1.9.11

Chile: ¿paradoja o analogía?


1ª quincena septiembre 2011



Con inusitada reiteración Chile ofrece ejemplos mundialmente paradigmáticos. Quizás esta característica nacional se deba menos a los efectos del cumplimiento de una idea progresista en el mundo, tal como la modernidad lo quiso, que a un rasgo idiosincrático que expresa, sin ponerlos en duda, los propósitos gravitantes en una comunidad. La manifestación de las contradicciones de una estructura anunciaría, a su vez, el desarrollo ordenado de la realidad, que lleva a una transformación liberadora. Considerado con ese entusiasmo desmesurado, Chile habría visto el cumplimiento de las reformas democristianas a inicios de los años 60’, de la vía electoral al socialismo en los 70’, del golpe de estado proyanki más venal poco después, para adoptar finalmente sendas versiones genuinas del economicismo neoliberal desenfrenado de los “Chicago Boys” y de la socialdemocracia edulcorada de la “Concertación Democrática”. De esta manera los últimos 30 años presentarían allende los Andes, antagonismos incluidos, un concentración casi absoluta de la paradigmática política universal.

Quizás sea más atinado pensar, una vez arrumbadas a izquierdas y derechas las paradigmáticas totalitarias de la modernidad, que los paradigmas no proveen, como lo plantea Agamben, sino ejemplos particulares de mayor o menor irradiación, que configuran entre sí una serie dotada de inteligibilidad. Desde este punto de vista un paradigma no se destaca por subordinar una serie de ejemplos que lo reproducen imperfectamente, según el criterio que vincula la forma ideal a una imperfección material, sino por encontrarse involucrado en un cotejo entre casos que tienden a la incorporación, en un grado mayor o menor, de las reglas propias del mejor ejemplo para todos los demás, cuyo conjunto preside a su vez. El paradigma no está por consiguiente, fuera del campo de comparación, ni se incluye meramente como un caso más, sino que estampa la mejor comprensión de la serie inteligible que lo incorpora[1]. El caso que propone Agamben es al mismo tiempo “el mejor ejemplo” del disciplinamiento -que también pautan a escala menor el taller, el cuartel y la escuela, tanto como anuncia el criterio paradigmático que postula Foucault, en cuanto ve en el Panóptico el umbral teórico de tal paradigmática de singularidades, que se ejemplifican unas a otras.

Por oposición a Chile, el Uruguay se ha destacado por amortiguar las rispideces y aristas paradigmáticas, hasta dejarlas romas incluso de significación diferenciada. En sus fases exitosas la guerrilla buscó la negociación con el gobierno, el elenco militar en el poder decide retornar a un régimen de partidos controlados, el Partido Colorado que fuera el adalid de la modernización neoliberal la frena luego en las empresas públicas, incluso el Frente Amplio postergó el acceso al gobierno pactando una reforma electoral que daba largas a las urgencias populares. Esta amortiguación de todo supuesto exceso no debe ser entendida como dilación o inconsecuencia, ya que en su momento generó correcciones severas ante radicalizaciones súbitas, tal como “el tren que pasa una única vez” y urgía ante la inminencia de tal paso a nivel, que el Presidente Vázquez viera con buenos ojos un Tratado de Libre Comercio con EEUU. En esa oportunidad, la reacción de distintas organizaciones y sectores inclinó al primer presidente de izquierda del Uruguay a desentenderse de un paso peligroso a nivel, aunque siguiera por la misma vía.

En efecto, si se pretendiera leer la revuelta contra la manipulación neoliberal de la educación chilena como la expresión política del estudiantado de aquel país, en clave de antídoto a la derrota de la Concertación Democrática, se tendería a interpretar la paradoja que supone una votación popular a favor del neoliberalismo, seguida un año después del apoyo popular a la movilización estudiantil anticapitalista, como una contradicción entre la situación de clase y la conciencia de clase. En esta versión de una conciencia colectiva dividida entre un impulso que proviene de la necesidad y la necesidad tal como la provee la ideología, la misma conciencia puede ir y venir entre las condiciones y las proposiciones para dilucidar el mejor sentido del vínculo entre lo uno y lo otro, incluso hasta encontrarse forzada –ante el horror- a adoptar ciertas conclusiones habida cuenta de las circunstancias. La condición social del estudiantado chileno se sostendría, en ese planteo, en la continuidad de la conciencia, a punto tal que estructura y conciencia terminan por ser indistinguibles entre sí.

