1.10.11

El Pre-Presidente y la Re-Signación presidencial


1ª quincena octubre 2011



Vázquez ha vuelto a ser el presidente en vista y “el Pepe” un presidente imposible. El período de franquicia verbal demagógica ha terminado en una Torre de Babel frenteamplista, que nuevamente clama por beneficiar de una juiciosa razón partidaria (del Estado). Las declaraciones contradictorias dirigidas a los medios de comunicación antes que a los espacios partidarios, convenientemente condenadas por el expresidente Vázquez[1], eran el síntoma más patente del desajuste, al vaivén de la batuta en el ojo propio que caracterizó no sólo a la presidencia “pepista”, sino incluso a sus epígonos más o menos evidentes, dentro y fuera del gobierno[2]. Una racha de conflictos, en particular con los trabajadores del Estado, ha sido la maléfica cohorte de desgracias públicas que acompañó al entorno presidencial, incluso desde antes del actual período de gobierno.

Cuando apenas este último ejercicio cuenta con dos años de transcurrido, ya se asiste a la resignación del liderazgo natural del presidente sobre su fuerza política, asediado desde el propio partido de gobierno por la “actualización ideológica” de quien dice que sabe[3]. Mientras tanto desde el entorno presidencial se recibe la pre-candidatura exhibicionista del anterior presidente[4] con un beneplácito impostado que se precia, como si le fuera propicia, de una diana de victoria electoral no sólo distante en el tiempo, sino además distante del actual presidente en su significación concreta.

Más allá de ánimos personales, la nota predominante de este paso de mando en el liderazgo político frenteamplista, es la resignación al pasado. Se percibe el derrumbe de esperanzas populistas que supuso el desplome de Mujica en la consideración pública, pautado por la caída a pérdida en los sondajes primero y ahora por el irresistible ascenso de su contendiente de ayer en el propio aparato frenteamplista. Las oleadas de esperanza simplificadora y verbalista que había levantado la “pepemanía”, en tanto alternativa a la conducción centrista de Vázquez, no sólo representaba un trasfondo populista infuso en la inercia cultural post-batllista característica del Uruguay, sino que se expresaba además en la particular renuncia del MLN a un perfil ideológico propio, cesión de derechos de opción estratégica propia de un pragmatismo bienpensante.

La renuncia del staff “pepista” a ejercer cualquier resistencia ante el breve embate hacia el timón frenteamplista de Vázquez, tiene antecedentes lejanos y profundos, como la renuncia del Movimiento 26 de marzo a presentar candidatos propios en el 71, o más recientemente, el ejercicio de una autocrítica oceánicamente protagonizada por 42 versiones distintas. Esta autocrítica en varios tomos por distintos autores representa, aunque en fecha más tardía, la verdad de síntesis que resume la renuncia a las candidaturas del 71 y al liderazgo frenteamplista de hoy: la perspectiva incongruente que suma hasta 42 versiones diferentes[5] no se encuentra reñida con el activismo, sino con la teoría. El pragmatismo activista, en cuanto se ve a sí mismo propiciado por un destino escrito desde siempre en una realidad unívoca, no tiene necesidad de hipótesis ni postulación, por cuanto el más allá cunde dicho en el sentido del hecho acometido[6].

Asimismo, el regreso de Vázquez a la conducción efectiva del Frente Amplio supone el retorno de la versión clásica de la coalición, acuñada históricamente por los partidos más gravitantes de la izquierda tradicional: en particular el Partido Comunista y el Partido Socialista. El aspecto de “movimiento” que según la doctrina frenteamplista abre la estructura partidaria a los efluvios renovadores del contexto y las bases, se encontró en un inicio liderado por el Movimiento 26 de Marzo, en cuyo seno la influencia gravitante provenía del MLN (tupamaros). Sin embargo, el advenimiento de la dictadura acarreó el eclipse transitorio de la izquierda tradicional de anclaje parlamentario, al tiempo que se desvanecía la acción clandestina de la guerrilla, circunstancia que determinó una mengua, transitoria pero significativa, del encuadre político de izquierda. Esas condiciones motivaron un perfil generacional (de la llamada “generación del 83’) sin referencias organizativas prioritarias en los partidos, vinculado además, por sus propias condiciones de surgimiento, a los nacientes movimientos sociales de fines de los 70’ e inicios de los 80’.

Las cúpulas políticas partidarias lograron capear al filo de los 90’ el envión de movilización frenteamplista sin sello partidario definido y con sustento en los movimientos sociales, neutralización propiciada por el trasfondo uruguayo del culto a la pertenencia partidaria, bajo un criterio de juego de suma cero electoral, en cuyo registro toda discrepancia “le hace el juego al adversario” -amén de la claudicación partidista de los intelectuales y los dirigentes de la izquierda social. Sin embargo, desde entonces, el Frente Amplio cuenta con una columna raigal y difusa, que toma tonalidades diversas y cambiantes: en los 90’ el paso electoral de un partido de izquierda a otro del mismo signo, en la última década el “pepismo” primero y las “redes sociales” después.

