15.10.10

Es preferible un final estúpido a una apatía

sin fin


2ª quincena octubre 2010


José Serra agradeció a los electores, tras obtener el segundo lugar del balotaje para la presidencia de Brasil, no haber seguido los vaticinios reiterados por las encuestas de opinión. Como se sabe estas mediciones daban, hasta pocos días antes de la elección, ampliamente ganadora en primera vuelta a Dilma Roussef. Pese a las correcciones a la baja de los índices favorables a la delfina de Lula, que jalonaron los últimos días de la puja, sus partidarios mantenían firmes esperanzas de una victoria en la primera vuelta. Este resultado inocultablemente desfavorable al Partido de los Trabajadores en términos de tendencia electoral, no sólo reafirma la creciente aleatoriedad de las mediciones de opinión –quizás como efecto paradójico de su propio éxito mediático[1]- sino que subraya desde la elección de Piñera hasta estos comicios brasileños, la intrascendencia política del éxito mediático de las figuras presidenciales -incluso en el Brasil, donde Lula alcanza cerca del 80% de aprobación-, tan fugaz y transitorio como las mediciones de opinión que lo proclaman. En efecto, pocas horas antes de la elección brasileña referíamos, en la última actualización de este blog[2], que otra medición de opinión señalaba que el Frente Amplio se estancaba en apoyo, al tiempo que crecía en el Uruguay la popularidad de Mujica a lo largo de seis meses de mandato. Habría que agregar en el mismo sentido a la victoria de Piñera, pese a la alta popularidad de Bachelet, el balotaje electoral en que entró Mujica con similar desfasaje respecto a la popularidad de Vázquez, que rondaba el 70% hacia fines del 2009.

Sin embargo, las coincidencias incendiarias para quienes divisen las barbas de Lula como el espejo de su alma política, tal como se declara admirador Mujica de su colega norteño, no terminan allí. En estas elecciones brasileñas se constata asimismo, a través del cómputo de las urnas esta vez, que el porcentaje de abstención sumada al porcentaje de votos anulados o en blanco ronda 27%[3], porcentaje que corrobora, tras dos períodos de gobierno de izquierda y una vez más, pese a la popularidad presidencial, la tendencia del electorado brasileño en los últimos comicios a una participación menguada[4].

Colocándose en el vector de esta resistencia a la inscripción partidaria, la renuencia a dar el voto a ningún partido, que alcanzó el 14% en las últimas elecciones municipales de mayo en Uruguay, acompasa desde ya la evolución de los electorados europeos tras los períodos de gobierno socialdemócrata, que pautan igualmente una escasa participación electoral (particularmente en aquellos países en los que el voto no es obligatorio).

Tanto en razón de esos antecedentes históricos, como en el sentido de su evolución más reciente, las izquierdas latinoamericanas que proclaman medias tintas, también corren alegremente hacia la tediosa moderación de una derrota indolora pero esperada. Marx pasará por una perífrasis bochornosa: es preferible un final estúpido a una apatía sin fin.

El caso uruguayo agrega, sin embargo, una nota informativa que pauta las razones que instruyen el desencanto creciente de los electorados: se ha confirmado que la mayoría de los votos en blanco o anulados provienen de los antiguos votantes frenteamplistas[5].

Este elemento es crucial desde el punto de vista de la orientación de la interpretación, porque destaca que no se trata, en los casos de la renuncia a signar una opción partidaria, de un efecto generalizado en el cuerpo electoral, sino de una tendencia con su vector específico, pautado por la pertenencia ideológica más involucrada. En cuanto la opción por anular el voto o entregar el sobre en blanco supone una diferenciación que surge entre los más activos políticamente –por la misma densidad de la militancia izquierdista- no señala una disminución reflexiva, sino por el contrario, una ampliación del horizonte problemático en que se inscribe una toma de decisión. Nos encontramos, por lo tanto, ante una opinión militante que elabora sus preferencias anteponiéndolas a un horizonte de pertenencias e identidades propias, aunque desde esos mismos anclajes se les reclame el sufragio.

