras reivindicaciones, como la “igualdad” entre la educación pública y la privada[4].

La prueba de ese desencuentro entre una popularidad huera y la movilización efectiva de los sectores políticamente involucrados, la ofrece el desajuste que se nos dice que interviene entre la popularidad presidencial –que crece a son de cumbia[5]- y la adhesión frenteamplista de la población – que se estanca asfixiada por el “mal humor” ante la derechización del gobierno[6]-.

La cuestión de la transmisión ha ganado, efectivamente, un terreno en que “El Gran Público” no sólo se moviliza en buena medida espontáneamente, tal como ocurrió en oportunidad de la intentona de ayer en Ecuador -de manera que el centro de Montevideo registró una movilización antigolpista convocada por facebook[7], sino ante todo, en cuanto los estados de opinión se aglutinan con especial celeridad, dentro y fuera de fronteras[8]. Así ocurrió con la resistencia al golpe de ayer en Ecuador. Pero allí había, además de la transmisión, una correa que llevaba esa transmisión hacia una columna social vertebral, correa significativamente denominada Correa. En Uruguay seguimos teniendo episodios del Pepe (asado del Pepe, la fuerza que creó el Pepe, la cumbia del Pepe), pero son todos efectos mediáticos del mismo Pepe, tan maduro y equilibrado en su búsqueda de la unidad nacional post-batllista como lo fue ayer la Concertación chilena en su sensatez pragmática. ¿La derecha uruguaya habrá alcanzado el sueño del “Piñera propio” sin pasar siquiera por las urnas?




[1] Ver al respecto las alianzas políticas del PT y del PSDB, hoy adversarios electorales, "III Breve balanço do primeiro Goberno Lula" en http://psol50.org.br/blog/2007/04/08/tese-por-um-brasil-socialista-e-sustentavel/

[2] Legnani, R. « Con el actual mal humor vamos todos al fracaso » La Onda Digital (28/08/10) http://www.laondadigital.info/LaOnda/LaOnda/502/A2.htm

[3] Abdala, W. « ¿Cuánto tiene Mujica de « Galeano » en su discurso » Voces (30/09/10) p.4 http://www.vocesfa.com.uy/No272/voces272.pdf

[4] « Por encima del bien y del mal » Montevideo Portal (16/09/10) http://www.montevideo.com.uy/notnoticias_120282_1.html

[6] « El FA no logra captar la aceptación del presidente » Observa (01/10/10) http://www.observa.com.uy/actualidad/nota.aspx?id=102842&ex=25&ar=2&fi=19&sec=8

[7] « No descartes nada, René » Montevideo Portal (30/09/10) http://www.montevideo.com.uy/notnoticias_120282_1.html

[8] Virilio, P. (1996) « El golpe de Estado informacional » en El arte del motor, Manantial, Buenos Aires.

7 comentarios:

MARA dijo...

Lo primero que quiero señalar es que coincido -así lo sentí- con la entrega que aqui se señala, exhibió el Presidente Correa, quien tb. me recordó al Presidente Allende en la Moneda. Una actitud de autoinmolación individual, de entrega pers...onal, para defender la democracia de sus países.

En segundo término, quiero referirme a esas coincidencias de la derecha uruguaya con el Gob. del Presidente Mujica: ese estar conformes con casi todo, en lo que más les interesa.
Pero percibo que este proceso no es lineal: cuando parecía que Mujica y sus seguidores estaban en una actitud casi servil y de trato excesivamente amable con las FFAA, aparecieron las denuncias, investigaciones y convicción, por parte del gobierno de la izquierda, de que había un verdadero Estado dentro del Estado: una entidad que se manejaba con normas propias que mostró corrupción, robo, estafa y prebendas indebidas. Ahí aparece una actitud del gobierno orientada a reducir esta fuerza y su poder y a beneficiar a los más carenciados del ejército. Esto trajo indignación y las declaraciones más fascistas por parte del Presidente del Círculo Militar, además del pedido de retiro de otros "momios". Reitero: este proceso no es lineal.

Un gobierno "de izquierda" con adquiescencia de la derecha que puede, a la vez, dar señales como las antes mencionadas no es unidireccional ni sencillo de analizar.
El "pragmatismo" y capacidad de "gestión" q se ha privilegiado según declaraciones múltiples, se alterna, con medidas de beneficio a los más desposeídos, en todos los niveles.

Por último, deseo coincidir con la importancia creciente que aquí se otorga y han tomado las redes sociales. Esto quedó evidenciado, hace un par de días, en la convocatoria inmediata a un acto masivo en la Plaza Cagancha para manifestar el repudio a un Golpe de Estado en Ecuador.
Luego vinieron las declaraciones del Gobierno y del FA...