En razón de una genealogía raigalmente alérgica a los aparatos constituidos, el movimentismo frentista protagoniza, diferenciación generacional mediante, una creciente tensión con la cúpula de la coalición y sobre todo con los partidos históricos de la izquierda, en cuanto particularmente estos últimos trasuntan la matriz de partidos y de “personalidades notables” característica de los “frentes populares” y del propio Frente Amplio en su fundación. Incluso cierta nomenklatura bolchevique que actuaba como figura del control y la disuasión en el plano interno de los aparatos de la izquierda, asoma cada tanto entre las cúpulas frenteamplistas, sin advertir el revuelo que el espantapájaros levanta entre las avecillas mediáticas del presente. La desaparición del Estado, no mágica ni administrativa, sino estratégica, no cabe en el pensamiento de determinadas cabezas, que sin saberlo renuncian a pensar, en cuanto en medio de la misma claudicación de los estados-nación, piensan con Estado[7].

En la perspectiva de esa situación cambiante e inestable entre las bases frenteamplistas, la centralización del mismo aparato que representa un retorno de Vázquez, portando en mano bajo carátula de “actualización” la tabla de los diez mandamientos del bien y del mal, es la peor noticia posible. La mayor parte de los comentaristas, que en el Uruguay no perciben de la política sino la configuración de aparatos y la institucionalidad anotan con acierto, que destinado a poner la casa en orden, el retorno de Vázquez suscita el alivio entre los dirigentes de la izquierda institucionalmente visible, esto es, partidaria y parlamentaria.

Sin embargo, los mismos analistas no toman a cargo el efecto disuasivo, sobre los espacios de participación interna, del retorno de un expresidente de cabellos encanecidos que se erige en figura impar, incluso con el beneplácito de las alturas partidarias que aspiran, sin ocultarlo, a un futuro confort electoral.

Puesto ahora bajo el liderazgo de Vázquez, el reordenamiento interno del Frente Amplio señala a las claras una resignación (re-signación) que sacrifica la apertura interna y la apuesta a la movilización, en aras de la cohesión del aparato partidario y la viabilidad de la acumulación electoral. Sin embargo, esos dos elementos son precisamente aquellos que la movilización alternativa ha cuestionado desde la dictadura hasta aquí: que la izquierda se sustente exclusivamente en las estructuras partidarias y que el plano electoral genere por sí sólo y necesariamente, sin sostenibilidad en los movimientos sociales, los mejores efectos posibles[8].

Las crecientes disonancias que los dos gobiernos frenteamplistas han mantenido con el movimiento sindical, la desafección patente que se prolonga por parte de los movimientos sociales más gravitantes (DDHH, derechos de la mujer) -así como se generó una distancia con la resistencia a la globalización capitalista a partir de Botnia, configuran otras tantas señales que cuestionan una “licencia social” tácita que beneficiaba al frenteamplismo.

Pese a esa distancia creciente entre los gobiernos de izquierda y la movilización social, el reagrupamiento político alternativo ha sido neutralizado con cierta facilidad, en cuanto las convocatorias formuladas provenían del mismo ámbito partidario. Sin embargo, el reagrupamiento que se distingue de las estrategias partidarias en su conjunto persiste y signa, en particular con relación a un gobierno que propicia un horizonte favorable a la instalación de empresas transnacionales en el Uruguay[9]. Una estrategia política que no se reduzca al estereotipo partidario puede, en tiempos de globalización, apoyarse en aquel sentido que le diera Foucault: “defender a la sociedad”.




[1] Gil, V. “Vázquez reclama al FA terminar con el “striptease mediático” Portal Digital El País (25/09/11) http://www.elpais.com.uy/110925/pnacio-595597/politica/vazquez-reclama-al-fa-terminar-con-el-striptease-mediatico-/

[2] Ver al respecto “Movimiento Poncio Pilatos: manos limpias” actualización de este blog del (15/09/11) http://ricardoviscardi.blogspot.com/2011/09/movimiento-poncio-pilatos-manos-limpias_226.html

[3] Nicrosi, L. “Vázquez presentó bases para la actualización ideológica del FA” La República (26/08/11) Montevideo http://www.lr21.com.uy/politica/469016-vazquez-presento-bases-para-actualizacion-ideologica-del-fa

[4] Nicrosi, L. “Vázquez retoma la misma estrategia que en el año 2000” La República (24/09/11) Montevideo http://www.lr21.com.uy/politica/473202-vazquez-retoma-la-misma-estrategia-que-en-el-ano-2000

[5] Ver en este blog la actualización Esencialidad: estrategia Fatal http://ricardoviscardi.blogspot.com/2010/12/esencialidad-estrategia-fatal-2_6314.html

[6] La continuidad entre realidad y conocimiento es característica del pragmatismo: Perice, Ch. “Que es el pragmatismo” http://www.unav.es/gep/WhatPragmatismIs.html

[7] Browne, R. “Pensar sin Estado-Pensar sin comunicación” http://www.con-versiones.com/nota0524.htm

[8] Zibechi, R. (2010) Movimientos y emancipaciones, Alter, Montevideo, p.71.

[9] Ver al respecto al convocatoria a la “2ª Marcha Nacional en defensa de la tierra y los bienes naturales” Acción sin Fronteras http://accionsinfronteras.wordpress.com/

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