Por consiguiente, esta pauta creciente entre los más involucrados tenderá, tal como ha sucedido en los antecedentes de mutaciones análogas de la cultura política –particularmente entre los uruguayos, a transferirse desde tales sectores -dotados de potencia crítica suficiente para labrar su propio destino político- hacia el cuerpo social y el electorado en su conjunto. La latitud crítica que marca la mayor comprensión de una opción compleja, pauta asimismo la mayor irradiación de influencia relativa al contexto. Esa eficacia persuasiva de la diferenciación asumida promueve una vía de contagio comunicacional, análoga al crecimiento que caracterizara desde los años 60’ la evolución de su propia “casa matriz”: la izquierda uruguaya.

Tal como se marca la tendencia, esta propagación se nutre de acontecimientos singulares, que se encuentran, por lo tanto, disímilmente anclados en la sensibilidad política. Con ese signo no debe despreciarse la reiterada alusión de protagonistas, cuya pertenencia izquierdista más allá de la partidaria no puede soslayarse, a la decisión de recusar cualquier opción electoral. Este comportamiento ha conocido manifestaciones incidentales y singulares, pero cuya significación explicativa se agiganta, tanto si tenemos en cuenta el origen de los votos anulados y en blanco en el Uruguay, como si prestamos atención a la reversión ideológica que se diera en Chile o al estancamiento de los votos “petistas” en el Brasil. En efecto, la puesta en cuestión del voto partidario surgió, de forma intespestiva, con oportunidad del veto presidencial al derecho a la interrupción de la gestación, así como se manifiesta ahora, en medio de la decepción ante las opciones presupuestales que aprueba un parlamento con mayoría absoluta de izquierda, en alusión al voto que se negará en un futuro[6].

Podría pensarse que estas manifestaciones son efectos de estados emocionales personales, pero sin embargo obedecen a una polarización que se percibe e incluso, se diría, se persigna por contraposición, desde el propio gobierno. En efecto, este en su conjunto y a partir del pronunciamiento del propio presidente de la república, se alineó verticalmente en el apoyo al gesto de renuncia profesional de un artista de nombradía mundial, bajo cuyo parecer se ponía en cuestión la integridad de una actuación por un paro de funcionarios[7]. Este paso de danza gubernamental no tiene en sí nada de sorpresivo en sus razones particulares, como asistían asimismo razones propias a la convicción personal de Tabaré Vázquez en su oposición al aborto, sin embargo las dos actitudes conllevan una desmesura con relación al contexto: en aquel entonces la voluntad legislativa de los legisladores de su propia fuerza política. En este posicionamiento más reciente, el gobierno se enfrenta como un bloque con la resolución del movimiento sindical que ha sido uno de los pilares fundamentales de la izquierda uruguaya, en un sentido del término “izquierda” que por cierto trasciende lo partidario, pero tampoco deja de sostenerlo. A tal punto la actitud gubernamental agredió las referencias propias de la izquierda sindical, que connotados representantes de la dirección de la central obrera mantuvieron una reunión con responsables gubernamentales, destinada a zanjar la rispidez de la situación.

Ese conflicto de sensibilidades subraya la disyunción que fomenta la desistencia ideológica de izquierda en el Uruguay: el paro general que se presentaba como la trágica posibilidad de renuncia de Bocca[8], se cumplió a pedido de boca, éxito que por cierto no se explica tan sólo por el sector público involucrado en la reivindicación antes que ningún otro, ni por la mera disciplina sindical. El seguimiento de la medida sindical pauta asimismo un curso errático de la actuación gubernamental, con relación ante todo a las sensibilidades involucradas, históricamente incluso, en su mismo desempeño.

Por otro lado, distintos sectores de opinión festejan lo que entienden como una actitud de firmeza del gobierno, ante un incumplimiento generalizado de funciones que imputan a ciertos sectores del funcionariado público. La figura del lucimiento artístico de un ballet opera como el símil de una retrotopía de la excelencia uruguaya, que se alimenta en su propia ejemplaridad moral (como toda moral)[9].

Detrás de este conflicto de sensibilidades no asoma tan sólo la disparidad de opciones que anuncia en la perspectiva electoral, sino ante todo, una suma de disonancias en el desarrollo de la propia izquierda, considerada en tanto sensibilidad diseminada en la sociedad. Tal incremento de disparidades tendrá seguramente como eje la anunciada “madre de todas las reformas”, cierta reforma del Estado que hasta ahora no se traduce sino en tanto disciplinamiento de los funcionarios públicos. En este contexto de división de la izquierda, tal maternidad se anuncia como la madre de todos los desastres, ante todo, para quienes fomentando la apatía que ya no descarta ningún fin, corren estúpidamente hacia su propio final.