Señales de estos tiempos que no pueden desconocerse en su polivalencia. Habría que profundizar en su significado y para esto, el artículo que comentamos, aporta puntos de vista, más que interesantes.

Un abrazo, María

MARA dijo...

Olvidé referirme al "mal humor" en el FA que señala Legnani en La República, ese que es referido en el artículo.
Creo que es comprensible, dado lo que señalo antes. Hay expectativas diferentes en relación, sobre todo, a Mujica y su grupo, por parte de quienes lo votaron a cuatro manos y que no ven hoy que su líder los contemple. Tampoco se percibe una cierta armonía o concenso en el FA que acaba de postergar para noviembre su necesaria discusión interna.
El tema de la presidencia del Frente, está tensionando a la fuerza, al igual que el prematuro planteo del candidato para el 2014 realizado por Lucía Topolansky. Esto es , a mi criterio, extemporáneo, y sólo puede responder a sondeos o "tiros por elevación"...
Y estos fueron los "gloriosos tupas" Un bochorno!

Saludos, María

Ricardo Viscardi dijo...

María : tu comentario prolonga una línea de intercambio que mantenemos desde hace tiempo. En primer lugar coincido con la apreciación acerca de la diversidad de circunstancias que caracteriza todo proceso, en un sentido heterogéneo. Ahora, lo que intentamos plantear es una línea de lectura. En ese sentido me parece que el punto de diferenciación entre tu planteamiento y el mío no está en la valoración del gobierno actual, tal como surge en particular de tu segundo mensaje, sino de la articulación entre el Frente Amplio como fuerza que da sustento a ese gobierno y el rol de este último. A su vez, esa cuestión se articula con otra mayor que viene siendo debatida desde hace tiempo (recurdo un Seminario y posterior publicación en CIEDUR del año 87), acerca del declinar de los estados-nación en el presente. A ese respecto es interesante tomar a cargo que mi posición se encuentra ampliamente confortada por un coro no muy frentista pero sí bastante amplio, en el cual destacaria la posición de Susan George en el penúltimo número de Compañero que se llama sugestivamente “Los estados están gobernados por la clase de Davos” http://www.pvp.org.uy/?p=1500. Es decir, George señala cual es la tendencia actual del poder: sumisión a la globalización, en tanto borramiento de la soberanía de los estados-nación en función de la extensión del poder transnacional de las grandes empresas y conglomerados de empresas. El mejor ejemplo de esa progresiva sumisión de los estados-nación es el retorno a la hegemonía económica del neoliberalismo tras su peor crisis histórica (crisis del mercado financiero y de la teoría que los sacraliza, a partir de 2008). En tal sentido también aquí conviene aplicar el criterio de la heterogeneidad ¿hay estados-nación que resisten a es proceso? La respuesta es sí. Luego, mi artículo diferencia en América Latina el grupo de resistentes y el grupo de obsecuentes. Sin duda, el Frente Amplio no ha logrado y probablemente por su matriz fundacional centrada en una “ampliación democrática” del Estado-nación, no logrará nunca romper con un gobierno que se alinea sin ambages, como lo han proclamado sus dos elencos sucesivos en el eje conservador que representan la conducción de Chile, Brasil y Uruguay entre los regímenes que reivindican la tradición izquierdista latinoamericana (partidos social-demócratas, populistas, pro-soviéticos y movimientos guevaristas). Por otro lado, los gobiernos, como el de Correa, que resisten a las recetas neo-liberales tienden a apoyarse en la movilización popular, incluso frecuentemente con déficits democráticos que trasciende a los sistemas políticos y se apoya en el movimentismo, como los señala George y lo vengo defendiendo desde hace tiempo en tanto perspectiva estratégica.

Ricardo Viscardi dijo...

Por eso mi artículo también propone “quehacer”. En fin, creo que no debemos olvidar que como lo señala Foucault en su análisis del neoliberalismo, las políticas focalizadas de redistribución, siempre y cuando se sustenten en la financiación por impuestos a los trabajadores son aceptadas por el proyecto neoliberal: este redistribuye, en razón del mejor funcionamiento del sistema “recursos sociales”, siempre y cuando sean financiados indirectamente con impuestos al trabajo y no al capital. En este sentido es significativa la propuesta de Plinio Arruda en Brasil, que propone lisa y llanamente eximir impositivamente a los desfavorecidos para generar una efectiva redistribución positiva. En cuanto al desbaratamiento de la corrupción en las fuerzas armadas, al menos en parte, conviene tener presente, aras del principio de heterogenidad de las circunstancias y las racionalidades, tener presente que estas medidas intervienen cuatro años después de un gobierno frenteamplista y bajo un ministro que en su momento fue vetado por un conjunto de sectores frenteamplistas “moderados” entendiendo que no era “presentable” en tanto intendente de Montevideo, abriendo así el período de las “candidaturas-ferrosmalt”.