Sin embargo, incluso sometida al propio criterio de una continuidad de la conciencia en la conducción de una movilización, la revuelta del estudiantado chileno se parece menos a una sublevación con designios histórico-finalistas que a la revuelta del 15M en España o incluso a las movilizaciones de inspiración democrática que sacudieron últimamente al mundo árabe. El principal rasgo que diferencia una sublevación orientada por designios finalistas respecto de la convocatoria sin verticalidad organizativa, consiste en que el paradigma en tanto sistema de ideas, necesario a la revolución moderna, permanece ajeno a una revuelta que no se propone la substitución del aparato estatal, sino que promueve cierta confluencia contra la cristalización pública del poder.

Por consiguiente, la continuidad de la conciencia, privada de la consistencia de un sistema de ideas, no puede proveer la consigna movilizadora, sino que ese acontecimiento debe provenir de un rasgo de carácter, que se plantea cuestionar cierto ordenamiento en tanto tal. En efecto, el término ethos se vincula al carácter y las costumbres de un pueblo, de manera que un ethos provee continuidad por un sesgo que la conducta adopta ante condiciones dadas: el habitus[2].

Asimismo, la noción de analogía que defiende Agamben en tanto principio de la semejanza entre ejemplos de una misma serie inteligible (escuela, taller, panóptico…) permite acceder por la vía de la analogía desde cualquiera de las singularidades que componen un conjunto inteligible, a las demás que la confirman en el sentido de una generalización ejemplarizante. En este procedimiento, no se infiere la naturaleza del caso de la esencia del paradigma, sino que el paradigma surge del carácter ejemplar de un caso con relación a la inteligencia de un conjunto, que no deja de presentar otros ejemplos cuya comprensión es correlativa y articuladora[3].

De esta manera, la victoria de Piñera a fines de 2009 y la revuelta estudiantil que crecía en Chile desde 2006, no se articulan entre sí como elementos pergeñados en un único campo de relaciones, cuya generación de acontecimientos conllevaría endogamia, sino que manifiestan por igual un cruce coyuntural, entre la catástrofe representativa de los sistemas electorales y el desamparo social de los estudiantes y sus familias. Sin duda, muchos de quienes apoyan hoy a los estudiantes movilizados contra la sacrosanta “mano del mercado” votaron en su momento a Piñera, buscando un nuevo impulso económico para Chile. Sin embargo, decepcionados en buena medida desde ya ante la ausencia de propuestas alternativas por parte del gobierno, los mismos exvotantes de Piñera pueden hoy inclinarse a apoyar movilizaciones juveniles que también forman parte del sentimiento reivindicativo en su conjunto. Tanto en su génesis como en su desarrollo, la actual movilización de la sociedad chilena, inspirada en la analogía con un coro mundial de protestas, marca un perfil propio en el cuestionamiento mundialmente dirigido a la globalización de la explotación.





[1] “La idea no es otro elemento presupuesto a lo sensible, ni tampoco coincide con este último, ella es lo sensible considerado como paradigma, es decir en medio de su propia inteligibilidad” (traducción R. Viscardi). Agamben, G. (2009) Signatura rerum, Vrin, Paris, p.28.

[2]El habitus es, por lo tanto, una disposición estable que perfecciona su sujeto, lo especifica”. Buscarini, C. “La noción de habitus en la fenomenología de Husserl” http://es.scribd.com/doc/59125118/Buscarini-Habitus-en-Fenomenologia-de-Husserl (acceso el 01/09/11).

[3] “Mientras la inducción procede de lo particular a lo universal y la deducción de lo universal a lo particular, lo que define al paradigma es un tercer tipo de movimiento, paradojal, que va de lo particular a lo particular” (traducción R.Viscardi). Agamben, G. (2009) Signatura rerum, Vrin, Paris, p.20.

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