[1] Hemos señalado que la articulación medios-encuestas de opinión no sólo genera un auge de las dos “mediaciones”, sino que además promueve un agente político específico, signado por su intervención mediática a través de las encuestas: el “Gran Público” Ver al respecto “Totalitarismo mediático” Democracia del Siglo XXI (8/10/09) http://teodulolopezmelendez.wordpress.com/2009/10/08/totalitarismo-mediatico/

[2] “Correa: la transmisión” (1/10/10) http://ricardoviscardi.blogspot.com

[3]“Brasil: resultados electorales 3 de octubre 2010” en Bitácora, http://www.bitacora.com.uy/noticia_3294_1.html

[5] “Voto en blanco en Montevideo ¿De dónde vienen, de dónde salen?” Voces, (23/09/10) p.9 http://www.vocesfa.com.uy/No271/No271.htm

[6] Portela, R. “Casi sin testigos, el parlamento aprobará en general el presupuesto” La República (12/10/10) Montevideo, http://www.larepublica.com.uy/politica/427542-casi-sin-testigos-el-parlamento-aprobo-en-general-el-presupuesto

[7] El involucramiento intencional del gobierno se encuentra consignada en la propia réplica del gremio directamente interpelado: “El que no llora ni es famoso no mama” (declaración del Consejo Directivo de la Sociedad de Uruguaya de Actores) Voces (14/10/10) Montevideo, p. 15

http://www.vocesfa.com.uy/No274/voces274.pdf

[8]“A la calle” Montevideo Portal (7/10/10) http://www.montevideo.com.uy/notnoticias_121857_1.html

[9] Zielenec, M. “Mujica y las adversas ideologías dominantes” La República (10/10/10) Montevideo, http://www.larepublica.com.uy/editorial/427335-mujica-y-las-adversas-ideologias-dominantes

2 comentarios:

Ricardo Viscardi dijo...

María Vidal Ricardo: intento reescribir lo que se esfumó en tu blog. En lo principal coincido con mi postura aunque ya ni recuerdo cómo la plantée. Te cito en un pasaje clave, para tomarlo como punto de partida:

"En cuanto la opción por anular el voto o entregar el sobre en blanco supone una diferenciación que surge entre los más activos políticamente –por la misma densidad de la militancia izquierdista- no señala una disminución reflexiva, sino por el contrario, una ampliación del horizonte problemático en que se inscribe una toma de decisión."

Coincido plenamente con la valoración política que se le otorga a este gesto, nada indiferente sino activo y consistente del voto en blanco y anulado de los frenteamplistas. No de otros. No fue un voto indiferente o apolítico sino una toma de posición que quedó marcada y marcando un alto porcentaje en la votación que no pudo ser ignorado por la dirección del FA

Se habla de una situación parecida (no igual) en Brasil (27 % de abstención) con apoyo a Lula del 80% y Chile donde se pierde una elección frente a la derecha a pesar de un apoyo altísimo a Bachelet.
Es decir: se está marcando la brecha existente entre bases (más en el caso de Uruguay) de izquierda, apoyo al lider y distancia de la organización política que se está auto-revisando con grandes dificultades.

En el FA hay una postergación hasta noviembre de una discusión donde las bases no creo pesen demasiado, salvo los militantes de los Cté de Base que duplican (coinciden con) los delegados partidarios...Así ocurrió en el último y polémico Congreso del FA.

Acotando mi comentario al Uruguay, sé que nuestra gente tiene un alto nivel político, democrático y de izquierda-. La historia de su lucha lo determinó y los años de crecimiento de un Movimiento sindical no amarillista sino genuino, es otro diferencial.