En resumidas cuentas, estimada María, entiendo que coincidimos mayormente en el análisis concreto de medidas y circunstancias, celebro que así sea, pero entiendo que tú intentas “salvar el hecho” (como decía Leibniz) que es el Frente Amplio. Yo estoy dispuesto a darle todas las chances posibles, en particular, la del presupuesto quinquenal que se discute ahora, para que se distinga en tanto fuerza autónoma ante la “clase de Davos” que elogia tanto nuestra derecha con relación al gobierno Mujica. Me temo que la matriz básica del Frente Amplio, a mi entender marcada por la concepción del Partido Comunista en Uruguay (principal responsable histórico de la concepción de una “democracia progresista”) capotará como lo hizo la Concertación en Chile y como lo anuncia desde el domingo pasado, el balotaje en que entró Rousseff. Este último dato no lo conocía yo al publicar tu artículo ni tú al publicar el comentario, por lo tanto no lo empleo retóricamente y espero tus opiniones al respecto. Finalmente, disculpas por la tardanza en responder, pero tengo la computadora en el CTI.

Un abrazo, Ricardo.

Ricardo Viscardi dijo...

María Vidal
Ricardo: Me resulta bastante difícil responder una nota tan extensa y variada.
Partís de tu coincidencia conmigo en cuanto a la complejidad y no linealidad de los hechos políticos y en todos los campos. Es previsible que opines eso, lo que no disiminuye su valor aunque sí allana la posibilidad de intercambio.
En cuanto a tus convicciones acerca de el descaecimiento de los estados-nación (vas al 87!) lo acepto, lo considero así como la socióloga que nombrás y que habla de "la clase de de Davos"
Nuestra diferencia, creo que radica en que percibimos esa "clase" o grupo o pensamiento, etc. de modo diferente; creo que no operan siempre del mismo modo, o con la misma intensidad en todo estado. Si establecemos un igualitarismo rasante, perdemos de vista los matices que se dan y - para mí son importantes- entre los diferentes países.
Hablás de "los duros" Tb. distingo allí a los "normales" Evo y Correa del megalómano y cuasi-demente Chávez que tiene un afán de Poder desmedido y -por más que sea votado- esto tiene q ver, creo, con algo generado desde el Poder de Dios, Bolivar y un Socialismo inventado que no es tal. Distingo por ahí.
Nuestros gobiernos del sur (vos le llamás "los blandos") son , para mí más respetuosos de derechos, leyes, diferencias, partidos. Que acá Mujica se haya pasado a un grado de "todos somos orientales iguales!" no quiere decir que no exista un gobierno de izquierda que da sus señales, algunas de las que ya indiqué (en relación a las FFAA y a cierta equidad que se está logrando en beneficio de los más carenciados) Mujica no gobierna solo, por suerte. Tampoco creo que reprersente a una matriz comunista que marque al FA. ,para nada!. El PC se disolvió de la manera más triste y dolorosa y lo que queda es apenas - en mi criterio- un nombre que no pesa, más que en alguna negociación de Poder (caso de la IMM)- Pero no de modo de orientar un movimiento que está en una crisis, que apuesto que supere considerando a los miembros, votantes, partidarios e incluso a las redes sociales a las que ambos referimos.
Apuesto a esta fuerza política como lo mejor que percibo en nuestro país. Sé que hay gente honesta, luchadora de toda una vida y el hecho de estarse repensando, rediseñando...me hace ser relativamente optimista. Y no concuerdo contigo en que el tema Presupuesto sea la piedra de toque , la última oportunidad.., a la q decís le das un crédito...No me parece que le des ningun crédito a esta fuerza y no quiero desmentirte o faltarte el respeto. Es que hemos hablado y discutido muchas veces y sé qué lugar le otorgás al FA. Tus apuestas van por otro lado.
Ahí, está nuestra diferencia principal. Concluyo en lo mismo que vos. Sigo apostando no por un tema de fe sino por creer en la política y en nuestra izquierda, a diferencia de tu postura, que respeto.
Dejo por acá, esto es excesivo para fb!! Un abrazo, María

Ricardo Viscardi dijo...

