31.8.09

Flor de Orwell [1]

1ª quincena septiembre 2009


Los raptos poéticos de lírismo cientificista suscitados por el Plan Ceibal se han visto abruptamente interferidos por la crónica periodística. Un alumno ha regresado a su hogar con un incremento del acervo social del conocimiento, portando en su útil universal una secuencia delatora de la violencia escolar.


Mientras un docente asistía con indiferencia a la escena en el aula, este recinto, lejos de enmarcar el aura de la verdad, servía de ring a un intercambio de golpes entre dos niñas (http://www.observa.com.uy/actualidad/nota.aspx?id=84850&ex=25&ar=2&fi=1). El registro de esa violencia escolar, lejos de incorporarse al listado de las distancias que nos separan como idílico país de otras violencias escolares tanto más cruentas, o incluso, en tanto ejemplarizante emblema de las promesas femeninas del boxeo nacional, tan desmerecido tras la avalancha indígena de tribu colombiana que sufriera Chris Namús; dio lugar, como no podía ser de otra manera entre nosotros, a una reivindicación normativa.

La directora de Primaria, Edith Moraes, ha reprochado amargamente a los padres denunciantes que hayan dirigido la toma insita en la secuencia registrada por el párvulo a un canal de televisión, en vez de hacerla llegar por el canal correspondiente a las autoridades competentes, que cuentan con la propia Edith Moraes en tanto principal receptora. La directora reivindicó para la red de educación primaria, que incluso incorpora entre nosotros un tributo específico y su red de cobranzas, que fuera considerada en primer lugar por los interesados, en tanto instancia competente en cuestiones escolares.

Sin embargo, hoy se accede a la red de redes desde propio interior del aula –eventualmente boxística- en cuanto el laptop simultáneamente llega a cualquier otro lugar a distancia; la institución educativa en tanto tal, cuya directora de Primaria reclama competencia de primera instancia, ya ha llegado tarde en comparecencia. La propia estructura escolar supuestamente relegada en la consideración de los denunciantes ha instalado intramuros, por sus propios fueros, la mirada desde la que ahora se relata su drama doméstico. La tradición de la hospitalidad nos obliga desde códigos ancestrales a atender en primer lugar al huésped, sobre todo si como ocurre con el Plan Ceibal, visto desde el sistema político y educativo (incluso desde su imagen más informática), su venida se asemeja a la de un Mesías (http://www.larepublica.com.uy/editorial/378756-mujica-y-la-apuesta-al-conocimiento ).

Pudiera además entenderse que la denuncia no comporta en este caso delación, actitud tan lesiva entre compañer@s de clase, si tenemos en cuenta que en tanto “medio de última generación” el computador contiene a todos los otros, según el criterio de Mc Luhan, para quien “un medio (menos desarrollado técnicamente) es el contenido de otro medio”[2]. La mirada a distancia que llegó a la pantalla hogareña desde el hogar de todas las pantallas (internet: entre redes), pasó de una pantalla mayor a otra menor, contra-generacional-mente ya contenida en la primera, sin tomar siquiera conciencia de la relación presencial propia del aula. La conciencia[3] en tanto constatación de una presencia no pertenece a la distancia televisiva, sino a la instancia visiva. Por lo tanto, Moraes y por encima de ella, el sistema nacional de educación que ha incorporado incluso el tropo poético “Flor de Ceibo” entre sus programas investigativos (http://www.csic.edu.uy/nuevos-programas/documentos/2009/Conovactoria_Investigacion_Flor_de_Ceibo.pdf), ya habían transformado la instancia del aula, al incorporarla en la red de redes, en mero eslabón agregado a la cadena translúcida.

El primor de la red de redes no es el futuro fruto del Ceibo, sino la Flor de Orwell, que se abre de todos los pétalos transparentes que nos augura un futuro de visión perpetua.



[1] George Orwell adquirió renombre a través “1984” novela en la que describe el principio de lo que más tarde se denominara “sociedad de control”, en tanto pantalla-ojo que acuñara bajo el término “Gran Hermano”, cuya celebridad actual exime del comentario.

[2] Mc Luhan, M. “El medio es el mensaje” Ficha Nº 35 de Ciencias de la Comunicación, FCU, Montevideo, pp. 3-4. Texto original: Peredo, R. (comp.) (1986) Introducción al estudio de la comunicación, Ediciones de Comunicación, México.

[3] Ver en este blog Ciencia-contenedor, actualización del 1/08/09.

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