Se critica acá la postura , a paso de boca, del Gob. ante un caso de porfía, casi de provocación de un gremio que no tuvo el apoyo de todo el Mov. Sindical. Que se recuerde que hubo dos posturas frente al paro General y todo lo que se discutió. No estoy con las posiciones de "cuánto peor mejor" y que, ante el diálogo y una oferta clara planteada, siga con medidas que perjudican -es cierto- a un público de elite (esta vez porque lo han hecho dejando a la gente entre la basura, por ej..)

Se ha respetado a ese gremio, se lo llamó a dialogar y negociar innúmeras veces.

En cuanto al veto de la Ley de der. reproductivos, coincido con lo q se afirma acá: fue una postura proveniente de una convicción personal (religiosa, disfrazada de autoridad médica) Mal, feo, lo aunq no me hace tirar abajo todo lo que el Gob. de Tabaré hizo en tantos temas fundamentales, DDHH, principalmente!

Mujica no es frenteamplista, tiene otra procedencia: blanca y tupamara. El FA lo llevó por su sedución que evidentemente la tiene...pero la gente no es gila. La seducción tiene un día en que algún niño dice "Miren: el Rey está desnudo!" Espero ese día más otros cambios promovidos por gente en la que confío.
Sé que esto no es un comentario completo a tu artículo...es algo y , como dijiste la vez anterior, continúa un intercambio que tenemos desde hace tiempo. Un abrazo, María
Hace 4 horas · Me gusta

Ricardo Viscardi dijo...

María: qusiera comentar tres aspectos de tu mensaje. Primero, lo que tiene que ver con la reflexión que anima cierto alejamiento del partidismo. A este respecto, creo que ese proceso se profundiza, incluso porque desde el sistema político hay un esfuerzo en decir ¡No, miren que servimos! Un reportaje de Legnani a Constanza Moreira en La República es elocuente a este respecto. Hay una denegación del la crisis de los estados-nación (que es todo lo que discutimos hoy sobre caducidad sino lo que Derrida anunció, desde hace una década, como "crisis de la soberanía por lo derechos humanos"?). ¿Al juez Garzón lo inventamos nosotros? No se entiende que no se trata de "abolir" al Estado, sino de su intrascendencia en el liderazgo de los procesos políticos (lo dicen Susan George en la Revista Compañero, por ejemplo: "los gobiernos son la clase de Davos". ¿Que quiere decir la frase? Que no pueden escapar al formato de los poderosos.

Esta cuestión lleva a otra ¿cómo se reagrupa la izquierda? Bueno, claro está, será otra cosa. Allí no creo que estén todos los papeles claros, pero me parece, con relación a tus apreciaciones sobre algunos sindicatos, que hay una reacción estigmatizadora de los funcionarios públicos que se traslada, de un lugar a otro llevada por los mismos. Quizás "los mismos" no son los ADEOM-Cofe-Affur, sino los mismos que los provocan. Cuando "los mismos" cambian de emplazamiento en el aparato de Estado, con ellos cambian los conflictos de lugar. Hay una clase media histórica soberbia, que pervive en cierta memoria etaria, que está atrás de todo esto con cierto partenalismo batllista. Son los "inteligentes y militantes", efectos derivados y poco concientes de su papel de una clase media que se veía más como efecto de una excelencia post-europea que como efecto de un vínculo social. No es raro que los empleados públicos, depositarios de un igualitarismo vernáculo (prohijado por el propio sistema de partidos de fracciones), sea el adversario de esa "casta de izquierda".

Por último, con relación a Mujica, creo que comenzaron, particularmente durante esta semana, a expresarse conflictos, ahora a cara descubierta, dentro del propio FA contra la situación que instaló la llegada de Mujica a la presidencia. Tú y yo no creímos, como la mayoría, que Mujica trajera más izquierda. Ahora que el voto en blanco mostró que la base electoral de la izquierda cambió de parecer (no necesariamente respecto a Mujica, pero sí a la eficacia de su "radicalización") creo que es el momento de hacer valer una perspectiva que cuestione los fundamentos de un neo-batllismo trasnochado, que es le trasfondo ideológico de todo esto (incluso, aunque probablemente tú no lo compartas, del proyecto del Frente Amplio). Es versión retrógrada y sobre todo retrotópica tiene una versión "canónica" que dio Vázquez y otra cerril, que da Mujica, pero las dos siguen ancladas en la idiosincracia batllista y sin superarla.

Saludos, Ricardo