María: no siempre contamos con un planteo que sea alternativo respecto a una problemática, o sea, que la desplace para ponerla en una perspectiva distinta de problematicidad (sin llegar a "soluciones" que siempre son "soluciones finales", para el pensamiento, de empezarse con tales "fines"). Sucede que ha partir del cuesionamiento de la racionalidad moderna y de la explicación del poder como efecto del cuerpo social (no de la soberanía exógena al campo social), sí contamos con un replantamiento, a partir de entender que la representación como "vorstellung", es decir delegación de presencia está manipulada (en todos los sentidos del término y no sólo en el peyorativo) por la interfaz de emisión-recepción, que no sólo epistémicamente (simulación de realidad) sino tecnológicamente (comunicación interactiva) y antropológicamente (interfaz a distancia) la suple con ventaja virtual y actual. Por lo tanto, el artículo de Susan George tiene el valor de constituir, ya no en el plano de tantos pensadores (por no decir todos los significativos) que han sostenido la disolución de los estados-nación, sino incluso en el plano periodístico, constituir ahora la constatación de ese criterio.

Ricardo Viscardi dijo...

Como sabés, no me siento ajeno a esa movilización, mi cuestionamiento al Frente Amplio proviene de ese horizonte, que cuestiona por igual a toda fuerza política (el chavismo, por ejemplo) que pretenda constituirse en "solución" desde una perspectiva de Poder de Estado (las mayúsculas van porque facebook no me permite itálica).
Por lo tanto, yo tengo un planteo que explica, por ejemplo, la derechización del gobierno de Mujica, inapelable (de Cascanueces pasamos a Cascahuelgas, a pedido de Bocca) y lo he aplicado, por ejemplo en la penúltima actualización de blog "Izquierda y mercado: la condición doméstica del poder". Allí explico, a través de un artículo de Foucault del período "biopolítico", porque el liberalismo evoluciona inapeláblemente al neoliberalismo. Con esta evolución, toda estructura deomocrático-representativa (es decir anclada en la concepción liberal del poder) arrastra irremediablemente, con el auge e incremento de la absorción de la delegación representativa en la globalización teletecnológica (interfaz a distancia) a todo gobierno de estado-nación (poder de Estado sustentado en la representación de delegación) a la derechización ( o sino a un apoyatura en los movimiento sociales y sensibilidades ancladas en la comunidad, incluso en las redes sociales).

Esa es la diferenciación que introduzco y por la que leo la evolución de varios regímenes que entiendo son la "derecha de la izquierda" y van a claudicar en razón de la racionalidad (ella misma caduca) neoliberal que representan.

El problema de la pluralidad y del respeto de la diversidad, no se sustenta en el reconocimiento de las diferencias como diferencias, porque eso es lo propio de la relación representativa (de ahí la trivialización consumista de la liberación de costumbres, por ejemplo sexuales, de género o raciales) sino en la diferenciación por anclaje en las comunidades que reivindican una identidad fusional que no puede disolverse en un sistema general de reconocimientos (o sea de diferencias homologadas en un sistema de representación). El caso del indigenismo en América Latina, el movimiento por los "bienes comunes" en ecología, son los ejemplos más claros al respecto en el presente.

Eso no significa no reconocer gradaciones, como ser que en el Frente Amplio (me refiero a los partidos y cuadros) existe gente proclive a no disolverse en el sistema global como un terrón de azúcar en el agua. Que intentan comprender porqué la "fuerza política" queda en mera correa de transmisión del poder. Si no les hiciera confianza no entendería que" Compañero" o "Voces" publicaran las actualizaciones de mi blog, incluso cuando critico las orientaciones del FA (es decir, casi siempre). En ese sentido y no retóricamente digo que espero hago pábulo a la hipótesis de una reforma al menos puntual del proyecto presupuestal quinquenal actual por parte de los parlamentarios del FA, en cuanto ya ha sucedido y puede, en medida mayor o menor, repetirse.

Pero incluso si esa hipótesis se cumple favorablemente a mi expectativa, no será en el sentido del fortalecimiento del FA en tanto manifestación del Estado-nación, sino en cuanto se opone al vértice del poder público, representado por el ejecutivo y sus aparatos de programación (de hecho, los principales legisladores de un país por la cantidad de información y recursos con que cuentan, ministerios y estructuras de planificación mediante).

Por lo tanto, no se trata para mí de una cuestión de buenas intenciones ni de confianza en personas, más allá de que considere que existen tanto las unas como las otras, sin dejar de embeberse, en el Estado-nación, de lo que he llamado "hipocrAsía" (otra vez las mayúsculas ante carencia de itálicas)." Hipocrasía" se encuentra referida en "Izquierda y mercado: la conición doméstica del poder". Saludos, Ricardo.